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Relación entre los Términos Ciencia, Conocimiento y Método Científico:

En lo tocante seguiremos la postura del destacado epistemólogo Gregorio Klimovsky1, quien


afirma que inquirir por la naturaleza de la ciencia es in toto preguntarnos (y luego, comprendernos) a
nosotros mismos. Específicamente, podremos decir que la ciencia es aquella actividad humana –y de los
medios de producción de conocimiento científicos-, que se erige como un acopio de conocimiento con
un fin específico: comprender el mundo y, eventualmente, modificarlo. De este modo, podemos hacer
una primera afirmación: la ciencia tiene como fin acumular conocimiento, el que utilizaremos para uno
de los fines humanos más perennes. He ahí su principal relación. Para el autor, conviene pensar la
ciencia en estrecha vinculación con el método (y con los resultados que de él se obtienen), ya que, en
términos modernos2, el conocimiento científico se fundamenta en la idea de prueba, a la que podríamos
definir como los elementos de juicio –elaborados de acuerdo a ciertos criterios epistemológicos-,
destinados a conservar o desechar una hipótesis o teoría científica, al encontrarla ‘adecuada’ o
‘satisfactoria’ (nosotros agregamos aquí, que ese mismo ‘grado de ajuste’ también da cuenta de
aquéllos mismos criterios epistemológicos que guían la prueba).

Así, hoy por hoy, la ciencia –en todo diferente a otros espacios/discursos que no se proponen la
producción del conocimiento, como el filosófico o el artístico, entre otros-, encuentra su legitimidad en
lo que muchos epistemólogos ven determinante: el método científico. Éste constituye el camino a
recorrer para la correcta construcción de las hipótesis (con su respectivo y posterior sometimiento a

1
En su reconocido libro Las Desventuras del Conocimiento Científico. Una Introducción Epistemológica (Editado por
AZ, en Buenos Aires, hacia el año 1995). Sumaremos a esto apuntes de la última clase.
2
En la antigüedad, el criterio platónico de teetetos caracterizaba el conocimiento pero le imprimía una serie de
requisitos que debían estar presentes en tal labor: la idea de creencia (quien formula una afirmación debe creer en
ella), la idea de verdad (ese conocimiento expresado debe ser verdadero), y la prueba de lo que se afirma. Claro
que los tres no tienen el mismo peso: podría no existir la creencia, mientras lo hacía la verdad y la prueba de lo que
se afirme; en otro sentido, podría acontecer que la verdad no estuviese presente, y de este modo, la entidad de
esa afirmación se derrumbaría, vedando toda posibilidad de que se lo clasifique como conocimiento, propiamente
dicho (dado que carece de correlato en la realidad concreta para cotejarlo). Por otro lado, si existiese la creencia
como la verdad, pero se careciese de la prueba, estaríamos en el plano de la mera opinión, situación opuesta a lo
que denominamos conocimiento. Klimovsky demuestra en su obra que estas tres condiciones -aún cuando tengan
diferentes consecuencias gnoseológicas- son interdependientes.
Por último, comentamos que hemos referido a esta contrastación porque procede a los términos que aquí se están
inquiriendo (salvando los siglos y la producción filosófica que los media, claro): en el caso de la creencia –
despojada de nociones modernas que la asocian con cualquier asunción dogmática- podemos con facilidad
pensarla en lo que concebiríamos como conocimiento; en el caso de la verdad del filósofo antiguo, en lo que hoy
tomaríamos como el móvil mismo de la ciencia; y para la prueba antigua, deberíamos claramente relacionarla con
el método. En sintonía -pero en otros términos- si pretendiésemos afirmar que un científico ‘produce
conocimiento’, estaríamos refiriendo a un concepto –o su conjunto, denominados teoría-, en tanto que creído,
acertado y probado.
prueba). A su vez, la dirección y el modo de recorrer ese camino, seguirá ciertas estrategias que están
determinadas también, con los principios epistemológicos correspondientes a esa metodología3. En
pocas palabras, el método científico es el procedimiento que permite obtener conocimiento y
justificarlo. Llegamos ahora, a una segunda afirmación: la ciencia, se vale de un método que oficiará de
camino al conocimiento. A medida que el conocimiento sea probado, esas hipótesis que eran en
principio tentativas, irán incorporándose a ese conjunto de conjeturas -simples y/o complejas- acerca
del modo en que se comporta algún sector de la realidad4. En todo este proceso está presente la ciencia
con su método científico, buscando un mayor y mejor esclarecimiento que permita explicarse más -y de
mejor modo- esa realidad dada.

Hacemos ahora, una mínima mención –sólo en lo que consideramos como procedente para los
fines de la consigna, sin ahondar en el fenómeno pues no es su objeto-, acerca de las condiciones en
donde acontece todo el fenómeno de la investigación científica. En este sentido, no debemos dejar
fuera que la ciencia trabaja en un contexto de descubrimiento (que hace a las circunstancias personales,
psicológicas, sociológicas, políticas, económicas y/o tecnológicas que pudiesen haber gravitado en la
gestación de tal descubrimiento o influido en su aparición, ya sea en términos individuales del científico
en cuestión, o grupales en cuanto a un equipo de especialistas). Este contexto, pasible de análisis
sociológico, se diferencia del contexto de justificación, el que aborda las cuestiones de validación
científica (esto es, la autenticidad de un descubrimiento, su justificación teórica, el apoyo efectivo de las
evidencias a las afirmaciones, etcétera; y ellos son componentes pasibles de análisis lógico y/o
epistemológico).

Y así ‘cerramos el círculo’ formado por los tríada de la consigna: la ciencia (necesidad humana
atávica y perenne –más allá de sus diferentes configuraciones a lo largo del tiempo y el espacio-), se
propone conocer la realidad (empresa que la llevará hacia la explicación de lo que rodea al hombre,
como a prever/predecir lo que deparará su futuro y las consecuencias de su pasado y presente); pero en
orden a concretarlo, precisará un método científico, con el que logrará efectivamente acceder a esa
realidad. El recomienzo de este ‘ciclo’ podemos dejarlo en manos de lo mismo que lo originó: el hombre
seguirá consciente de lo poco que conoce su mundo, y deberá continuar en su camino científico para

3
Es dable comentar que la labor metodológica, además de proveer los medios (técnicas, herramientas) para
alcanzar ese conocimiento no pone en tela de juicio el que ya fue obtenido y aceptado por la comunidad científica.
Su problema comienza y termina en la búsqueda de estrategias para incrementar la porción de realidad que la
ciencia / científico puede explicar, de un modo determinado.
4
Este modo de explicar la realidad, es lo que se denominaría teoría (y constituye la unidad de análisis por
antonomasia del pensamiento científico contemporáneo). Ella tendrá entidad en la medida que sea enunciada en
un sistema de conceptos articulados con consistencia lógica y contrastabilidad empírica (y, podríamos agregar,
agrupado en definiciones). Las teorías no se alcanzan y se archivan en una suerte de acervo científico, por así
decirlo. Ellas se mantienen en pié hasta tanto no sean refutadas por casos particulares, o las circunstancias
históricas y extra-científicas las hagan decaer (como en los casos kuhnianos de crisis de paradigmas).
mantenerse en la dirección de conocer una realidad que, muchas veces, parece irse agrandando en una
incomparable mayor proporción de la que la humanidad llega a conocerla.