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Sobre las características de las instituciones totales

• El mundo interno

Desde 1954 hasta 1957 actuó como miembro visitante del Laboratorio de Estudios
Socio ambientales perteneciente al Instituto Nacional de Salud Mental. El objetivo fue
tratar de aprender algo sobre el mundo social de las pacientes hospitalizadas. Así pues,
se inició en el rol de asistente de director de gimnasia para poder pasar el día con los
pacientes, evitando el contacto social con el personal.

Introducido en la institución que el mismo definió como residencia de trabajo, donde un


gran número de individuos en igual situación, aislados de la sociedad por un periodo de
tiempo, comparten en su encierro una rutina diaria, administrada formalmente, en la que
cada uno de ellos tiene una fuente distinta sociológica y tiene escasa relación con los
demás

Este primer ensayo es un examen general de la vida social en estos establecimientos,


fundado sobre todo en dos ejemplos en los que el ingreso de los internados no es
voluntario: los hospitales psiquiátricos y las cárceles. Lo define como “la carrera moral
del paciente mental”, considera los primeros efectos de la institucionalización sobre las
relaciones sociales que el individuo mantenía antes de convertirse en interno.

Forma de dividir las instituciones sociales según Goffman: La primera la constituye los
hogares de ancianos, para ciegos y huérfanos, en las que cuidan de estas personas, pero
a la vez son incapaces e inofensivas. La segunda la constituyen los enfermos
infecciosos, hospitales psiquiátricos y leprosarios. El tercer tipo lo constituyen las
cárceles y los reclusos. El cuarto grupo lo conforman los cuarteles y escuelas de
internos destinados a un mejor cumplimiento de la tarea laboral. Finalmente se
encuentran los establecimientos concebidos a las afueras del mundo como son los
monasterios y los claustros.

Las actividades que se realizan dentro del centro están estrictamente programadas y
organizadas, con supervisión personal de quienes hacen mover a la masa humana. Las
prestaciones que se daban, pero con ninguna dedicación ni estima a los internos. “ Las
enfermeras actuaban por costumbre como si las enfermeras no pudiesen oír algo si no
era a gritos. Por otro lado si hablamos de los pagos, las cantidades eran insuficientes por
el trabajo realizado, otras veces no había trabajo por lo que los internos sufrían crisis de
aburrimiento y no recibían dinero. El horario también tenía sus peculiaridades era
establecido según la conveniencia del personal. Por lo que la institución total era un
híbrido social, eran como invernaderos donde se transformaban a las personas, era un
experimento natural en el que se jugaba con los sentimientos de las personas.

La falta de información es otro inconveniente. Puede ocurrir la llamada


“desculturización”, el preso llega con una determinada cultura, pero a lo largo de su
estancia pierde el contacto con el exterior, las visitas son restringidas, y los medios de
comunicación brillan por su ausencia.

Esta barrera que marcan las instituciones con los internos levantan entre estos últimos y
el exterior la primera mutilación del yo. El aislamiento lleva a formar un grupo
constituido de novatos. Y seguimos mutilando al yo, la despedida del nombre por un
apodo o insulto que le acompañará siempre, el despojarse de sus posesiones, el perder el
contacto con su familia y amigos, si es que la tienen, lo llevan a emergerse más en ese
mundo infrahumano que cierra sus puestas a toda moral. Y dispuesto a ello, puede que
obliguen al individuo a perder su integridad física. Es curioso leer algunos de estos
párrafos: “un guardián los lleva por un largo pasillo hasta una letrina abierta y les da dos
minutos para hacer sus necesidades”

¿Es que acaso se incluye con la internación, la pérdida de la intimidad? Parece increíble
que ni siquiera le dejen ha uno mantener su intimidad, que es lo más personal que pueda
haber. Así pues, la prisa y la presencia de espectadores resulta intolerable sobretodo
para las mujeres.

No ponen interés en cuidar ningún aspecto, ni siquiera la salud de cada individuo. No se


si habrá controles de sanidad, cosa que dudo, pero la contaminación física que se refleja
en la comida en mal estado, los alojamientos en desorden, las toallas manchadas, los
zapatos sucios, las camisas con el sudor de anteriores usuarios, resulta denigrante para
una persona humana.

“resulta muy difícil evocar mis días escolares sin una bocanada de algo frío y
maloliente”

Se violan los derechos humanos de los internos porque ellos también lo hallan hecho en
una ocasión anteriormente, estamos abortando toda ley y toda constitución que la
manda, es el “ojo por ojo y diente por diente”, ¿qué sentido tiene entonces todo lo
dictado anteriormente, todo principio de ética moral?

No obstante, sigamos reflexionando sobre una cuestión tan interesante: la costumbre de


mezclar los grupos de edades, los pueblos y razas en las diferentes prisiones y en los
hospitales psiquiátricos que pueden dar lugar a que un interno se sienta contaminado por
el contacto de compañeros indeseables. A muchos presos se les aloja en celdas
colectivas desde un primer momento, no importa ninguno de los aspectos citados
anteriormente, se les trata como despojos, al ingente número de masa humana que
pierde toda identidad en el mismo momento en que entran y se les tratan como reclusos.
Porque basados en la teoría de que hay que disciplinarnos, es necesario o conveniente
bajo su punto de vista el almacenarlos a todos juntos sin puertas, sin cierres.

S i eso no es suficiente, se le somete a una burla constante sobre sus derechos e


integridad física y psicológica, se lee su correspondencia y se le censura cuando les
convenga. Claro que luego sorprende que el interno llegue a un estado que han
denominado como terapia de chock, en la que el paciente es presa de convulsiones que
a menudo parecen las de un accidentado. Algo semejante a la mortificación
experimental que se encuentra en los campos de concentración. Este tipo de agresiones
directas contra el yo llevan a que el paciente actúe en defensa propia, se sienta como un
niño indefenso en estado de looping: un estímulo que origina una reacción defensiva
por parte del interno. La rebeldía que encrespaba en su alma y que no podía salir sino
retenerse bajo la presión y la agonía que producían sobre ellos las “clases dominantes”,
se manifestaba a modo de convulsiones, estados de mal humor, irritación, que tenían
que disimular cuando se le realizaba el diagnóstico o tratamiento correspondiente.
En definitiva, si alguien piensa que cualquier conducta encaminaba hacia ese modo de
actuar no conlleva a la tiranización es que está ciego o no quiere ver como se atropella a
l ser humano, encerrado bajo una celda que le sigue a todas partes donde debe
mantenerse firme, incluso a las horas de las comidas, donde debían comer erguidos, sin
mirar a los lados y sin quejarse.

Pero el que no ha estado nunca en una posición de desamparo similar quizá no alcance a
darse perfecta cuenta de la humillación que sufren quienes sin tener ningún tipo de
impedimento físico, pero sin autoridad para desempeñar por sí mismas las ocupaciones
más elementales, deben recurrir a una cargosa insistencia para lograr cosas tan
minúsculas como una muda limpia o un fósforo para encender el cigarrillo, y para eso
inoportunan constantemente a las enfermeras que se lo sacan de encima prometiendo
complacerlas y se marcharán si lo pedido. Es decir, hasta el personal de la cantina
parecía compartir opinión general de que era un desperdicio gastar miramientos para
ellos.

Una institución social podía compararse con una escuela de perfeccionamiento social,
en la que todos los reclusos debían realizar una actividad regulada al unísono de los
compañeros internos. Esto es a lo que se le denomina regimentación. Así hacían patente
su dominio sobre el mundo, o al menos sobre su mundo, en el que tenían los hilos y la
tutela de cada uno de ellos. Esta es otra muestra de su incompetencia personal, la
autoridad no se obtiene con la represión, sino con el hacerse respetar y guardad una
distancia que no tiene porque ser una demarcación que conlleve a la humillación y el
maltrato físico-psicológico, por tanto, hablar de comodidades aquí es una utopía
permanente, sino se mira por el bienestar personal y las necesidades básicas de cada
uno, es incoherente pedir un confort mayor a una situación tan degradante. Una de las
paradojas y contradicciones del personal del campo es el hecho de que obliguen a los
reclusos trabajar en colmena y por otro lado, impidan la sociabilización entre ellos. Así
los meten a todos bajo el mismo envoltorio, los mezclan, pero no dejan que ellos se
autorealizen ni se relacionen.

En los campos de concentración, y en menor medida en las cárceles, algunas


mortificaciones parecen admitirse por su poder mortificante, pero aquí el interno ni
dificulta ni facilita la destrucción de su propio yo, porque hace ya tiempo que perdió su
personalidad, ya no se siente persona, anda porque se lo dicen, come porque es su deber,
y se levanta por la mañana por miedo a no morirse en el poco rato que duerme, por eso
si alguna vez se le abre el candado y lo sueltan a la calle, se encuentra desconcertado y
perdido en el mundo que desconoce. La mortificación del yo o disminución del yo
probablemente impliquen alguna tensión psíquica para el individuo, con los hábitos del
yo, como la falta de sueño, la alimentación insuficiente o la indecisión crónica, puede
exagerar el efecto psicológico de la violación de los límites del yo.

Los castigos y privilegios son en sí mismos modos de organización inherentes a las


instituciones totales. En el mundo habitual del interno los castigos se conocen como
algo impuesto a los animales y a los niños. Por lo que no cuadra aplicar este modelo de
condicionamiento conductivita a los adultos, pero lo hacen porque ahora que están
dentro los reclusos se encuentran tan indefensos como niños, y se dejan llevar por sus
instintos. Es el experimento humano, sacado de Paulov quien estudió con animales el
condicionamiento clásico, y la teoría del refuerzo y castigo con perros. Es curioso, pero
creo que cabe relación con lo que hace el personal con sus reclusos. A este respecto
cabe resaltar los privilegios que son utilizados por la misma regla que los castigos.
Castigos y privilegios llegan a articularse en un estado de tareas internas. Los lugares
para trabajar y para dormir se van caracterizando poco a poco, por la vigencia de ciertos
tipos y niveles de privilegio. Así pues, los castigos que pueden aplicar al interno son:
suspenderle todos los privilegios, maltratarlo psíquicamente, poniéndole en ridículo o
sometiéndole a humillaciones innecesarias. Si esto es digno, entonces es que nosotros
también hemos perdido la dignidad con ellos. Si bien el sistema de privilegios parece
aportar el principal marco de referencia dentro del cual tiene lugar la reconstrucción del
yo, existen otros factores típicos que apuntan en la misma dirección general por
distintos caminos.

De mayor importancia son los procesos de confraternidad, que llevan a personas


socialmente distantes a prestarle ayuda mutua y a cultivar hábitos comunes de
resistencia contra el sistema que les viola su intimidad. “Necesito recordarme cada tanto
tiempo que un gobierno que de veras cree en la libertad de conciencia, no debería meter
presa a la gente por practicarla”. Aunque el sistema de castigo-recompensa pueda servir
para las infracciones individuales cuya fuente es identificable, la solidaridad de los
internos puede ser lo suficientemente poderosa para sostener breves actos de desafío
anónimo. La mayoría se atienden a la política de hacer un juego astuto.

El tiempo para los reclusos. La mayoría piensa que el tiempo pasado allí es tiempo
perdido, malogrado, es un tiempo con el que no debe contarse. Hasta que llega a
convencerse de que ha sido desterrado de la vida para cumplir su condena, y se olvida
del tiempo, porque todos los días son una copia del anterior, y una réplica del siguiente.
Además se le suman las duras condiciones de existencia que conllevan a la esterilidad
absoluta de sus propias vidas. A su vez las desconexiones sociales causadas por el
ingreso, y la impotencia para adquirir dentro de la institución beneficios transferibles a
la vida de afuera, propician al recluso esa agonía que arrastra por el tiempo muerto, la
desconexión plena de todo y la violación de toda su intimidad que llevan al paciente a
vivir en un mar inerte, del que emergen como pequeñas islas hormigueantes sin vida y
sin aspiraciones. La perspectiva resulta probablemente desmoralizadora, pero el salir de
este entramado insufrible se preguntan ¿Podré arreglármelas ahora yo fuera?, ¿Ahora
que puedo dar rienda suelta a mi vida y actuar con absoluta libertad? Estas preguntas se
la han hecho muchos ex-internos que pensaban en volver a dentro, porque eran
incapaces de tomar decisiones por ellos mismos. Muy poco después de su liberación el
interno había olvidado en gran parte cómo era y cómo sentía la vida antes de entrar en la
institución. A la entrada en la institución habían adquirido un status proactivo que podía
ser favorable o desfavorable, si era el caso de este último los ex - internos harían todos
los esfuerzos por ocultar su pasado y superarlo. Pero al borrarlo su salida al exterior
resulta desprovista de toda orientación. Se han empeñado tanto en mantenerse dentro de
la institución que se han olvidado el pensar que harían cuando salieran realmente. Así
dice Goffman que cuando el individuo en estas condiciones sale al mundo exterior
encuentra una fría acogida, es posible que la liberación se le presente, en suma, como el
traslado desde el nivel más alto al nivel más bajo del mundo grande

• El mundo personal

Aquí Goffman define las instituciones totales como depósitos de interno,


organizaciones diseñadas de cabo a rabo y a conciencia como máquinas efectivas, cuya
meta es cumplir unos pocos fines formalmente admitidos y aprobados, que tienen como
objetivo primordial la reforma de los internos, de acuerdo con un esquema ideal que
aplican al material del que cuentan, la gente que puede presentar las mismas
características de los seres inanimados. Por lo que existen similitudes entre trabajar con
humanos y trabajar con objetos, el determinante crucial del mundo laboral, recalco,
deriva de los aspectos del ser humano como material sobre el cual se trabaja. Según los
principios morales que rigen en la sociedad circundante, las personas se consideran
como fines en sí mismas. De esto se deduce que en el manejo del material humano hay
que atenerse a ciertas normas, aunque a veces se la saltan porque son obstáculos que se
interponen en el camino de la descalificación humano. No obstante, en cuestión de
normas y derechos, el personal tiene obligaciones precisas cuyo cumplimiento se
encargan de recordarle, no los superiores jerárquicos, sino los diversos organismos de
control de la sociedad general, aquellas personas que aún quedan aunque escasean que
todavía actúan con un poco de ética y coherencia.

La obligación del personal es de mantener ciertas normas de humanidad con los internos
que plantea problemas en sí misma, pero un conjunto adicional de problemas
característicos se encuentra en el conflicto permanente entre las normas humanitarias,
por un lado, y la eficiencia institucional, por el otro. Entrar en un consenso e intentar
compaginarlas resulta difícil porque se suele tender hacia uno de los dos extremos el
tiranicidio y la irresponsabilidad.

Un tercer aspecto general es que los materiales humanos, aunque resulte frivolizar sobre
el tema, es que difieren de los otros porque plantean problemas únicos, y tienen la
capacidad de llegar a constituirse en objetos de la simpatía y hasta el cariño del
personal. El interés afectuoso que el personal puede sentir con el tiempo por los pupilos
de las instituciones está relacionado con una especie de ciclo envolvente, en el que
adopta una posición vulnerable ante el interno, poniéndose en el lugar de éste, pero esto
pocas veces sucede, nunca se comparan con ellos, porque ellos no están a su alcance.

Cuando se permite el contacto cara a cara de los internos con el personal, cada
encuentro se presenta a menudo en forma de acosos, de pedidos por parte del enfermo, y
estos se ven obligados a controlar a los internos y a defender a la institución en nombre
se sus fines declarados, pero esto es una contraposición a lo expuesto en el primer punto
del “mundo interno”, será entonces cierto que estamos hablando de dos mundos
diferentes.

Otra de las funciones del personal es lograr que los internos se autoconduzcan de un
modo manejable y, propender ese fin, tanto en el comportamiento deseable como
indeseable deben definirse como surgidos de la voluntad y el carácter personal de cada
interno y sometidos a una decisión. No obstante cada perspectiva institucional contiene
una moralidad personal, y en cada institución total podemos ver, el desarrollo de algo
análogo a una versión funcionalista de la vida moral. Pero todas las instituciones
sustentan una teoría humana, un elemento importante que consiste en creer que si se
logra que el interno demuestre una defensa extrema al personal, resultará manejable en
lo sucesivo, porque al someterse a estas exigencias iniciales, su resistencia queda de
algún modo quebrantada, es decir queda manejable y moldeable a su antojo.

• Las ceremonias institucionales


Toda institución total parece desarrollar una serie de prácticas institucionalizadas, a
través de las cuales el personal e internos se acercan lo suficiente para que cada grupo
obtenga una imagen favorable del otro, y se identifique simpáticamente con el otro.
Estas prácticas expresan unidad, solidaridad e interés conjunto en la institución, pero
¿de verdad se llevan acabo estos principios que simbolizan parte de los derechos
humanos y la integridad personal de cada individuo? o ¿se quedan a orillas para ceder el
timón al tiranicidio operante?

Un tipo de ceremonia institucional un tanto especial es la fiesta anual en ella el personal


e internos se “mezclan”, participando en forma de sociabilidad tan convencionales como
una comida, un baile, una tertulia. La fiesta anual suele asociarse en las instituciones
totales, a la celebración de Navidad. De esta manera, les dejan saborear las
apremiaciones dadas por la institución, y el resto del año lo barnizan de un duro trabajo
monótono y unas condiciones de vida insalubres.

Otro tipo de ceremonia interesante es la función teatral, es el caso típico de que los
internos hacen de actores y los directores de la producción son el personal, pero a veces
hay elencos mixtos. La primera parte del espectáculo consiste en una sátira con
imitaciones burlescas de personas muy conocidas en el ambiente, sobre todo de los
miembros importantes del personal superior.Además de los cuadros satíricos puede
haber representaciones dramáticas que evoquen el deplorable pasado histórico de las
instituciones totales similares, en contraste con un presente, presumiblemente mejor,
que utopía.

Hay dos tipos de materiales publicados que anuncian las ceremonias institucionales. En
primer lugar están las noticias locales que incluyen información sobre las ceremonias
recientes, referencias a acontecimientos de orden particular, cumpleaños, viajes y
defunciones de los miembros de las instituciones. En segundo término se encuentran las
noticias del mundo exterior, relativas al status social y jurídico de los internos y
externos, ensayos originales, cuentos, poesías…

Generalmente la exhibición institucional parece destinarse a las visitas. El interés se


enfoca a veces hacia un visitante determinado de un interno determinado. También
dicha exhibición puede estar destinada al público general, y a proporcionarle una
imagen apropiada del establecimiento, capaz de disipar la aprensión común hacia las
instituciones donde la permanencia es voluntaria.

Con estas ceremonias la dinámica de apariencia supone algo más que un mero contraste
entre lo que se exhibe y la realidad. En muchas instituciones totales se aplica castigos
no autorizados por el reglamento. Con respecto a la rutina diaria del establecimiento,
guardan la misma relación que la que mantiene esta rutina con respecto al despliegue de
espectadores extraños a la institución, y los tres aspectos de la realidad, en que se oculta
a los internos, el que se les revela, el que se muestra a los visitantes, deben considerarse
en conjunto, como tres partes de un todo, íntimamente conectadas entre sí.

Así las visitas individuales y las inspecciones permiten mostrar a los extraños que todo
marcha bien en su interior, que todo y todos están estrictamente controlados.

Para añadir algunos comentarios finales acerca de estas ceremonias. Goffman presenta
una periocidad bastante espaciada con la que todos los grupos del establecimiento se
asocian a ellas, cualquiera que sea su rango y posición, pero se les da el lugar que
corresponde. Estas prácticas ceremoniales expuestas en un análisis realizado por
Durkheim son presentadas en una sociedad peligrosamente dividida en internos y
personal que puede a través de estas ceremonias mantenerse unidas.

Por simple que sea una ceremonia, marca una pausa en la que soslaya, y hasta se
invierte el drama social ordinario. Es una paradoja a la realidad emergente, es la muestra
inversa de que las cosas se pueden hacer de otra manera y que los beneficiarios y
perjudicados sean otros.

Hay un fundamento sujeto por Goffman en que una de las principales torpezas de las
instituciones totales consiste en exhibir la diferencia entre dos categorías construidas de
personas, diferencia en calidad social y en carácter moral, diferencias en las
percepciones perceptivas del yo y del otro, en una institución entre una enfermera y un
paciente, así cabe resalta que uno de los principales problemas aparezcan por la falta de
consenso entre estas diferencias, y surja, por tanto, la tensión social.

• Salvedades y conclusiones

Se ha de resaltar aquí una de las características que más relevancia tienen en las
instituciones totales, que son la adopción de ciertas formas de deferencia que están
asentadas sobre una base formal, en cuya virtud se plantean exigencias específicas y se
determinan sanciones negativas específicas para infracciones. El personal se defiende de
esta alteración en las relaciones de deferencia, mediante ciertas argucias comunes.
Primero en definir a los internos como no del todo adultos, segunda la idea de que se
saluda al uniforme y no al soldado, y tercera que el personal puede ocuparse del
adiestramiento, dejando a los niveles superiores en libertad para recibir personalmente
los testimonios no reforzados de deferencia. En esencia, la función que incumbe la
miembro interno es la de instruir y disciplinar al interno en las formas de
comportamiento que debe adoptar en sus contactos. Pero ni el grupo del personal ni el
grupo de internos es homogéneo.

Respecto a las personas que ingresan por primera vez en el centro, lo pueden hacer bajo
diferentes estados de ánimo. En un estado está la entrada totalmente involuntaria y en el
otro extremo están se encuentran las instituciones religiosas que solo tratan con quienes
son llamados a esa vida. A medio camino se encuentra entre los dos extremos el ejército
en el que los internos están obligados a servir. A esta variable de modo de reclutamiento
se le incluye otra, relativa al grado en el que el personal tenderá a provocar un cambio
autorregulador en el interno. A este cambio regulador se le incluye la tendencia a
cambiar los nombres a los que ingresan, desde ese mismo momento para simbolizar
mejor la ruptura con el pasado, y la entrega a la vida de establecimiento. Pero la
permeabilidad a una institución total puede tener consecuencias variables para sus
operaciones y sus cohesiones interna. Esto se ejemplifica adecuadamente en la posición
precaria del personal de nivel más bajo. Al compartir la cultura del mundo habitual de
los internos, pueden servir como un canal de comunicación natural entre estos y el
personal superior. Sin embargo les costara mantener la distancia con sus pupilos y aún
más el librarse de los acosos y las peticiones.

La carrera moral del paciente mental


La palabra carrera empieza a utilizarse en un sentido más amplio, para referirse a
cualquier trayectoria social recorrida por una persona en el curso de su vida. Una de sus
ventajas destaca en la ambivalencia: por un lado se relaciona con asuntos subjetivos
como la imagen del yo y por otro se refiere a una posición formal, a relaciones jurídicas
y a un estilo de vida.

Este trabajo, como ya he dicho al principio de la obra, es un ensayo del yo de enfoque


institucional. Nos preocupan principalmente los aspectos morales de la carrera, es decir,
la secuencia regular de cambios que la carrera introduce en el yo de una persona, y en el
sistema de imágenes con que se juzga a sí misma y a las demás.

Por otro lado, la categoría de paciente mental, debe entenderse desde un punto de vista
sociológico. En esta perspectiva la concepción psiquiátrica de una persona solo cobra
significación en cuanto altera su destino social, y en nuestra sociedad esa alteración
parece significativa solo cuando la persona es sometida a un proceso de hospitalización.

La carrera del enfermo mental puede dividirse en tres etapas:

• Etapa pre-paciente: periodo previo a su internación

• Etapa del paciente: periodo posterior al alta del hospital

• Etapa ex -paciente

• Etapa pre- paciente

Encontramos en él una lucha entre lo que es realmente y la impotencia de ser algo


que valga la pena ser, y por ende se merezca su propio respeto. Apareada a esta se
encuentra otro aspecto el esfuerzo de ocultar a los otros lo que considera las
nuevas verdades fundamentales acerca de si mismo y l intento de ver si los otros
también lo han percibido. Este estado provoca ansiedad y angustia en el paciente.

Para la persona que se cree mentalmente desequilibrada, el ingreso a un hospital


psiquiátrico resulta a veces un alivio. En otros casos la hospitalización puede
empeorar la situación. Así pues, su primer contacto con la institución adopta una
de las formas siguientes: algunos internan porque la familia le ha suplicado que lo
haga, o ha amenazado romper los vínculos de parentesco, bajo escolta policial, o
porque los llevan engañados.

La carrera del pre- paciente puede considerarse como un proceso de expropiación:


cuando se inicia esta primera etapa, es poseedor de derechos y de relaciones,
cuando termina se da comienzo a su estancia en el hospital. Los aspectos morales
de esta carrera parten de una experiencia de abandono, deslealtad y resentimiento.

Agentes y agencias constituyen un sistema social que adquiere una importancia


cada vez mayor, y cuyos elementos entran en contacto sistemático por la necesidad
de atender y transferir a las mismas personas. Esta en primer término las personas
más allegadas al pre-paciente, en segundo término la persona que ha puesto al
paciente de camino al hospital, y en tercer puesto los mediadores, la sucesión de
agentes o agencias a los que el pre- paciente es transferido.
El paciente suele sentirse traicionado por su familia y amigos.

• Etapa del paciente

El paciente ha quedado al margen de la sociedad y sus allegados le han dado la


espalda. Al llegar evitará que nadie lo conozca, para evitar toda reciprocidad. Pero
en la mayoría de los casos se expone a disposición hospitalaria. En cuanto el pre-
paciente comienza a asentarse, su destino tiende a seguir el modelo de la
institución. El ambiente y conjunto de normas del hospital psiquiátrico presionan
al paciente para sentirse que después de todo, no es más que un caso patológico,
que ha sufrido alguna especie de colapso social. Por lo que el interno debe
compenetrarse o fingir que se compenetra con los dirigentes y compañeros del
hospital.

Si Ya decimos que los hospitales psiquiátricos divulgan el tipo de información


sobre cada interno qué este puede tener mayor interés en ocultar, entonces toda
aberración queda acogida por las riendas del personal que cada vez se asemeja
más a la represión y la falta de ética moral.

Desde el punto de vista actual, este sistema funciona como una especie de
incubadora: los pacientes ingresan en condiciones sociales de primera infancia
para pasar, al término de un año, a salas de convalecientes, en condiciones de
adultos resocializados. Pero el concepto de socialización queda un tanto lejano de
la mano de las instituciones que sé centran en coaccionar a los pacientes y
absorberles su propia identidad. El yo del pre- paciente aumenta o disminuye de
acuerdo a la afiliación que se entabla entre la persona más allegada y el entorno.

Y por otro lado ataña la protección requerida por la persona que lo acoge, la
propia institución. El paciente en esta segunda etapa ya se ha vinculado a la
institución como un integrante más, pero esta no deja de manejarle a su antojo y
disposición, continua la degradación del yo.

La vida íntima de una institución pública

Primera Parte

Actuar y ser

Goffman hace aquí una crítica a los vínculos que unen al individuo con las
entidades sociales. La participación del individuo en la entidad le creará una serie
de obligaciones: trabajos y servicios a cumplir, tiempo a insumir o dinero a gastar.
Por tanto, la participación en una entidad implica un compromiso y al mismo
tiempo una adhesión.

Dentro de esta institución, organización instrumental formal que lleva acabo un


conjunto de actividades deliberadamente coordinadas, que tienden a la obtención
de algunos fines explícitos, se aseguran de que el participante se mantenga ocupado
en actividades de la organización, para mantener en marcha el organismo humano.
El esquema de la misma entabla una coalición intrínseca y estratégica entre los
intereses de la organización y los del miembro individual. Pero para que cooperen
vuelven a la técnica del refuerzo- castigo, amenazándoles con castigos y sanciones a
quienes no lo hagan. Estas sanciones negativas para el individuo, pueden
comportar eventualmente una disminución en las renumeraciones habituales, o en
los niveles de bienestar ordinarios.

Ajustes primarios y secundarios

Cuando un individuo entra en una cooperación se le pide que actúe como


cooperador, es decir, el individuo coopera en una organización aportando la
actividad requerida en condiciones requeridas. Se ha transformado en ese
cooperador, miembro programado o construido. Así se ha creado el ajuste
primario, para llegar a ajustarle del todo, habrá otro segundo paso o ajuste
secundario, un arreglo que permite al miembro de una organización emplear
medios o alcanzar fines no autorizados. Los ajustes secundarios representan vías
por las que el individuo se aparta del rol y del ser que la institución daba por
sentado en su respecto. Cabe mencionar que una importante característica de los
ajustes secundarios consiste en contribuir a la estabilidad institucional, el
participante que se adapta de este modo a la organización probablemente seguirá
integrándola mientras pueda serle útil. A su vez podemos clasificarlos en dos tipos:
ajustes violentos propios de los participantes con intenciones concretas de
abandonar la organización o alterar la estructura interrumpen en cualquiera de
ambos casos su forma de funcionamiento, y los ajustes reprimidos que se amoldan,
como los primarios, a las estructuras institucionales existentes, sin introducir
ninguna presión enderezada hacia un cambio radical, también llamados prácticas.
Estos abarcan toda la vida íntima del establecimiento social, observando que
ocurren con diferente frecuencia y en formas diferentes según la ubicación de
quienes lo practican. La ramificación de los ajustes secundarios difieren también
en extensión, según el tipo de establecimientos.

No obstante, conviene advertir, que loo que constituye un ajuste primario para una
categoría de participantes, puede ser un ajuste secundario para otra categoría.

Cabe resaltar que no solo son las instituciones mencionadas al principio de la obra
las que realizan estos ajustes también existen otras entidades, que sin ser
organizaciones delimitadas por muros, también intentan mantener un dominio
sobre los participantes, legitimando los ajustes secundarios con el carácter de
ajustes primarios. Puede mencionarse un ejemplo relativo a la administración
municipal.

Segunda parte

Vida íntima del hospital

Fuentes

En este apartado se hace una consideración a las fuentes de los materiales que
emplean los pacientes en sus ajustes secundarios. Se advierte primero de la amplia
vigencia de instituciones. En todo establecimiento social, los participantes utilizan
los artefactos que tiene a su alcance para fines previstos. En las cárceles sucede que
puede obtenerse un cuchillo golpeando una cuchara hasta aplanarla, o extraer
tinta de dibujo de una revista. Así aunque los recursos son escasos el ingenio y las
situaciones de extremas hacen desarrollar este tipo de habilidades en los pacientes.
Otra nota curiosa era que en el Hospital Central en las salas de bancos duros, los
pacientes solían tener en la mano rollos de periódicos para colocárselos entre la
nuca o toallas.

Los más ancianos también se buscaban su trucos para hacerse la vida más fácil, así
para andar eludían a veces la molestia de ir hasta el baño recurriendo a
determinadas tácticas: en la sala cuando el radiador se la calefacción estaba al
máximo se podía orinar encima sin dejar huellas demasiado durables. En las
perores salas, los internos de cualquier edad a menudo llevaban consigo vasos de
papel, a modo de salivaderas y vasos portátiles.

La mayoría de las técnicas habituales para la explotación del sistema no parecían


relacionarse directamente con la enfermedad. La compleja serie de prácticas
asociadas a la obtención de comida, bebida o vicios eran producto de años de
internación. “Para explotar el sistema hay que reconocerlo a fondo”.

Por otra parte, existían algunas formas menos tradicionales de explotar el sistema.
Todo establecimiento social tiende a favorecer los contactos preferenciales íntimos
entre sus parientes, de donde surge un nuevo motivo de ajustes secundarios

Pero algunos pacientes e mostraban hartos de conversar sobre su reclusión, y de


ventilar su caso con los demás pacientes y aspiraban a la conversación con otras
personas, como medio posible de olvidar su cultura. Al vincularse con la gente de
afuera, esperaban poder confirmar su impresión de no ser enfermos mentales.
Pero era una opción que muy pocas veces se les ofrecían pues tenían las visitas y
las llamadas restringidas.

Era un juego al que jugaban todos, el paciente intentaba ganarse al personal


mediante alguna estratagema, el interno va ganándose la buena opinión del
personal y va induciéndole a una actitud favorable sobre él.

Lugares

Una de las asignaciones típicas del Hospital Central era explotar a los compañeros
de internado con fines a la sociabilidad, mediante esta terapia se trataba de
instruir al interno, más bien se trataba de cambiarle, de prejuzgarle y hacer que se
creyera esos prejuicios, a partir de ahora sería los desviados encarrilados por la
sociedad manejante de individuos o marionetas que dejan de ser personas, en el
mismo momento en que están en sus manos, o al menos dejan de ser la persona que
eran. Había que educarles en un espacio de vigilancia constante, allí podía estar un
paciente sometido a la autoridad y sin restricciones usuales en el establecimiento.
Esta área comprendía casi todo el hospital, para los pacientes sin libertad. de esta
manera cualquier actividad desencadena por el interno quedaba visible ante los
ojos de la autoridad. Un sentimiento de autodeterminación podía impregnar la
atmósfera de estos lugares.
Conseguir un lugar libre era una de las principales formas de aprovecharse de los
pacientes. No solo los privaban de toda libertad e intimidad sino que ironizaban
sobre ello e los chantajeaban psíquicamente.

Asignados os espacios sobre los que el paciente tiene inusitado el dominio, que son
todos, los lugares libres y los territorios de grupo como el recreo, queda solo como
opción reclamar un espacio privado, donde el individuo pueda tener comodidades,
dominio y tácitos derechos. Es una utopía constante y en aquella década los
principios de Goffman se quedarán en puertos hasta que pase algún tiempo.

Depósito y transporte

Estos dos elementos adicionales también suponían ciertas condiciones materiales


que arroyaban con la autonomía del individuo. Si una persona no puede guardarse
nada para sí misma, si todo lo que usa es usado también por otros, pocas
posibilidades tendrá de atenerse a la contaminación social, esta envuelto en la
misma manta, metido en el mismo saco de ganado desviado, pero el hombre
necesita ventilarse, salir un poco de este enjambre, y no estoy hablando de las
visitas restringidas, sino de un espacio de libertad y autorrealización propio. Por lo
que hacían uso de un escondijo estable requerido con el fin de llevar acabo los
objetivos o fines de cada individuo, como puede ser un momento de soledad.

Para los medios de transporte también había que especificar el porque se iban a
utilizar y para que fines. Y lo mismo pasaba a la hora de circular mensajes que
debían ser leídos

antes por la autoridad.

Otro aspecto general de estos sistemas es que cualquier interno esta obligado por
su asignación a hacer rondas en el establecimiento, parece un candidato natural
para el oficio del mensajero, y probablemente acabe explotando así su asignación,
si no es por deseo propio, por la presión de otros internos. Por o que el interno sino
estaba manejado por los intereses de sus compañeros o los suyos propios tenía que
acatar los de las instituciones generarles.

Estructura social

Vinculado a los sistemas de transporte cabe destacar el esfuerzo ajeno que se basa
en la fuerza no racionalizada, o que podría llamarse la coerción privada, el
ayudante no ayuda aquí porque halla de mejorar con ello su condición presente. El
ayudante ayuda porque es su obligación.

Existía también dentro de esta estructura un espacio para la venta o trueque que
permitían a los internos un importante medio extraoficial para utilizar al prójimo.
Un medio a través del cual cambiaban objetos y servicios por algo tal vez de escaso

valor para cualquiera, pero no para ellos. Dentro de un ámbito donde se cierran
las puertas al exterior, donde no se tiene nada, porque no vales nada, las pequeñas
cosas tiene un valor tan importante, incluso más que tu propia vida, por eso vendes
y te vendes por nada.
El sistema de salas y el sistema de asignaciones

Al ingresar en el Hospital Central, el paciente debía ubicarse en dos estructuras


sociales básicas: el sistema de salas incluía un lugar de residencia y el sistema de
asignación permitía que el paciente saliera de su sala y pasara todo el día, o parte
de él, bajo la vigilancia del miembro del personal que utilizaba sus servicios, o que
le administraba algunas de las diversas clases de terapia.

La franquicia principal concedida a los trabajadores era el derecho a faltar de su


sala durante el lapso diario que reclamasen sus tareas. Ese lapso no incluía un
periodo de descanso o de relax propio, supongo que este no vendría incluido en el
lote con la entrada en la institución. Por lo que solo podían contar ocasionalmente
con una parte libre de ese tiempo, para ir a la cantina, o concurrir a las reuniones
del pabellón o recreo.

El modelo médico y la hospitalización psiquiátrica

Caben mencionar las presiones a las que se somete a las personas internas que
impiden que se realicen plenamente. El individuo se ve sometido a una serie de
cargas porque tiene la responsabilidad de obedecer al personal. Así de esta manera
se constituye una relación social entre el cliente que aporta a esta relación, respeto
a la competencia técnica del servidor, y la confianza en que usará de ella
éticamente, por otro lado y fuera de lugar dará gratitud y honorarios. A su vez el
servidor aportará presencia esotérica y empíricamente afectiva, puesta de buen
grado a disposición del cliente; discreción profesional, que conlleva a una absoluta
falta de interés mostrada ante los usuarios. Esto justifica una dedicación
desinteresada, una buena compostura, a la que llaman disciplina.

La interacción que se produce apenas entre cliente y servidor cobra en principio


una forma relativamente estructurada. El servidor puede emprender operaciones
mecánicas, manuales, sobre la posición del cliente, sobre todo con carácter de
exploración diagnóstica. Y también puede iniciar intercambios verbales con el
cliente. La parte verbal aquí mencionada comprende tres componentes: primero
técnico, que consiste en un intercambio de preguntas y respuestas con miras a
mirar información pertinente sobre la reparación. El segundo lugar es contractual
y se reduce a la formulación sobre costos aproximados, duración del trabajo y
cosas por el estilo, y por último es sociable porque abarca una serie de cortesías,
gentilezas y muestras de cordialidad. Es un acuerdo entre caballeros, donde existe
una reciprocidad de mutuo respeto, pero esto solo se queda en el aire, debido a
unas bases cimentadas en el régimen autoritario que ejercen las instituciones sobre
sus pacientes.

Una vez vista la relación cliente-personal, nos centraremos en este primero. Los
clientes son seres que se determinan a si mismos, por esa teoría de la reacción
social, en entidades del mundo social, dignas de ser tratadas con los debidos
miramientos, y según los principios de la etiqueta. El éxito de la operación
experimento- cliente depende de que el servidor mantenga aisladas esas entidades
de diferente índole, dando a cada uno lo que le corresponde. Cuando el servidor ha
terminado su trabajo transcurre un mínimo periodo de tiempo en el que el cliente
debe acatar sus exigencias. Debido a que el servidor tiene pleno derecho sobre el
cliente este puede disponer la ley de la forma que crea conveniente sobre su
paciente. Esto es el precio de la ambivalencia que recoge la Constitución que
transfiere de derechos universales al mundo, pero solo en la teoría y no la práctica.
Por lo que saco la conclusión, de que dentro de la institución constatan dos delitos
uno producido por el paciente de índole diversa, y otro acometido por el propio
personal por tomar sin consentimiento la posesión de cada usuario actuando y
opinando sobre él, reprimiendo su libertad, que al igual que el anterior va contra
la ley.

L a versión médica de los modelos de servicios de reparación lo enfocan como un


proceso mediante el cual se pone al servicio del médico nuestro cuerpo, y éste lo
somete a un tratamiento empírico racional a su modo de pensar

. Así dejamos rienda suelta a que hagan con los pacientes lo que quieran, lo que
vean conveniente según su forma de pensar. Por ética profesional el médico no
podrá aconsejar al paciente, solo puede insinuarle. Pero los pacientes tienen la
tendencia a pedirle consejo en asuntos ajenos a la medicina, y existe la propensión
del médico a creerse dotado a admitir esta expansión de su rol. Es evidente que la
gente tiende a postular y a decir como tiene que actuar cada uno, sin preguntarse
por los peligros que ello conlleva y descuidando si cabe su propia persona.

El médico, por otro lado, puede tocar distintos ámbitos: puede emplearse no para
asistir a un determinado individuo sino para asegurar que una empresa social
constituida por un cierto número de personas, se maneje de acuerdo con
estándares mínimos de sanidad, por lo que también tiene aspectos positivos.

Cuando un paciente ingresa por primera vez en la prisión se le hace una especie de
reconocimiento terapéutico de su enfermedad, la tenga no, los profesionales están
encargados de aplicar siempre el modelo médico.

Existe una diferencia entre la hospitalización médica y la estancia en un hospital


psiquiátrico. En esta última suele ser más prolongada y sus resultados demasiado
estigmatizantes para que el individuo vuelva del lugar social donde partió. Esto es
consecuencia del desposeimiento de su propia persona que ocurre cuando entra en
el hospital. A pesar de todo, el personal del hospital psiquiátrico estima que las
condiciones de vida del paciente son la expresión de sus capacidades y
organización del personal en ese momento, así como una respuesta hacia ellas.
Dentro del hospital, la vida del cliente a medida que se regula y ordena conforme a
un régimen de disciplina elaborado para que un personal reducido maneje a una
gran cantidad de internos involuntarios, acata los castigos y las recompensas que le
pone le personal en bandeja así como la autorización médica necesaria para
imponer penas y conceder privilegios.

Por otro lado si quieren salir del hospital deben demostrar que aceptan de buen
grado el puesto que allí se les adjudica. Este puesto consiste en apoyar el rol
ocupacional de quienes al parecer imponen esta sanción.

“Los pacientes mentales pueden encontrarse aplastados por el peso de un ideal de


servicio, que a las demás personas no allana la vida”.