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LA SEMIOSFERA Y/COMO EL OBJETO DE INVESTIGACIÓN

DE LA SEMIÓTICA DE LA CULTURA (*)

PEETER TOROP
La lógica disciplinaria requiere que la cultura sea declarada como objeto de
investigación de la semiótica de la cultura. Pero sólo hace algunos años, en el
epílogo de su estudio «Los contornos de la prehistoria e historia de la
semiótica», Viacheslav V. Ivanov, uno de los fundadores de la semiótica de la
cultura y de la escuela semiótica de Tartu-Moscú, escribió: “La tarea de la
semiótica es describir la semiosfera sin la cual la noosfera es inconcebible. La
semiótica tiene que ayudar a orientarse en la historia. El esfuerzo colectivo
de todos los que han participado activamente en esta ciencia o en el ciclo
entero de las ciencias, debe contribuir al futuro establecimiento definitivo de
la semiótica” (Ivanov 1998:792).

La afirmación de Ivanov se apoya ya claramente en la lógica


interdisciplinaria, porque la noción de semiosfera se ha colocado aquí entre
la biosfera y la noosfera. De esta lógica se deduce que la descripción de la
semiosfera por parte de la semiótica ayuda a orientarse en la historia. Y la
noción de la historia es una noción muy compleja para los científicos de la
escuela de Tartu-Moscú.

En el contexto de la semiosfera es relevante el interés de Iuri Lotman como


historiador de la literatura y de la cultura hacia las posibilidades no
realizadas en las elecciones históricas. Tenía un interés especial en imaginar
las conclusiones a las que hubiera podido llevar la elección de estrategias de
desarrollo diferentes en los momentos decisivos, en la situación de explosión
cultural. De esto habla en su último libro, Cultura y Explosión, publicado en
1992. En el mismo año de la publicación de este libro entrevisté a Iuri
Lotman por petición de colegas españoles [«Peeter Torop conversa con Iuri
M. Lotman», Discurso 8 (1993), páginas 123-137; reeditado en Entretextos 1
(2003)]. Cito aquí un fragmento de lo que dijo Lotman: “Los destinos de las
personas en la historia, y de los adelantos científicos, son totalmente
impredecibles. [...] pero un caso tampoco es tan casual, diría yo. Es tan
disperso, deja un campo tan grande de elección que a través de él se pueden
conseguir muchas cosas. Pero es impredecible. Yo creo que si hay alguna idea
de las nuevas que realmente tenemos en nuestras manos, una de ellas, me
parece que la más importante, es la idea del sentido histórico, científico o de
algún otro significado, de la impredecibilidad; la impredecibilidad como
objeto científico. Lo impredecible, [...] cuyo mecanismo, por cierto, es uno de
los principales objetos de la ciencia, incorpora de una forma totalmente
nueva en la ciencia el papel del arte.[...] el arte estuvo siempre orientado
hacia lo impredecible. Por eso pienso que ahora ocurre una cosa muy
curiosa: es como si estuviéramos ante una estética de la ciencia. [...] Es otra
forma de pensar, otro sistema de modelación del mundo. En esencia, es la
creación de otro mundo paralelo a nuestro mundo. Nosotros podemos vivir
en la ciencia, en el mundo, que se crea según el modelo de la ciencia, y
podemos vivir en el mundo que se crea según el modelo del arte. Pero, de
hecho, vivimos en un mundo que se crea sobre la unidad conflictiva de estos
dos modelos. Y de aquí que exista un nivel diferente de predecibilidad, un
significado diferente de impredecibilidad”. La lógica de este razonamiento es
muy cercana al pensamiento transdisciplinario de hoy.

Pero, para terminar la conversación, Lotman hizo una pregunta retórica:


“tenemos una enorme masa de gente que ha poblado la tierra, y que puede
ser que la siga poblando. ¿Esto qué es? ¿Una masa de seres aislados, que
viven sólo para apropiarse de un espacio determinado y un derecho a la vida?
¿O esta masa de seres aislados son un método de descripción y cada ser
aparte otro método de descripción? De esta forma, ni un solo método de
descripción excluye a otro. Estos métodos, gracias a una tensión recíproca,
forman una tercer punto de vista”. La formulación de este tercer punto de
vista ya significaría otorgar a la semiótica el estatus de metadisciplina.

Desde 1984, cuando salió el artículo de I. Lotman, «Acerca de la


semiosfera», este concepto se ha movido de un campo terminológico a otro.
En el campo terminológico disciplinario de la semiótica de la cultura de la
escuela de Tartu-Moscú está relacionado con los conceptos lengua — sistema
secundario modelizante — texto — cultura. De los campos terminológicos
interdisciplinarios tal vez la relación más importante es con las nociones de
biosfera y noosfera, por un lado, y de logosfera, por otro. Como concepto
metadisciplinario, la semiosfera es una noción perteneciente a la
metodología de la ciencia de la cultura y se relaciona allí con el holismo y el
concepto de parte y todo. Y como concepto transdisciplinario, la noción de
semiosfera es muy cercana a la noción del símbolo en el simbolismo: el
símbolo es, como noción indefinible, apropiada para intermediar la
cognición de lo incognoscible, al mismo tiempo que el símbolo puede poseer
un volumen semántico muy grande como mito reducido. En este contexto la
semiosfera marca la complementariedad de las disciplinas que investigan la
cultura, el movimiento hacia la creación de los estudios generales de la
cultura y de la „metodología comprensiva‟.

Por ejemplo, cuando observamos la recepción científica de la noción de


semiosfera, podemos notar la emergencia de algunos dominantes. El primer
dominante está relacionado con la semiosfera como nivel de investigación
universal. Irene Portis-Winner, por ejemplo, considera en su último libro que
la noción de semiosfera de Lotman crea la perspectiva del análisis holista: “El
concepto de semiosfera de Lotman subsume todos los aspectos de la
semiótica de la cultura, todos los sistemas semióticos heterogéneos o
„lenguas‟ que están constantemente cambiando y que, en un sentido
abstracto, tiene algunas cualidades unificadoras” (Portis-Winner 2002:63;
cf. también Portis-Winner 1999). Edna Andrews, por otra parte, arguye que
el concepto de semiosfera ayuda a una mejor comprensión de la semiosis: “El
trabajo extenso de Lotman sobre la semiosfera y la semiótica de la
comunicación proporcionan algunos conceptos y categorías inestimables que
ofrecen percepciones de los principios estructurales de la semiosis” (Andrews
1999:8). Y, según Neil Cornwell, la cualidad de la semiosfera de unir
diacronía y sincronía, organizar la memoria, transformar sistemas, la
convierte en un mecanismo muy funcional que ha sido relacionado incluso
con el término jungiano de inconsciente colectivo (Cornwell 1992:166).

De la subconsciencia colectiva es bueno pasar al otro dominante, la


dinámica. Bogusław Żyłko subraya, desde la perspectiva de la evolución de
Lotman, que el concepto de semiosfera significa la transferencia del análisis
estático al dinámico, y la base de esta transferencia es la comprensión de la
relación entre el holismo y la heterogeneidad: “El cambio, desde la
concepción de la cultura como una masa de sistemas primarios y secundarios
modelizantes hasta la noción de la semiosfera, es también el cambio del
pensamiento estático al dinámico. Si aceptáramos el primer acercamiento, la
cultura se parecería a una unidad inmóvil compuesta por sistemas
semióticos; mientras que si seguimos el acercamiento semiosférico, la cultura
toma la forma de una totalidad heterogénea bullendo con múltiples ritmos de
desarrollo y dominantes transitorios” (Zyłko 2001:400). El dinamismo se
subraya asimismo por Floyd Merrell en su comparación de Peirce y Lotman y
en su consideración de la biosemiosfera: “Las culturas son procesos, nunca
productos […]” (Merrell 2001:400).

Destaqué estos dos dominantes en la recepción de la semiosfera para


subrayar uno de los principios metodológicos de Lotman sobre el que se
apoya también su concepción de la semiosfera. Es el principio de la
dialogicidad. Normalmente, la noción de diálogo está relacionada con Mijaíl
Bajtín y, naturalmente, la aproximación de Lotman tiene relaciones con la de
Bajtín. El tratado publicado bajo el nombre de Valentín Voloshinov, El
marxismo y la filosofía del lenguaje, sugiere que “cualquier elemento de una
enunciación que transmite un pensamiento y está destacado, o incluso un
enunciado completo, está traducido por nosotros en un contexto
correspondiente que es diferente y activo. Toda comprensión es dialógica. La
comprensión se contrasta con el enunciado como las palabras del hablante se
contrastan con las de otro hablante en un diálogo. La comprensión es buscar
una contra-palabra a la palabra de un hablante. Sólo la comprensión de una
palabra extranjera busca una palabra „similar‟ en la lengua nativa” (Bajtín
2000:436). Se han dedicado varios trabajos científicos a la comparación de
los dialogismos de M. Bajtín y de I. Lotman (Shukman, Lachmann, Danow,
Bonafin), pero la simultaneidad de la comprensión dual no se ha acentuado
mucho. Esencialmente, esta es una situación en la que la comprensión es un
proceso que, por un lado, crea diferencias (la palabra y la contra-palabra), y,
por otro lado, crea similitudes (la palabra y su traducción). Y si el dialogismo
de comprensión nace en la mente, podemos, en principio, hablar de dos tipos
de diálogo (cf. también Torop 2002:599-602).
Es más, según Lotman, para la comprensión del diálogo, no es suficiente
comprender la lengua utilizada en el diálogo. En su artículo «Acerca de la
semiosfera» escribió: “La conciencia no es posible sin la comunicación. En
este sentido se puede decir que el diálogo precede al lenguaje y lo genera.
Precisamente en esto se basa la idea de la semiosfera: el conjunto de la
formaciones semióticas precede (no heurísticamente sino funcionalmente) al
lenguaje aislado particular y es la condición de su existencia. Sin la
semiosfera el lenguaje no sólo no funciona sino que ni siquiera existe”
(Lotman 1984:16). En la siguiente fase de la concepción de la semiosfera, en
el libro publicado en 1990, Universe of the Mind, Lotman subrayó que antes
del diálogo hace falta comprender la situación dialógica: “…la necesidad del
diálogo, la situación dialógica, precede tanto al diálogo real como incluso a la
existencia de una lengua en la que realizarlo: la situación semiótica precede a
los instrumentos de la semiosis” (Lotman 1990:143-144). Por lo tanto, el
diálogo se convierte no sólo en una noción estrechamente relacionada con la
semiosfera, sino en uno de sus rasgos ontológicos. El concepto del modelo
cultural dialógico apareció en los trabajos de Lotman en 1983, y el
tratamiento de la semiosfera es el desarrollo de este modelo en primer lugar
en el nivel de la dinámica de las relaciones entre la parte y el todo: “Como
todos los niveles de la semiosfera —desde el individuo humano o texto
individual hasta unidades semióticas globales— son todos como semiosferas
insertadas unas en las otras, cada una de ellas es tanto un participante en el
diálogo (una parte de la semiosfera) como el espacio del diálogo (la
semiosfera entera)” (Lotman 1984:22).

La comprensión del diálogo como el rasgo ontológico de la semiosfera


significa, a su vez, la interpretación de los límites interiores y exteriores de la
semiosfera como bilingües. Los límites separan y con ello crean identidades,
y los límites unen y dan sentido a estas identidades a través de la
comparación de lo propio y lo ajeno. Por lo tanto, para Lotman, el rasgo más
importante de los límites de la semiosfera es su funcionamiento como
mecanismos de traducción. También la autoconciencia del ser humano está
relacionada con los mismos mecanismos, ya que determinando su identidad,
el ser humano debe, primero, describírsela. En la base de esta actividad
mental asimismo están los mecanismo de traducción. Y Lotman llega a la
conclusión de “que el acto elemental de pensamiento es traducción” y “el
mecanismo elemental de traducción es el diálogo” (Lotman, 1990: 143).

La dialogicidad de la semiosfera da a la noción de semiosfera también una


dimensión que pertenece a la historia de la ciencia. En 1992, Lotman escribió
en el prefacio del volumen 25 de Sign Systems Studies, que fue el último
número que él llegó a ver: “Durante las últimas décadas la semiótica ha
cambiado. Un logro en su difícil camino era la unificación con la historia. La
cognición de la historia se convirtió en semiótica, pero el pensamiento
semiótico obtuvo rasgos históricos. […] La aproximación semiótica intenta
evitar el estancamiento condicional del proceso histórico” (Lotman 1992:3).
Lotman asimismo concluye que “cada generación tiene un lenguaje para
describir el ayer y principalmente carece de un lenguaje para mañana”
(Lotman 1992:4).

Hablando de la semiosfera sobre el fondo de las tendencias


contemporáneas de la ciencia hay que recordar que se trata al mismo tiempo
de una noción-objeto y de una meta-noción. La semiosfera es lo que se
investiga en la cultura o como cultura y la semiosfera es el recurso con el que
se investiga la cultura. Con la ayuda de la semiosfera se estudia la
semiosfera no es una paradoja, sino que marca el diálogo entre el objeto de
investigación y el lenguaje de su descripción. La dinámica de la cultura como
objeto de investigación obliga a la ciencia a buscar nuevos lenguajes de
descripción, pero también las nuevas lenguas de descripción influyen, a su
vez, en la dinámica de la cultura, porque ofrecen nuevas posibilidades para la
autodescripción. Frecuentemente, sin embargo, el nuevo lenguaje de
descripción es, desde el punto de vista histórico, sólo una traducción
metodológica. Así, también en la noción de semiosfera se unen varios
conceptos diferentes relacionados con la semiótica de la cultura, que se han
actualizado de manera nueva sobre el fondo de la dinámica de desarrollo de
la cultura.

Para empezar, merece la pena releer a una de las figuras destacadas del
formalismo ruso, Iuri Tyniánov. Escribió en 1924 en el artículo «El hecho
literario»: “El hecho literario es heterogéneo y en este sentido la literatura es
un orden en evolución incesante” (Tyniánov 1977:270). La cuestión sobre el
orden o sistema literario es, para Tyniánov, inseparable de la cuestión de la
función: “Un sistema literario es, ante todo, un sistema de funciones del
orden literario que están en continua interrelación con otros órdenes. Los
sistemas cambian en su composición, pero la diferenciación de las
actividades humanas permanece. La evolución de la literatura, como la de
cualquier otro sistema cultural, no coincide ni en tiempo ni en carácter con
los sistemas con los que está interrelacionada. Esto es así gracias a la
especificidad del material del que se ocupa. La evolución de las funciones
estructurales se produce rápidamente; la evolución de la función literaria se
produce durante épocas; y la evolución de las funciones de un sistema
literario entero en relación a sistemas vecinos se produce durante siglos”
(Tyniánov 1977:277). En el sistema de Tyniánov, podemos observar la
relación del orden literario con otros órdenes: con el orden de la vida
cotidiana, el orden de la cultura, el orden social. La vida cotidiana está
correlacionada con el orden literario en su aspecto verbal y, de esta manera,
la literatura tiene una función verbal en relación con la vida cotidiana. La
postura del autor hacia los elementos de su texto expresa una función
estructural, y el mismo texto como trabajo literario tiene una función
literaria en su relación con el orden literario. La influencia inversa de la
literatura sobre la vida cotidiana, por otra parte, expresa una función social.
El estudio de la evolución literaria presupone la investigación de conexiones
sobre todo entre los órdenes o sistemas más cercanos, y el camino lógico
lleva de la función estructural a la función literaria, de la función literaria a la
función verbal. Esto se deduce de la posición de que “la evolución es el
cambio de interrelaciones entre los elementos de un sistema, entre funciones
y elementos formales” (Tyniánov 1977:281; véase también Torop 1995-1996;
2003:328-330).

El siguiente autor que pertenece a la historia de la semiosfera es Roman


Jakobson, que en 1956 escribió en su artículo «El metalenguaje como
problema lingüístico»: “La lengua debe ser investigada en toda la variedad de
sus funciones” (Jakobson 1985:113). Escribió sobre los seis factores y sus
funciones de su modelo de comunicación: “La diversidad se encuentra no en
el monopolio de una de esas varias funciones sino en su diferente orden
jerárquico” (Jakobson 1985:113). Desde el punto de vista del rápido
desarrollo del medio tecnológico de la cultura, sugiero que el principio
jerárquico es la base de la aproximación de Jakobson tanto a los procesos de
traducción como de percepción. Su traducción interlingüística,
intralingüística e intersemiótica se pueden observar separadas pero también
como la jerarquía interior dinámica de un proceso de traducción y, en parte,
de cualquier proceso de comunicación. Se trata de la misma situación cuando
R. Jakobson subraya el valor semiótico de los cinco sentidos en la sociedad
humana: “Los cinco sentidos exteriores conllevan funciones semióticas en la
sociedad humana” (Jakobson 1971:701). Previendo el aumento de la variedad
y las dificultades de comprensión de las ontologías textuales, R. Jakobson
subraya la importancia de distinguir entre mensajes homogéneos, es decir,
los que se basan en un único sistema de signos, y mensajes sincréticos, es
decir, los que se basan en la combinación de varios sistemas de signos: “El
estudio de la comunicación debe distinguir entre mensajes homogéneos que
utilizan un sistema semiótico y mensajes sincréticos basados en una
combinación o fusión de diferentes modelos sígnicos” (Jakobson 1971:705).

Otro científico semiosférico es Mijaíl Bajtín, de cuya obra quisiera en este


contexto destacar la teoría del cronotopo, aunque no llegó hasta una
elaboración completa. No obstante, es posible reconstruir su idea general de
la obra literaria como una jerarquía cronotópica (Bajtín 1979:338). En un
corte horizontal significa el nivel del cronotopo topográfico o de homofonía,
del cronotopo psicológico o polifonía y del cronotopo metafísico o
heterofonía. Pero en todos esos niveles podemos hablar también de la
binariedad de lo propio y lo ajeno (cf. Torop 1997), que son la base para, por
así decirlo, cronotopos pequeños, tales como el camino, el puente, la
escalera, etc. Sin comprender la cronotopiedad no es posible, según Bajtín,
comprender mundos artísticos (Bajtín 1975:406).

De esta manera tenemos delante de nosotros tres estrategias de


investigación, que preparan la aparición de la noción de semiosfera:
Tyniánov y la concepción jerárquica del proceso de evolución, Jakobson y la
consideración jerárquica del proceso de comunicación, Bajtín y la concepción
del texto como jerarquía cronotópica.
Las «Tesis sobre el estudio semiótico de las culturas» (1973), el trabajo
programático de la escuela de Tartu-Moscú, define la semiótica de la cultura
como una ciencia que investiga la correlación funcional de sistemas de signos
diferentes. Esta aproximación también conlleva el reconocimiento de la
jerarquicidad de los sistemas de signos: “Definiendo la cultura como un
cierto lenguaje secundario, introducimos el concepto de „texto de cultura‟, un
texto en este lenguaje secundario. Puesto que una u otra lengua natural
forma parte del lenguaje de la cultura, surge la cuestión de la relación entre el
texto en la lengua natural y el texto verbal de la cultura” (Tesis 1973:43
[4.0.0.]). Se puede añadir otro aspecto relacionado con la lógica de los
mundos posibles: “El lugar del texto en el espacio textual se define como la
relación del texto dado hacia el conjunto de textos potenciales” (Tesis
1973:45 [5.0.0.]).

Hasta entonces, Lotman, hablando del texto, había subrayado la


importancia del inicio y del fin o del marco. De esta manera, el texto era, para
él, un todo limitado y la posibilidad de delimitación, sea natural o artificial,
permitía hablar de los niveles del material, de la coherencia y jerarquía de los
niveles. Pero si el material no era lengua natural sino lenguaje fílmico,
intentaba describir el sistema de los rasgos distintivos y analizar el texto a
través de la demarcación-no demarcación. El cambio radical se produjo en
1981. En su artículo «La semiótica de la cultura y la noción de texto»,
Lotman sustituye la noción de descifrar o descodificar el texto con el término
de comunicación y crea, describiendo la circulación de textos en la cultura y
las relaciones entre el texto y el lector, una tipología de procesos diferentes,
aunque complementarios: 1. la comunicación del emisor y el destinatario, 2.
la comunicación entre la audiencia y la tradición cultural, 3. la comunicación
del lector consigo mismo, 4. la comunicación del lector con el texto, 5. la
comunicación entre el texto y la tradición cultural (Lotman 2002:88). El uso
de la noción de comunicación en el análisis del texto significaba de hecho el
giro semiosférico ya antes de la aparición de este concepto. Así como se
pueden comprender los textos de manera diferente, es asimismo posible
analizar esta comprensión de manera diferente.

Cuando el tratamiento del texto de Lotman se convirtió en paramétrico,


combinando diferentes posibilidades de análisis, surgió la necesidad de una
unidad de orden superior, que uniría lo individual y lo general, la parte y el
todo, la descripción y la autodescripción. La yuxtaposición en el análisis del
texto de un todo delimitado y un todo comunicativo creó el deseo de
mantener separados el sistema y el proceso, al estilo de L. Hjelmslev. En
1978, Lotman escribió el artículo «El fenómeno de la cultura», con el que
creó la tipología diferenciadora de estática y dinámica. La base para la
tipología es la distinción de los aspectos estáticos y dinámicos de los
lenguajes culturales. Desde el aspecto estático, los lenguajes culturales se
dividen en discretos y continuos (icónico-espaciales), y para Iuri Lotman esto
forma el dualismo semiótico primordial. En los lenguajes discretos el signo
viene primero y los significados se crean a través de los significados de los
signos. En los lenguajes continuos el texto viene primero y el significado
surge a través del texto holístico, que integra incluso los elementos más
heterogéneos. Estos son los dos lenguajes entre los cuales es difícil crear
traducibilidad.

En el dinamismo, la simultaneidad de los dos procesos en la cultura es


importante. Por un lado, en diferentes campos de la cultura tiene lugar la
especialización de lenguajes de cultura como resultado de la
autocomunicación y la búsqueda de identidad. Por otro lado, en el nivel de la
cultura en su totalidad, surge la integración de lenguajes de cultura como una
posibilidad de autocomunicación y autocomprensión. El dinamismo de
integración se revela en la simultaneidad de los dos procesos. Por un lado, en
diferentes partes de la cultura se crean autodescripciones y al lado de ellas
también metadescripciones o descripciones desde la posición de cultura en
su totalidad. Eso es integración a través de autonomías. Por otro lado, los
lenguajes culturales se difunden y se criollizan gracias a la comunicación
entre diferentes partes de la cultura. La criollización es la característica del
dinamismo y una fase intermedia para llegar a una nueva autonomía o
(auto)descripción pura.

Como resultado de los procesos descriptivos se puede hablar de


automodelos culturales. La autodescripción cultural como proceso puede
verse en tres direcciones. El automodelo cultural es el resultado de la primera
y su objetivo es un acercamiento máximo a la cultura realmente existente.
Como segundo resultado emergen automodelos culturales que se diferencian
de la práctica cultural ordinaria y han sido diseñados para cambiar esta
práctica. El tercer resultado se encuentra en aquellos automodelos que
existen como autoconciencia cultural ideal separadamente de la cultura y no
han sido dirigidos hacia ella (Lotman 2000:568-580). Con eso, Lotman no
excluye el conflicto entre la cultura y sus automodelos. Pero en la creación de
automodelos se refleja la creatividad de la cultura. En los años 80 Iuri
Lotman describió la creatividad, apoyándose en Ilya Prigogine. El artículo
«La cultura como sujeto y objeto para sí misma», sostiene que “Una cuestión
fundamental de la semiótica de la cultura es el problema de la generación de
sentido. Llamaremos generación de sentido a la capacidad, tanto de la
cultura en su totalidad como de distintas partes de ella, de dar „en la salida‟
textos no trivialmente nuevos. Llamaremos textos nuevos a los que surgen
como resultado de procesos irreversibles (en la acepción de I. Prigogine), es
decir, textos en determinada medida impredecibles” (Lotman 2000:640).

La semiosfera es el concepto que permite a la semiótica de la cultura llegar


a una nueva consideración del holismo, al análisis holista de los procesos
dinámicos. En el concepto de semiosfera, en la semiótica de la cultura, está
concentrado lo que en las ciencias investigadoras de la cultura se concentra
últimamente en la semiótica: el deseo de encontrar un lenguaje descriptivo
que sea capaz de traducir en sí y unificar distintos lenguajes disciplinarios e
interdisciplinarios. Elaborando los principios generales del análisis de la
cultura por los intereses de la metodología comprensiva, la ciencia debe
buscar las posibilidades para interpretar fenómenos y textos culturales lo
más diversos y no triviales, y para el desarrollo de las autodescripciones
culturales. Al mismo tiempo, la heterogeneidad metalingüística y conceptual
de la ciencia contemporánea es, en la perspectiva histórica, bastante más
homogénea.

Por lo tanto, se puede decir para terminar, que el concepto de semiosfera


pone en contacto de nuevo la semiótica de la cultura con su historia, de la
misma manera que pone en contacto el análisis aplicado de la cultura con la
historia de la cultura y con los fenómenos más recientes en la cultura. La
ciencia de los signos se encuentra con el arte de los signos. Estos encuentros
determinan el lugar de la semiótica de la cultura entre las ciencias que
investigan la cultura. Y no es paradójico que la semiosfera estudia la
semiosfera y la cultura investiga la cultura. Porque todo sucede en la misma
semiosfera de la cultura humana y cada intento de describir la cultura desde
una posición científica resulta ser, en otro nivel, la autodescripción de la
cultura. Creando concepciones de la cultura, también nosotros podemos ser
parte de la creatividad de la cultura.

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Principio del documento

* «The Semiosphere and/as the Research Object of Semiotics of Culture». Una versión de este
texto se presentó en el I Encontro Internacional para o estudo da Semiosfera. Interferências
das diversidades nos sistemas culturais, celebrado en São Paulo (Brasil), 22-26 de agosto de
2005. El autor desea reconocer que este trabajo se ha realizado con la ayuda nº 5313 del Fondo
de Ciencia de Estonia (Eesti Teadusfond). Traducción del inglés al español de Klaarika Kaldjärv.
Se publica por primera vez en ENTRETEXTOS.
El URL de este documento es http://www.ugr.es/~mcaceres/Entretextos/entre7/torop.htm