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Visitas domiciliarias de comercio exterior. Inconstitucionales.

Las visitas domiciliarias en materia de impuestos internos o al comercio exterior,


son un procedimiento único que sólo para efectos prácticos se le ha denominado
de diferente forma. La fiscalización de los tributos en estas ramas, no tienen
diferentes reglas, pues el procedimiento se rige por las mismas formalidades
contenidas en el Código Fiscal de la Federación, a partir del artículo 42 fracción III.

Asimismo, el artículo 155 de la ley Aduanera, permite iniciar dentro de una visita
domiciliaria, un procedimiento externo denominado: “Administrativo en Materia
Aduanera”, el cual se regula a partir del artículo 150 de la Ley Aduanera. Este
procedimiento sui generis, permite que la autoridad dentro de un acto de
comprobación, lleve otro procedimiento de verificación de la legal estancia de las
mercancías en el país. Este procedimiento alterno tiene plazos independientes
para rendir pruebas y para resolver el procedimiento en definitiva. Asimismo, su
inicio culmina en una resolución absolutoria o condenatoria, que es independiente
a la resolución que se emita dentro de la visita domiciliaría.

El problema de las visitas de comercio exterior, es que hoy en día se desarrollan


de una forma distinta de la prevista en la ley, pues mientras que la ley sólo faculta
a las autoridades para acudir al domicilio de los gobernados a revisar su
contabilidad, bienes o mercancías; las autoridades de forma por demás excesiva,
verifican todo el domicilio del contribuyente a modo de cateo.

Efectivamente, no es malo acudir al domicilio del causante a realizar una visita


domiciliaria de comercio exterior. Lo que se torna inconstitucional, es que éstos
hagan un recorrido físico por la empresa, abran archiveros, escritorios, modulares
y cajones de todo tipo. Además, que verifiquen los expedientes de los clientes,
revisan los bolsos personales de los socios y hasta revisan los documentos de
carácter personal de los trabajadores o accionistas.

No debe ser extraño que las auditorías se realicen bajo los anteriores
lineamientos, ya que algunas actividades desviadas del Estado y de los
contribuyentes han provocado que la autoridad vea al contribuyente como un
evasor; mientras que el contribuyente percibe al fisco como un corrupto.

Lo que resulta importante, es saber si la orden de visita les permite a las


autoridades realizar todas esas actividades que corresponden a la orden de cateo.

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Cualquier experto en derecho tributario podría percibir que la orden de cateo es


totalmente distinta a la orden de visita domiciliaria practicada por una autoridad
administrativa, pues mientras la primera requiere constar por escrito por autoridad
judicial, expresando el lugar que ha de inspeccionarse, la persona que ha de
aprehenderse y los objetos que se buscan; la segunda, sólo se emite por escrito
por parte de una autoridad administrativa y su objeto es vigilar el correcto
cumplimiento de las disposiciones fiscales y aduaneras.

Lo anterior es de vital importancia, pues en la práctica, los visitadores fiscales


recorren todo el domicilio, abren archiveros y exigen datos, informes o
documentos que requieren, sin acotarse a una revisión documental. Así es, la
visita domiciliaria se funda muchas veces en el artículo 42 fracción III, del Código
Fiscal de la Federación, y otras en la fracción VI del mismo precepto legal.

Este tipo de fundamentación es muy importante para el gobernado, pues si se


funda la orden en la fracción III, la revisión de la contabilidad será únicamente
documental; mientras que si se funda en el artículo 42 fracción VI, entonces podrá
realizar la revisión documental y física de los bienes o mercancías.

La distinción entre las fracciones deriva específicamente de la revisión física o


simplemente documental. Entonces, quedando enterados de que las visitas
domiciliarias tienen por efecto realizar la verificación física o documental de la
contabilidad, están impedidas para realizar el “manoteo” de cajones, archiveros,
computadoras personales, registros y cuentas que no pertenezcan a la empresa.
Mucho menos los bolsos personales que son comúnmente revisados por los
visitadores, ya que ninguna orden de visita puede contener tales atribuciones que
son propias de una orden de cateo.

Es común que escuchemos a los visitadores de las Administraciones Locales de


Auditoría Fiscal del país, que ellos pueden recorrer todo el domicilio y verificar
todos y cada uno de los cajones de los escritorios y archiveros que se encuentren
en el mismo. Argumentan que están facultados para verificar la legal estancia de
mercancías en el país y lo interpretan como un “don” de la autoridad suprema,
para realizar un recorrido físico por todas las instalaciones de la empresa y realizar
dicho recorrido.

No obstante lo anterior, debemos recordar que para recorrer el domicilio o abrir


cajones, no se requiere de una orden de visita, sino de una orden de cateo, que es
el instrumento jurídico que la constitución reconoce para realizar tal actividad. Por
lo que una orden de visita jamás puede permitir tal violación o irrupción en el
domicilio del causante, sobre todo, no es el documento idóneo con la cual se
pueda realizar una revisión en los bienes, propiedades o derechos de los
contribuyentes.

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Señalado lo anterior, resta demostrar la inconstitucionalidad de las visitas


domiciliarias de comercio exterior, por lo que resulta importante analizar dos
aparatados, para ello estimado lector le invito a que tenga en sus manos cualquier
orden de vista domiciliaria emitida por una autoridad fiscal federal y también, un
acta parcial de inicio levantada con motivo de la entrega de dicha orden.

En primer lugar comprobaremos que las ordenes visitas domiciliaría señalan un


párrafo que reza que los gobernados están obligados a “permitir el acceso al
establecimiento, oficinas, locales, instalaciones, talleres, fabricas, bodegas y cajas
de valores que se localicen dentro del mismo domicilio”.

Del mismo modo, en la orden de visita, un párrafo señala que deberá mantener a
disposición de la autoridad, todos los elementos que integran la contabilidad,
mencionando un listado de aquellos supuestos que se considera forman parte de
la contabilidad.

Estos párrafos son aquellos que le han servido a la autoridad para ingresar al
domicilio, recorrerlo y catearlo en su totalidad, abriendo archiveros, cajones y
causando molestias en los documentos de carácter personal, sin embargo, aquí es
donde empieza la inconstitucionalidad del acto, pues en el acta parcial de inicio se
plasma de manera concreta que la autoridad recorrió dicho domicilio y que ella
encontró dicha información.

Por ello, deberá estar muy atento el gobernado desde el momento que deciden
ingresar al domicilio a practicar una orden de vista, pues como hemos dicho, la
orden no les autoriza a recorrer el domicilio ni mucho menos abrir cajones o
revisar documentos que no constituyen contabilidad, tal como una computadora
personal.

Desafortunadamente, nuestras palabras y el cumplimiento a la ley, queda


mermado cuando la autoridad excede sus atribuciones y empieza a revisar todo lo
que hemos mencionado y cuando es cuestionada de su imposibilidad jurídica para
hacerlo, ellos señalan que si nos oponemos llamarán a la fuerza pública o citarán
en la propia acta que se opuso el contribuyente a dar todas las facilidades
necesarias para que los auditores cumplieran con su labor fiscalizadora.

Esta actividad fiscalizadora es inconstitucional, pues sin ser la orden de vista un


mandato de autoridad judicial, lo ejercer como si lo fuera y recorren centímetro a
centímetro el domicilio de los gobernados en busca de otra información distinta de
la contabilidad. No debe perderse de vista que la orden únicamente conmina al
gobernado para que permita el acceso al domicilio y ahí ejercer sus facultades de
comprobación, sin embargo, debe ser cuidadoso el contribuyente con permitir que

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la autoridad recorra todas las instalaciones de la empresa, pues la orden de visita


únicamente obliga a permitir el acceso, no a que la autoridad efectúe un cateo.

El domicilio está protegido por el principio de inviolabilidad y en caso de ser sujeto


a un abuso, deberá atender a las siguientes recomendaciones.

1.- Si logra filmar al funcionario u obtener fotografías, deberá ponerlas a


disposición del órgano interno de control para que determine la responsabilidad
del servidor público que incurrió en la omisión.

2.- Si tiene temor de alguna represalia o de algún abuso por parte de la autoridad
por dicha denuncia, únicamente pídale que no lleve a cabo un cateo y muéstrele
dónde está la contabilidad. Si el funcionario insiste en seguir revisando cajones o
archiveros, pídale al final que asiente que abrió archiveros, bolsos, cajones y que
ingreso a un lugar distinto de aquél en donde estaba a su disposición la
contabilidad.

3.-Si el visitador se niega de forma inconstitucional a asentar que realizó las


actividades anteriores, entonces, preste atención al acta parcial de inicio, el cual
estipulará que la autoridad recorrió físicamente la empresa.

4.-Si usted pudo obtener fotografías, video, o fe de hechos, póngala a disposición


de su asesor, pues eso le ayudará a nulificar dicho acto, de lo contrario, use
únicamente el acta parcial de inicio como una prueba en donde recorrieron el
domicilio.

5.- Cuando usted invoque en los Tribunales administrativos o judiciales la violación


de la actividad fiscalizadora, no sólo ubique su violación en el artículo 16
constitucional, que es aquél que protege el domicilio de las personas y que
contiene el principio de inviolabilidad, sino que es necesario que se duela del
Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, abierto a firma en la ciudad de
Nueva York, E.U.A. el 19 de diciembre de 1966 en su artículo 17, y la Convención
Americana sobre Derechos Humanos, adoptada en la ciudad de San José de
Costa Rica, el 22 de noviembre de 1969, en su artículo 11, punto 2., los cuales
establecen:

“Artículo 17.-1. Nadie será objeto de injerencias arbitrarias o ilegales en su vida


privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques ilegales a su
honra y reputación y 2. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra
esas injerencias o esos ataques.” Por su parte, la Convención Americana sobre
Derechos Humanos, adoptada en la ciudad de San José de Costa Rica, el 22 de
noviembre de 1969, en su artículo 11, punto 2, señala: “Artículo 11. Protección de
la Honra y de la Dignidad.-1. Toda persona tiene derecho al respeto de su honra y
al reconocimiento de su dignidad. 2. Nadie puede ser objeto de ingerencias (sic)
arbitrarias o abusivas en su vida privada, en la de su familia, en su domicilio o en
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su correspondencia, ni de ataques ilegales a su honra o reputación. 3. Toda


persona tiene derecho a la protección de la ley contra esas ingerencias (sic) o
esos ataques.”

Como se podrá advertir de lo anterior, la protección al domicilio de las personas,


toma vida en la Constitución federal y en los Convenios Internacionales, los cuales
regulan y prevén la existencia de las condiciones para afectar a un causante en su
domicilio particular, por ello, si un visitador le exhibe una orden de visita, tenga por
seguro que dicha orden le habilita únicamente para revisar su contabilidad, bienes
o mercancías.

Para robustecer lo anterior, recuerde que el gobernado tiene el artículo 53 inciso


b) del Código Fiscal de la Federación, que establece los supuestos cuando un
contribuyente no cuenta con la contabilidad en el momento en que se desarrolla la
visita. Éste tiene la potestad de proporcionarla en los seis días siguientes a que
sea requerida por parte de las autoridades fiscales o aduaneras, por ello, no
debemos permitir el abuso que hoy en día se da con las autoridades fiscales
cuando realizan una visita de comercio exterior, pues como se dijo, su facultad
pese a ser discrecional, se debe ajustar a lineamientos debidamente reglados en
el ámbitos tributario. De ahí que se le conozca a ésta facultad de comprobación
como una facultad mixta, en donde la facultad de comprobación es discrecional y
reglada; la primera porque es potestad de las autoridades ejercerla; mientras que
la segunda, le obliga a ajustarse a reglas que se encuentran por debajo del
principio de inviolabilidad del domicilio.

De esta forma se concluye, que el derecho público subjetivo del gobernado a no


ser molestado dentro de su domicilio fiscal, está tutelado en el ámbito doméstico e
internacional, por ello, debe quedar claro que la orden de visita no le permite a la
autoridad realizar cualquier acto que sea más allá que revisar la contabilidad. Es
por ello que resulta necesario tener siempre un fedatario, cámara o video que
permita comprobar el abuso o exceso, sin embargo, si no cuenta con ninguno de
estos elementos, debe dejarse constancia o pedirle al visitador que asiente que
abrió cajones, archiveros y otros bienes, precisando qué encontró en ellos o qué
buscaba en los mismos.

Deberá precisar también, que puso a su disposición la contabilidad y pese a ello,


la autoridad continuó verificando los escritorios de la empresa. Cualquiera de
estas pruebas, junto con la documental pública del acta parcial de inicio,
comprobará que la autoridad con una orden de visita, excedió de sus atribuciones
y que la facultad revisora se desbordó, tornando inconstitucional el acto, por ello,
en la próxima verificación de bienes o mercancías en una visita de comercio
exterior, deberá estar muy activo de las actividades de la autoridad; 1.-si se
separaron los visitadores dentro del domicilio o 2.-si abrieron cajones o 3.-
revisaron información no contable. De ocurrir lo anterior, deberá señalar en el acta
cualquier omisión que pueda resultar violatoria de los artículos 16 Constitucional,
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en relación con los artículos 17 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y


Políticos, y 11 punto 2, de la Convención Americana sobre Derechos Humanos,
adoptada en la ciudad de San José de Costa Rica, el 22 de noviembre de 1969,
pues sólo así se podrá demostrar la inconstitucionalidad del acto, por exceso en el
ejercicio de sus atribuciones, al desarrollar con un mandato administrativo, un acto
especifico de la autoridad judicial.

Dr. Adolfo Solís

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