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Resumiendo podemos hablar de tres principios básicos de la Mariología: los preferentemente


metafísico-especulativos, los bíblicos-positivos, y los bíblicos-especulativos.

Recordemos que el principio que se necesita, ha de ser uno del cual pueda derivarse
racionalmente todas las verdades marianas.

͞¿nos ofrece la revelación un concepto superior y vivo de la vinculación de Cristo a María, del
que pueda transparentarse algo sobre el alcance concreto de la maternidad de María?

Esta pregunta nos sumerge en el campo de la cristología y en la soteriología. El á   más


universal fue el de unir consigo a la humanidad de un modo que reprodujera la vida trinitaria.

Al contemplar la maternidad divina de María dentro del contexto de la doctrina de la


encarnación, y, por tanto, también de la doctrina de la gracia y de la eclesiología, se realiza la
aspiración del principio básico: captar una realidad lo más amplia posible mediante una idea lo
más simple posible.


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   á ásignifica, en sentido general, acción que sigue de concebir. María por llena de
gracia, concibió por obra de Dios. Su hijo era el redentor del mundo, y participar por la fe en su
humanidad se llama a la redención, divinización. El poder del Altísimo la capacitó para formar
dentro de ella a su Hijo. Con esto se manifiesta un doble hecho: la maternidad de María, por
ser participación suprema en la humanidad de Cristo, supone la máxima plenitud de gracia y
redención.

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 Constituye
el caso supremo del proceso redentor, como consecuencia, María es la primera de los
redimidos (Rahner, SJ). Esta recepción de la gracia suprema, que a la vez es donación de Cristo
al mundo, se equipara a la misión de la Iglesia en el desarrollo de la redención. De ese modo se
entiende que por antonomasia María es el prototipo o la realización perfecta de la Iglesia. Es
en este sentido que puede explicarse de María la connotación de la Nueva Eva.

Ella fue la madre física de la humanidad individual e histórica de Cristo, lo que le confiere la
suprema participación en la humanidad de su hijo, suprema también desde la perspectiva de la
gracia.
En esta línea se integran los dogmas de la santidad perfecta de María, de su preservación y de
su glorificación el cuerpo.

La concepción virginal y el nacimiento de Cristo, son verdades cristológicas; mas la virginidad


permanente es una verdad puramente mariológica. El acontecimiento de la virginidad
manifiesta la suprema unidad personal con Cristo, sellada con la virginidad permanente, o sea,
con la entrega exclusiva a Cristo.