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Diecinueve

(Poetas chilenos de los noventa)


Francisca Lange Valdés,
Compiladora

Diecinueve
(Poetas chilenos de los noventa)

J·C·Sáez Editor
© Francisca Lange Valdés
Inscripción:
isbn: 9 5 6 -306-

Derechos exclusivos reservados para Chile por


© Comunicaciones Noreste S. A.
Casilla 34t, Providencia, Santiago de Chile
E-mail: jcsaezc@vtr.net

Prohibida su reproducción total o parcial, para uso privado o


colectivo, en cualquier medio impreso o electrónico, según
las leyes 17.336 y 18.443 de 1985 (Propiedad intelectual).

Esta pr im er a edic ió n
se terminó de imprimir en junio de 2006
en los talleres de Lom Ediciones

Dirección editorial: Alicia Simmross y Carlos Labbé


Diagramación: José Manuel Ferrer

Impreso en Chile / Printed in Chile


a Carlos Lange Velaschuaga
8
La primavera se esfuerza por reiterar sus encantos como si nada hubiera
sucedido
desde la última vez que los inventariaste
en el lenguaje de la juventud, retoñado de arcaísmos, cuando la poesía
era aún, en la vieja casa del idioma, una maestra de escuela.
Y no hay cómo expulsar a los gorriones
de las ruinas del templo en que el sueño enjaulado,
león de circo pobre que atormenta las moscas
se da vueltas y vueltas rumiándose a sí mismo:
extranjero en los suburbios de Nápoles, arrojado allí por una ola de
equívocos.
A esos cantos miserables debieras adaptar
estas palabras en que oscila tu historia
entre el silencio justo o el abundar en ellas
al modo de los pájaros: una nota estridente,
una sola: estoy vivo.

Enrique Lihn

9
10
Prólogo

1. Sobre los criterios generales de esta antología

Tres circunstancias tienen en común la mayoría de los autores re-


unidos en este libro: ser chileno(a)s, haber vivido su infancia y parte de su
adolescencia durante la dictadura militar y haber publicado su primer libro
durante la década del noventa.
Estos ejes se han utilizado como criterio al configurar esta antolo-
gía, cuyos autores corresponden a lo que llamaremos poetas de los noventa,
definición que excluye el término generación literaria, según la definición
tradicionalmente utilizada por la historiografía literaria hispanoamericana y
chilena1 .
La caracterización de las generaciones, tanto por agrupación se-
gún año de nacimiento como por características estéticas y temáticas, resul-
ta un modelo de aprendizaje y comprensión de la literatura tan útil como
arbitrario y estático, como bien señala Grínor Rojo en un importante ensa-
yo sobre el tema2 .
1
Este modelo entrega una forma de periodización que organiza la producción de
determinados autores por criterios como el año de nacimiento, lo que permite,
por ejemplo, hablar de las generaciones de 1927, 1942, 1957 y 1972; según el
trabajo realizado por Cedomil Goic en Historia y crítica de la literatura hispano-
americana ( Barcelona, Crítica, 1988) y La novela chilena: los mitos degradados
(Santiago de Chile, Universitaria, 1991) basado en los métodos de Ortega y
Gasset y Anderson Imbert, quienes suscribieron como medida etapas de quin-
ce años. Antes del trabajo de Goic, Juan José Arrom publica en 1963 Esquema
generacional de las letras hispanoamericanas (Ensayo de un método) (Bogotá, Ins-
tituto Caro y Cuervo, 1963). Este texto y el de Goic siguen la línea inaugurada
por Pedro Henríquez Ureña en su libro Las corrientes literarias en la América
Hispánica (México, Fondo de Cultura Económica, 1949).
2
«Práctica de la literatura, historia de la literatura y modernidad literaria en
América Latina», en Crítica del exilio. Ensayos sobre literatura latinoamericana
actual. Pehuén, Santiago de Chile, 1987. pp. 16 – 52.

11
Si bien para la selección de este libro se utilizó como criterio la fecha
de nacimiento de los autores, es importante señalar que en este caso ese eje
tiene relación con las circunstancias sociopolíticas que vive Chile durante
las décadas del setenta y ochenta, en tanto su inclusión como referente úni-
co significa ignorar las particularidades específicas de cada autor de este
grupo. Esta objeción (que antes han realizado el mismo Rojo, Javier Bello y
Gonzalo Rojas Canouet3 , entre otros) dice relación con el paso del tiempo
y sus circunstancias. El esfuerzo, entonces, por clasificar autores y obras de
esta manera impide una comprensión profunda y particular de cada uno de
estos trabajos. Por otro lado, también resulta claro que en un estadio cultu-
ral determinado entran a convivir en una misma escena varios segmentos
etáreos, lo cual tiende a relativizar la estratificación de ciertas características
literarias.
Ciertamente la complejidad de los fenómenos históricos, sociales y eco-
nómicos en los que se inscribe toda escritura, junto a la rapidez con que esos
hechos se desarrollan, en el caso chileno conviven con una serie de juegos y
tensiones culturales, históricas, políticas y económicas que mantienen en una
permanente contrariedad lo que conocemos como identidad nacional4.

3
El trabajo más exhaustivo realizado hasta la fecha sobre este grupo es el del
poeta, acá incluido, Javier Bello: Poetas Chilenos de los Noventa. Estudio y Anto-
logía. Tesis para optar al grado de Licenciado en Humanidades con mención en
Lengua y Literatura Hispánica. Universidad de Chile, Facultad de Filosofía y
Humanidades, Departamento de Literatura. Santiago de Chile, 1995. En éste,
el autor escoge el término período poético. En 1998 este trabajo se actualiza y se
realiza el sitio web Los náufragos: http://www.uchile.cl/cultura/poetasjovenes/
naufragos1.htm
Otro poeta, Gonzalo Rojas Canouet realiza un trabajo de caracterización de la
misma generación en Poesía chilena de la década del ’80 y del ’90: autorreferencia
y fragmentación. Tesis para optar al grado de Magíster en Literatura con men-
ción en Teoría Literaria. Universidad de Chile, Facultad de Filosofía y Huma-
nidades, Departamento de Literatura, Escuela de Postgrado. Santiago de Chile,
2001.
4
Sigo acá la idea elaborada por Álvaro Bisama en su tesis de magíster: Imagina-
rios mutantes en América Latina : sobre la relación entre globalización cultural, las
comunicaciones, las tecnologías de la información, los nuevos escenarios ciudadanos
y las comunidades imaginadas en el siglo XXI. Universidad de Chile, Facultad de
Filosofía y Humanidades, Escuela de Postgrado, 2004.

12
Un ejemplo de esto es que la dictadura militar duró diecisiete años;
en ella convivieron al menos seis o siete generaciones etáreas y también al
menos tres de las llamadas literarias. Sin embargo, en el caso que se utilizara
el método ya reseñado, resulta ambiguo el límite de pertenencia a estas
últimas, pensando en los mismos poetas acá incluidos, ya que, si bien en su
mayoría nacieron entre 1967 y 1977, habiendo publicado por primera vez
entre 1990 y 1999, una de ellas (Verónica Jiménez) nació en 1964 y otros
dos (Felipe Cussen y Juan Cristóbal Romero) publicaron sus primeros li-
bros en 2001 y 2003, respectivamente.

2. Los niños de los ochenta


Hablar de la década de los ochenta en Chile es hablar de la dictadu-
ra militar. Esta situación marca ciertas tendencias culturales de las personas
que en ella vivieron y en especial de aquellas cuyos primeros años de vida allí
se desarrollaron. Pensar en cultura durante el período señalado implica consi-
derar una serie de factores sobre los cuales se construye el proyecto de lo que
Tomás Moulian ha denominado dictadura revolucionaria. Según éste, dicha
organización se construyó sobre una compleja lógica sustentada en el terror y
la imposición así como en la obstinación progresiva de un grupo de militares
y civiles que fueron capaces de aprovechar la situación política y económica
mundial e insertarse en medio del avance capitalista5 . La sustentación de este
esquema se realizó en todos los niveles y aspectos de la vida de los chilenos.
Entre otros, los efectos de las políticas culturales implantadas por el
régimen, como la pérdida del carácter público de la cultura, factor relevante
en la gestión de los gobiernos anteriores; la tutela burocrática sobre las pro-
ducciones de diversa índole; el disciplinamiento y luego la funcionalización
en pro del mercado, además de la despolitización y el desarrollo de una cultu-
ra contestataria6, tuvieron efecto sobre el comportamiento y pseudo aliena-
ción de la ciudadanía, quitándole densidad a los discursos públicos, hacién-
dolos más frontales (en el caso de lo contestatario), excesivamente complejos
o simplemente livianos.
5
Cfr. Tomás Moulian Chile actual: anatomía de un mito. Santiago de Chile, Lom,
1997, pp 171 – 269.
6
Véase Alicia Barrios, José Joaquín Brunner y Carlos Catalán. Chile: transforma-
ciones culturales y modernidad. FLACSO, Santiago de Chile, 1989, pp. 43 – 96.

13
Después de 1980 es en esa liviandad donde entra precisamente la
adopción paulatina de los ideales de una sociedad de consumo, que se limi-
ta aparentemente sólo a este proyecto y que recibe como una opción de vida
normal la entrada por la puerta ancha al mercado y sus bendiciones7. Para
quienes aún no eran adultos en dicha época, la televisión juega un rol im-
portante ya que, como principal medio de comunicación, configura lo que
debiera ser un mundo normal mediante una serie de referentes cotidianos. Si
pensamos, además, que la señal de más alcance es la de Televisión Nacional,
propiedad del Estado que cubre casi todo el territorio, lo que se exhibe como
uno de los tantos logros del régimen, podemos apreciar entonces que lo
recreacional es precisamente una estrategia que no sólo buscaba apaciguar
cualquier arranque particular en su tiempo inmediato, sino que también ci-
mentaba el camino para perpetuarse incluso, a pesar de y por ella misma, en la
disposición y recepción de los ciudadanos, ya no sólo ante un determinado
sistema económico y político, sino que también ante sus propias vidas, lo cual
se hace evidente en el recuerdo generacional de las transmisiones televisivas de
la época.
Esa extraña mezcla indica cierto esfuerzo por articular una cultura
arraigada en la televisión, que buscó sublimar la dialéctica del terror sobre la
que se construyó, indicando una espectacularización inmediata –así como
también la formación de una lógica perversa, que se asienta en la medida
que se despolitizan los sujetos y se politiza el consumo8 – y el registro de un

7
Con relación a abertura a la economía de libre mercado por parte del estado
chileno es importante considerar sus efectos en la vida cotidiana de los ciuda-
danos, en tanto se incorporó a sectores apartados y/o marginales de la pobla-
ción a nuevas formas de consumo cultural, por ejemplo, la compra de artefac-
tos domésticos como la televisión. Cfr. ibídem, pp. 81–84.
8
Como señala Bisama al referirse al Festival de Viña del Mar, en tanto era en ese
espectáculo donde “(...) el régimen propone un modelo de internacionalización
de sus logros; contraponiendo el glamour del showbusines con la violencia dia-
ria, intentando redefinir lo popular desde la perspectiva del espectáculo televi-
sado. En dicha estética estaban explicitados los conceptos de participación ciu-
dadana del régimen. Por un lado el público podía sacar del escenario a un artis-
ta sobre la base de las pifias. Por otro, cuando deseaba la confirmación del mis-
mo con ese extraño premio de «la antorcha» era la autoridad edilicia la que
daba el visto bueno. El público de las graderías, que recibió con los años el
apelativo de «monstruo» estaba sometido por ende a las veleidades individuales

14
espacio idealizado para la primera generación de niños chilenos propiamen-
te televisiva. Este mecanismo también puede ser extendido a la cultura le-
trada, en tanto las editoriales operaron bajo criterios de marketing9 y la
educación fue sometida a diversos medios de control que buscaron la
despolitización y la tecnificación de los procesos enseñanza/aprendizaje10.
Como bien señala Patricia Espinosa, el tipo de literatura fomentado por el
régimen es de carácter evasionista; creador y fomentador de la mitificación
de gestas militares y héroes ad hoc y del universo paradisíaco de la familia
(patriarcal, católica y conservadora) y la infancia perfectas11.
A grandes rasgos, ese era el canon leído durante la etapa escolar, la
lectura obligatoria, aquella con que la mayor parte de los niños de los ochen-
ta aprendieron a leer y bostezar en una sociedad donde la censura, la
autocensura, la prohibición y la quema de libros fueron hábitos cotidianos.
Este esquizofrénico escenario puede ser más o menos intenso, o pasar
incluso desapercibido, según el estrato sociocultural al que pertenezcan los
individuos, las distinciones de campo/ciudad, género y/o etnia. Sin embar-
go, lo iluso sería pensar que éste es un imaginario ausente en la conciencia y
existencia de los sujetos que en este medio se han desarrollado. Además de
las lecturas, la música, el arte visto y las aventuras vividas, resulta importan-
te el influjo de la televisión relativo al esfuerzo estatal por generar una edu-
cación condicionada y todo el correlato ideológico que lo sustenta; el hecho
de que los niños de los ochenta sean los primeros que nacen con el televisor
prendido supone una adquisición cultural extraña al mundo existente, ex-

del alcalde. [...] El escenario de la «Quinta» y su retransmisión satelital con un


peak de rating en ese contexto no sólo desfiguraba las posibilidades del espectá-
culo en vivo sino que replanteaba el papel del artista. La masa era distorsionada
en su gusto impresionista mientras el artista quedaba obligado a desdibujar su
propia apelación al dividirse entre el público in situ, el espectador televisivo y la
confirmación de su legitimidad estética por parte de los productores, organiza-
dores y la autoridad edilicia. op. cit. pp. 53 - 54.
9
Véase Bernardo Subercaseaux Historia del libro en Chile (Alma y Cuerpo). San-
tiago, Lom, 1993. pp.170 – 171.
10
Cfr. Brunner, Barrios y Catalán, op. cit. pp.98 - 115
11
«30 años: cartografía menor» en Utopía (s) 1973 - 2003. Revisar el pasado, criti-
car el presente, imaginar el futuro, Nelly Richard ed., Santiago de Chile, Univer-
sidad Arcis, 2004, p. 279.

15
traña y dispersa si además se piensa que estos hitos corresponden también al
período en que se aprende a leer y escribir.
Tan importante puede resultar esto como sus reactivaciones y recuer-
dos inmediatos. Tan importante como el mito urbano de la noticia, El dia-
rio de Cooperativa y su cortina inicial: el ritmo de los tambores sinfónicos de
Rick Wackeman que anuncian la emergencia, el peligro, la tensión de aquelloque va
a suceder, del temor hecho evento con una música que ‘generacionalmente’
correspondía a los hermanos mayores, los jóvenes de los ochenta. También
resultan de esto cuestiones como la música a.m., el folclor y otro sinnúmero
de ocasiones asociadas a la utopía de los ochenta (Y va a caer), utopía de
cierta forma prestada, añorada y buscada en la década siguiente, cuando el
presagio ya era sólo un recuerdo (la alegría nunca llegó) de un protagonismo
precipitado.

3. Poéticas de los ochenta

La situación de la literatura en Chile durante la década de los


ochenta se ve marcada por la situación político-social del país. Tanto esta
disciplina como la música y las artes visuales se ven enfrentadas a la situa-
ción de represión y censura que, en el caso de los creadores opositores al
Régimen que viven en Chile, se canalizan principalmente en dos vertien-
tes: por una parte las expresiones abiertamente disidentes (o contestata-
rias), por otra el llamado arte experimental, concentrado en la creación de
un nuevo lenguaje, crítico y reflexivo, tanto en sus formas como sentidos,
en especial con relación a los sectores de la intelectualidad más conserva-
dora, a los bloqueos oficiales y sus aberturas12. En este campo destacan
figuras como Soledad Fariña, Carmen Berenguer, Gonzalo Muñoz, Diego
Maquieira, Raúl Zurita y Diamela Eltit y, en otro registro discursivo,
Mauricio Redolés.
Ese grupo ‘experimental’ conforma lo que la crítica Nelly Richard
denominó Escena de Avanzada, cuyo signo es el desarrollo de un trabajo

12
Cfr. Brito, Eugenia Campos Minados. Literatura post-golpe en Chile. Santiago de
Chile, Cuarto Propio, 1994, pp.17, 18 y ss.

16
literario y visual que se caracterizó por haber “(…) extremado la pregunta
en torno al significado del arte y las condiciones –límites de su práctica en el
marco de una sociedad fuertemente represiva. Por haberse atrevido a apos-
tar la creatividad como fuerza disruptora del orden administrado en el len-
guaje por las figuras de la autoridad y sus gramáticas del poder.”13
Esta búsqueda de lenguajes, que alcanza la discusión de lo femenino/
masculino en el texto e involucra al cuerpo como referencia, genera una
abertura de campos, instalando espacios individuales y colectivos en los cuales
el contexto permite un acercamiento crítico e interdisciplinario al lenguaje
utilizado.
Si bien hasta el momento parece haber una predominancia bibliográ-
fica sobre los registros de esa época que apuntan a estas dos vertientes, es
importante señalar que durante esa década se producen otras escrituras que
quedan fuera de ellas14 y que dan como resultado libros importantes en la
cultura poética chilena, que influyen en el modo de leer y hacer la literatura
por parte de los autores de los noventa: Hojas de Parra de Nicanor Parra, La
ciudad de Gonzalo Millán, La bandera de Chile de Elvira Hernández, Cartas
para reinas de otras primaveras de Jorge Teillier, Décimas de Violeta Parra,
Proyecto de Obras Completas de Rodrigo Lira, La nueva novela de Juan Luis
Martínez y El Paseo Ahumada de Enrique Lihn.
Este último autor aparece como una influencia latente en los poetas
de los noventa precisamente por su posición inclasificable dentro del pano-
rama crítico de la poesía chilena, especialmente en la década señalada. No
solo encontramos una lectura atenta de su obra rastreable en muchos poe-
mas, sino también una disposición ante la literatura que durante la década
de los ochenta se extrema en un discurso crítico que alcanza también a
algunos de los miembros de la neovanguardia, pese a las cercanías estéticas y
personales del autor con algunos de éstos. El trabajo de Lihn se concentra en
un ejercicio deconstructivo cercano a la antipoesía de Parra; sin embargo, la
particularidad del autor está en que nunca se aparta ni reniega de la poesía,

13
Richard, Nelly Margins and Institutions. Art in Chile Since 1973. Melbourne Art
& Text, 1986, p. 119.
14
Cfr. Patricia Espinosa, op. cit. pp. 279 - 284.
15
Cfr. Christopher Travis “Más allá de la Vanguardia: la voz dialéctica de Enrique
Lihn” en Revista Mapocho (2003) 54, pp. 146 y ss.

17
desplegando su trabajo por y a partir de ésta15, en tanto la reflexión sobre los
mecanismos lingüísticos, los del poder y con esto la desarticulación del len-
guaje institucional, se realizan a partir del mismo género. Esto implica una
revisión del canon poético chileno, así como un permanente cuestionamiento
de su propia labor y su lugar en el discurso público. Lihn hizo de la metapoesía
un arma que, desde sus textos más líricos e iniciales como La pieza oscura
(1963), pero sobre todo a partir de La musiquilla de las pobres esferas (1969),
posicionó una manera de hacer y leer la poesía –y la literatura– en que el
discurso del hablante resulta un problema que constituye el mismo texto, que
le permite dudar desde sus enunciados e instalarse en los rincones de la subje-
tividad sin complejo alguno, discutiendo lo lírico a partir de su escritura.
El paso sin tapujos de Lihn por todos los géneros literarios, su obsesión
durante los setenta por la teoría literaria y sobre todo su elaboración del con-
cepto poesía situada, dejan una estela que aún está en proceso de descubri-
miento. La articulación de una palabra poética que hable desde y de la situa-
ción que enuncia, sin perder como norte el ejercicio de un dialecto que no es
el cotidiano, que lo incluya y lo reubique en otros contextos significa, en
palabras del mismo autor, «(...) pensar a partir de la literatura, en ella, con ella
y sobre ella, dentro, pues, de la literatura misma»16. Del desafío del autor
habla su lata y diversa obra. De su influencia los textos, el afán reflexivo y las
voz de muchos de estos autores. Tirar y aflojar con la palabra es un ejercicio
inmanente que ha sido aprendido por estos poetas, no sólo porque Lihn es tal
vez el poeta chileno más leído por la mayoría de ellos, sino también por la
aprehensión de un tono y un lugar tan inubicables como críticos.

4. Los noventa en los noventa

Los rasgos anteriormente esbozados guardan directa relación con


los modos de leer y escribir de estos autores, aprendidos de manera disímil, lo
que les ha significado ser catalogados como una generación náufraga17, tanto
por no concentrarse por y para una tradición anterior, como por la variedad

16
Enrique Lihn “Entretelones técnicos de mis novelas” En Derechos de autor 1981/
72, 69 etc. Arte Plano, Santiago, 1981. p.3.
17
Cfr. Bello, op. cit. pp. 158 – 159.

18
de sus influencias externas, lo cual ha significado que los poetas que ahora
tienen –mayoritariamente– entre veinticinco y treinta y cinco años se diferen-
cian de aquellos de los llamados ‘ochenta’ por la carencia de un discurso con-
tingente, considerando que la producción de esa época se desarrolla en medio
de los avatares de las normas impuestas por la junta militar18.
La década de los noventa comienza en Chile con el regreso a la demo-
cracia, hecho que significó un paulatino cambio del discurso público de la
clase política y también de los medios de comunicación. El esperado suceso
recibió el nombre de Transición, la que trajo consigo la implementación de
una serie de cambios y reformas políticas que acompañaron un paulatino
blanqueamiento de los discursos oficiales, no sólo por abolirse lo confrontacional
ante una dictadura que técnicamente no existía, sino también por la serie de
adaptaciones y regulaciones sociales que esto significó. Si bien el Gobierno
era ahora un ente elegido por los votos ciudadanos, éste se construyó sobre un
esquema en el que se ha afianzado el modelo económico impuesto por el
régimen, lo que ha significado pactos y olvidos deliberados
Por otra parte, aquellos que publican por primera vez en esta década
se enfrentan a la creciente ampliación del mercado editorial, que en el caso
de la literatura resulta especialmente atenta a la narrativa. Nuevos escritores
y aquellos con un buen currículum bajo el brazo tienen un espacio de oferta
y demanda interesado en sus producciones, convirtiendo a algunos incluso en
superventas y a otros, al menos, en figuras dentro del panorama cultural chi-
leno. En el caso de la poesía, ésta sigue siendo un territorio peligroso, ya que
en cuanto género no supera los beneficios monetarios que genera la narrativa.
Sin embargo, la apertura cultural abre otras posibilidades como la creación de
pequeñas editoriales, metropolitanas y de provincia, que abren un mercado antes

18
Sobre esa época son especialmente interesantes los textos de Soledad Bianchi
“Prólogo” a Entre la Lluvia y el arcoiris. Algunos poetas jóvenes chilenos. Soledad
Bianchi, Rótterdam, Instituto para el nuevo Chile. 1983, pp. 5-25 (http://
www.uchile.cl/cultura/poetasjovenes/bianchi.htm)y Un mapa por completar: la
joven poesía chilena. CENECA, Santiago de Chile, 1983 (http://www.uchile.cl/
cultura/poetasjovenes/bianchi2.htm) y el volumen compilado por Ricardo Yamal
La poesía chilena actual (1960 - 1984 ) y la crítica. LAR, Concepción, 1988.
También de Grínor Rojo, “Veinte años de poesía chilena: algunas reflexiones en
torno a la antología de Steven White”, en op. cit. pp. 55–76, y Javier Campos,
“Lírica chilena de fin de siglo y (post) modernidad neoliberal en América Lati-
na”, en Revista Iberoamericana. 168-169 (1994) pp. 891–912.

19
pequeño, movilizado por las autoediciones, a lo que también debemos agregar la
larga lista de concursos cuyos primeros lugares han generado una permanente –y
latente– polémica sobre las influencias, sus tráficos e intersticios.
Con esto, la publicación de poesía sale del estricto orden marginal,
no para insertarse oficialmente en el mercado, pero sí al menos para ocupar
un lugar intermedio. Como ya se ha señalado, el discurso en el cual se inscri-
ben las escrituras de los noventa es un discurso teóricamente pluralista, pre-
misa incierta –y bastante sana– en el caso de la poesía, ya que sus complejas
características como género y la magnitud de su público lector dificultan su
instalación en el imaginario de lo masivo.
Ubicados en esta ambigua plataforma, los poetas de los noventa se instalan
provistos de un peculiar discurso articulado en una época donde el
adoctrinamiento masivo se realiza por medio de la televisión: la creación de un
showbusiness que pretendía homogeneizar la percepción del mundo chileno, la
perversa selección literaria de los programas oficiales de educación y la escasa –
y centralizada– oferta cinematográfica y musical ocuparon un lugar destacado.
Del paraíso del kitsch y la ignorancia en que la dictadura militar bus-
có sumir a los ciudadanos chilenos se podría hablar largo y tendido; el asun-
to es que esta cultura enseñada no fue tan bien aprendida por todos los
jóvenes, quienes, ya con derecho a voto en los noventa, constituyen una
generación que ha sido popularmente conocida como apática y poco com-
prometida, acusándosele de un silencio apolítico en un escenario que (pú-
blicamente) solicitaba activa participación19.
En este escenario, la literatura escrita por parte de estos poetas se
presenta como la construcción de un lenguaje ausente, que logra caminar
sobre una cultura concentrada en el miedo y sobre la instauración de valores
patrios, emblemas introducidos por un régimen que a través de su idea de
nación intentó anular la identidad particular de los sujetos en cuestión, a
partir de una ideología monopólica y autoritaria, saturada de íconos milita-
res y heroicos como “(...) monotipos de la raza (...)” que pretendían la “(...)
hegemonía del orden simbólico (...)”20.
19
Participación relativa en tanto uno de los mayores logros de la Transición fue
precisamente desconocer y abolir organizaciones primarias como los sindica-
tos. Sobre este tema cfr. Rodrigo Ganter “Micropolíticas de lo juvenil y saberes
inconclusos” en Richard edit., op. cit. pp. 254 - 260.
20
Bernardo Subercaseaux “Nación e íconos identitarios” en Richard ed., op. cit. p. 249.

20
Contra la vulgaridad reiterativa de lo enseñado, los poetas de los no-
venta, en su diversidad temática y formal, asumen el uso del lenguaje poéti-
co en todas sus esferas, reinstalando un imaginario a primera vista disperso
que, sin embargo, se discute a sí mismo, dialogando en distintos planos con
las otras escrituras con las que cohabita; lenguaje sustentado en la potencia
de su particularidad y sobre todo de su diferencia.
Otra característica de estos autores es que en su mayoría son universita-
rios, por lo que muchas veces se les ha acusado de académicos e inteligentosos,
lo que parececiera ser un valor no recogido del todo. Ambos asuntos tienen
que ver con esos temas pero, sobre todo, con la discusión y reflexión litera-
ria que ella genera; discusión a niveles temáticos, gramaticales, retóricos y
estéticos, que se permite voltear aquello que se ha institucionalizado como
un precepto. En estos poetas, los supuestos deberes de lo literario registran
no sólo la discusión ya comentada sino también la proposición de espacios
abiertos en el blanqueamiento instalado como suplantación de los intentos
ochenteros de homogeneización, con lo cual se ha rescatado, por ejemplo,
el folclor y lo popular, alejándolos de la chabacanería en la que se vio sumer-
gido durante mucho tiempo, así como la tendencia a tematizarlos como un
discurso marginal. La incorporación de giros, formas y ritmos, al igual que
la textualización de dialectos como un habla con cuerpo y validez propia,
son elementos que se afianzan, abriendo un nuevo lugar de creación y par-
ticipación, transformando además el presagio de los tambores, la violencia
soterrada y la indiferencia en otro lenguaje poético.
Aquella acusación –conocida más como rumor que como hecho com-
probado– adquiere una connotación peyorativa, en tanto el ser académico
significaría la pertenencia a una clase o disciplina determinada. Ciertamen-
te son diversos los orígenes y estudios de estos poetas, por lo que el supuesto
de que la heterogeneidad provenga sólo del dominio de cierto discurso pú-
blico –donde olvidamos asuntos como las otras lecturas infantiles y adoles-
centes, experiencias familiares, lugares de origen, escuela, etnia, género, et-
cétera– resulta extremadamente simplista.
En este sentido, pareciera que así como lo académico se ha entendido sólo en
un sentido peyorativo, el hecho político, lo profundo y lo contingente, sólo existiría
mediante la frontalidad; da la impresión de que muchos de estos poetas han
sido leídos superficialmente, evidenciando la necesidad de construir una críti-
ca académica y periodística sobre el tema que hasta el momento presenta sólo

21
precarias excepciones. Lo político se manifiesta tanto en la escritura como en
los modos de pensar la experiencia y lo literario, articulando espacios estéticos
enfrentados a la memoria, propia y colectiva. Quienes utilizan la palabra poé-
tica han dado espacio a imágenes rescatadas y creadas desde, contra y a espal-
das de ese contexto cultural e histórico, creándose un lenguaje que ha inverti-
do llantos, transformándolos en otro discurso.
En la actualidad, los poetas acá antologados se pasean por distintos
espacios creativos y vitales. Algunos de ellos participan en proyectos culturales
de diversa índole, escriben en publicaciones periódicas, se dedican a la músi-
ca, el cine, la publicidad, la enseñanza de distintas disciplinas o a labores edi-
toriales. Muchos de esos proyectos acercan sus escrituras a distintos soportes,
como la poesía visual y sonora –en el Foro de Escritores–, la cercanía a las
formas populares chilenas, o la experiencia masiva del género –en el Proyecto
Casagrande– además de ubicarse con y entre poetas mayores o menores.
Muchos de estos autores también han incursionado en la traducción
literaria, especialmente de poetas de habla inglesa, como es el caso de Kurt
Folch, Andrés Anwandter, Marcelo Pellegrini, Germán Carrasco, Cristián
Gómez y otros que no están en esta antología. De esta manera, tal amplitud
de miradas y disciplinas permite hablar de una generación de personas que
no se encasillan en proyectos acabados, y que ubican su ejercicio poético en
un trabajo de investigación permanente.
En este sentido, gran parte de los llamados poetas de los noventa po-
seen el prurito de no olvidar el lenguaje que hablan –el literario– y a su vez
exigen un lector atento –que no es lo mismo que iniciado–, entendiendo que
tal vez la máxima bondad de este género es desordenar y problematizar lo que
en los discursos públicos parecía un ordenado contexto, y que la tradición
pedía respetar según una linealidad historicista predeterminada.

Francisca Lange Valdés


Septiembre de 2005

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ANDRÉS ANWANDTER
(Valdivia, 1974)

Ha publicado El árbol del lenguaje en otoño (Santiago de Chile,


DAEX, 1998), Especies intencionales (Santiago de Chile, Quid,
2002) y Square poems (Londres, Writers Forum, 2002). Tam-
bién ha participado en las publicaciones del Foro de Escritores
UNO (Santiago de Chile, 2004) y DIEZ (Santiago de Chile,
2005).
Estudió Psicología en la P. U. Católica de Chile y trabaja
en temas relacionados a su especialidad. En 1993 fue becario
de la Fundación Neruda, en 1995 obtuvo el primer lugar en el
Concurso de Poesía de la FEUC y en 2002 recibe el Premio
Municipal de Poesía por Especies intencionales. Actualmente par-
ticipa en el Foro de Escritores.

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Haber recorrido en espiral la enciclopedia
para encontrar en su centro el otoño,
esa palabra que aún no alcanzara a articular
un sólo verso que por fin te describa.
Y tu retrato se deshoja en la memoria
Como un tomo descuadernado y viejo.

(de El árbol del lenguaje en otoño)

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Claves para un monólogo de dos

Caminábamos oscuros por la noche sola


de la mano de unos versos que cosían la boca
con un par de puntos a favor del silencio
–un juego de palabras–, la lengua
se hacía un nudo de hilo, para enredar
la metáfora de esas citas nocturnas
que se llevaban a cabo en parques,
cuyos nombres convertíamos en claves
o cruces para marcar el mapa
de nuestros desaciertos.

(de El árbol del lenguaje en otoño)

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Método

Esta lengua, tan poco propicia


a los meses que corren, arena

tan blanda a los pasos del tiempo


que siguen mis huellas, tan tenue

materia, que encoge su forma


y escurre por entre los dedos,

compone los versos que empuño


con fuerza y arrojo a la mesa:

veloces palabras. Se estrellan


y esparcen sus granos, que ordeno

más tarde en estrofas saltadas


de dos en dos. Cuento las horas.

(de Especies intencionales)

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Idilio

Regresábamos del parque por el pasto


mojado, cuando el tiempo se hizo tenue
para alguna aparición:
me contabas
o recuerdo –como un viaje– solamente
que yo andaba entre tu voz y las palabras
con pisadas tentativas de turista
que desciende a la ciudad envuelta en brumas
cerro abajo.
Engastada entre las grietas
de la historia te esfumabas:
divisé
una gema, eso es todo. Breves ráfagas
de aire frío disolvieron la escalera
empedrada de recuerdos, el rocío
me guiñó desde las hojas:
eso es todo
lo que tengo que contar, ibas diciendo
al llegar a la vereda iluminada.

Y el rumor, menos lejano, de automóviles


se mezclaba con tu voz y con la noche

(de Especies intencionales)

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Dos epigramas

Libres de polvo, mas no de paja


ya te habrán envenenado los consejos
de Frígida –tu amiga– que no piensa
más que en cubrecamas y cortinas
para uniformar su medianía.
¡Hasta cuándo
se entromete esa serpiente en los establos
ajenos, y se enrosca en mis asuntos!

II

(Tijeras)

Puedo perdonarte esa traición


que me cuentas, sin vergüenza, de una amiga
mientras me cortas el pelo.
A tu espalda
también suelo hablar en tercera persona.

Pero doy menos pistas.

(de Especies intencionales)

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Embarcaciones

De un audífono al otro: canciones


y promesas que atraviesan tu memoria
como un yate con las velas desplegadas.

Haces sombra con la mano, para ver


aplanarse –brevemente– el horizonte
de tus ondas cerebrales.
Son los temas
que recibes de la radio en las mañanas
y devuelves, arrugados, al bolsillo
cada tarde.
De un audífono al otro
por azar, entre estaciones, te recobras
a la orilla de un recuerdo.
Estribillos
de las olas que envuelven a diario
todo el éter, y la gente memoriza
en la impaciencia del Metro.

(de Especies intencionales)

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Ventanillas

De los meses que corren


marchamos detrás.

Bajo esta divisa


o bandera a jirones

del poder, perdonamos


las horas gastadas

en filas que van


de la calle a la caja

en el último piso
al final del pasillo.

(de Especies intencionales)

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Cardúmenes

Estos medios que nada dividen


excepto los mapas y enhebran
de ofertas, consignas o cantos
el éter.
Las retransmisiones
que afluyen en masa a mi antena
y ensanchan la tarde:
resecos
canales abiertos al líquido
de la televisión, que desmorona
sus bordes, mientras pasan las imágenes
y anegan las pantallas.
Los ojos
de cualquiera pueden ver bajo esas aguas
revueltas.
Noticiarios sumergidos
en rumores, que atraviesan como peces
los dominios de lo público.

(de Especies intencionales)

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Migraciones

Erizados de medidas precautorias


avanzamos por el fondo arenoso
de la historia, bajo el mar.
Con paciencia
expropiada a los moluscos que invadieron
casi todo el litoral hace tres décadas.

A pesar de la Corriente del Niño.

Ciertos peces de colores, provenientes


de las aguas que atraviesa el Ecuador
son visibles a la altura de Queule
cada cuatro veranos.
Las rocas
que limitan el acceso a la playa
acogen pequeños escualos
entre sus pliegues.
Armadas
hasta los dientes, las costas
de la memoria se entibian.

(de Especies intencionales)

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Pabellón

Where none ask why the death nor for whom


Louis Zukofsky

La porción asignada al color


azulado del cielo es apenas

un tercio del trozo que cubre


el color de la sangre, a su vez

la mitad del terreno. La nieve


blanquea los cerros sobrantes

de muertos recientes y cóndores


lentos, que rondan sus huesos.

¿Es posible arreglar los colores


del país como un juego de prismas

aislados y en orden? Algunos


quisieran volver a las franjas

de anchura pareja a lo largo


de toda una cinta, o poder

elegir entre varios colores


en la carta de ajuste. Los días

destiñen en tanto, y las aguas


que enjuagan la historia se estancan.

Es preciso sacar de inmediato


la bandera de la artesa y encumbrarla

bajo el sol despiadado: una sábana


que alisa sus pliegues al viento.
(de Especies intencionales)

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Encuesta

Sin más salario que el sol


sobre la espalda, recorro

–mapa y carpetas en mano–


una manzana tras otra

llenas de breves pasajes


al otro mundo. Trazados

como pedazos de letras


sobre los planos sin sombra

de la ciudad. De este modo


escrita para aves y aviones

medianos, la prosa dispersa


y fuera de foco, que pueblo

de pasos fortuitos. La calle


que busco carece de números.

La plaza cercana no existe.


Me siento a observar los dibujos

de polvo que el viento deshace


y anoto entre mis formularios:

la calle ha cambiado de nombre.

(de Especies intencionales)

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Actividad N° 1

Enciende una vela en un cuarto


oscuro y observa su brillo.

El rayo de luz que tus ojos


arrojan - según los antiguos

filósofos griegos - alcanza


las cosas, rebota y devuelve

su imagen veloz por el iris.


Un cono directo al pasado

reciente, membranas adentro


del cráneo. Se enciende al revés

la vela que ves: un fulgor


diminuto en la noche craneal.

Comenta, después, la experiencia


con tus compañeros de curso.

(de Especies intencionales)

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en los himnos
puras brisas
que no encajan
con el puzzle
desterrados
ocultamos
con el puzzle
que no encajan
tantos huesos
con banderas
que no encajan
con el puzzle
y proclamas
nuestros pechos
con el puzzle
que no encajan
piel adentro
las cenizas
que no encajan
con el puzzle

(de Especies intencionales)

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Cierre de las transmisiones

Esquirlas de los sueños estrellados


contra el muro por la tarde, al despertar
violentamente.
O el disparo simultáneo de incontables
escopetas, como un eco.
La estampida
de las nubes por el cielo que precede
a una noche lluviosa.
El rumor
que se acerca y aleja de alguna
avioneta.
Rachas breves
y esquivas de viento salpican
el techo de zinc, acarrean
las hojas afuera:
penumbra
bendecida por la luz intermitente
y azulada de la televisión.
Gatos
entre arbustos, al acecho del fulgor
que ilumina los cristales.
El diafragma
de sus ojos obturado para ver
en la sombra:
a través del ventanal
recostada boca abajo una silueta
descompone la vigilia entre los pliegues
de la almohada.

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A sus espaldas
la pantalla se disuelve en ruido blanco.

(de Música envasada, inédito)

39
Ofertas

Propina o soborno del día


la tarde me deja de vuelto

apenas algunas monedas


que aferra mi mano. Camino

al Metro recuento las horas


servidas y busco, de paso

mi sombra en alguna vitrina.


Reviso los precios, reflejo

la frente arrugada en el vidrio.


Detengo la vista sobre una

portada que guiña en un kiosko


sus ojos. Me acerco y pregunto

si venden tabaco: respuesta


que apenas descifro en el ruido

del tráfico, entrego la plata


y recibo el paquete. Tropiezo

con gente que carga sus compras


en bolsas de nylon. Recorro

veredas sombreadas sin rumbo


preciso hasta dar con un sitio

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tranquilo – me instalo – y enciendo
un fósforo, ofrendo a la noche

mi efigie: soy alguien que fuma


sentado en un banco del parque.

(de Música envasada, inédito)

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Variaciones sobre un tema de Costello

Iza tu bandera
blanca de una vez.

Ríndete, abandona tu trinchera.

Toma la palabra
dame la razón.

Piensa en el valor de la vajilla.

Muéstrame tu mano
guarda este billete.

Deja, por favor, ese cuchillo.

Cambia tu mirada
cierra los ojos.

Baja esa pistola, rompe filas.

(de Música envasada, inédito)

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Infames años 80

Un olor que las narices no disciernen


en la noche encajonada de ladrillo.

El desfile de martillos rojo y negro


que pasaba en un video de Pink Floyd

es la imagen más trivial que se me ocurre


por ahora, cuando trato de ilustrar

lo que he visto esta mañana, justo frente


al Palacio de Gobierno. Desde el tubo

retorcido que conecta la cocina


a la red de cañerías. La sospecha

me aconseja voltear los espejos


para ver si hay doble fondo

o unos ojos que filman. Se arrastran


por mis sienes las patrullas destinadas

a cercar el dolor de cabeza.


La tableta efervescente se disuelve

por su cuenta y las burbujas remontan


el agua como una bandada

de pájaros. Hacia el poniente


marcha la sombra del mundo

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mientras incubo en la oreja
las canciones que la radio repite

por enésima vez. Difumino


tras la venda apretada mis tardes

como rostros sorpresivos


archipiélagos, cardúmenes o manchas.

(de Música envasada, inédito)

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JAVIER BELLO
(Concepción, 1972)

Ha publicado La noche venenosa (Concepción, Letra Nue-


va, 1987), La huella del olvido (Concepción, Letra Nueva,
1989) y La rosa del mundo (Santiago de Chile, Lom, 1996),
con el cual obtuvo el Primer Premio de Poesía compartido
en los Juegos Florales Gabriela Mistral, en 1994. En 1992
obtuvo la Beca para la Creación Poética Joven de la Funda-
ción Pablo Neruda. En 1998 publica Las jaulas (Madrid,
Visor), libro con el que obtiene un Accésit al VIII Premio
Jaime Gil de Biedma, Segovia, España el mismo año. En
2002 publica El fulgor del vacío (Santiago de Chile, Cuarto
Propio).
Su trabajo ha sido recopilado en numerosas antologías,
tanto en Chile como en el extranjero. También ha realizado
una importante labor como antologador y investigador sobre
poesía chilena. En 2006 recibe en Huelva, España, el Premio
Juan Ramón Jiménez por su obra Letrero de albergue.

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46
V

Yo no creo en las estatuas,


las estatuas son dioses que nunca he conocido,
que nunca han padecido frente al mar al mirarse el corazón.

Yo no creo en el filo que hay detrás de algunos huecos


ni creo en la oración que esas vidas tan largas nos provocan
ni en las filas que orinan una enorme ave frente al amanecer de la piedra.

Es que hay paisajes que me hieren las manos,


su ruido de alas mojadas, su ruido de semillas que arden,
y yo no quiero hablar de los reinos donde está encendida siempre la lengua de mi madre,
yo quiero hablar como habla el manzano,
preciar un labio más que oír el relámpago
y en la algarabía de la música saber la estrofa de los vientres como un
parlamento conocido,
poseer la ceguera de la nieve, de sus bestias gemelas y enterrarlas.

Yo no creo en las estatuas y aguardo en mitad de mi lengua el oficio de los


nigromantes,
su ópalo gastado en los desiertos contra el hueso del hambre.

Yo no creo en los dioses que tienen un olor a ceniza


ni en los ojos redondos que la lluvia conoce,
que la lluvia fermenta despacio con su negra corona,
dueña de la flor, de la piedra y del agua.

Yo no creo en las estatuas ni en sus labios que arden poseídos de pájaros


rojos,
no creo, yo no creo sino hasta que mis manos hayan bebido cada muslo que quema.

(de La rosa del mundo)

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II

La forma en que está vacía la noche

la forma en que se desfonda su rostro cuando acude la oquedad a los rincones

el modo en que los rostros de plata se desfondan si asisten a esa misma oquedad y en ella
sólo temen

(los rostros de los amigos se desfondan, los otros permanecen inmóviles, veloces pasajeros
que detienen la nada)

y el cuerpo que la visita sonando la ocarina, promulgando la débil vibración de la vida con
su paso de danza

es al mismo tiempo un cuchillo que abre el dorso de su mano y la deja sangrar

es al mismo tiempo una garza que no bebe pero la deja sangrar hasta que se queda dormida
el vino de la fosforación

el vino del que somos olvidados

mientras los rostros beben y beben de la herida

escuchamos el canto de las mujeres negras

el canto de las viejas mujeres con hocico de cerdo que nos llaman al sueño y nos devoran

y entonces, entonces descubrimos que esas grandes señales son producto de la radiación.

La forma en que se encuentra la noche

la forma en que la abandona la persona y el perro, animal de la persona

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y el hombre que es mordido por los canes en los grandes rosales prohibidos.

Brilla, brilla la imagen destrozada donde descansan los huesos

la forma en que se queda la noche, vacía en la percusión de lo ajeno.

No importa lo que tú ves al fondo, sólo interesan los rostros confinados en el rincón

(recuerda, la noche está vacía)

allí tú mueves la mano y alguien te contesta si es que los fantasmas conocen el vestigio
de la luz y en la llama se han puesto los vestidos y aparecen, con harina o fermento de maíz en
las manos, con restos de azufre en los pies.

No importa lo que tú ves al fondo sino que la noche se vacía en las esquinas devoradas

cuando se habla de la verdad en los cuartos y los niños y los conejos se conocen

reciben pájaros en el corazón y ramas de ciruelo, reciben pájaros y cestos con membrillos
para perfumar las alacenas

hasta que todo es para ellos producto de la radiación.

Yo no sé lo que ocurre pero quiero decir lo que veo

estamos ahora en un lugar donde los invitados encuentran su propio error y no huyen y
eligen un enigma y no un arma

y disparan entonces y la alcoba se llena de pistoletazos perdidos

y la noche, después de la visión del vacío, es igual al terror de los gritos que perforan el
tiempo y dejan escapar todo el viento de las grandes montañas

y el mundo es del color de un agujero parecido a la noche

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y la noche se vacía allí donde los peregrinos dejan de mirar los revólveres.

Yo no sé lo que ocurre pero cada mueble de la habitación se parece a la muerte

la muerte se parece a la silla y la mesa a la muerte y la vitrina y la silla se parecen entre sí y


hasta el patio acude solitario a su color predilecto

que es el lento color de la muerte, ese color donde todo está sentado, ese color sentado a
donde llaman los jueces

y entonces entro y descubro que hablo de mi casa y mi casa se parece a la muerte

y todo allí es producto de la radiación.

Las cosas no deberían existir si lo pensamos

alguien que escribe no tendría por qué existir si lo pensamos

ni ese cuarto en que escribe ni el silbo con que conversa ni las cosas que dicen sus palabras
tampoco tendrían que existir si lo pensamos

pero he aquí que éstas viven y que éste vive y que éstas ya no huyen

no huyen de la vida a la muerte

no huyen de la vida a la muerte como las personas que sienten zumbar en su oído la hélice
de la piedad y miran y no ven más que el hueco que dejan sus cuerpos al salir de las
mantas.

Las cosas no deberían existir

pero están puestas donde las vemos para espantar el fulgor del vacío

porque alguien escribe en una habitación y sus palabras son caballos, son heridas, son

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caballos que lloran y se parecen a Cristo

y ese rostro es el rostro desfondado donde aúllan los signos

y ese rostro es producto de la radiación.

(de El fulgor del vacío)

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La jaula de los espejos

Lo cierto es que los dioses no debieron dejarse ver,


su sombra muerde en el umbral de los ojos mortales,
una mano delgada apenas se posa sobre la madreselva,
medio rostro asoma quemado por el aliento de la vegetación,
un ojo encinta de luz, una luz decaída y musgosa
lame el cuerpo con suave piel de yedra
que apenas roza la lengua en el dintel, su saliva
de oscura anunciación teje en los dedos una red de silencio,
un resoplido tuerce el maicillo sin medir la ebriedad de la víctima,
dorada la harija cruza la luz con su manto
y su efecto es el mal,
un paso
abre la túnica cerca del hilván, el paso
de la cierva preñada que va a saltar al aire, un pie
desnudo en el boscaje del relámpago, el tobillo
donde toda la leche fosforece
y destila sin término por la garganta del encubridor.
Lo cierto
es que los dioses no debieron dejarse ver, menos de noche
acercarse por un camino invisible
que alguien más dibujó para que ellos vinieran
bellos, desposados con una soledad sin hospicio, con toda
su falta de educación, cuando estamos dormidos
nos palpan el borde de la piel
o el arco dulce de la cara, y entonces,
sin ruido
una niña abre toda la luz al correr la cortina
de la estancia repleta de sombras, y en ese largo embudo
un alambre mojado tirita en la red interior
y la niña se escapa, y la cierva nos huye

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y aquello que deseamos es hambre
cuando reina el verano y en un tiempo redondo el estío
igual que un viejo encorvado se presenta, saciado en él, triunfante
con su pata de abeja, su pezuña
que quema el pasto seco
y lo devuelve sucio sobre sus mismas huellas,
infinito en la rueda de la transformación.

Sin dejarnos dormir se acercan con cuidado


por las piedras del río que divide aún la Eternidad
de este lado del mundo más sutil en las sombras.
Allí la claridad, sus reflejos que hechizan, aquí
las hermanas pequeñas se ríen del domingo final.
“Este niño no debe morir”, piden las nanas
agazapadas en su solemnidad,
“En esta habitación viven los males”.

“Ese Espejo es mi Espejo”,


me dice aparecida la Figura: “Ese cuerpo es tu cuerpo,
pero su peso es mío ¿si me llevo mi parte
qué te quedará?”
Lo cierto
es que los dioses no se dejan ver
ni de día ni a la hora de la oscuridad
cuando el mundo se acaba y los ojos
rojos de los conejos expuestos en el desolladero
brillan bajo la luz del error.
Los invitados entran
y heridos de tanta perfección, nosotros, nos callamos
mirando de reojo la belleza
que se golpea contra las bombillas de la realidad.
La verdad
no hace amistad con las potencias, ellas
no tienen corazón, pues en su estado
no hay más que liquidez de luz, finos hilos de baba

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que descienden de un gran caracol
y esparcen un olor que no es de este mundo.
Llueve
sobre las tablas de la oscuridad la cabeza cortada de los dioses, llueve
sobre mi propia frente.
Abro los ojos
y en esta habitación miro mis males.

(de Las jaulas)

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La jaula de la verdad

Yo vivía encerrado en un presentimiento,


yo sabía que mi abuelo iba a morir ese mes de diciembre.
No tiene olor a nada la muerte,
la muerte no tiene olor a nada ni se anuncia con rosas.
Cuando me acerqué a la cama no estaba allí sentada,
no estaba allí la muerte, no estaba allí la muerte detrás de la muralla blanca,
delante de la muralla blanca.

Yo vivía encerrado en un presentimiento,


obligarme a que mirase a los lados era pedirle a un mar muy joven, niño aún,
que dejara de jugar con las estrellas para ir por un solo túnel,
era hacer ingresar sus animales, uno a uno, distraídos ya de cualquier otra
cosa que no fuera una flor, un cardo que echaba sus vilanos.

El túnel tenía paredes que no hablaban, paredes que no querían hablar,


adentro había una mujer con cabeza de pájaro, cantaba junto al amanecer y
el amanecer no existía, era imposible su llegada.

Sus manos y sus mejillas eran de tiza, de dura tiza muy blanca.
Eran invisibles aquellos hombres que con un puñado de agujas adheridas a
un huevo raspaban allí la harina con que saciar a sus pájaros.

Los pájaros estaban en jaulas construidas con cáscaras de nuez,


piaban inmóviles por la leche de la muchacha blanca, que resplandecía sin
poder huir de las voces y hablaba sentada en sus ojos con la
noche que estaba de guardia esa noche.

Los hombres venían de una selva, de una subasta donde se exponían


alimentos estériles con inconciente orden,
meriendas envenenadas que harían olvidar a las familias la tierra negra de la

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plusvalía caliente en todas partes.

Busco esa arena en mí, es como si insultara a mi abuelo


y como un manzano que vive en un niño, condenado por la promesa de los
frutos, comenzara a estallar sin quejarme.

Todo me recordaba el desastre de la profundidad y las apariciones.

Yo vivía en la caja de un vértigo del que hoy ya no tengo noticia,


yo vivía en la habitación de un relámpago que crujía también por las venas
de los otros
y abrasaba las grandes alamedas donde los niños recogían estrellitas de
cuarzo tras la manifestación.

Los muchachos que siempre fumaban en la esquina no sabían besar, iban a


aprender a besar con el tiempo.

Yo le gritaba a mi abuelo: los van a colgar a todos de los árboles


y miraba los tilos que vigilan todavía la plaza teñidos de un rojo muy leve.

Ninguna saciedad, pienso ahora, hubiera habido en las cuerdas.

Ya los obreros no se ven con sus cascos azules,


nadie recuerda los puños alzados hasta el cielo,
y los hijos de los obreros odian a los ancianos, en la esquina se filtran tierra
negra en las venas,
nunca aprendieron a besar.

Cuando todo estalló en mí yo no sabía si comportarme como un pez o un


almendro.

Ahora los hombres han huido del túnel sin dejar ni siquiera un aviso más que
la inmovilidad de sus aves.
No es que haya sido bueno que estuvieran parados como animal con sed en
medio de las fábricas
ni que de sus conciencias haya desaparecido una ley que llamaron trabajo,

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pero al menos había alguien alrededor de los páramos.

Yo le gritaba a mi abuelo: los van a colgar a todos de los árboles.


Yo le gritaba a mi abuelo, pero mi abuelo estaba muerto en su cama
y ahora, mi imagen de la verdad es esta:
una mujer sin orejas, volcada.

(de Las jaulas)

57
Papà, abbiamo visto l´Angelo del Diavolo
Pier Paolo Pasolini

Dime cómo te llamas, Ángel del Diablo, que quitas el pecado del mundo,
revélame el día en que sin miedo nos acercamos al pozo, nos asomamos al
brocal, olimos la flor negra que nos abría la boca,
el día en que vimos al Ángel del Diablo, oloroso como el Hijo de Dios,
recién salido del baño,
detrás del pinar que olisquearon los párrocos, guardaba un silencio católico,
no llevaba sotana, era transparente como el aire de una sotana, como la
sangre traslúcida en los ojos giratorios del Cordero.

Venid y comamos todos de él, que allí debe estar tiritando, el Ángel del
Diablo con sus uñas afines a las garras del Hijo,
allí debe estar sonriendo como un alto cardenal solitario, inmóvil en las
malas hogueras que crecen en las máquinas, caliente en su vínculo con
los enfermos,
las colonias de niños que anidan en los tractores negros, los muchachos
turbios que lamen las tetas teñidas de los gatos,
la guillotina docta que se abre después de dos pasos, la trampa después, un
paso después los muchachos como leones en exposición,
en un baúl de hule el sexo de la araña alimenta a los sabios que vienen de
visita hasta el bosque,
sacerdotes ahorcados en la salvaje soga irreal de los prismas tienden la
mano hacia el Ángel del Diablo.

Venid y comamos todos de él, pongamos su hígado a engordar con leche en


los tiestos vivos de la redención,
detrás de los pinos manchados,
detrás de las zarzas que pisaron los cerdos,
las dramáticas cerezas que tienen en el centro una gota de sal,
las bayas manchadas de verde,

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dime cómo te llamas, Ángel del Diablo,
revélame el día en que vimos el mensaje siniestro brillar sobre las aguas del
estanque,
la rosa dilatada que lagrimea el pinar con su ojo entreabierto de ojo de
sapo,
el día en que vimos al Ángel del Diablo,
el Hijo de Dios que quita el pecado del mundo.

para Román Torres

(de Los pobladores del entresueño)

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Jardín con miedo

El excesivo equipaje no deja caminar a la sombra. El vagabundo visita la


provincia otoñal y el silabario de tiza de las cantinas, donde aprenden a leer los
fantasmas. La sombra, por supuesto, es esta voz. Por supuesto, esta mano que
esconde un alfiler de gancho en el bolsillo de un muchacho dormido. Un
muchacho desnudo sobre la pelusa fértil del bosque. Llueve debajo de las
mantas. Una lluvia interminable. La sombra cuenta los días con los
dedos. Un bote colorado cruza un río verde. La sombra se embarca, orina en
la vertiente helada. Hace sombra, humo hace. Humo contra el tamiz de la luz.
Así el día se abre, se corona de agua. De cadáver y viñedo de mar se fecunda
la noche. Canta la voz su hueco sin voz. Los insectos se alían contra el miedo.
Cruje el grillo de los espinos rojos. La luna hace lo que puede en abril. Le
lima las uñas a los perros. La nariz se mece entre las ramas. Aletea como pez
en la arena. Todo podría continuar así. La sombra me toma de la mano. Me
lleva a un jardín con miedo. A un parque con estatuas vendadas. Dónde
iremos mi poema y yo. La sombra sabe de qué hablo, del fuego que salta
entre los álamos. La voz flota en el lago de caucho. Se escucha en los pozos
sellados. Qué dice la voz, el caminante que visitó los puertos. Qué oyó de boca del
mar y sus milicianos húmedos. Lo que oyó apoyado en sus hondas rodillas,
con la lengua en los odres. Lo que anduvo, lo que amó, el agua que dejó
correr. Todas las cosas. La aldea y sus ciervos helados. El río con su pata de
alma de molino viejo. La estrechez de la sombra. La más delgada voz. En
fin, la voz.

(de Bajo filamento, inédito)

60
¿Quién oyó?
¿Quién oyó?
¿Quién ha visto lo que yo?
Góngora

dónde está la oreja noche. dónde está la noche oír y no temer. para qué tiene
oreja la noche. oír qué, queda batalla. los collares exaltan un ave del montón
y ese pájaro sufre. sufre su cáñamo azul. su madera de lince. su páramo. su
puerta. quien se marcha no deja decir. su minuto no dice. oigo el pie del
ladrón. qué se lleva pequeño asustado. pequeño quemado. lo lleva al sol. al
mar. lo lleva al precipicio. un liquen santo. un manojo húmedo que da de
comer. lámpara da de comer. artefacto de espuma y demonio no dice. para
qué va a decir el pulmón. lo llena de rizos. lo riza su madre. yo llegaré hasta
aquí. dormido seré el ilegible. cargo piedras de río. oreja de piedra. tuve sed
y permiso de la sed. tuve sed y dominio, pero no la garganta. me sigue por la
cuesta. algo me va diciendo. yo vi los pobres muertos. lejos de lavativa y
vecindad. lejos de nadie. la cajita feroz. un párpado nupcial, otro de lepra. la
noche se degüella de pie. cascabeles, circo de pus, muebles con tetas. a dónde
va la oreja. la dejo de alguacil. la alejo entre sus pasos. como gran alacrán.
como anzuelo que como. mi ojo sin ciudad. mi pez sin candelabro. oír y no
temer. llevo la cuenta.

(de Bajo filamento, inédito)

61
62
JULIO CARRASCO
(Santiago de Chile, 1969)

Autor de El libro de los tiburones (Santiago de Chile, Cachiyuyo,


1995) y Sumatra. Nuestra suerte cambiante en el firmamento (San-
tiago de Chile, Tácitas, 2005). En 1996 recibió la beca de la
Fundación Pablo Neruda y en 1997 obtuvo la Violeta de Oro en
los Juegos Florales de Vicuña. Es miembro fundador de la agru-
pación musical Los Muebles. Integra el comité editorial de la
revista Casagrande.

63
64
El hombre invisible

Me fui al centro un lunes


caminé la Alameda de arriba a abajo
encontré vendedores ambulantes
rayos ultravioletas
y toneladas de humo
pero a mí nadie me vio
porque soy el hombre invisible.
Me subí a la micro sin pagar
llegué a tu casa
sobre las nueve
estabas leyéndole tu cuerpo a un amigo
parecías entusiasmada
supongo que me echabas de menos
te guiñé un ojo
como hacía cuando podías verme
tomé una cerveza, sin mucho ruido y me fui:

soy el hombre invisible.

Di un paseo por los techos de la cuadra


dejé que el viento me despeinara
escuché
unos perros ladraron
cambió la luz de un semáforo
pero nadie miró
pero no hay señales mías
puesto que soy
como vengo repitiéndolo
desde hace algunos segundos

65
el hombre completa
absoluta
incuestionablemente

i n v i s i b l e.

(de El libro de los tiburones)

66
La tarea actual

Todos dicen amar a Cortázar


todos dicen amar al prójimo
de modo
que está
de moda
amar
dicho sea de paso
a Cortázar
y al prójimo
de modo que
lo importante hoy en día
no es amar a Cortázar
que como todos sabemos
fue un prójimo excelente
sino que
menester más ilustre
es ubicar al enemigo
que se encuentra muy a gusto
dicho sea de paso
entre los amantes de Cortázar
y del prójimo
de modo que
no me pidan amar al prójimo
ufano de su amor por Cortázar
sin antes someterle a minucioso examen
porque
como dije antes
la tarea actual
es definir

67
reconocer
delimitar
(y ya hablaremos de acometer y de neutralizar) al enemigo.

(de El libro de los tiburones)

68
Lulú transfigurada

Hago un poema en el que Lulú


reordena el firmamento
se viste de azul
y es perseguida
por la estela de un cometa
estoy como drogado
ella me dice:
no tengo un vestido azul
bajo los ojos y es verdad
está desnuda
llorando
yo también estoy desnudo
trato de adivinar qué pasa
¿qué pasa Lulú?
Lulú sonríe despreocupada
es de día
hay mucha luz
eso me aturde un poco
se ha puesto seria
con la mirada encendida
me pide que la golpee
me rasco la cabeza
Lulú no me mira
cruza un puente
hay un sol enorme
su vestido flamea como una bandera
se ve muy bonita
está lejos
llega una brisa agradable
parece que va a llover

69
Lulú me pide que no la deje
apenas me vuelvo
desaparece
me siento raro
converso con unos amigos
destapamos una botella
caminamos
alzo la vista
y ahí está Lulú de nuevo
ofreciéndome un cigarro
bailamos
anochece y amanece
durante una semana
en la pieza de Lulú
vamos juntos
al mercado
me susurra algo
al oído
cuando le voy a contestar
ya no está
y yo tampoco
voy en un avión
a 8000 metros de altura
siento que Lulú está cerca
pero disfrazada
así que no la veo
miro las nubes tras la ventanilla
y escribo un poema
en el que Lulú
se aleja
no sé si alegre
o triste
saltando a ratos
para no mojarse los pies.

(de El libro de los tiburones)

70
Dos pacos

Dos pacos a caballo


en el Parque Forestal
fui el primero en cagar
no me quedan argumentos
conmigo termina el cuento
nos vamos a acostar.

(de El libro de los tiburones)

71
Bala perdida

de dónde sacas la sopa mamá


que me das todos los días
acaso la vas a buscar con un balde
a un gran embalse
dime si es verdad que existe ese mar
de sopa en algún recóndito lugar del mundo
acaso todas las mamás van a ese mar
con sus baldes para traer la sopa
con que alimentar a los niños
responde mamá
es por eso que la sopa no acabará nunca
es un mar peligroso donde ululan los fideos
gigantes y las papas son como icebergs
o es un lago de aguas quietas
o un plato inmenso lleno de sopa.

(de El libro de los tiburones)

72
Mi despedida

Me fueron a cobrar
Pagué tres lucas en el bar

Son tres lucas que no volverán

Como tú

Tres lucas que pasarán furtivas por las manos de un obrero y morirán
de inanición en el bolsillo de un banquero

Me asusta el cielo así:


Tres lucas menos y sin ti.

(de Sumatra. Nuestra suerte cambiante en el firmamento)

73
La estrategia de los insectos

Casi por accidente fui a dar con una fiesta en la que conocía a muy
pocas personas. Ese mismo día había leído sobre la táctica
de un tipo de insecto para obtener alimento: emboscarse y esperar.

Me instalé en la barra con la vista en el infinito. Una muchacha se


acercó en busca de vino y le pregunté si tenía caso tratar a la
ciudad de Kawescar como objetivo militar. ¿Qué ciudad es
esa? (preguntó). Luego miró hacia la pequeña multitud danzante
y desapareció.

Lo primero que atiné a pensar es que los insectos y yo estamos bien


donde estamos. Pude usar mi voluntad para comportarme
como un insecto en una fiesta; ellos no pueden comportarse
como otra cosa y por eso son lo que son.

Visto desde una distancia similar a la que media entre los insectos
y yo, elegir puede representar tanto un modus operandi como la
sustancia que hace diferentes a unos seres de otros:

Los insectos tienen más poder de elección que las plantas,


menos que los reptiles,
y así hasta llegar a nosotros, finalmente aptos para practicar la
metodología del ensayo y error:

Errar es humano elegir también.

La estrategia de los insectos que inspiró estas líneas y algunas


modalidades de Kung Fu bien podría haber funcionado para
atraer una chica. Tal vez en otra oportunidad.

(de Sumatra. Nuestra suerte cambiante en el firmamento)

74
También el Diablo reconoce a su gente

A los judíos ortodoxos y a los católicos idem les espera el dios


severo del Antiguo Testamento
A las amas de casa un viejito simpático de luenga barba

Los judíos esotéricos se van de la mano de Salomón Jesús ilumina


a los cristianos esotéricos, y Muhamed hace otro tanto con
los musulmanes ídem.

¿Preguntas quién me recibe a mí, después de la muerte?

A los musulmanes militantes Allah los regala con un festín donde


las huríes bailan y hacen otras cosas
A los ateos la materia los convierte en materia
Los nazis van con su Wotán a beber del Grial (qué extraña cosa
es la religión)
Los hindúes, ellos se convierten en saltamontes u otros animalitos

¿Y preguntas quién me recibe a mí, después de la muerte?

Quienes no han sido evangelizados se convierten en espíritus para


ayudar a sus parientes (qué bello asunto era antaño la
pachamama)
Los vudúes y santeros bueno no la pasan mal con esos dioses que
fuman y comen plátano y beben sangre

Y a los budistas los recibe Buda seguramente

pues cada quien se reúne con aquello a lo cual ha rezado en vida.

(de Sumatra. Nuestra suerte cambiante en el firmamento)

75
La biblioteca del hombre invisible

Pérfidas damas de aspecto sensible


o finas doncellas inalcanzables
venid a admirar con ánimo amable
la biblioteca del hombre invisible

Grandes tratados sobre el imposible


aquí encontraréis, dejadme que os hable
Libros que nombran el reino maleable
claves usando del mundo tangible

Leyendo haréis del corazón un mueble


para estos versos: con lectura doble
porque tornando las almas volubles

leídas seréis cual hojas endebles


(en vuestro cuerpo un capítulo noble)
antes que el tiempo la razón nos nuble

(de 32 despedidas antárticas, inédito)

76
Primavera en Bangladesh

Puedes imaginar pocas situaciones tan extrañas como regresar a Bangladesh


y ver que las cosas no se han movido del lugar en que las dejaste:

las mismas calles

(pero vacías).

Los hechos transcurren a su modo, no sé cómo describirlo


Hay flores abriéndose y cerrándose a velocidades imperceptibles, también hay pájaros.
Para quien regresa a Bangladesh la realidad deviene casi un síntoma de otro asunto
menos relevante,
algo así como un dejarse ir en el aire.

Andar en el tiempo es estarse quieto.

Estas avenidas viajaron también, a su manera (no sabes cómo describirlo)


Ahora que se supone has vuelto
y las recorres, agradablemente confundido
juegas a adivinar en cuál de ellas habrá una emboscada para ti

El viento te peina las pestañas: ten calma forastero

pues es primavera en Bangladesh


y hay sobre todas las cosas una suerte de rocío de algo que no alcanza a ser incertidumbre,
o que lo fue tal vez en otra época, ya no tiene importancia:

un dejarse estar en el aire

un dejarse ir en el tiempo.

(de 32 despedidas antárticas, inédito)

77
Arte poética

Nada de esto sucede, o todo está sucediendo


una hoja cae, algo pasa volando
Cada pieza en el ajedrez opera en función del resultado global

Así, conviene a veces sacrificar un caballo


por obtener la dama contraria
a la que sólo un peón podrá resucitar
aunque para conseguirlo deba cruzar el tablero

Hay jerarquía en los versos


en los naipes
y en las notas musicales

Es imposible probar lo que un poema relata

Pero un poema está ordenado de tal forma


que evoca el orden del resto de las cosas

(de 32 despedidas antárticas, inédito)

78
Los detergentes líquidos

Los detergentes líquidos imitan


el color y el aroma del zumo de limón
Más de una vez estuve
tentado a beberlos siendo niño
Entre azulejos cubiertos de óxido
los miraba deslizarse de un recipiente a otro

La televisión resplandecía
desde el living a oscuras
delineando mi propio reflejo
en esos frascos de plástico
Un jugo verde intenso
como la fiebre
pero un niño no podría saberlo.

(de 32 despedidas antárticas, inédito)

79
En la avispa su bello mecanismo

La reina avispa al niño está picando


Su veneno lo tiene entumecido
En los ojos del niño sorprendido
Los objetos se van desdibujando

Ya la vida se despide cantando


Su canción al infante adormecido
No preguntes, mi bien, lo que ha ocurrido:
Es el orden del mundo funcionando

Se presenta ante el niño la belleza


Como un puente tendido hacia el abismo
De aguijón y contornos calculados

Que no amaga: es la muerte que regresa


En la avispa su bello mecanismo
¡Dios bendiga su vuelo apresurado!

(de 32 despedidas antárticas, inédito)


1) En el comienzo de este poema están los elementos que lo
conducirán a terminar inexorablemente en el verso 19
2) En efecto, la idea recién enunciada será expuesta de diverso modo
3) hasta que llegue un punto más allá del cual todo verso constituya
una reiteración innecesaria
4) De un modo similar se disipa el Helio al final de la vida de las
estrellas
5) Ocurre en la naturaleza que cada cosa lleva dentro de sí el germen
de su aniquilamiento
6) He usado la palabra aniquilamiento por razones estéticas, debí
decir transformación
7) Pues las estrellas colapsadas devienen otra cosa
8) y otro tanto sucede con el resto de los eventos naturales
9) Pues los acontecimientos en la naturaleza siguen un ciclo vital que
comienza y termina en el infinito:
10) así el crecimiento de las plantas o el cambio de las mareas
11) (lo que se refleja explícitamente en la poesía)
12) A estas alturas, se echa de ver que los versos de este poema son un
comentario del primer verso
13) Su menor jerarquía queda compensada por su número
14) (lo que se refleja explícitamente en la naturaleza)
15) y así se mantiene el equilibrio
16) Se han satisfecho las expectativas creadas en el primer verso
17) Los elementos enunciados se han agotado y no pueden seguir
interactuando
18) Nos queda concluir que, en efecto, el germen del final estaba
contenido en el comienzo
19) Aquí termina el poema.

(de 32 despedidas antárticas, inédito)


82
FELIPE CUSSEN
(Santiago de Chile, 1974)

Estudió música y literatura. Ha publicado Mi rostro es el viento


(Santiago de Chile, Libros de la Elipse, 2001) y Esto es la
globalización: (Santiago de Chile, Foro de Escritores, 2005). Par-
ticipó en Gaborio. Artes de releer a Gabriel García Márquez (Bo-
gotá, Jorale Editores, 2003), compilado por Julio Ortega, DOS
(Santiago de Chile, 2004) y DIEZ (Santiago de Chile, 2005),
ambos textos del Foro de Escritores.

83
84
Dentro de este sobre tengo guardado un poema muy bueno, demasiado
bueno, pero no pienso mostrárselos, porque si no, tremenda gracia.

85
En este poema de clara inspiración social, el autor reafirma su compromiso con
una ideología que busca el entendimiento entre todos los hombres sin distinción
y su fe en la utilidad que tiene la poesía para hacer de éste un mundo mejor. Así,
se aleja de las preocupaciones meramente individuales y se involucra profunda-
mente con la problemática política, económica y cultural de la humanidad toda,
y, en particular, del pueblo latinoamericano1 :

1
Al respecto, nuestro autor cuenta, con la gracia que lo caracteriza, la siguiente anécdo-
ta, en que se observa su afán de compartir a toda costa la poesía con todos quienes lo
rodean, ya sea en su comunidad, su familia o, como en este caso, su lugar de trabajo:
“Me gusta escribir poemas, y a veces, en ocasiones especiales, me piden que componga
versos. Hace poco se jubiló un compañero de la escuela donde trabajo y otra maestra me
sugirió que escribiera un poema y lo leyera en la fiesta de despedida. Acepté, pero en
seguida dije:
-¿Y por qué no le dedicas tú también unas palabras?
-¡Ay, no! -exclamó-. Odio hacer el ridículo frente a la gente.
-Ya veo. Y quieres que yo lo haga, ¿verdad? -repuse.
-Sí -contestó-, ¡pero tú eres bueno para eso!”

86
Ya no sé cómo decir “Te quiero”...

«It don’t mean a thing if it ain’t got that swing...»


I. Mills y D. Ellington

10
2

15

20

25

30

35
3

40

45

2
De seguro el lector coincidirá con nosotros: no hay nada más conmovedor, y a la vez
auténtico, que el llanto de un hombre, pues, como señaló el destacado filósofo francés
François Marie Arouet, más conocido como Voltaire (1694-1778), “las lágrimas son
el lenguaje mudo del dolor”.
3
En este verso se observa con claridad el uso del recurso de la hipérbole (al más puro
estilo de los escritores españoles del siglo de Oro), que tantos aciertos poéticos le ha
valido a nuestro autor. Debido a la maestría con que utiliza tal figura, ésta ya ha
pasado a constituirse en uno de los sellos característicos que han acrecentado su fama
dentro del ambiente literario internacional.

87
50

4
La crítica internacional se ha dividido en su opinión respecto al sorpresivo final de este
impresionante y cautivador poema. Si bien algunos estudiosos estiman que el tópico del
artista al que no le alcanzan los medios que tiene para expresar sus sentimientos se re-
suelve de un modo espléndido en el definitivo silencio final (en una clara alusión al
destacado poeta francés Jean Arthur Rimbaud (1854-1891)), otros, por otra parte, ma-
nifiestan su disgusto ante lo imbricado y laberíntico del recurso: “antes [la literatura] era
más sencilla. Ahora, los escritores tratan de enredarlo todo”. El lector decidirá...

88
Análisis de sistemas y mediación de conflictos
(o descripción de las infinitas conexiones nerviosas
activadas en cada pensamiento)

“el pasado septiembre acabé la segunda licenciatura universitaria filosofía5 y filología hispánica
yo saludo a todo el mundo igual no me importa quién sea / es que así empiezan todos / la gente que se
finalizaba así una etapa de nueve años en la universidad exigiéndome sacar buenas notas para
ríe de tonteritas es normal / cómo no les iba a caer bien si soy un tipo tan normal / yo hago leseras
presentar un currículum competitivo en el futuro bien hace ocho meses que estoy en paro podría
cachai burradas6 lo que querai / lo mío es subir el ánimo tirar la talla sacar los llamados al aire arriba de
quejarme de muchas cosas de un mundo que no necesita gente de letras porque ni la cultura ni la
la pelota o sea en la mañana no voy a estar con cara de pescado / mi tarea en esta vida7 es ser el payaso /
capacidad crítica dan trabajo8 donde manda el dinero y sólo se necesitan comerciales y dependientas
chile9 para mí es un asado nacional tiro la talla chisteo hablo con el choripán atravesado hueveo quiero

89
de los inexistentes planes de ocupación con los que los políticos se llenan la boca de la falta de ayuda
que los momentos todos sean divertidos / no me cambio de país estamos la raja estamos el descueve yo
a las personas que si pudiéramos continuaríamos estudiando pero el problema es otro el problema es
sé que hay gente que no la pasa bien pero aquí nadie te caga este es un país de buenas personas somos
la tristeza10 la tristeza que me produce tener que renunciar a un trabajo más o menos satisfactorio la
una pequeña isla dentro de una gran cagada11 el mundo está patas para arriba pero este país se mantiene
tristeza de no poder sentirme útil demostrar mis capacidades y sacar provecho de todo lo aprendido el
bien / oye chile está un poco depresivo / putas que hay huevones pesados en la tele hay gente mala /
problema es la dureza de tener que renunciar con 27 años a mis planes de futuro y aceptar que la
tengo una vida tengo una familia tengo un futuro12 tengo que jugármela”
lucha y el sacrificio13 no sirven he perdido la ilusión14 y eso no puede inventarse”
90
5
(EN EL BUEN SENTIDO DE LA PALABRA)*
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(EN EL BUEN SENTIDO DE LA PALABRA)*
7
(EN EL BUEN SENTIDO DE LA PALABRA)*
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(EN EL BUEN SENTIDO DE LA PALABRA)*
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(EN EL BUEN SENTIDO DE LA PALABRA)*
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(EN EL BUEN SENTIDO DE LA PALABRA)*
11
(EN EL BUEN SENTIDO DE LA PALABRA)*
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(EN EL BUEN SENTIDO DE LA PALABRA)*
13
(EN EL BUEN SENTIDO DE LA PALABRA)*
14
(EN EL BUEN SENTIDO DE LA PALABRA)*
*

¿Cómo quedaría todo esto


transformado en un código de barras?

91
¿?

92
La verdad sin dobleces La verdad sin dobleces

“No os fiéis de los dirigentes [Suave] “La globalización es [tu costado,]


que piensan que transigir con el [-ra ver] oportunidades para [garganta.]
es políticamente más [del ave,] que van en contra de la [destronado]
Se equivocan porque el día que el se oponen con unas ideas [-vanta.]”
[del querer.]”

“Aunque esté mal visto o sea [-cabe] “En una primera acepción, el [-lado,]
negativo nuestra sociedad [el romper] es una ideología o [nos canta]
por causas de efecto mayor y al [-abe] casi exclusivamente [-lavazado]
que trata que desaparezcan, [poder.]” que promueve el desarrollo y [anda.]”

“No cabe transacción, diálogo [-dida] “Empiezan momentos de [-dón del


sueño;]
con el terrorismo. O se acaba [-íste] económica y hay que [-cierto paso;]
él o se corre el riesgo de [sonaba,]” No hay que poner barreras a la [-
calas.]”

“Desgraciadamente, hoy en día [-dida.] “El acomodo de la [nuevo vaso]


una fuerte presión social a [-tiste] siempre es difícil: entraña [-do dueño.]
del reconocimiento [que gritaba.]” y, no pocas veces, conflictos [alas?]”

políticos / terrorismo / correcto y más cómodo. / libertad de / todos. Aquellos / globalización /


terrorismo ve la posibilidad de sobrevivir, ese día todos. Aquellos / globalización / proteccionistas,
la democracia ha empezado a perder la batalla. / reaccionarias, de falta de libertad que a quienes
socialmente / permite, / tiempo / el divorcio, la más perjudican al final es a quienes necesitan
homosexualidad, y otros comportamientos más libertad. / multiculturalismo / movimiento
poco saludables como las infracciones de tráfico norteamericano, / enaltecimiento cultural de
el consumo de tabaco y alcohol o la obesidad. / grupos étnicos que han padecido una larga
o apaciguamiento / con / destruir la sociedad. / historia de opresión racial. / recuperación /
existe / favor / público de la homosexualidad aprov ech arlos. / competencia ni tener miedo
como estilo de vida familiar.* a los cambios. / diversidad / dilemas / morales
y políticos.*

93
* (¿Considera usted correcto este poema?) * (¿Considera usted correcto este poema?)

94
“Courant dolorosa”:
(“El chileno es derrotista”)

“¿Ha terminado alguna vez un mundo antes?”


“Se levantará nación contra nación y reino contra reino.”
“Habrá escaseces de alimento.”
“Habrá grandes terremotos.”
“¿Pero, cuándo se terminará este mundo?”

“¿Pero, dónde se terminará este mundo?”


“¿Es realmente posible que este mundo termine?”
“Habrá grandes terremotos.”
“¿Ha terminado alguna vez un mundo antes?”
“Habrá escaseces de alimento.”
“Se levantará nación contra nación y reino contra reino.”

“Se levantará nación contra nación y reino contra reino.”


“¿Pero, cómo se terminará este mundo?”
“Habrá escaseces de alimento.”
“¿Es realmente posible que este mundo termine?”
“¿Ha terminado alguna vez un mundo antes?”
“Habrá grandes terremotos.”

“Habrá grandes terremotos.”


“Se levantará nación contra nación y reino contra reino.”
“¿Ha terminado alguna vez un mundo antes?”
“¿Pero, por quién se terminará este mundo?”
“¿Es realmente posible que este mundo termine?”
“Habrá escaseces de alimento.”

95
“Habrá escaseces de alimento.”
“Habrá grandes terremotos.”
“¿Es realmente posible que este mundo termine?”
“Se levantará nación contra nación y reino contra reino.”
“¿Pero, para qué se terminará este mundo?”
“¿Ha terminado alguna vez un mundo antes?”

“¿Ha terminado alguna vez un mundo antes?”


“Habrá escaseces de alimento.”
“¿Pero, por qué se terminará este mundo?”
“Habrá grandes terremotos.”
“Se levantará nación contra nación y reino contra reino.”
“¿Es realmente posible que este mundo termine?”

Habrá un mundo antes.


Se levantará de alimento.
¿Es realmente posible este mundo?

96
(“Yo no soy poeta, soy laico”)

(Poemas inéditos)

97
98
ALEJANDRA DEL RÍO
(Santiago de Chile, 1972)

Ha publicado El yo cactus (Santiago, Universidad de Chile,


Vicerrectoría Académica y Estudiantil. Departamento Técnico
de Investigación, 1994), con el cual obtuvo el primer premio en
el Concurso de Poesía para Obras Inéditas del Departamento
Técnico de Investigación de la Universidad de Chile en el mismo
año de su publicación, y Escrito en braille, Premio Eusebio Lillo
de la I. Municipalidad de El Bosque, 1998.

99
100
I. Yo cactus

Yo no soy moderna
o tal vez lo soy. Vivo con mi sangre puesta
goteando encima de las cosas
en una absurda imitación del universo.
Yo no llevo guantes ni ropa blanca
cuando toco los metales
cuando escarbo en las miradas
y me seduce el olor cuando fermenta.
La palabra es una viga donde posan su alma los muertos
el verbo una cornisa en movimiento
y mi oscura vitalidad
el camino que no cesa.
Acaso me hablaré desde el silencio.
Acaso alguna vez poder vestirme del vacío
sonreír desde la mueca.
Acaso cegar el mundo con los ojos abiertos.
Ser siempre lo que no soy
-muriendo en cada intento-
a espaldas del reloj que avanza.

II

Yo no tengo amores
Son mazorcas que se desgranan.
Uno a uno los dorados granos
como besos como. Uno a uno
de la semilla voy vestida cosechando
en cada abrazo un reino de maíz.

101
Yo no sé de rostros,
voy ciega ante tu boca para esculpir
un beso que es otro beso
una lengua que es otra lengua.
¿Ves? Soy un torrente de labios y engaños.
Tú cruzas a nado mil veces
Pero siempre eres el mismo náufrago.

III

Yo no tengo la faz blanca


Mi padre marcó tres cruces de sangre sobre mi frente
y me untó el canto de su labia.
Mi madre hiló trajes con la lluvia
Me adornó el cuello y la cintura con anillos de barro.
En los pies una quebrada me calzaron
y del ombligo cuelga un sol
como todo amuleto o crucifijo.
Con este equipaje precario crezco
a la manera de los árboles
buscando un esqueleto,
una máscara,
pues yo no tengo la faz blanca.

IV

Yo no hablo un lenguaje conocido


Encallaron en mi garganta como aristas de fuego.
Eran del mar sus accesos oscuros,
son peces las palabras que me nadan.
Hacen de mi vida su veneno
áspides de vida sinuosa que arrastran sus moldes
y vuelan sus huellas.

102
Carcelero del verbo:
su amor de besos subterráneos
su amor de llaga escondida
su amor de vino de boca en boca.
Se alargan los pies de mi cara,
beben agua en la orilla, mas les parece
estrecho el camino y buscan abismos,
fieras salvajes, árboles caídos.
Mi lengua no tiene cita
llega tarde y sin aviso
a la lengua seca de los diccionarios.

IX

Yo no le temo a la muerte pero sí a su canto


En qué hambriento arenal tengo escondido el miedo
me trepé de a poco en él
una mañana en que todo fue su beso
y en silencio clavó su pompa
en un junco detalle, en el cuerpo canoa,
en la piel morena de mi amiga.
El Miedo lubrica la risa de su amante.
El Miedo a la Muerte besa sus joyas talladas
en el llanto de mi amiga.
La Muerte se solaza con la visita del viejo amor.
La Muerte se revuelca en la ofrenda de su nueva
Esclava.
La muerte la muerde, la goza a mi amiga.
Y a mí me tiene entre ceja y ceja
Advertida de su aliento pero siempre en guardia
Miedosa solamente de cantarla.

103
X

Yo no oculto mi riqueza
Viene a mí la sutura con sus bocas
desde el horizonte otro pájaro me increpa
la vergüenza de ser pobre:
“No soy pobre” urga el escándalo en mis alas,
“Tres pesos acuña mi bolsillo:
– el uno brilla por su ausencia
– el otro alega lo que busca
– el tercero tiene origen en la entraña
y es un pecho alimentando las hogueras,
pasión creo que lo llaman”.
Yo respondo.

(de El yo cactus)

104
«...por la negra que llaman honra...»
Anónimo

Llevo incrustada la máscara del orgullo.


Anoche lavó de sus rostros los últimos rasgos
los últimos trazos delatores
que a fuerza de desearlos tanto se esculpió en la frente
para vergüenza de su casta.
Cierto es que ahora va ufana su imagen invisible
cierto que él recibe bofetadas de ojos ciegos
y esa nariz que apunta a las estrellas
como vemos ya no lo olfatea.
Tapizó las ventanas que abrieron otros huesos
ha vuelto a ser la mansión blanca
atravesada por pasillos, erguida en los recuerdos.
Claro que de pronto se le escapa un cierto eco
un asomo del escándalo de otros días
pero de todo ello muy bien se está cuidando:
la hemos visto atornillándose la faz
de los que honrosos se observan vacíos al espejo.

Sólo inquieta alguna noche en que ríe


abrazada al más cercano de los dioses,
el dios de otra sonrisa.

(de El yo cactus)

105
El triunfo de las cifras

Visto un pergamino asolado por ejércitos


es un mapa en donde se asientan mil mordiscos
como ciudades.

Hay llagas de pájaros hambrientos


de un hambre que signa en el graznido
de un hambre colgada al gajo de las carnes.

Yo te leo en él, como iniciada:


en noches revelas sacramentos
en otras apedrean pecadores los recuerdos

Tú, escribano, te afanas en el arte de las marcas


yo les doy vida después
cuando tus besos parchan un único vestido.

Tú, soldado, batallado has y luego te marchas


sorprendida con tu muerte
no sabes qué despojos modelan al espejo.

Tú, hambriento, mascas brasa y escupes lava


mas yo cuento en cada llaga un nacimiento
pues todos los fuegos son cifras en mi cuerpo.

(de El yo cactus)

106
El durmiente

No me pidan que vuelva,


pues la inocencia es irrecuperable.
Ana Rossetti

Un extraño animal
duerme la siesta en mi cabeza
lo persigue sigiloso
un cazador desnudo pintado en la caverna
a su ronquido le cuelga guirnaldas
tatuajes de caza
le atrapa los sueños en malla de versos
le espanta dolores, ruidos molestos.

Me llevo a la boca un grito de espanto:


a la bestia la arrullan
las frágiles armas de lo que es bello.

(de El yo cactus)

107
Santiago (visiones)

La ciudad te seguirá.
C. Kavafis

Vengo llegando cada día a esta ciudad.


Ser extranjero no causa penas
cuando uno mismo junta sus cosas
marca boletos de un solo destino
apea las ansias en toda estación
y de cada plaza jamás se marcha.
Ser el extranjero, por la tarde, del arraigo
cuando el resto se va entero a su casa absorbido
entonces la ciudad se refugia y se perdona,
hace tiempo cesaron los quejidos:
las gentes de Santiago tienen presa el alma
y fuera de ella sólo espejos que reflejan monumentos.
Verse libre caminando por Santiago
con un soñar a cuestas que interroga la eficacia del traslado
ir vestido del absurdo de la esquina
ir desnudo a los cruces y los bordes.
Ser un recortado festejando entierros en todas las sonrisas
ser un marinero manchando adioses en varias bocas
por la noche arribar a pleno día
y siempre en la misma ciudad, como el griego
y en todas partes fundándola, como el chileno.

(de El yo cactus)

108
En ti sólo, en ti sólo, en ti sólo.
César Vallejo

No es necesario recuperar los besos.


La boca es necesario recuperar
y la boca con sus dientes y sus lenguas
y sus filamentos que en otra boca dicen más
que boca, diente y lengua.

La mano y no el gesto hay que atrapar


y tampoco el abrazo sino el cuerpo
y más aún la sed que nunca cabe dentro de la propia carne
y más aún el hambre que siempre es poca para la propia carne.

Así se geste todo con razón


y la muerte sea esperada sin nada acabado.
Así no sea necesario recuperar las palabras
cuando la voz sea necesario recuperar.

(de Escrito en braille)

109
Somos todos para la sed

Funda para ti un país de pieles, azoteas y naufragios


fúndalo para que calcen tus pies el cosquilleo de las estrellas.
Recoge a tu paso el sabor de sus ciudades
la palabra confusa de sus caminos
y hazte fabricar un traje que te lleve dentro.

Dale a tu país el fruto extraño de una bandera


pues toda esquina merece un ícono
de madera o de metal o del viento de los peregrinos
para que pregonen en las historias un suelo hecho de parches.

Alimenta tu país y da posada al sediento y al vacío


con la vastedad de tu propio cuerpo
siempre estarán brotando recodos desconocidos
gestos de hambre y jirones interrogando
la permanencia de cada segundo, de cada certeza, de cada caricia.

Mantén a los sabios abocados en la tarea de habitar y descifrar


los brazos, las calles y las piernas
los ríos de mieles amarillas, el pájaro carnicero de la boca
y por supuesto el ojo que en cada cosa apoza su marca
el ojo que de cada plaza jamás se marcha.

No edifiques cementerios y confíate duradero pues en tu país


la vida hace pagar caro todo instante recuperado de la muerte.

Y levanta tu país como una torre en el exacto lugar del llanto

(de Escrito en braille)

110
Dedos de yerba

Paraísos artificiales
ustedes surten la sed del comensal
el banquete es en este mundo.
Somos rosas devoradas por el sol
una sombra
mordiendo el muro la imagen de dos arrimados contra él
desmembrándose en la pasión
la tarde cotidiana que es apenas soporte de la tarde excepcional
¿te acuerdas de mí
la que reveló tus verdaderos pies
tus pies en la tarde cotidiana?
Si me enciendes
tragarás con apuro el humo que se ha hecho de mi cuerpo
las pavesas son los órganos
de tu propio cuerpo
la caverna
el descampado
el arroyo siempre es otro y uno mismo el sediento
el animal babeando la imagen reflejada
escribe sobre tus pequeños paraísos artificiales
imágenes de adentro en la espesura
aunque no seas auténtico ni verdadero.

Paraísos artificiales qué importa si son los infiernos de la persona


los monstruos o las sabandijas que emanan de muy adentro
y se apoderan de la ventana
paraísos artificiales qué importa
si te resignas al canto de los pájaros y el eco
choca en el hueco de la caverna que habitas
qué importa si sólo importa atrapar en la hoja ese canto
ya sea en forma de torrente o espaciada lucidez.

111
La poesía tiene extraños caminos o no tiene
así se escriba sorprendido
aterrado siempre de uno mismo
el problema es cómo terminar el poema
cómo darle cauce
esquema de eco
potencia de grito
admisibilidad.

Lee sobre ello en el ideograma


que ha formado la ceniza sobre la mesa.

La luna no es luna
es sonsonete de la lengua
de la piedra que lame la lengua que alumbra la luna
lengua hecha áspid
será mortal para los escuchas
caerán como fardos hoguera de lamentos
chilenos
turcos
germanos
tehuelches
recógelos a tu paso y sírvelos
sazonados sobre la mesa.

Paraísos artificiales ustedes son los pies del rito


pies de humo para el barro original
guijarro en la boca para controlar el habla tartamuda
dedo untado en sangre
leche o yerba
página en blanco sirviendo al sacrificio
todos los sentidos dan cuenta de la materia
niñas serán diosas por virtud de la palabra.

112
Paraísos son los pies y la mesa el soporte
alrededor y en torbellino recuperados esqueletos
de la propia experiencia humana
bebiendo vino
amamantando supersticiones
así parcharás uno a uno tus muñones cansados
las rotas alas pasajeras
la perdida belleza recuperada en cada parto
belleza eterna podrías estar en las letras
pero perdiste la juventud.

Paraísos artificiales ustedes no son lo que yo digo


lo que dice Charles
son y no son la mesa de operaciones
el paraguas o la flor desubicados.

El vicio cómo cuesta


cómo aburre la virtud
cómo atrofia la virtud
cómo expande el vicio
cómo articula
la leporina voz ad portas Siglo XXI.

(de Material Mente Diario, inédito)

113
Marineros bajo tierra

Hay que desarrollar talento para lo efímero


encuentros cotidianos furtivos la más regular de las relaciones
un cariño entrañable por el impermeable conocido
la seguridad que da la mueca repetida
el aroma a mantequilla de cacao en los peinados de algunas etnias
puede ser la opción de hogar que nos espera.

Un querido perro fiel con su hermosa dueña solitaria


una Artemisa que tras mil arrugas rojas
es una niña con sonrisa
presentando a Stalker
can mediano de mirada atenta
probablemente un poseído
el dueño de la situación.

¿Por qué tuve que perderla a ella y a su perro


en la impenetrable Gran Ramera y no topármelos más
si no hasta esta mañana?
Pero es invierno y sus trenzas rubias se encogieron
Stalker lleva pañuelo azul y yo me olfateo
¿cuándo tendré a la Amazona frente a mi?
¿cuándo podré invitarla a ir de cacería?
quiero verla acabar con los peligrosos cerdos salvajes
aderezar la presa luego para ella
¿quieres pasar conmigo 27 horas y una eternidad?
¿por qué no me miras
si estamos tan cerca
los tres en el mismo andén?

114
Tarde llegué a Babilonia
mucho antes de mi llegada se habían fundado sus costumbres
yo sólo traje mi nada hasta la nada general
yo sólo introduje mi misterio en el misterio general

(de Material Mente Diario, inédito)

115
Einschulungstag

En mi cueva tengo espacio suficiente para mi oso y el oso de mi hijo


Bebemos agua, nos dedicamos a soplar la avena del otro y a dictar pequeñas clases
magistrales sobre el origen de la vida y el destino de las especies.
A veces nos visita el niño vietnamita, entonces la cueva se impregna de gengibre
y las enredaderas que tapian las ventanas se abren 5 centímetros al exterior.
Como ven, una vida del todo normal
interrumpida este otoño por el desierto de la socialización.
Ahora sé que mi deber es salvar la rama y la semilla
mandarlo preparado a la escuela.
Le he cosido al bolsillo las palabras que hace tiempo me ayudaron
le colgué al cuello el amuleto del gran garfio de velociraptor
y lo he echado fuera con una bolsa para guardar descubrimientos
con la esperanza de que a su vuelta comparta conmigo la leche del mundo
el lugar secreto de su experiencia.

(de Material Mente Diario, inédito)

116
Simultánea y remota
(Santiago de Chile, año 1980)

Tengo ocho años y la piel desierta


la mente poblada de aves fieras
murmullos de un río profundo
en el secreto surtidor de mis fantasías.

Tengo ocho años y una cajita


allí yo guardo alas de mariposas nocturnas
un conjuro escrito con limón
un conjuro extraído de la piedra Rosetta
para invocar al invierno mirando por la ventana.

Tengo ocho años


he visto a mi padre resucitar del vino
convertido en cacique y en espía
lo he visto siempre el mismo
cubierto por centenares de pieles retóricas
mi respuesta ha sido su mentira
también he resucitado para el hastío de vivir.

Tengo ocho años encerrados en mí misma


y este cuarto enorme estrecho para tantas vivencias
aquí yo junto cerámicas diaguitas
mis papeles se reproducen con ahínco
aquí tengo un rincón donde puedo enajenarme con soltura
aquí tengo un real deseo de gobernar sobre las muñecas
aquí me habito
aquí dejaré la huella de la palma creadora.

Tengo ocho años


vivo en una ciudad sitiada por el ojo carnicero

117
mi vida transcurre tras los armarios de Ana Frank
y cuando salgo para la escuela
noto miradas esquivas
biografías ocultas y sospechosas
la evidente labor de los demonios.

Tengo ocho años


mis ocho años no tienen inocencia
en casa pregunto
por qué afuera es así
nada se me oculta
lo perdido hace llorar a mi madre
mi padre promete el futuro
mi niñera se llama muerte
mi nodriza me atrae a su corvo
debo proteger a mi hermana
no quiero que vea.

Quiero que sigamos coleccionando estampillas


que limpiemos con té los ojos de las palomas ciegas
habrá atardeceres más adelante
la sobrevida se nos ha prometido
padre sabe camuflar muy bien el color de las fieras
y largar su ponzoñoso latido de inteligencia
madre posee la firmeza requerida
mientras trenza nuestros cabellos
explica El Capital
separa malvados de bienhechores.

Tengo ocho años y un cisne


durmiendo el sueño mortal en mi hombro
insisto en hacerme una pregunta
¿por qué se suicidan las hojas
cuando se sienten amarillas?
la respuesta cuelga de mis labios
en la ronda infernal de mis temores.

118
Tengo ocho años
hace unos días me caí en un pozo
de caída interminable
el agua viscosa del fondo
era cálida mermelada de naranjas
la mano alcanzaba un círculo en el cielo
engendrado en el agujero de mi cabeza
una vez que entraron los seres subterráneos
la población entera de videntes me acosó
hasta cegarme
allí obtuve nuevos dedos
para alcanzar la soga del aliento existencial
no he logrado aún trepar a la superficie
pero tengo mis dominios en la oscuridad.

Tengo ocho años y una amiga en el exilio


le dirijo esquelas y páginas de mi diario
ese país
es el único destino de mi cariño
soy fiel
guardo en sitio seguro
el castillo que escudriñamos
entre la montaña y el río
nombramos a todo habitante del misterio
súbdito y posesión de nuestro amor
soy fiel
hacia allá me dirijo todo el tiempo
patria remota y simultánea.

Tengo ocho años y si cumplo cien


seguiré teniendo ocho años.

(de Material Mente Diario, inédito)

119
120
KURT FOLCH MAASS
(Valparaíso, 1970)

Licenciado en Lengua y Literatura Inglesa de la Universidad de


Chile, ha publicado Viaje nocturno (Santiago de Chile, Stratis,
1996), Thera (Santiago de Chile, La Calabaza del Diablo, 2002)
y una traducción de Las alegres comadres de Windsor de William
Shakespeare (Santiago de Chile, Norma, 2002). Participó en la
Revista Licantropía, de la misma universidad, y formó parte del
proyecto de Poesía Postal (RIL editores, Santiago de Chile, 1994).
Ha participado en las publicaciones DOS (Santiago de Chile,
2004) y DIEZ (Santiago de Chile, 2005) del Foro de Escritores.
En 1998 fue becario del taller de poesía de la Fundación Pablo
Neruda, y en 1997 del taller literario José Donoso de la Bibliote-
ca Nacional. En 2003 ganó el Premio del Consejo Nacional del
Libro y la Lectura a la mejor obra de poesía publicada el año
anterior con Thera. Actualmente participa en el Foro de Escritores.

121
122
Fósiles

Agobiar –diría Lihn–


otra vez con la misma historia: el dolor,

un buen punto de partida


para las palabras
que hablan de nosotros.

Están allí

intactas bajo la turba de la memoria


sin sonidos, con la forma
del eficaz instrumento de tortura

que arranca oro de tu cabello

como restos de hojas, hierba, arena,


parásitos de un paseo de verano.

(de Thera)

123
Thera

Tarde en el sueño
llega el mensaje: dos

o tres

virutas de sal amargas


alivian la boca

del (antiguo) aliento a


légamo

negra miga del sol

de quien vuelve
sediento del claro vino

del otoño derramado al aire


en una solitaria y lenta ceremonia

en lo más alto

de un árido paisaje
materno y azul.

(de Thera)

124
The skeleton coast

Here you will find peace, they said.


E. Jennings

La blanca herida del sol entre la bruma es el día


sobre el monótono paisaje que aparece
sin principio ni fin tras paredes limpias
de todo señuelo para la memoria.

Desde aquí observamos altas flores


sin nombre conocido que se alzan
sobre el nivel de la maleza: grietas
extendidas hacia el cielo de la tarde.

Y constante como el cansancio o el hastío sopla el viento,


arrastrando oleaje de arena, cuerpos de insectos que giran

en el polvo. No hay caminos,

huellas que seguir o luces en la noche


que señalen dirección alguna.

Da igual. El tiempo

y la soledad no consuelan, ni conceden sabiduría:


desconocemos lo que se extiende mas allá
de esos horizontes de sal. Llegamos
a esta tierra inservible como desterrados
(nos gusta pensar) de algún antiguo imperio

o peces

125
ocultos en los rincones de un barco hundido
con la única certeza de haber sido la mala sombra
que se abrió sobre la luz de cuerpo amado,

un poco de humo

entre las piedras de cada lugar que pisamos, cargando el fastidio


de un permanente bregar entre pequeñas virtudes
y torpezas,

falta de claridad:

no haber callado a tiempo, agostar


la hierba tierna que creció a nuestro alrededor.

En fin, cosas:

trucos simples para malgastar el tiempo: el vino, los amigos:


muletillas de la lengua repetidas hasta el cansancio
en el ocio de la tarde o en un cuarto a oscuras.

Nosotros que amábamos


los bosques y la lluvia,

esperamos

ahora, cada día


para sentarnos al sol

como si la vejez
y el miedo

nos marcaran la frente


pensando en la aridez de los desiertos.

(de Thera)

126
Barquisimeto

In memoriam L.R.

Los cielos más hermosos del mundo


están en el Caribe

pero lejos del mar. Un paisano


empuña un cuatro y toca algo típico
ante el padre, la madre y los hijos,

(naranjitos,

les dicen.) La familia


envía cartas a la familia:

todos bien,

el niño es un joselito en el coro,


la niña saca muy buenas notas.

Bajo

oleadas de calor relatan e invitan a ver


la famosa fronda de nubes (colores) sobre los cerros
de la ciudad. Y los insectos

los mismos (pero distintos) que aparecen


años después como un rastro convocado
a rodear la imagen de la madre (joven, sana,
sin descendencia) sobre la tela de un examen final
como símbolo de algo (oculto) en la sangre.

127
Entretanto

todos han aprendido a seguir el ritmo


de cierto orden: acostumbrarse a lo que sea:
tronar los dedos en otro paisaje
(un desierto en expansión),
en otro clima comer otras cosas,
hablar distinto, beber, pintar,
y a vivir bajo un cielo nimbado de polvo,
y a la enfermedad constante

entre cuatro paredes. La ciudad llanera


es abandonada y termina acá
como afiche en el pasillo
junto al baño. El padre
ejerce su oficio.

Los hijos

terminan lo suyo;
llenan sus repisas,
cambian el orden de los muebles,

viajan. Hago
mi aparición y desaparezco.

La madre repite (sin falta) aleluyas


en mitad del día o de la noche.

(de Thera)

128
Paisaje

En aquel típico escenario


(un paisaje de mierda)
donde todo se pudre sin remedio
en pústulas
o simples gestos repetidos
en todos los espejos,

intenté cavar

una fosa para tenderme


quieto y silencioso
como una hoja
no tocada por
el viento.

Y nada.

En cambio estuvimos uno en brazos del otro


con arena de las urnas, eso sí,

nublándonos los ojos

(de Thera)

129
En la tienda del desierto

En fin, hablo solo


frente a un espejo,
como quien ha perdido
parte de su cordura;
el pelo más largo, la barba crecida,
sueños de arena y escarabajos
impresos sobre la tela
como puntos de apoyo
(o partida) para hablar de ti
(y de mi) como viejos conocidos
sin el razonable cinismo
de las buenas maneras.
La tristeza se transforma
en la mascota que acompaña
(o vigila) a los pies de la cama, el amor
como cosecha arruinada
o como el cansado gesto
de despedida (o desprecio)
de una muchacha: polvo
que el viento dispersa
en la luz de la mañana.

(de Thera)

130
Víctor Otto Maass

La tierra, no
el cielo, oscurece

Mi madre
entierra a su padre: el rostro
huesudo: mejillas de piel
y pulpa de blanco higo
reblandecido (No

quiero verlo, pero lo veo


tieso en una sala lateral
de la parroquia con
su mejor camisa y
sin placa.)

Asistido

por cuatro hijos


(dos hombres, dos mujeres
mal avenidos) y nietos
bajará a tierra.

Mi madre
lamenta la pobreza de los oficios,
la lejanía del campo santo (no
tener un auto) y la constante
odiosidad de los hermanos
en medio del crudo frío
(onda polar) en que fue

131
a morir don Víctor Otto Maass

-se acabó la claridad


de ese silencio, el pan
de miel, la sombra
del parrón y la gata-

Mi madre
es un muñón de pena sola
que mira la tierra (no
el cielo) oscurecida ya
por los cuatro costados.

(de Thera)

132
La calma de las orillas

Volver a las raciones del pasado,


la migraña, el lumbago, las escaras,
horizontes de sal donde crecen los desiertos,

lejos,

un corazón ennegrecido
y un árbol destrozado para el fuego
que debía esperar la llegada de alguien
cuando
el alto silencio de las mezquitas
se abrió sobre esta parte de la ciudad
donde todo termina
en el misterio de la tarde,
bajo largos crepúsculos de ocio.

Y, tendida, eres

un recinto de sombras
para manos partidas
en la perfecta calma de un mar muerto.

Una noche después de cercar el rostro


y tentar la boca de dientes manchados de lila
para templar (me digo) el ánimo,
endurecer la piel, demostrar –en síntesis–
cómo se resiste largos periodos sin aire.

Lo que faltó en esa lección de pena,


descuido o melancolía,

133
yace sobre este sitio eriazo
donde ondea la hiel de la madrugada

que esparcí (de regreso,

ya sabes) en nubes de aliento en el aire


oscuro, buscando rastros de calor
en el metal empañado de un vehículo

o una sombra

en la luz (de velas) que lame


cuatro paredes
un piso más arriba.

(de Thera)

134
Trofeo

Rostro (perlado
de penumbra) transformado
en sucesivos estallidos de euforia

o disuelto

como un cuerpo en las fosas marinas,


en grietas donde reposa el sedimento
de toda alegría y toda tristeza.

Allí

leemos con los dedos la luz


y escribimos con cuidado
como quien se hunde en la hoja

de un cuchillo,
o una espada

al amanecer.

(de Thera)

135
Pecio

Como todos los idiotas he rezado

para que un día

sentada a la mesa de las putas


me recuerdes como un dolor terrible
que rompe los huesos

...............................................

Palotes de fino punzón


sobre el légamo de fosas comunes
salmodiando palabras que no soportan el tiempo
ni el aspecto de las cosas al volver

a verlas

El cuerpo se agota
el mínimo esfuerzo, tiembla
al fumar, al abrir un libro o cerrar

una ventana. Al amanecer


hace su tumba
sobre tres sillas,
como si se alejara

a través de

las aguas quietas y oscuras del Estigia,


rodeado de criaturas abisales

136
que emergen susurrando
algo que roza los oídos

como soplo

de aire helado.

(de Thera)

137
La noche es negra

el aire

en el oído

como un gramófono
lapidario (lejos

parten leña)

horas del día


dispuestas
de a dos

o de a tres simétricas
guillotinas

mojadas

de rocío

post tenebras lux


la hoz y el martillo

los ondulantes campos

de trigo
el llanterío

de la república

(Inédito)

138
Hélice

yo seriaba (es
un decir) arpegios

bemoles
insistencia de una melodía
tallos

granos de trigo
en pleno invierno
igual a palabras

que apenas se vuelve


a mirar por eso
tragamos

la cal de un sol lacónico


(como la tierra

nos traga) la herrumbre


de una fría floración

de guillotinas: dos tundras

por error allí


de noche uno

junto al otro imitando


monótonas formas de ternura
a orillas del agua lodosa

139
donde la muerte nutre

a sus criaturas
imperturbables

nos repelemos

idénticos
a cristalizar

un inmenso salar
de humillaciones

(Inédito)

140
Playas que rodean el mar

el resplandor de la nube
más cercana al sol
forma que

transluce
la luz
verdad desprendida

de tal apariencia
los corales

precolombinos
el olor a leña

quemada
la palabra
objeto

para las cosas

para las playas


que rodean

elmar

(Inédito)

141
Lunes feriado

la lluvia
incrustada
en el árbol

habla
algo impensable

lo que crea
monstruos
llanteríos

al amanecer
insultos
por la noche

sin apariencias

la luz del sol


azota la cara

contra el fondo
de la sombra

el terror de ser

trozos de vidrio
en la calle

(Inédito)

142
Un lugar por

la ceguera de estar
en un lugar por
primera vez

dos veces

entre las mismas


cosas

reconocernos
en la imagen
múltiple

del ojo
de la mosca

(Inédito)

143
Gusaneras

como una rama en el aire


se extiende la grieta
en el muro
la imagen
de la ventana
quebrada
al revés

grano de luz
al fondo del cráneo

libro de horas con hojas


de fieltro

hablan desde una tierra


desnuda y quemada
voz que espanta
a los peces
atrae el postre las llanuras
brillo de autos

un nicho y sebo en la pared


subterránea para pulir
con rápida música

de carne blanda y grumosa

de humillación en humillación
de oscuridad en oscuridad
adobe de llanteríos

144
hileras de lucecitas pestañeantes
decorando el ridículo
brutalidad

risotadas
desde lejos
amplificadas

simple brutalidad

el gusanoso siseo de la riqueza

drenando desecando
desde sus miradores
el calor ondula
la perspectiva

la mirada se triza
de luto tensa de ver
en el aire

–si mira con atención–

es la sombra de una trama


sobre la cal

formando un espejo
que devuelve
ninguna bondad

(Inédito)

145
146
YANKO GONZÁLEZ CANGAS
(Santiago de Chile, 1971)

Ha publicado Metales pesados (Valdivia, El Kultrún, 1998),


Héroes civiles y santos laicos (entrevistas a escritores chilenos)
(Valdivia, Barba de Palo, 1999), Poesía, poesía: 3 poètes chiliens
(junto a Waldo Rojas y Pedro Araya. Francia, Universite Lille
3, Action Culture, 2002) y, junto a Pedro Araya, La muerte se
está fumando mis cigarros, traducción y notas de poemas de
Charles Bukowski (Santiago, Ediciones Bajo el Volcán, 1996).
También es co-autor de algunas antologías y muestras de
poesía joven chilena, como Voz Sero (Valdivia, Editorial Bar-
ba de Palo, 1994), Carne fresca, poesía chilena reciente (Méxi-
co, Desierto, 2002) y ZurDos. Última poesía latinoamericana
(Paradiso, Buenos Aires, 2004/ Bartleby, Madrid, 2005).

147
148
VE

Ve que soy su madre / v / ve que la visión suya está borrosa / no v /


terminar sería la cola / sacaría lastimarse por la pura / no v / v / hasta
aquí su labio dice que está entero / y para qué nos pega con el cable / v
que distorsiona / no le niego nada / usted me v / pero martillar la
puerta / vender la ropa / robar botellas / no es lo sano / v / Si le falta
tratamiento debió haber avisado / no v que acá soy la yúnica que
sufro / Y si le busco algo / tendría que buscarle / pero si no mueve el
dedo / v / Son muchos los esfuerzos que se hacen / / No suba la tele //
Si no me oye / v / si cuando le hablo / v / No me va a salir hoy día
sábado / y me va almorzar la carbonada / v que todavía está
creciendo / no v que está como una cana / tiene que esforzarse v /

ya /
levántese

¿quiere que le prenda el cálifon?

(de Metales pesados)

149
Por ponerte un caso

«LOS PISTOLS/ los Todos Por la Casa / Los Cacho Cabra /


pero la pensamos / no trazamos el monkey por trazarlo / es
De Adentro / no es el cuero por el cuero / ni el lope mohicano / por el último /
es la posta / la Parada Verdadera / no la picamos de antimisileros / es toda una parada / un
pegarse la cachada en la profunda / por ponerte un caso / yo no ando con muñequera / ni
clavitos / el Tato
anda con rímel de pegado / pero niuno anda colgando
un clip en la chaqueta»1

(de Metales pesados)

1 «Pateó en la cara al tipo caído / traicionó a su mejor amigo / cadena puñetazo inglés y cortaplumas / el
diario no economizó elogios / sangre & porrazos en la madrugada / Es preciso vivir matrero / no hay de
donde agarrarse / la cana está brava la vida está dura / pero un solo tiro puede derribar / correr con lágrimas
en los ojos / no es para cualquiera / pero la risa se suelta fácil / cuando el dinero corre suelto / necesitas ver
los ojos de la mujer / en la cuneta del puerto / allí es sólo un juego / aún no inventaron dinero que yo no
pudiese ganar» (Vilhena)

150
Defectique manna
(Y faltó maná)
Josué, V, 12

Hubo aquí un tiempo de africanos / donde los cabros comían cables telefónicos
tenían un gran tejo de jeringa / que achuntaba los residuos de sus huesos
/ y era en sus axilas
/ y era en sus rodillas
Que el hedor del fiambre
El quesillo de sus glandes
los alimentaba como a Rómulos y Remos / y fueron salvos desa mueka hambriada
y fueron liberados de la intoxicación del aire
y no sucumbieron ante la sequía
Y fueron salvos de jalar la tiza
Y fueron salvos de la excrenta del equino, del orégano
Y fueron salvos de la orina de a doscientos pesos
Y fueron salvos de las cápsulas para el mal de chagas
Y nadie descendió de la quemazón del fenotipo
Y a nadie se le partió la traquea en cinco partes
Y nadie sudó nitrato por el coxis

Fueron Salvos
y nadie murmuró:
esta palidez
del rostro mío.2

(de Metales pesados)

2 «Otra forma de prevención del abuso de drogas es el estímulo y apoyo al uso del tiempo libre como espacio
de placer, creatividad y desarrollo de potencialidades. EL uso del tiempo libre se puede enriquecer: ayudándoles
a buscar actividades para jóvenes, que a ellos les gusten/ dándoles permiso para que participen/ acompañándolos
las primeras veces/ abriendo nuestros hogares a sus amigos.» (Ministerio de Salud - Ministerio de Educación)

151
Derrotero de Emperaire

Afirmado en la música del trote / me doy a la respiración


artificial acompañado por un cono de papel
higiénico / paseo recogiendo boletas arriba de mil pesos/ las
cuales tienen fines muy diversos Cuento los pastelones al llegar a
casa y me salto las líneas impares del baldoserío/ justifico mi
existencia sumando y exclamándole a los caballos qué cara está la
avena/ He decidido abrir definitivamente una ventana que
siempre cierra a medias/ y regar este cactus que se entierra en un
vaso de yogurt helado.
Descuento los meses que me restan extrayéndole hojas a los libros/
Generalmente a un par de enciclopedias que versan sobre 101
Razas Humanas
La Tv transmite rayas y acabo de encontrarme otra boleta/ me
suelo sentar en el suelo preguntando a cuánto de octubre
estamos/ Me corto al afeitarme/ Y soy feliz de que alguien
-aunque sea Gillette-
me manche un cariño por la ca.

(de Metales pesados)

152
No sabrás nunca de qué forma
Grité tu nombre en todos los días
Que estuve yo y yo

3
TO M Á N D O M E L A P R E S I Ó N D E T U A B A N D O N O

(de Metales pesados)

3 «Una tijera precisa cortó mi calma chica/ haciendo tempestad en mi colonia de tulipanes/ arrojando
arena en mi farofa/ mezclando raspaduras de olla en mi cocaína/ tomando mi antena de tv para hacer
cerbatanas/ pintando mi nombre en puerta de cuartel/ cambiando mis discos por bizcochos maría/
atascando mi cerradura con chicle / cosiendo mi sentimiento en una pelota de tenis descascarada / para
arrojar en la playa mi corazón con raqueta» (Charles)

153
En la esquina

vértice
del peg
amento
i la di
storchon

No necesitamos los haikú


Sobre todo aquí
Donde

LA LUNA
ES UN TROZO MÁS
DE LAS BOTELLAS (2)

(2) «¿Qué sabes tú de la vida, muchacho?» (Corso)

(de Metales pesados)

154
Las escenas son sencillas

(A)

La primera es donde él la toma por sorpresa/ besando el pliegue que


sostiene las compras del hipermercado/ y ella bala como un bebé
de cientoveinteaños/ y comentan la segunda escena donde irán a encadenarse
con anillos calados/ él insiste en pararse justo al medio/ donde una rejilla
los sostiene de una vereda perforada hasta el abismo/ y olvidar hasta
más tarde que sobre sus techos explotará napalm con hijos/ ella dice
camina cariño de una vez por todas/ y pasan más de
setenta-y-siete-meses-setenta-días-setenta-y-siete-horas/ él repite oculto
por tercera vez la primera escena/
mientras ella
lo espera
con pescado.

(B)

La otra escena es más sencilla: ella baja las escaleras a topetones/ él la busca
cegado por el té hirviendo/ rociado antes por ella en la cara/ el lugar
donde se ha encajado la puerta/ para apresarla/los gritos se inclinan
hacia el oído feroz del vecindario/ él confunde la de salida por la del baño/ ella
queda inmóvil esperando un brazo/ él se golpea la frente con la loza/
se desparrama/ un auto frena y ennegrece parte de su acera/ ella
recibe un aire mecido por dos tepas/ él se ahoga en su sangre que busca un hueco/
ella se abriga calle abajo.

155
(C)

La última escena es donde ella le toma por sorpresa/ besando el pliegue


de las compras del hipermercado/ y él no escribe absolutamente nada
y cocina y sacude y riega todo el año/ y ella ordena cosas fritas/
que a él
le dan alergias.

(de Metales pesados)


Master choice

Hola
Hola vagabundos del Drama
A lo que me levitan un hola
oooola
Para apresurar monedas imantar billetes
y monedas
Dejando caer una tras una saliva
Intentan hacer caminos de caracoles
por donde se ven desfilando hacia
La Berma
Se estacionan los envases y
Va tu desplazarte de un pie a otro
afirmando la reja / fabricando cuadraditos con la etiqueta húmeda de las
botellas
ELECCIÓN MAESTRA
Volver a cambiar de pie
Equilibrar la carne penetrando el otro bolsillo
Recibir papel humeante
Lajar los ojos
Sentirse acariciado nuevamente por los pañales de la esquina. 5

(de Metales pesados)

5 “Sí/ es cierto que nos rascamos el paquete en la pua esquina/pero para qué
andar gritando/para qué picarla de engomado / tu anduviste igual/¿qué de las
3 de la tarde en adelante?/puro echarte en la solera/entonces/para qué funar
esta movía/para qué funarnos/para qué picarla de aahh/somos los más locos/a
todo hendrix/no pasa/ a h í n o m a i s/para qué cartelera a tus sociales/qué/te
dan monedas/te mueven motes/te caen mejores zorras/el lafourcade regala tu
libro en cuánto vale el chou?(...)”
(Mediano)
Mistral en alto v

porque quien ama paga quien llora bala


y sola sana y sabe.

porque quien cava pena quien pasa sea


brea amnio apnea.

porque quien levita lame quien daña cala


sala raspa caldea.

porque quien huye atrapa quien posa afea


pierna piel presea.

porque quien veda evade quien cela rala


cruz cubil cadera.

porque quien soba miente quien escupe mea


mosto mies marea.

porque quien roza queda quien cierra amarra.

(de Poesía, poesía: 3 poètes chiliens)

158
Que no quiere

«Que
no
quiere
morir
como
un
perro
nadie
quiere
morir
como
un
perro
todo
ser
humano
merece
no
morir
como
un
perro
ha
vivido
como
cerdo
y
no
quiere
morir

159
como
un
perro».

(de Poesía, poesía: 3 Poètes Chiliens)

160
Venas por su sangre

venas por su sangre


tumores en la tarde.

tiene té falta fe.


su padre crece.

pregunta hola tú
si algo sobra si

hace hambre
quedará menú.

uñas de la madre
saliva por la tarde

pisará perú.

(de Alto Volta, inédito)

161
pordentro&porfuera

O sea
estuvo muchos años extrayendo heces
aunque vamos

todos le decíamos el saca-mierdas


que traducido a su idioma vendría a ser
ducha fría o saca-piedras.

Convengamos que la mierda es memoria


del mismo modo que una palabra
es la memoria de su significado
repetía haciéndose el interesante
abriendo o cerrando el peso de las naranjas
de anne michaels con dibujos de john berger.

Pero vamos
un Trabajo de Mierda
para colmo en negro como la mierda negra
cómo explicarlo en nuestra lengua
se podría traducir como
un trabajo “verdaderamente” ingrato.

Y aunque usaba un traje guantes máscara y un lindo


casco verde
hedía
por dentro y por fuera
de hecho yo fui el que le puse
el pordentro&porfuera que en nuestro idioma
significa algo así como
el fétido externo ensombrece al fétido interno
amalgamándose hasta la hediondez extrema.

162
El punto es que se pasó sus buenos años
absorbiendo aquello
y ya se sabe
aunque las moscas cambien
las piedras siempre serán las mismas.

Y de esas frases que soltaba


como para su redención futura
fue quedando un fatal cansancio obvio
automáticas palabras varilla sonda acople
llave inglesa papel residencia quizás quince.
Mucha mierda.

Publicó algo
y volvió al Alto Volta
pero olía mal
el “caca blanca” le apodó su familia
que viene a significar más o menos sin certeza
alejándose o acercándose al campo semántico
aquel que trabajó como poeta
para los que nos traen
o nos quitan el trigo
de la boca.

O sea.

(de Alto Volta, inédito)

163
164
JAIME LUIS HUENÚN
(Valdivia, 1967)

Ha publicado Ceremonias (Santiago de Chile, Universidad de


Santiago, 1999) y Puerto Trakl (Santiago de Chile, Lom, 2001).
Con su primer libro obtuvo la primera mención de honor en el
Premio Municipal de Literatura de Santiago, en la categoría
Mejores obras editadas en Chile durante los años 1999 y 2000.
Con su segundo libro obtuvo el primer premio del Concurso
nacional de poesía “El joven Neruda”, organizado por la Ilustre
Municipalidad de Temuco. En el año 2003 recibió el Premio de
poesía Pablo Neruda. Actualmente dirige la revista Pewma, lite-
ratura y arte, además de otras actividades de fomento cultural en
la provincia de Cautín.

165
166
Fogón

Menos que el silencio pesa el fuego, papay, tu


gruesa sombra que arde
entre leños mojados;
menos que el silencio a la noche
y al sueño,
la luz que se desprende
de pájaros y ríos.

“Hermano sea el fuego”, habla, alumbra


tu boca,
la historia de praderas y montañas
caídas,
la guerra entre dioses, serpientes
de plata,
el paso de los hombres
a relámpago y sangre.

Escuchas el galope de las generaciones,


los nombres enterrados
con cántaros y frutos,
la lágrima, el clamor de lentas caravanas
escapando a los montes de la muerte y la vida.

Escuchas el zarpazo del puma


al venado,
el salto de la trucha en los ríos
azules;
escuchas el canto de aves adivinas
ocultas tras helechos
y chilcos florecidos.

167
Respiras ahora el polvo de los nguillatunes,
la machi degollando al carnero
elegido;
respiras ahora el humo ante el rehue,
la hoguera donde arden los huesos del largo sacrificio.

“Hermano sea el fuego”, dices retornando,


el sol ancho del día
reúna a los hermanos;
hermano sea el fuego, papay, la memoria
que abraza en silencio la sombra
y la luz.

(de Ceremonias)

* Papay es un nombre afectuoso que se da a las ancianas.

168
Hermana

Aquellos ojos del color del color,


a una altura gris, miran
copihues, hilos de agua.

¿Es por el viento de esta hora su silencio o


son abejas borrachas
trayendo miel y sangre
al panal de sus sienes?

Porque el agua es hermosa,


y el cielo es hermoso
y ambos son buenos amigos —dice.

Porque la luz es mi alma en la estrella,


y mis pechos son fuentes de luz.

Porque callados sabemos lo que somos:


el águila y el cisne,
el venado y el puma,
montañas, manantial y viento,
sementeras de la eternidad.

(de Ceremonias)

* Los versos en cursiva pertenecen al poeta Pablo de Rokha.

169
Tres
(cementerio de San Juan)

Solito caí, dicen que dice, ay sí solito;


mojado de mi sangre viviente todavía.
No iré a Maicolpué ni a Pucatrihue iré,
donde el mar revienta su luz
sobre las rocas y la arena.

(de Ceremonias)

170
Cuatro
(Loma de la piedra)

De lejos lo vi, hija, de lejos lo sabía.


Grande fue mi sueño, mi revelación:
blanquito amanecía el ciclo de Forrahue
con dos caballos negros garañones
pateándose allá arriba.
Buena sangre los soñé, hubieras visto, lindos eran,
y brillaban casi azules en la altura.
Recordé cuando venían hacia mí
cerrándome las vistas y el resuello.
Eso dijo la viejita, amigo, eso dijo.
Fue la única que tuvo mal dormir
aquella noche.

(de Ceremonias)

171
En el cementerio de San Juan

El tiempo de las cruces, de las largas ofrendas,


cuando escapa la rata al nido del zarzal,
deja ver unas sombras ocultas tras las puertas
de casas sostenidas por la muerte y la cal.

Son grandes soledades comiéndose las piedras,


llenando sus vasijas con el rumor del mar;
sus miradas son pastos crecidos sobre tejas
que enfrentan campos secos y rotos por la sal.

Los parientes se vienen de lejanas hijuelas,


trayendo en sus morrales hogazas de buen pan.
Junto al muerto lo miran, lo comen y lo piensan
hasta cuando no queda nada más que pensar.

Después de desvestir las tumbas de malezas,


beben cántaros llenos de chicha montaraz,
y recorren el largo camino que los deja
de espaldas al camino que llega a este lugar.

El tiempo de las cruces, de las largas ofrendas,


levanta tierra roja bajo el sol de San Juan;
aquí donde el cielo reseca a hombres y bestias,
y el viento se lleva graznidos hacia el mar.

(de Ceremonias)

172
Último cielo

Los pájaros blancos van


por montes y por llanuras,
llevándose la espesura
del cielo azul de San Juan;

hacia la Mesa de Piedra


donde Huenteao nos cura
de males y de lisuras
con gruesa agua y con sal.

Déjale por eso un canto,


marero, a las tres oscuras
piedras donde el viento dura
más que en la tierra y el mar

Se hará después el silencio


tras la bandada que apura
la noche y las alturas
hasta el oleaje final.

(de Ceremonias)

173
Bajé a Puerto Trakl entre neblinas.
Buscaba el bar de la buena suerte para charlar sobre la travesía.
Pero todos miraban la estrella polar en sus copas,
mudos como el mar frente a una isla desierta.
Salí a vagar por las calles con faroles rojos.
Las mujeres se ofrecían sin afecto, fragantes y cansadas.
“A Puerto Trakl los poetas vienen a morir”, me dijeron
sonriendo en todos los idiomas del mundo.
Yo les dejé poemas que pensaba llevar a mi tumba
como prueba de mi paso por la tierra.

174
Como una manera triste de predecir
miro el paso de las nubes sobre el puerto.
Sé que mi suerte no está
en ninguno de esos nimbos que regresan al mar
movidos apenas por el viento de la literatura.
“Profetizar me asquea” podría decir
y, sin embargo, allá va mi vida,
sobrepasada por pájaros que llevan
todo el tiempo del mundo entre sus alas.

175
Fumando en el muelle desierto
recuerdo a mis hijos,
apenas alumbrados por el sol de este anillo.
Mi paternidad se ha ido a pique;
el mercado está desierto frente a mí.
Un corazón apátrida late en esta fuga
hacia la isla prometida.
El amor ha abierto una oscura puerta
por donde paso
inclinándome.

176
Todo amor cuenta las horas de su fin,
tal como el río resbala sobre peces y piedras
que cambian de corriente,
de nido y soledad.

Al pie de esta canción


mis días levantan sus pequeñas ruinas:
un pálido arco iris dando sombra a mi sangre,
las palabras que van a dar al río
de una poesía inútil,
las huellas que dejan mis pies
sobre la luz del agua.
Faroles a lo lejos
cobijan mi destino : un bar de vagabundos
donde todo fin comienza
como un sueño imposible de recordar.

177
Dices que no puedes dejar de recorrer los bares
junto al mar de la mañana,
que los cuerpos llegan hasta ti
con la violencia de los puertos siempre vendidos
al peor postor.
En verdad llorarás en vano
y tu sed sólo será la vanidad de los árboles
que en la colina creen vencer el turbio cielo de la noche.
El silencio, mientras tanto, hará lo suyo
a esos poemas quemándose apacibles
en los desbordados ceniceros de tu vida.

178
Creí que pronto arribaría el barco
de la salvación.
En tanto esperaba me hundí en las cantinas
y en trabajos de puerto.
Pasaron los años, los pleitos, las mujeres
y ni sombra ni noticias del imaginado navío.
Aprendí a tolerar el paso de otros buques
contemplando en el muelle las maniobras de zarpe.
La vejez —mi horizonte— sepultó esa esperanza
perdida como un náufrago en la turbia
mezquindad de los mares.

179
“Perdí mi idioma en la costa
ceniza de Trakl”, dijo finalmente el polizón.
Encorvado entre tambores de petróleo farfullaba
el yiddish de los malecones y los bares.
“Denle restos de ropa y de comida” —ordenó, contrariado, el capitán.
“El destino de mi nave no lo cambia
un demente agonizando en sus bodegas” —sentenció.

180
Ninguna mano despide tus ojos,
ninguna piel aguarda tu regreso.
Tu nombre, lo sabes, es una moneda
tirada con furia a los sitios eriazos.
Recuerdas la nieve cayendo a los pinos,
ahora que deambulas al garete por un puerto
nublado y solitario, tenebroso y

ficticio.

181
Ebrio me despide Puerto Trakl
con el alba mojando mi cabeza.
Sin dinero, sin amigos y sin reputación
vuelvo a mis antiguos días.
La pequeña mañana abre sus puertas.
Los tugurios donde beben poetas y pescadores
quedan para siempre atrás.

(selección de Puerto Trakl)

182
VERÓNICA JIMÉNEZ
(Santiago de Chile, 1964)

Ha publicado Islas flotantes (Santiago de Chile, Stratis, 1998) y


Palabras hexagonales (Santiago de Chile, Quimantú, 2002), li-
bro con el cual obtuvo una mención honrosa en el Premio Mu-
nicipal de Literatura 2003. Entre 1993 y 1995 dirigió la revista
Licantropía, de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la
Universidad de Chile, casa de estudios en la cual se licenció en
Lengua y Literatura Hispánica y Periodismo. Junto a Javier Bello
compila en 1994 el volumen Poesía española contemporánea, pu-
blicado por el Departamento de Literatura de la Universidad de
Chile. El mismo año coedita, junto a Kurt Folch, Poesía postal
(Santiago de Chile, RIL). En 1997 obtuvo el primer lugar en el
concurso de la Facultad de Derecho de esa misma universidad.

183
184
La derrota del mar

Nosotros que tuvimos que pasar


por tantos puertos llenos de agitación
pernoctando en pequeñas lanchas
azotadas por la lluvia y por las olas
y que fuimos a un tiempo
alegres ebrios a bordo de cargueros sin destino
y silenciosos marineros abandonados en la bahía
nosotros que algún día soñamos en lechos
extensos como las velas de los barcos
y construimos un hogar sobre el viaje de las aguas
bendecidos por la música del mar en la noche
anclamos ahora en esta oscura rada
como náufragos arrojados a su mala suerte
vomitando espuma
con los pies enterrados en la arena
y la piel herida por la sal.

A Kurt Folch

(de Islas flotantes)

185
Dos poemas

Debajo de tu cuerpo, arriba


estoy cantando una letra inocente
mirando por tus ojos que saben a mar
que saben a entraña misteriosa
de océano recién creado.
Imagino el calor, los detalles
de la frente conmocionada
imagino un tiempo colmado
de granizos que ensordecen.

Ves, yo invento situaciones:


surgiendo de ti, entrando por tus manos
rompiendo la flor del perfil
crispado entre las hojas
voy adormeciendo
serpientes ávidas
canturreando una lenta melodía

186
II

Tu barba que no acabe de crecer


poderoso vikingo de mares remotos
mis manos desnudas se llenen
de pececillos inquietos celebrando
el antiguo ritual del fuego.

Nadie sabe que somos los blasfemos


que danzan ebrios bajo la luna
nadie conoce nuestro enigma sólo las fieras
que heridas nos llaman desde el monte
“los temerarios de la voluptuosidad”.

(de Islas flotantes)

187
De nuevo frente al mar

De nuevo frente al mar


aguardo la encarnación de las aguas
la aparición del rey vikingo que saluda desde la nave
su velamen que vuelve de las islas lejanas
trayéndome un tesoro compuesto de guijarros
recogidos antes de emprender el viaje.

(de Islas Flotantes)

188
Script de la memoria

Sólo porque insisto en empujar a escena


a ciertos antiguos personajes
tendrían derecho a odiarme los que olvidan.

Pero han de amarme los viejos silenciosos


y los niños que se lanzan a la playa
a la caza de tesoros
porque ellos han vivido, como yo
el estremecimiento que precede a las resurrecciones.

(Desde luego, y desde otra perspectiva


la memoria es sólo comparable
a un cadáver pestilente)

189
II

En cuanto a mí
tengo todo un cementerio a la mano:
narices rotas, bocas,
manos que exhalaban distintos grados
de calor, como seres vivientes,
voces ¡cuántos tonos de voces!
y, sobre todo,
un montón incoherente de imágenes
que le dan a esa otra vida
un cándido aspecto de película
mal dirigida y mal actuada.

190
III

Ellos me amaban
ellos me odiaban
y yo, Abelcaín que destripa
su paloma hecha de jaulas
les lanzaba patadas
y luego les besaba la boca.

Y ellos, naturalmente, me cobijaban


bajo el calor de sus alas heridas
para que quemara la vergüenza
y curara la envidia
lamiéndoles el corazón.

Entrañables dioses
a los que debo incontables sacrificios.

Alá quiera que no me hayan olvidado.

191
IV

Recorro a veces este túnel


con mi antorcha que lanza
llamas como graznidos
en espera de que surjan de las paredes
los claros habitantes que yo busco

Entro en este túnel casi a tientas


palpándoles los huesoso que dan música
pidiéndoles siquiera un signo
de orientación

Cómo no me van a oír

192
V

Llegué a las puertas de la ciudad


para buscar vestigios
de los que por aquí tuvieron que pasar
me senté a la berma del camino
con los pies hinchados y las orejas frías
y pregunté a quienes quisieron escucharme
por Luis, por Virginia,
por Emelina que siempre hablaba con las estrellas
y repasaba interminables oraciones
hasta el amanecer.

193
VI

Emelina, Virginia,
la fotografía elude transformarse
en copia exacta
y yo no he logrado retener nada
o casi nada
de los miles e importantísimos detalles
de meses y años
con tantos gestos
estratificadas las emociones
y ahora el cansancio
de internarse en el cráneo
en busca de migajas.

Virginia, Emelina
estos trazos negligentes
ejecutan demasiado bien
su tarea de desmemorizar
y yo debo rescatar del aires los sonidos
tallar en rocas gastadas por el sol
lamentarme por todas esa canciones
que no supe guardar bien.

(de Islas flotantes)

194
Postal del puerto

El filósofo González Pérez, estibador del sitio número tres,


examina con avidez imperceptible los movimientos sensuales de
la mar. Cada gota de blanca espuma ha de portar un gramo de ese
gran secreto inmensurable. El rugir de los motores de las
barcazas no le impide pensar en todos aquellos que tierra eran y
en tierra nunca se convertirán, porque corrieron un destino
innombrable de la mano de rubias diosas, mitad peces, mitad
mujeres comunes y corrientes.

(de Islas flotantes)

195
Islas del sur I

La brisa que inquieta las aguas con su risa de fantasma, los


helechos sobrepoblando cada milímetro de la ribera, el amparo
altibajo de los montes vegetales, el sonsonete claro de los
muchachos que se lanzan en piquero al abismo verde del lago.

Dios afloja la mano y ya no trabaja


los demonios borrachos descuidan el ganado.

(de Islas flotantes)

196
No nos guardes para mañana

No hay error en la cifra del tiempo


en los brazos del mar el mundo
camino quieto, vertical.

Dejemos entonces a la flecha zumbar


su filo ininterrumpido más allá de los límites.
No hay esperanza, ni temores
nada nos es más ajeno que profetizar la fisonomía
de los días que sabemos eternamente plagados
de lluvia, serenidad y pereza a montones

Acaso podamos retener este momento.

(de Islas flotantes)

197
Las puertas

Un puñado de tierra
y otro
y otro más.

Ellos me dicen:
los burlamos, abre las puertas.

Pero la tierra no para de caer

y yo lloro.

(de Islas Flotantes)

198
Comprender de pronto
el lugar más propicio de la flor
la conmemoración exacta del pétalo
que se desgaja, cae y se desvanece
en un sueño ya sin sobresaltos.

La inanición del esqueleto


el crecimiento tenaz de las uñas
sin más propósito
que rasguños imaginarios en la madera.

La flor pierde las mieles que la humectan


la carne se repliega hacia el vientre de la nada.

(de Palabras hexagonales)

199
La casa vacía como el cuerpo
provisto simplemente de fría oquedad:

manos amadas te confunden con la piedra


y en piedra esculpen un rostro: hielo, hálito y cal.

Cuerpo del que oímos hablar en la habitación:


lengua suspendida en una fracción
de tiempo y eternidad.

Estrellas en movimiento
constelaciones fijas.

El cuerpo intenta entrar en lo que queda


cuando cesa el apareamiento de los astros.

(de Palabras hexagonales)

200
Un cuerpo desmembrado es
un mosaico de piezas que tratan de hacer calzar
los amantes. La sensación cae al alma

esa abstracción sin colorear


esa palabra
que nombra lo que carece de materialidad

y lo altera todo.

Un vientre ondula como sierpe


en el reducido hiato de los ojos
que se abren para examinar, un segundo:

Los cuerpos de los amantes, el perfecto


cosmos volcánico de la sangre.

Es tan evidente que aquí


no calzan las abstracciones.

(de Palabras hexagonales)

201
Nada tiene que ver el amor con el amor
nada tiene que ver la sed con el agua que arrebata
ni la primavera con la flor que se desprende del tallo.
Son sólo ejemplos.

El amor tiene que ver con la costumbre de mirarse a los


ojos repetidas veces
el amor tiene que ver con la costumbre
de buscar en los ojos contrarios el eco de un relámpago
o palabras amables tras las máscaras estrictas del silencio.

No tienen que ver con el amor las prolongaciones del


estío
ni las hojas que se desprenden exhaustas de los árboles
ni las hojas que se aferran como gusanos de los árboles.
Es un ejemplo.

El amor tiene que ver con una casa aplastada por la lluvia
con habitaciones a oscuras y con charcos
con las tristes camisas aferradas al vacío del aire
con los chalecos sin destino empujados al fuego
con un par de ojos sofocados en su espejo.

El amor tiene que ver con la costumbre de mirarse a los


ojos repetidas veces
y atizar las llamas de los charcos repetidas veces
y alojar la lluvia en habitaciones oscuras repetidas veces.

202
El amor tiene que ver con huir de nuestras habitaciones
con fundar en el barro una nueva ciudad para guarecernos
con vestirnos en nombre del amor con una nueva
guirnalda de granizos
con detestar en nombre del amor los frutos y los árboles.

Nada tiene que ver el amor con el amor.


Nada tiene que ver el amor con las palabras que
engendra.

(de Palabras hexagonales)

203
Tendidos en la arena nos olvidamos del naufragio.
Toda la noche el pez de seda vertió a su paso su luz
iridiscente

y al amanecer
la hoz de plata siega los campos marinos separando el
rocío de la sal.

Lloran las madres y las hermanas


y las viudas amapolas del cementerio
lloran y alumbran todo con la pequeña luz del llanto.

Nosotros que extendemos las redes


como semillas sobre la pulida superficie de las aguas
nos olvidamos del naufragio
y recibimos en la orilla los buenos días del mar
y la brazada de un nadador
que arriba a la playa con una perla entre los dientes.

(de Palabras hexagonales)

204
Camino de San Juan, las huellas polvorientas nos hacen
o l v i d a r c u á n c e r c a d o s e s t a m o s p o r e l m a r. C a n c i o n e s
rancheras, conversaciones en voz alta, risas y gritos,
transforman a la micro en una fiesta ambulante. Cada tanto
descienden las familias con las provisiones para la semana:
cajas, sacos de harina, atados de leña comprados a los
contrabandistas de madera nativa. Cuesta abajo, el caserío
a p a r e c e c o m o u n a m a q u e t a e s c o l a r c u b i e r t a d e p o l vo.
Cada 24 de junio llegan por el canal cientos de pequeñas
embarcaciones adornadas con flores de plástico y estampas
del santo. Las mujeres, con los labios embadurnados de
maquillaje, se meten a la iglesia y comulgan ante el cura
que visita el pueblo una vez al año. Los restantes 364 días,
San Juan es un laberinto de pasadizos desiertos, pegado a
un cementerio que se hunde. Arribamos en la tarde,
cuando el sol se extingue y las chimeneas de las cocinas
e x p u l s a n u n e s t á t i c o h u m o n e g r o. No s o m o s d e a q u í ,
nadie nos conoce. Ningún pescador sale a recibirnos.

(de Palabras hexagonales)

205
Soy el visitante y quiero fundirme con este horizonte de
neblina que aplaca las distancias entre el cielo y el mar. Sin
embargo, más allá del escenario en el que ensayo mi
ejercicio de disolución, un joven se aventura cinco millas al
sur en busca de la merluza y estropea mi tristeza con su
temeridad. Aunque soy el visitante, maldigo a la compañía
pesquera que ha vaciado de peces este mar y ayudo a su
madre a preparar el recibimiento: una frazada, un termo
con café y los estallidos de la leña que abastece la fogata.
El muelle está desierto, pero a través de este aire neblinoso
circulan los sueños de quienes ya han perdido las fuerzas
para hacerse a la mar y guardan en su habitación los
cardúmenes abundantes de la noche: nostalgia, ira, miedo
a volverse loco, sembrando de pasos la arena. Yo soy el
visitante, y mis pequeñas ambiciones ondean como harapos
contra el cielo negro.

(de Palabras hexagonales)

206
A la luz del invierno

UN secreto nos une:


a la luz del invierno
–dicho ahora.
contra el curso
de este río transparente–
una frase se enreda
en los ojos abiertos,
para no hablar así
de algo importante
sino de cosas
que luego olvidamos,
y su revés y su fondo
–lo que en ese tiempo
recogimos al tacto–,
una especie de felicidad
con que segar el aire
emborrachados
con el alcohol liviano
del amanecer
a la luz del invierno...

No vuelvo a repetirlo.

207
DEMASIADO torpe
e ignorante,
y ahora este río
no tiene
sobre qué avanzar,
como una sombra
se agita
entre la maleza
y los insectos
nocturnos, allá
en el fondo: frías
regiones de lucidez.

HASTA el leve pulso


de una nota musical
desde el oleaje del cuerpo
–embestida fatal–
en la ribera que baña,
sin flores ni postales,
y el espacio delante de él,
los ojos puestos
a entibiar –otra nota musical–
bajo el sol del invierno
y el goce de este
pensamiento
a pesar de la duda.

208
UN poco de tinta
se cuela en las redes
de la luz, y acerca
de un falso dolor
se levanta, como un humus
profundo, una queja
que armoniza
con las pobres hierbas
del jardín, una víctima
que desconoce
–siendo paciente–
la razón exacta
de lo que se destruye
después de recordarlo.

CON poco tesón


soportar el peso
de lo que imaginé:
una balsa
contra el curso
de este río transparente
–nada tan fácil
como esta fragilidad–
en un paisaje de tenues
resplandores
para avistar,
como si todo no fuera
más que un delicado juego,
un par de ojos, dos
piedras arrojadas
contra el tiempo,
la levedad, en fin,
de un deseo
no domesticado.

209
Así, entonces,
ya no quedan fuerzas
para discernir
al uno frente al otro
y hasta la nieve se consume
con sus trazos azules
como si fuera
una llamarada
bajo un humo penitente.

Y razonar simplemente
sobre la abundancia
o la falta de rigor.

(Inédito)

210
CRISTÓBAL JOANNON
(Santiago de Chile, 1974)

Ha publicado La bicicleta y la pipa (Santiago de Chile, Express,


1996), Cuaderno (Santiago de Chile, Kalumet, 1998) y Tabula
rasa (Santiago de Chile, Tácitas, 2005). En 2003 editó Poemas
del otro, de Juan Luis Martínez (Santiago de Chile, UDP), y jun-
to a Roberto Merino produjo el CD Grabaciones (Fibra, 2005),
con registros originales de Enrique Lihn, Juan Luis Martínez y
Rodrigo Lira.

211
212
La noticia

El segundo corazón de Magdalena


va pequeño brotando en el centro mismo
de las arterias y más adentro aun
donde la mañana pajarina no se cansa.

Día tras día, al calor de la bienvenida


le espera el aliento venidero:
sonidos y colores, aire: espacio
entre el saludo y el bostezo;
le espera esta ronda, el carpintero pálido
y el último día de los niños.

Al segundo corazón de Magdalena


le ofrezco estas palabras
que cuidadosamente he lavado; le ofrezco
el secreto de contar la nueva muy temprano
golpeando las puertas de las casas.

(de La bicicleta y la pipa)

213
Otoño

Óxido en el mármol
de los jardines.
Flores de agua sucia.
Al otro lado de la ciudad
retumban las campanas.

Envejecido
llegará el invierno.

214
II

En cualquier momento
se largará el aguacero. La ropa colgada
debe ser entrada. Hoy no tengo paraguas
pero es mejor así,
caminar con el pelo estilando
y la lluvia mojando los zapatos,
mojando las huellas en su breve aparición.
Es mejor ir por ahí
con la chaqueta que abriga, con las manos
en los bolsillos entre papeles arrugados,
entre versos que el otoño ha guardado
sin que me diera cuenta.

215
III

Extrañaré la lluvia en las ventanas


si me preguntas
qué echaría de menos si partiera.
La nubes negras, el liquidámbar enrojecido
y en las calles remolinos de hojas secas.
¿Algo más? Sí, el calor de tus manos al amanecer.

(de La bicicleta y la pipa)

216
Texto

Ya que me conoces debes saber


que si no te llamo
no es porque el teléfono
siga malo –se arregló solo–
sino porque las sábanas
aún tienen tu olor
y el gato que alimentabas
maúlla de madrugada en las ventanas
que no he vuelto abrir.

(de La bicicleta y la pipa)

217
Figura humana

Como un rostro a punto de hablar


sus ojos están abiertos contra el cielo,
dilatados en el vaivén de la ahorcadura.
Mira cómo se reflejan sus pies helados
aún goteantes en el charco súbito.

Cuando vengan por él y lo desnuden


y le registren los bolsillos y lo acuesten
diles que sus manos apretaron el nudo
y que temblaron dulcemente en la caída
para repartir el pan entre los muertos.

(de Cuaderno)

218
Barcelona-Mataró

No volveré a encontrar a la mujer


que esta tarde en el tren
se ha sentado frente a mí.
Ya no veré su vestido en la ventana
ni su pelo reflejado sobre el mar.

Suele ser así: cuanto he visto por la tarde


sólo fue un puñado de latidos.
Pero hubo un instante, un rayo en la estación
cuando al bajarme rocé sus ojos
cada vez más lejos de mí.

(de Cuaderno)

219
Puedes dejarte barba

Puedes dejarte barba, tatuarte un duende


y pasar la noche al otro lado de la ciudad,
pero mientras no levantes la voz y llegues sobrio
a entierros, matrimonios y bautizos, todo está bien.

Puedes estafar a tu hermano, evadir los impuestos


que te permitan casas y jardines costeros,
pero mientras no le digas a tus padres que tu novia
no gusta de las bendiciones pontificias, todo está bien.

Puedes tirarte a tu empleada, y abortar


a la criatura en una fosa clandestina,
pero mientras aborrezcas de la izquierda y en la mesa
pidas las cosas por favor, todo está bien.

Puedes doctorarte afuera, distraerte con las finas


ilaciones del idealismo alemán,
pero mientras no te involucres con la clase media
ni con turcos ni judíos ni agitadores, todo está bien.

(de Tabula rasa)

220
Cama de soltero

Terminarás por cansarte: nadie puede


concentrarse durante tantos meses
en sus conflictos personales. Tras la culpa
y los sentimientos de inferioridad

algo puede aparecer. Recuerda cómo eran


las cosas en un comienzo: la luz de tu velador
se apagaba con las últimas estrellas
y dormir era lo mismo que suspender el juicio.

Pasabas las tardes sobre la alfombra


intentando percibir el transcurso del tiempo,
la sombra difusa de un vaso de vidrio
proyectada hasta perderse en su claridad.

Es cierto, la llave del agua quedó abierta


y ahora la humedad no se distingue
de las figuras estampadas en el papel mural,
un desorden muy parecido a tu cabeza.

Todos creímos alguna vez en los amores no perecibles:


es la hipótesis con la que funciona nuestra especie.
Hazle entender a tu corazón herido
que hasta los alimentos congelados tienen vencimiento.

Cuando al anochecer escuches el llanto


de un recién nacido, y por esa misma ventana
distingas el inestable zumbido de un televisor,
piensa que se trata de personas, eso es todo.

221
Quizás lo que esté ocurriendo ahí
sea algo así como la felicidad, quién sabe.
Pero ellos también se disparan en la boca
o toman aviones hacia ninguna parte.

Haz lo que te parezca justo, y evita


hacer de unas gotas ocasionales un vendaval.
Memoriza este viejo precepto, nada pierdes:
en la desesperación, modérate.

(de Tabula rasa)

222
Jornadas espartanas

Polvo de luz sobre los árboles tranquilos,


humaredas esparcidas por los campos
que el otoño resguarda inadvertido.

Es aquí donde quieres estar,


inmóvil entre la silla y la ventana,
mientras la tarde se disuelve suspendida
y el sueño se abandona entre los tuyos.

Te basta saber que una vida inaccesible


nace y luego muere en los confines
de un lugar que no te necesita
y que nunca preguntará por ti.

Para esas lejanías no hace falta


caminar hacia el día que se extingue.
Ellas nos visitan cuando la lluvia cae
y el cardo se renueva en la mañana.

(de Tabula rasa)

223
Abogados

Los veía pasar desde temprano,


copias exactas de sus padres.
Los esperaban grandes tareas,
sueños de caoba, plenipotenciarios
en un país lleno de indios.

Me los imaginaba en sus casas


con tres hielos y música de fondo
y la angustia perfectamente controlada.
Qué fáciles parecían sus desvelos:
educar a niños razonables,
conversar con esposas razonables.

Ese trato excesivo con la vida


estimulaba mis orgullos imperiales.
Con la frente en alto, mientras fumaba
mis lujosas colillas de señor cesante
hacía como si no escuchara los golpes
y pateaduras que se daban los vecinos.

Pero la noche me traía la calma


cuando pensaba en el fin violento
que un notario le ofreció a los suyos.
Después del postre se anotó un escopetazo
al centro de su cabeza bien peinada.

(de Tabula rasa)

224
Sesión

Yo me acuesto y me levanto temprano, doctor,


para no sentir a la tropa de alfileres bajo el pulmón.
Me refiero al del lado izquierdo y a la alfombra sucia
que nada sabe sobre el deterioro psicológico
que según entiendo padece su dueño.
O sea esta cabeza con su hemisferio interno
de modo único e irreversible
que tanto se parece a mí mismo,
a la suma de partes que mi cuerpo es.
La mujer desteje lo que teje, doctor, y pronto olvida
dañando toda infraestructura, toda comisión.
Preferiría sin embargo reposar mi cara
entre pecho y pecho para así dormitar.
Mis facultades locomotoras tienen bastante que decir
al respecto, o si no pregúntele a mi almohada.
Por eso lo que yo tengo que hacer
es memorizar la forma de ciertos nombres
que podrían auxiliarme
en caso de profunda consternación.
A veces los pensamientos son una bolsa de aire
pegada al techo en las tardes más difíciles.
Algo se vino abajo, doctor, algo subió por las escaleras
del entendimiento y ya no envía sus noticias.
Los ansiolíticos que no tomaré mientras dure
esta velada quieren hacer de mí el estropajo
de mi propio descuadramiento.
No sé de qué otra manera podría yo, doctor,
explicarle lo que ocurre en mis pantallas.
Estamos hablando de un lento derrumbe súbito.

(de Tabula rasa)

225
Duelo

Donde dice casa debe decir ruinas,


donde dice leche debe decir barro.
Cuanto esperaste ya se fue o nunca estuvo,
nadie responderá por los daños recibidos.

Pólvora mojada que tus manos apresaron,


animales carbonizados después de la tormenta.
Reprime tu delirio acumulado: su belleza no merece
ni siquiera el trato que reciben los enfermos.

Plantas que no crecieron, techos que se llovieron,


paisajes borrosos que ahora te dan la espalda
como una venganza nunca ejecutada.
Déjalo así: acepta la ceniza entre las piernas.

Tal vez no mientan quienes predican


que este mundo recién comienza.
El invierno es cada vez más débil
y los espinos anuncian su propio florecer.

(de Tabula rasa)

226
El oro y las piedras

¿Te has preguntado, Lesbia mía,


si te mereces estos versos?
Fueron escritos mientras tú dormías
en cama o corazón ajeno.

Di vueltas con las sílabas contadas


en torno a la misma idea:
Lesbia cerrará su puerta cuando Venus
ofrezca sus frutos veraniegos.

No habrá alivio, tampoco habrá rencor


por quien no supo distinguir el oro
de las piedras que el río arrastró,
partidas hasta volverse arena sucia.

Esta demora, este incendio frío


sin forma ni consuelo
invoca tu cuerpo, herida mía,
con infantil y afiebrado empeño.

Te espero y doy por perdida


esta sombra prematura entre los dedos
mientras la noche se anuncia y crece
y la aurora no revela su fulgor.

Mis pensamientos seguirán rondando


las calles y los jardines donde Lesbia
olvidó sus prendas, y sus pies descalzos
aún caminan junto a mí.

(de Tabula rasa)

227
Rosa almidonada

Tú y tu vida perfecta, todas las virtudes


se han congregado para elevar tu seriedad.
Si el paraíso te quisiera entre los suyos
un infarto ya te habría desplomado.
Pero estás aquí, entre nosotros, compartiendo
estas decepciones pasadas por agua,
este placebo que nos llevamos a la boca
en largas cucharadas dominicales.
Ángel cartesiano, tus graves propósitos ignoran
las propinas fiscales que nos desvelan,
las intimidades que nos dicta el cielo raso
para emocionar a los buitres de la corte.
Bien por ti, con tus manos siempre blancas
ya resolverás el puzzle de la rosa almidonada,
cabeceando junto a pergaminos venerables
y seniles disertaciones sobre el alma.
Zánganos sin reinas ni colmenas, fuimos destinados
a los pendones más selectos de la posteridad.
No reclamaremos si tus ladronzuelos de misa diaria
absuelven nuestras deudas numerosas.
De este mundo es poco lo que esperamos:
un nombramiento menor, un agujero señorial
adecuadamente protegido y arruinado
para perpetua observación del vacío.

(de Tabula rasa)

228
Los buenos modales

Convives con una piedra en un departamento


donde podrías cortar el humo con una hoja de papel.
Te han prohibido encender la luz, pensar
te es difícil, ni hablar de tus aleteos verbales,

esos contenidos que parecen una ensalada de dientes


mascando una alfombra incorregible.
Haces lo posible por evitar la congelación anímica.
Mantienes los buenos modales, la línea de flotación.

Preguntas por una farmacia, apenas te alcanza


la energía para hojear un libro de crecimiento personal.
Quién iba a decirlo, te disponías a escribir con una pluma
de faisán un soneto que no superó la segunda línea:

amor, aunque todos los aviones se cayeran,


aunque todos los barcos se hundieran mar adentro.

(de Tabula rasa)

229
Playas

Playas, el lado humano de las playas. Radiaciones


cancerígenas que los deportistas absorben al mediodía.
Sal, cremas humectantes sobre las espaldas.

Perros falderos dan la mano con indiferencia


y a la cuenta de tres brincan y se agitan
emitiendo ladridos que reconfortan a sus amos.

Alguien te explica la importancia de los cetáceos


mientras observas un conjunto de palmeras.
¿Has descartado ya una pensión por invalidez?

Piensa en los chanchos con parca que este invierno


caminarán junto a la orilla. Es gente ordenada, fiel
a lo que ha conseguido con su esfuerzo.

En buses climatizados se los llevarán, sin riesgos,


cuando la noche congele un nuevo atardecer.
En cubos de tabique se alimentarán de carbohidratos.

Lanchas y lanchones pasean por la bahía, carnes blancas


se calcinan al ritmo de su entrenador personal: un mono
que podría zapatear sobre las brasas de tu conciencia.

Playas, tensión por submarino chino en aguas japonesas.


Ellos dejarán caer una bomba sobre nuestras casas,
en llamas correremos buscando agua. Ya lo sabes.

230
Habrá que superar dichos eventos inoportunos, y oír
a los consultores internacionales cuyas delegaciones
conocen métodos para aliviar los abusos en tiempos de paz.

(Inédito)

231
232
ADÁN MÉNDEZ
(Concepción, 1967)

Estudió filosofía. En 1992 publicó Antología Precipitada (Santiago de


Chile, Planeta), Premio «Revista de Libros» de El Mercurio del mismo
año. En 1996 traduce Visión de la poesía brasileña de Thiago de
Melo, y en 2000 dirige junto a Jorge Torres la revista Pluvial. En
2005 publica Te amo y te odio, antología de la poesía erótica de
Armando Uribe (Santiago de Chile, Ediciones Universidad Diego
Portales), y Bar abierto, antología de Hernán Miranda (Santiago
de Chile, Tácitas). Actualmente dirige Ediciones Tácitas.

233
234
Nuestra ciencia paradigmática

Luego de varios años de ignorancia cosmológica


no muchos
pero se hicieron largos
hoy día estamos más o menos como al principio
el universo es un huevo
hay principio y hay fin
todo va a desaparecer
(peor que antes, como abajo detallaremos
porque no hay siquiera un par de tortugas que sostenga el huevo)

El meollo del asunto es la partícula subatómica


a la que no veo que lleguemos a imaginarnos
esa no es la idea del colegio
nos imaginamos algo muy chico
pero algo chico es un ratón
un pájaro, un cerro chico
un piojo por último
algo chico es algo que se compara con algo
una partícula subatómica no tiene comparación
ese pedazo de nada lo trastorna todo

Porque hasta el átomo el Renacimiento era posible


la Ilustración
el Socialismo era posible
la democracia de libre mercado era posible
el socialismo de libre mercado era posible
el amor a la sabiduría era posible
y también era posible estar loco
con la partícula subatómica es distinto
los más inteligentes se hicieron católicos de nuevo

235
pero en general a la mayoría les quedó la zorra
el universo prácticamente se creó ex-nihilo
ni siquiera era una partícula
y de repente dicen que explotó
(y ‘de repente’ está mal dicho, porque tiempo tampoco había)
así no más, de repente dicen
y que hasta se escucha todavía
que lo tienen grabado y todo
una tremenda explosión
¿de qué? de algo que ni siquiera era una partícula
y ahí están los planetas y soles
las tremendas distancias entre unos y otros
el agua que es hielo, nieve y nube
(cuando no escarcha, o granizo, garuga, etc)
ahí está la flor que deja su néctar al insecto
y de contrabando le llena las patas de polen
ahí la micro que dobla la esquina y atropella un cabro chico

Todo ex-nihilo
hasta el tiempo y el espacio mismos
(idea contra la cual Newton luchó toda su vida)

Y la teoría dice que después de la expansión


el universo se aprieta de nuevo
y ni el tiempo queda
o sea que volvemos a la teoría de la creación y el juicio final
pero sin edén, sin árbol, culebra ni manzana
sin caída, sin un cristo que nos salve
sin ángeles con trompetas ni muertos levantándose por todas partes
ni las estrellas cayendo como nieve
y deshaciéndose poco antes de llegar a tierra
según un sueño que tuve hace varios años
(otra vez soñé que llovían neumáticos)

236
Y también sin que ni remotamente un solo ser viviente
pueda presenciar el fin del universo
con lo importante que éste ha sido
para la religión, la poesía, la ciencia
y la filosofía de todos los tiempos

Esta idea tan estilizada


al igual que su dramática versión antigua
impregna de irrealidad cuanto pongamos a tiro de los sentidos
díganme que no
Yo siento que nos deja un vacío caballo
incluso cuando parecemos más lejos de su aniquiladora influencia:
borrachos pasados mirando un techo sin saber de qué casa
o en medio de un partido importante
o en medio de un acto sexual nos arrebata
(A mí por ejemplo casi siempre que veo la lagartija
casi siempre que corre, se detiene
levanta entrecortadamente la cabeza, y sigue corriendo)

Tantas cosas que hay y que vinieron de una que ni siquiera era cosa
qué seremos en este universo que más parece una chispa
frutos del encuentro casual de un espermio y un óvulo
en una trompa de falopio
parecemos chiste surrealista
sólo para morir hemos nacido
sin el consuelo de dejar rastro en el mundo
porque no habrá mundo en que dejarlo

Porque antes uno podía abrir los ojos y decir


nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar que es el morir
y esto era penoso claro, pero edificante
una ducha helada espiritual
Y aún antes, como sugería más arriba
uno podía preguntar por lo que sostenía el universo
“dos tortugas” te decían

237
y quedaba tranquilo uno
porque las tortugas son animales muy pacíficos
Pero ahora no sólo no caben las tortugas
sino que en el fondo en el fondo no hay vidas
no hay ríos, no hay mar
ahora en el fondo no hay quién escriba este poema
ni tampoco quién lo lea
A lo mejor del oriente venga una respuesta, no sé
En todo caso, dicen los superficiales eternos
no hay que preocuparse todavía
porque recién nos estamos expandiendo

(de Antología precipitada)

238
La mujer me internó entonces en un largo y espeso bosque
Yo más o menos sospechaba a lo que iba
así que fui dejando caer migajas mientras andábamos
Y desde que me abandonó he esperado no sé cuánto tiempo
pero los pájaros no han querido comerlas
Así que voy a tener que volver parece

(de Antología Precipitada)

239
1842

Hemos logrado finalmente


un movimiento literario
Pero su trascendencia será poca

Es seguro también
que luego tendremos
un movimiento político
Interesante, por supuesto
pero en ningún caso definitivo

Sin embargo un día tendremos


un movimiento militar
y ese sí
ese tendrá la máxima importancia

(de Fragmentos completos, inédito)

240
Al-Muffaddal Al-Dabbi / 786 DC

compuso una excelente antología


confiable como pocas
con 130 qásidas
de primerísima categoría

Y además en su prólogo:

De palabras difíciles no sé
Y menos de los sentidos
de las interpretaciones
o explicaciones de la poesía

(de Fragmentos completos, inédito)

241
Aquí Méndez,
aquí mismo
nos dimos en gusto y fuimos libres
Decisión apenas meditada,
con algo o mucho de automática
a pesar que en ella orbitamos todavía

Pero quererlo no puedo quererlo a este lugar


porque debiera estar repleto de fantasmas
Por lo menos, como mínimo,
aquí debiera penar José Saavedra
Aquí debiera penar yo incluso
Y no como ahora, fuera de mí,
sino infinitamente dentro de mí

Pero la purga fue completa, total, bien hecha,


al punto de tocarnos a cada uno,
y barrernos de nosotros mismos

Pese a ello invito a quien recorra estos lugares


a buscar ciertas huellas en los prados,
impalpables ya, seguramente

y voces,
que andarán en sus últimos rebotes por los muros
con todo ese lenguaje exagerado
y estas alturas ya inaudible

(de Fragmentos completos, inédito)

242
Axí com cell qui·n lo somni ·s delita

Igual que aquel que en sueños se deleita


y su placer lo funda en el delirio,
así me pasa: que el pasado ocupa
mi fantasía, y otro bien no encuentra.
Siento que está al acecho mi dolor,
sé sin duda que caeré en sus manos.
El porvenir no puede darme nada-
aquel pasado es lo mejor en mí.

El presente en nada me enamora,


sino el pasado, que acabó y no es nada.
Me sosiega y deleita este pensar,
pero al perderlo mi dolor repuja,
como el que estando a muerte sentenciado
hace tiempo que lo sabe y se resigna,
y le hacen creer en un indulto,
y se olvidan de todo y le dan muerte.

Ojalá que mi mente hubiese muerto


y que en dormir la vida se me fuera.
Mal vive quien su pensamiento tiene
por enemigo, hablándole de penas,
y cuando quiere algún placer brindarle
es igual que la madre con su niño,
que si en llanto veneno solicita
es insensata al punto de otorgarlo.

Mejor fuera el dolor sufrir tan sólo,


sin esta poca parte de placer
que entre ese mal me impide saber cómo

243
el pasado placer debo dejar.
Ay, en dolor se vuelve mi deleite,
se dobla el afán, tras breve reposo,
como el enfermo al permitirse un gusto
nutre con sufrimiento su comer;

o el ermitaño, que no añora más


a los amigos que en el mundo tuvo,
por largos años fuera del poblado,
y la fortuna trae alguno de ellos
que le renueva las viejas alegrías
y al pasado en presente le transforma;
y al marcharse, por fuerza se acongoja:
cuando huye el bien, al mal con gritos llama.

Sensata en todo, si es muy viejo amor,


ausencia es el gusano que lo roe,
cuando dura firmeza no se opone-
ni hace caso, cuando habla el envidioso

(de Fragmentos completos, inédito)

244
Conocer el sabor del mar era fácil
En Chile sobre todo, era pan comido
Qué había que hacer
darle la espalda a la cordillera no más
y luego caminar algunos días

Y una vez en la orilla qué se hacía


Llegaba uno, sumergía un dedo
y le probaba el gusto al agua

Con eso se sabía todo:


el sabor del agua en los siete mares

(de Fragmentos completos, inédito)

245
El poeta paradójico chileno

no logra concluir su antología


en que antologa a todos sus congéneres
que nunca se antologan a sí mismos

(de Fragmentos completos, inédito)

246
FLAVIO, esa dicha que tienes, con Cátulo,
si no fuera grosera y antiestética,
compartirías, nunca podrías callarla.
Pero alguna putita febril te está gustando
porque la vergüenza te impide hablar.
Que ya tus noches dejaron de ser viudas
inútilmente en silencio tu cama lo grita:
ese olor a perfume y flores
y las almohadas, sobadas las dos como están,
y los chirridos del catre que tiembla
y todo ese ir y venir y el hablar desquiciado.
Qué sacas con callar tu infamia.
Para qué?
Ese aspecto fatal no lo tendrías:
es producto de alguna torpeza.
Entonces cuéntame,
yo con mis versos pondré por las nubes tu amor.

(de Fragmentos completos, inédito)

247
Garrincha falleció alcoholizado entero
lo mismo que Vinicius de Moraes y Teillier.
Algo tendrá el alcohol si a hombres de tanto ser
en la vida y la muerte los contuvo en su alero.

Raymond Carver en cambio abandonó el beber


lo cual decía ser su orgullo más sincero-
Hablando como se habla, con temblor no somero,
De amante que dejar o rival que romper.

Yo si bien chico bebo como los grandes, pero


ya del beber o no ninguna cosa espero.
No hay dónde ganar, tan sólo en qué perder

si en lo uno y lo otro me siento prisionero.


Lo mismo que en huir y en ir a la mujer:
Mi amante, mi rival, mi alcohol verdadero.

(de Fragmentos completos, inédito)

248
Io son si vaga della mia belleza

A tal punto me ufana mi belleza


que nunca en otro amor
me ocuparé, ni pienso querer otro
Encuentro en ella, siempre, ante el espejo,
el placer que a la inteligencia alegra
Ni ideas viejas ni ocurrencias nuevas
de tan caro placer podrán privarme
Porque cuál otro objeto placentero
encontraré jamás
que coloque en mi pecho otro deseo?
Este bien nunca escapa, cuando quiera
lo miro nuevamente y me consuelo
Sale, incluso, al encuentro de mi dicha,
de manera tan dulce, que palabras
no le encuentro, ni otro mortal
jamás las entendiera
que en enseguida no ardiera de deseo
Y yo, que cada vez me enciendo más
cuanto más a mis ojos fijo en ello
toda me doy a él, toda me entrego
solazada en aquello que promete
Y mayor goce todavía espero,
cual nunca semejante
el deseo ha podido hacer sentir

(de Fragmentos completos, inédito)

249
It’s old Lévy

Ezra Pound, The cantos, XX

Y ese año partí a Friburgo


Y Rennert había dicho: Nadie, pero nadie
tiene idea de provenzal, o si alguien la tiene
será el viejo Lévy

De modo que partí a Friburgo


Y las vacaciones recién empezaban
Los estudiantes libres por el verano
Freiburg im Breisgau,
Y todo ordenado, se veía ordenado, viniendo de Italia

Y me encontré con el viejo Lévy, y eran como las 6:30


de la tarde, y él cruzó medio Friburgo
antes de comer, por ver dos pedazos manuscrito
El settant’uno R superiore de Arnaut (Ambrosiana)
No porque yo pudiera cantárselos
Y dijo “Bueno, si puedo ayudagle en algo”
y yo dije “No sé, o sea, Sr.
Sí, Profesor, qué querían decir con noigandres?”
Y él dijo “Noigandres! NOIgandres!
Sabe Ud. pog seis meses de mi vida
antes de acostagme toda noche me decía yo mismo
Noigandres, NOIgandres,
bueno qué MIEGDA quiege decir eso!”

(de Fragmentos completos, inédito)

250
Segundos sonetos comprimidos

primera

Corazón de chiflichafla
más de alguno te dirá
lo pensara un par de veces
pondría la marcha atrás

Se paró la bandurria
en el ciruelo
me acordé de ti misma
me puse lelo

me puse lelo ay lola


pensando en cuántos
cuandos y dondes fueron
no fueron tantos

Se me seque el hocico
si te critico

segunda

Tanta pena que me diste


y tanto leso sufrir
en cambio reírnos tanto
en cuanto te conocí

Más sufrieron los negros


con Duvalier

251
Más sufrieron los rojos
con Pinochet

Con Pinochet ay sí
yo te comparo
Fuera deso no te hallo
ningún reparo

Te mató tu ternura
la dictadura

tercera

Te quise pero no quiero


caerme por tu pendiente
aguantar tu descariño
ni escucharte cuando mientes

Tu personalidad
no es consistente
Yo ya no seré más
quien la sustente

Quien la sustente, sí
tu tomatera
donde quieres pasarte
la vida entera

-Esta es pará de carro


de qué me agarro

(en Gutiérrez)

252
qué planeta terrible el de los celos

pura materia oscura


sus tres núcleos, su manto y su corteza

con esta gravedad insuperable


que todo distorsiona

que incluso a las miradas que se elevan


las vuelca contra el suelo

un cielo falto de aire

horadado jamás por las estrellas

ignorante del sol

(de Fragmentos completos, inédito)

253
Solau do Mario Quintana

Sra, yo os amo tanto


que incluso vuestro marido
me provoca algún quebranto

Y por qué no abarcaría


un mismo abrasante amor
cuanto cubre el resplandor
de aquella a quien se ama tanto?

Y puesto que así sucede


no me culpéis por favor
de esta llama en que se abrasa
el nombre de vuestra calle
vuestra gente, vuestra casa

Vuestro cactus trepador


que ayer noche dio una flor

(de Fragmentos completos, inédito)

254
...the Tale of the Honest Sailor...

Ezra Pound, The cantos, XII

Era un marino pobre pero honrado


mochero, putamadre como él solo
escandaloso y seco para el trago
Y al final lo dejó en la posta el trago
Y no les quedó otra que operarlo
Y en la maternidad a todo esto
tenía su guagua una puta pobre
Y apenas que el marino vuelve en sí
le viene con la guagua y se la muestran
Mira qué te sacamos le dijeron
Y él se quedó mirando el crío
Y se mejoró y dejó el trago
Y pudiendo embarcarse se embarcó
Y todo su sueldo empezó a juntarlo
Y después lo fue invirtiendo en el barco
Hasta que en determinado momento fue suya la mitad del barco
Y después el barco entero
Y a los años tuvo su propia flota
Y educó al crío
A la universidad lo mandó incluso
Y en esto que el marino cae en cama
desahuciado por todos los doctores
Y el hijo se allegó a su catre
Y el viejo marino le dijo perdone mijo
Yo no doy más ya
Ojalá pudiera estar más contigo
y enseñarte mejor lo del negocio
Pero papá
No hablemos más de mí que yo estoy bien

255
Tú eres el que ahora me preocupa
Mira mijo has tocado el punto
Papá me has dicho siempre y no lo soy
Yo no soy tu padre soy tu madre
Tu padre fue un comerciante podrido en plata
que conocí una vez en Estambul

(de Fragmentos completos, inédito)

256
Una vez le preguntaron a Toynbee
que cuáles vendrían siendo los países del futuro
China o Japón, respondió el historiador
Brasil o México agregó enseguida

Y Chile

Inexplicablemente dijo Chile

(de Fragmentos completos, inédito)

257
258
PEDRO MONTEALEGRE
(Santiago de Chile, 1975)

Ha publicado Santos subrogantes (Valdivia, Universidad Austral,


1999) y La palabra rabia (Valencia, Denes, 2005), libro con el
cual obtuvo el premio del IV Certamen de poesía César Simón.
En 1996 fue premiado con el segundo lugar, mención poesía, en
el Primer Concurso de Literatura Pablo Neruda, del centro cul-
tural homónimo, en la ciudad de Valdivia. En 1998 le es conce-
dida la medalla Fernando Santiván, de la Universidad Austral de
Chile, por logros artísticos. En 1999 obtiene el primer y tercer
lugar en el Segundo Concurso Universitario de Poesía Navegan-
do entre Versos, de la misma universidad y el hogar estudiantil
Huachocopihue. El año 2000 es galardonado con el segundo
lugar en el Primer Concurso Nacional de Poesía Joven Enrique
Lihn.

259
260
Salmo suicida

Lanza al aire tus esferas del escándalo. Se ríe de sí mismo cuando explotan
en la nada y se vuelven nueces o pájaros nocturnos. Sus ojos ladran como
un perro enfermo; sus manos son dos hechiceros sobre el fuego; su voz no
existe; su cuerpo repta como un galápago a la espuma. Helo aquí,
saltando hacia la hoguera: hierve su saliva como un pez sobre el salar;
cruje su diafragma con sonido de viento. El arlequín, el arlequín está
abierto. Aún sonríe, de cara al polvo, entre tus esferas apagadas.

(de Santos Subrogantes)

261
Los posesos

... A Quercipinion

No es malicia
que luzcamos placentas al salir de la misa
mientras adúlteros y extasiados
lamemos los cirios del último sacrificio
Es delicia
que desde el fondo de la lápida
en la pared más oscura de la iglesia
abramos las piernas a los demonios
y clavemos entre ellas la cruz.

(de Santos Subrogantes)

262
Penitencia

Caigo
de cara en tu charco
Mis rezos son musgos flotantes
que miras extasiado desde el cielo
Retorno de rodillas a la urbe que me diste
Me vuelvo estaca, poste de luz, no puedo conmigo
y me das la cojera. No me mendigo a mí mismo
para encontrarte entre todos los cartones
Quizás si me invitas cerveza
hablemos de gloria y redención
Cuando esté borracho convénceme de lo que quieras.

(de Santos Subrogantes)

263
El mismo cóndor: mi entraña en su pico. El mito escribiéndolo –me lo dicta el hado. Respirar. Aspirar.
La mutabilidad de la roca, cuando sube, por los siglos, hasta volverse efímera. Husmeándola, siempre,
no digo tu rabia: la vanidad, esa niña –los pastos, allí, en la formación de un útero, girasoles silvestres
no nombrados aún– aquella hija, en su páramo, liberada de la rabia, no aprehendiendo el anatema
–comunión o hastío– de la burla. Esbozar –no un croquis– la vergüenza: mojarse los pies
en el reflejo del mundo. No habitar más casa: una rosa y su espina. He allí, mi patria. Amapola, la tuya:
recordar la grosella –transparencia: hallar su amargura en la boca– un signo perfecto ¿o acaso era infancia?
Ya dormíamos: el sueño de un mastín amarrado –arrastraba su perrera cuando el mal escindía.
La arija del caleidoscopio resulta sospechosa: también, cuestionable, el abuso de síntesis. Si quiero roer
la conformidad, el consenso –la morada de un príncipe– necesario es atar un cometa a los dedos,
necesario raspar: el élitro –el sol– elevándose a superficie. El cerro de Apolo en la extensión de la mano:
cambiar la respuesta, el solo –observa pasar un entierro– tener fe en ese niño, su compañero invisible
soplando las hebras. Evidencia malsana: vínculo –unas viejas: lo cortan con el filo con que se pelan gallinas–
el salino plumón de la ciudad. El bosque. Es mentira el verde. El sueño era sí. El signo –lo espeso–
fue tinta de fábula. Ya no recuerdas la humedad de los párrafos. Te enredabas en ellos –una zarza maligna,
echando gritos– el cielo, el jilguero a la entrada. Fusión –confusión– de ese cóndor de espuma
comiéndome el hígado: así versa el mito. A él estoy destinado. Merecer la sordera entre pastos –recuerdo–
la anestesia: pasar. Ser imagen. La sombra. Anulación y método, filtro de periódicos, potencia de almizcle.
Lo que llamamos información o cantidad de desorden. No se extrañe alguno: esta palabra es lánguida.
No se extrañe el discípulo: la verdad es rocío en las pestañas del caballo. Siempre helechos y líquenes.
Mi geografía es tuya: latitud o poder. Amarte lo mismo, el calígrafo el trazo. La geométrica finalidad
del decir: reconocer –la bondad de– un Dios, la simple existencia del contenedor de basura. Negar la basura
por existir una rosa: negar la espina, la existencia de Dios. Regresar al punto en que el punto se multiplica
para transformarse en aroma ¿pero y su faz?, ¿y el viento? Soy un modo de viento, pequeña galaxia
cuyo centro eres tú ¿Qué te impide colisionar contra un astro, cercano, y aún así más visible?
Yo quiero, contigo, ahogar en el nardo la mercancía: lo tuyo y lo mío. Lo de él. El ojo de fuego
del carnero dorado. El banquero más bello, la anciana de sangre –cegada por la magia, ese áspid de menta–
la carnicería, los muertos, hallados bajo nieve –creyeron el cambio– una foto de mujer,
blanco y negro, amarrada a la estrella muy sola –en esquinas nacida, la escoba no alcanza
y es cubierta con polvo. Su rebelión contra ella. No así estas imágenes, recuerdo de ti, chiquillo sin padre,
que te crees niña: trasgresión de lenguaje, sin corte ni género. Ni siquiera un punto, siempre hacia atrás

264
por la nebulosa, la calle: naturaleza consensuada. Esto es y no es. Velo, teúrgo, el parásito de plata,
dejando la cicatriz, nimia letra, diamante para procrear un genio He perdido, a veces. Acecho por cada
hoja caída en la acera, por cada ciego que vende lotería bajo el farol. El dedo del niño
en el tomacorriente prohibido, visión y fruto del chispazo. Un Prometeo de todos y la muerte de uno.

265
Hay uno en la muerte parecido a mí. Ésas son sus huellas, el papel mojado de las horas.
Éstos, sus dedos quemados con grafito, un lápiz insostenible. Aquellas libélulas,
la fugacidad de los ojos –porque el mal: un ojo. Más grande. Nadando– y la pecera es pecho.
¿Quién eres tú, ciudadano impuro? Una hoja en el lapso de sostenerse en el aire.
Seguro, más brava y más hombre que yo. Contienes un pulso, tinta y hiel –desborda una copa–
¿no se llama cabeza? Tres veces te vi, sujetando mi sueño –el agua, igual, con la punta del iceberg–
tres veces dijiste tu nombre: Inasible. El sonido de la madera, la brisa no brisa:
un puñal penetrando. Tuve miedo –me tuviste– ahora, yo temo: he perdido la jugada.
Regresar por borde, el filo de la luz ¿Quién eres tú, ciudadano impuro, hermoso como un grillo
atravesado con la córnea? Han huido calles de mí. Declararme en la guerra. Doble y paralelo,
la oposición. La vida: ese hombre y yo mismo. Adolescente ¿yo? Tocaba los órganos
escondidos de la gaviota. Muchacho disparaba sobre otro. Era yo. Redondez de su rabia.
Injusticia del vínculo. Hay uno en la muerte parecido a mí. Parábola de matemático,
por mí, no borrada ¿No te gusta la frase estrujada, este paño? El secreto de la logia,
el hermafrodito y yo. El Uroboro y yo. Yo me llamo María: con fotografías en sepia
degrado a mi hijo. La tinta se corre. Comprende la sinapsis, hijo de Chile: la tenaza
del cangrejo apretando el pezón de la ondina. La ternura se entiende. Pero soñando y en aquello
sin tinte de noche, siempre rompo cosas: la alcancía del niño, la dentadura de oro;
la chimenea fabril –hay que ventilar el aire– la plusvalía, los juegos de azar; los hombres
que marcan a otros. Un código binario. Siempre rompo algo: las cosas, desde sus átomos,
asumen movimiento: lo que forma y destruye. Tres veces te vi: hablabas con blancura
de espuma abisal. Tenías la gracia de escribir trabalenguas. Recordabas la furia.
El proceso del maestre. Mi dialéctica de desposeído, tinta de pulpo y no gota de sangre.
Mi voz no tocando la generalidad del Otro. La singularidad del Otro. La colectividad del Otro.
Seguramente tú eres más bravo que yo. Lo sabes: del vestido no se crea un cuerpo:
Hermafrodito era yo. Hombre y mujer, Tiresias despierto, con un vientre capaz
de sostener una estrella. Nunca fuimos remedio para la tos ni para el mundo. Yo quería el arma,
la contra-palabra y el balbuceo. El recién nacido pronuncia la fuerza centrífuga.
Pero habitaba un cuarto de 3 metros por 2: afuera, pasabas y no fuiste distinto. La lluvia caía
como pueblos han caído ¿Qué eres tú?, ¿qué te llevas? Ciudadano mío, tan iguales a la muerte.

266
He escrito la rabia –son poemas de hilo– y todo permanece, su pequeña muerte encima:
el árbol petrificado, la huella de un fusil, mancha en medio de círculos, no de agua, no carne.
El pájaro en el momento que es captado: y sin vista. Persistente en su figura. Y no habrá trasgresión.
No habrá trasgresión: no un niño cayéndose. Su rotura es bolsillo. No tú descendiendo
del tronco del coigüe –el gorrión de tu infancia dejó un polluelo muerto. La memoria anestesia
la geometría de la avispa. La memoria se fabrica con leche cortada. He escrito su caída:
termino hablando de mí mismo o termino hablando con Dios. Si yo trazara una letra
en el preciso momento: si es pensada es trazada. La drosera del mundo –lo que sabemos de mundo:
animalia, vegetabilia, mineralia: especulum. Artisque imago. Entre otros: el universo
de Robert Fludd. El ángel urbano: una mancha y no odiosa. Metatrón y su lira. Esplendor más allá
de la transeúnte ceniza adherida a su ala. Entonces: el niño, a punto de huir, jugando –o su sombra–
al trompo, la cabeza, no regresando a él mismo. La mujer lapidada con una estrella abisal.
El obrero, sin lucha, entre la sintaxis del miedo. Ciudadanos y ciudadanas, neoprén de factoría,
el mendigo –su anonimato– al interior del contenedor, la cuenca de un muerto: si hay comida hay alma.
El poema no colma. El poema no colma. Y yo sigo aquí, en la comodidad de la magia: la visión de los astros
al dibujar en el cielo las coordenadas del grito. He escrito sobre ti, sinuoso pez de la hora,
que te escapas de mi mano para hundirte en el sol. Tentación primordial: A quién le importa
cuánto sufra Usted. He escrito sobre ti, pequeño Dios de la semilla, y de ti, Demonio,
al interior de mis uñas. He escrito la rabia, su claridad baldía. Y no se trataba de mí. No se trataba de mí.

267
No sabes gritar –crees que no sabes, pero respiras bajo el agua y su branquia: ¿este texto?–
contra lo que ignoras y te ata. Contra lo que crees herido con la triple uña del escarabajo,
lo que llamamos hoy sencillamente discurso –verdor, tersura de ala ¿pero de bicho?– Ay,
no sabes corromperlo y te obliga a desvestirte: es la misma lentitud que para vestirte. Pasan
los astros uno a uno, trazando su matemática –su humedad– en el cielo. Pasan los hijos
de la mano de sus madres. El lazo que los une es una línea de plata. El lazo que me une
a ellos es voz: no digo algo entendible, resaltar una presencia, como un grillo con música.
Pasan las abuelas con la noche encima. La negrura de sus ropas ¿No hay otra explicación?
Esta gente no grita, apenas respirando bajo la bota: el tiempo, la bellota caída
pero atrapada en un lapso: desprenderse de la rama: enterrarse en el suelo. Este poema no sabe
gritar –o cree que no sabe callar. Especula: es lo mismo– contra la corona de un rey.
Su emulsión de hombre, una moneda al rojo sobre la frente. Digo: un fermento: un caracol
encantado con el sonido del caparazón cuando lo pisan. El gusano de Blake perdona al arado
que lo parte en dos. La rueda de la fortuna. Un perro y un mono sujetando a la Esfinge.
No bastan ejemplos para ti, que despiertas. Una aguja de hielo atravesándote el tímpano.
El sonido de una gota sobre la cabeza es mortal. Te quedas encogido en la misma cuneta,
sin otra transparencia: reconocerte mendigo. No sabes gritar contra lo que ignoras y te ata,
siempre empeñado en ir y venir, en regresar a su nacimiento. Esa luz artificial
que busca la sombra bajo tu dirección uniforme. Y el ojo de la belleza, cerrado y moviéndose.

268
Te quedabas tú con tu propia poesía y no decía algo: pasaba la demostración
de lo vacío –o un sueño– y no decía algo. Afuera llovía no con fuerza sino hambre.

(selección de Animal esquivo, inédito)

269
Un vaso de palabra

No son saladas: no tienen la lágrima de un pez sobre el cuchillo: el sabor de una axila
cuando el sol se fracciona con el mismo filo del pez. Y la rabia exaspera. Y el dolor de verse
enterrado sobre el fango, más entorpece que la adormidera sobre un niño.
No saladas las heridas. El musgo sobre la palma del negado. Latiendo. La culpa es crujir

–desde hoy– tu gramática: pincharte la vena, hundir un dedo en el agua. Entorpecer. Exasperar.
Lleno de polen, no dirás a los artistas que se trata de pólvora. Si tienes que escoger:
ponte un clavo ahí, en el labio inferior: no espantes a los ángeles posados en él.
Ahorra el ataque. La noche de sal desfilando en los desaparecidos: ese transcurso, de seguro,

más puro que el silbido de una bala. Su música. Llenarte del vino –te desborda de adentro–
mientras hacia el exterior, en la tierra, caen más y más. No saladas las calles
trazadas con sangre de quien ha sido esclavo. Allí la adormidera en donde hubo un niño,
el discurso del tráfico sobre el ojo paseante: consumirse uno mismo en la factura de ver.

O quedarse ciego ante la ceguera: y reír –con una mano adelante y una atrás– aún creyendo
que un poema basta para ganar oxígeno. Para que un muerto hable en lugar de la palabra.

(de Animal esquivo)

270
Un vaso mutable

Rompías los papeles con el mismo impulso: la víbora real rompiendo su piel con otra piel que nace.
El mismo impulso: longevidad del decir –su cambio de ropa– longevidad del reconocer:
la ciudad es un niño –hoy llora despacio– un anónimo reconociéndose en otro anónimo: el brillo.
Esta víbora milenaria llamada tradición: podría llamarse enfermedad y muerte. Estas calles blandas,

al otro lado de ti, tienen la sinuosidad de los meandros más rojos: la sangre vuelta pájaro.
Desorden de plumas no importa al huir, no importa, si quiera, ser despierta escritura. Te llaman escritura.
Pero la víbora entiende el secreto jeroglífico llamado poder, llamado proceder, ojo único de cíclope
más allá de la vanidad de ser uno más otro: más otro, pero nadie. Rompías los papeles,

la dignidad de quien rompe una plumilla de cardo. Chicos y chicas –besándose en las discotecas–
tenían el esplendor de este mismo poema. Se trata de papeles. Se trata de creer y se trata de crear: libertad
es dividir esas cifras con barro. Libertad es multiplicar ese barro por hombre.
Hombres, ofidios, en la orgía de la hora. Romper los papeles como romper el aire.

(de Animal Esquivo, inédito)

271
272
ENOC MUÑOZ
(Curepto, 1970)

Estudió Filosofía en la Universidad Católica de Valparaíso. Ha


publicado los libros de poemas Un hombre deshabitado
(Caligrafiazul, Santiago de Chile, 1991), Siluetas en la hierba
(Caligrafiazul, Santiago de Chile, 1992), Pájaros lágrimas
(Valparaíso, Bogabantes, 1996), Llegar y laberinto (Santiago de
Chile, La calabaza del diablo, 1997), El jardín del mirlo (Santia-
go de Chile, La calabaza del diablo, 2002). En 2003 publica el
volumen de ensayo Hacia un pensamiento del afuera. Aproxima-
ción al pensamiento del joven Levinas, (Santiago de Chile, Uni-
versidad Arcis /Cuarto Propio).

273
274
Génesis

Comencé como un doble. Negando y negado, al renacer tanto higo


y no madera de su árbol, la cerveza y no cebada de una espiga, una sola,
y el alma en almácigos con la voz de mi mortal, con el pie de mi inmortal,
con el agua por delante: una fuente en el mundo y dios todo para mi sed.
Comencé las ilíadas sin parte, ni linaje.
Así me despedían: blanco entre las sábanas colgadas al aire
y hambriento por la forma, la verdad de un leño ardiendo: un fénix
con su pico atragantado de cenizas. Yo el funesto de los ojos
arrugados como vientres. La mancha sin causa en la madera fosilizada:
tu huella, la mía, formando un mosaico. Un vitral que consagra
tu memoria a una imagen. La nave de un templo que guarda los deudos:
mi cirio goteando tu poco de muerte.

(de El hijo de todos, inédito)

275
Llueve

Esperar que deje de llover


Sin saber para qué
Tampoco saber para qué llueve

Acercarse al brasero
y ver
en la pregunta de siempre
un pájaro pasar en su fantasma

Acercarse a la ventana
y creer que algo hay
al otro lado de la lluvia

Y cuando ha dejado de llover


jamás saber
por qué teníamos tanta prisa

(de Pájaros lágrimas)

276
El mismo punto

Quizás
qué divagante danza
torbellina y nos pone el sol en los ojos
sin que podamos encajar nuestra sombra
por no tener
en qué perder el alma

Quizás quién azotó


para siempre
las cuerdas de esta vuelta entera
Y así
girásemos y girásemos
colgando del vértigo de una golondrina

Quizás por qué


esta lágrima de miedo
que circula de mirada en mirada
Esta sed que nos abre
sin borrarnos las formas de la ceguera

(de Pájaros lágrimas)

277
Trazo invisible

Morirse
con la palabra muerte entre los labios
para que no haya preguntas inútiles
Con los ojos fijos
sin donde
Sin partida ni llegada

Que no vengan
pájaros ni pajarracos
a descifrar el último vaho
que ha quedado en la ventana
Ni la última sonrisa
por la que entró el cielo

Que no vengan
los despalabrados
a extraer dos mariposas de los ojos
y una flor de la boca
Que todo símbolo
es tardío a la destrucción

Y ya ni siquiera busquen
la palabra muerta entre los labios
Que no habrá equilibrio
que sostenga
polvo ni temblor alguno
Sólo caerán babas
y más babas la transparencia.

(de Pájaros lágrimas)

278
Confróntese con la Sospecha

Demasiada escritura
por debajo de la escritura
Como si alguna vez
nos asomásemos
en este forcejeo de visiones
Cuando tan solo andando
Nunca después
Aunque a veces se camine a pedazos
Pedazos de amor o de río
“AI cabo, al fin, por último”
en su primera redacción
Vallejo escribió:
“y como último vaso de sangre”

Las notas críticas


irán debajo de la lengua

(de Pájaros lágrimas)

279
Llegar y laberinto

Casi mariposa fue la mano


que barruntó en su larva
un relincho hacia el aire

Creo que aún


respira en la transparencia
y se cambia de sitio
como la muerte
Como los peces
en el insomnio del agua
arrastran la luz
de un rostro que sueñan enterrar
Como el árbol de la noche
se inventa diálogos
con manzanas caídas

Todo comienza en el tímpano


Pero llegar es un laberinto

(de Llegar y laberinto)

280
Osario

Comienzo
por apagar las estrellas
No quiero despertar a nadie

La oscuridad pasa
cerrando puertas y ventanas
Entonces escarbo el acecho
Bandada de dedos rotos
para pájaro
Lunaciones cayéndose de carne
Y me desvisto y me desvisto
hasta hacerme aparecer
en otro cuerpo
Que nacer es llenar una ausencia
que anda vestida de negro

Unos pasos mueven la noche


No quiero despertar a nadie

(de Llegar y laberinto)

281
Adiós

Íbamos a ser felices


una mañana como ésta
En mi mano llena
por tu mano tendida
En una mañana como ésta
como aquélla en nuestras manos
en que arrugábamos un poco de futuro
bajo los pechos del viento

Íbamos a ser felices


hasta con la manos vacías
para explorar la noche
Pero la muerte
vincula todas las manos

(de Llegar y laberinto)

282
El hogar

(De una carta de Brecht a Benjamin)

Tengo los ojos tan grandes


tantos gestos sin tocar
que me busco en todas las manos
Y pido unos huesos prestados a la caricia
Pero aquí
no ha habido cuerpo alguno
sino tránsito

A veces
escribo mi nombre sobre los muebles
para verme caer en el polvo de las cosas
O simplemente
para trizar el silencio y entrarme
...cuando ya me he marchado
El mundo también aquí se derrumba
pero con más calma
El polvo es un signo
que en puntillas borra otros signos

(de Llegar y laberinto)

283
Adiós

El pájaro funeral
que traías en tus manos
fue la noticia de aquel día
Habrá que buscar
un lecho de hojas
donde dormirlo para siempre

(de Llegar y laberinto)

284
Rostro

Todos los rostros son el Suyo;


por eso Él no tiene rostro
Edmond Jàbes

Pero confundimos las palabras


con su ausencia
Cómo pétalo a pétalo
la rosa
alimentada de rocío negro
Como tú y yo
en un mismo abismo
nos descubrimos en la misma lágrima

Tal vez todo sea un silencio


a puertas cerradas
Y el parpadeo
llegar a tientas
a las afueras del reflejo
O a Dios
se le han gastado las caras
y nos comenzamos
a parecer en el terror

(de Llegar y laberinto)

285
Cifrado en los huesos

Cifrada en los huesos


la yedra
flora de carne la sombra
Como si buscásemos
el vientre del mar
nos hacemos amargos
llenándonos la boca de piedras

De letra en letra
sólo es una la pregunta
Las respuestas son trizaduras
Mi huesa es la de todos
amarrados por los ojos
que vieron el aullido
en una mañana como esta
sin paladar
sin párpado

(de Llegar y laberinto)

286
Aunque a veces

Aunque a veces
recuerde mi infancia
aquí no puede haber un niño

Aunque quisiera
seguir los ruidos de mi padre
contra la escarcha
cuando escarbábamos
parábolas bajo la tierra
Aquí no puede haber un niño

También vuestro niño


anda en lágrima escondida
un pájaro se pudre
cuando nos miramos

Porque todo un país


no sabe de su noche

Aunque a veces
recuerde mi infancia
aquí no puede haber un niño
Tengo por testigo la oscuridad

(de Llegar y laberinto)

287
Para volver

Adivinaste que volvía


Que siempre volvía
y volvía
en la leche dura del cielo

En la leche dura del cielo


te escribía
las gotas secas de entretenerme
Palabras en la escarcha
El espesor de la sangre
de un pájaro caído en nieve

No existe sino un color:


Insomnio por oscuridad
Insomnio por transparencia

(de El jardín del mirlo)

288
Te crecieron flores

Te crecieron flores distraídamente

Entre a veces respirados de noche


Por donde sube la estrella de andar silencioso

Entre sangres de nadie


narradas en un diálogo de rosas abiertas
En la gotera que aún habla
de su insomnio boca abajo

Encorvado
de pedazos de cielo y de sus pechos
te crecieron flores distraídamente

(de El jardín del mirlo)

289
El mismo libro

Ahora
que hemos leído el mismo libro
tal vez
nos parecemos un poco más

Por eso
lo vuelvo a hojear
Párpado a párpado
Que de una mirada a otra
hay toda la noche del mundo

Tal vez
ahora
hablemos de la misma ausencia
Del mismo libro que nos separa

(de El jardín del mirlo)

290
El paso dado

Sin embargo puntual


Como sólo puede serlo la muerte
en esas campanas
tañendo por nadie

Desde que dibujo


no rezo
Pero ahora los misterios se mueven
con carne y todo
Como que nos vamos
arrugando de frío

Cuento ruidos de nieve


escoltando mis caídas
No vaya a ser que me desangre
y me pise los ojos
antes de cerrarlos

Sin embargo puntualmente


llenas las manos de pájaros
sin más teorema que estrellarse

En memoria de Arturo Durán

(de El jardín del mirlo)

291
292
MIGUEL NARANJO
(Santiago de Chile, 1970)

Ha publicado El desnaturalizado (Santiago de Chile, Dirección de


Bibliotecas, Archivos y Museos, Biblioteca Nacional, colección Cua-
dernos de Taller, 1998), y La fonomímesis del versículo blanco (San-
tiago de Chile, Editio Princeps, 2001).

293
294

Adónde, mi Señor, por dónde, en dónde


estás, dime, no cabes en mis rezos
tampoco?, por favor, Señor, responde.
Dónde debo dejar a ti mis presos
restos de sal, el llanto si es que es llanto
y cuando fine en qué lugar mis huesos.
En qué miseria acabará el encanto,
estas palabras en cuanto lamento
fulero o santo.
Dónde mis dichos si a veces los miento,
dónde, mi Señor mío,
y en qué momento.
Eres mío, o eres nuestro, o eres Tuyo, que lío
es esto, Dios!, por qué
si no conózcote tuteo, Tío.
Acaso Tú lo sabes. Yo qué sé.

(de El desnaturalizado)

295
Insulso

Esa vez llevé postales para consolarme porque sabía


[lo de lo nublado
Nunca pensé para estar en ese lugar se requiere
[bilingües
Qué iba a ser si sabía decir sal ni en latín así de
[errático así
Sorbimos el proyecto del terristre arroz entonces
Insulsos cual buscáramos lo que buscáramos por el
[cementerio de punta
Arenas llegados a esa polis en pos de aqueste
[efímero viaje entre la neblina
Y las postales entre muestras de hilacha nefastas
[para variar las postales
Sirvieron al fomento del fuego y su fogata para el
[arroz atroz
O robé al bar en que se suponía no debíanme cobrar
[por de reojo conocido
Del nuevo extremo aunque devolviese lo
[usufructuado la víspera de mi ibídem
[regreso
Digno de una postal y media en el aquel verano
[capicúo
En soportando un peso de mis esdrújulos cuatro
[medios cachos si bien habría
Dactílicos dicho en tiempos peores aun renadie me
[dijo ladrón al fin
Y al cabo el güisqui también era robado
Del encargo désdel rancagua esplíndido mejor no
[hablar pues
Al estar casi todo arriba estábamoslo haciéndonoslo

296
[tiempo bajo
Muy abajo dese carrusel sideral
Que a veces brilla por su ausencia
A orillas del estrecho de magallanes
Así sea como fuere
Con o sin embargo
Alcancé a mandaros parecidas postales similares y
[beber ese beber
Ese oporto más barato que
L vino
Intercambiado en el mismísimo ínterin los tales
Por cuales perpetré mis pequeñas eternidades pero
Pero no fui a misa a comulgarte a pesar de la
[tentación
Mía y jamás vi el sol aparecer por el mar del calafate
[no
Me acuerdo mas sí del raudo viento llevábase las
[palabras ni
Visité el albatros porque los circos no trabajan en las
[vísperas no
Las pingüineras tampoco
Ni ni siquiera conocí a alguna austral mujer si quiera
[sic o bis definitiva
Mi suerte la anduve como siempre
Contra el tiempo.

(de El desnaturalizado)

297
Palimpsesto

maestra
no sabría decirle si cimarra empieza con ese o con
[ce
inútil pues describir en la pizarra cien veces que
[nunca más volveré a hacerla
a pesar de haber sido usted misma quien me enseñó
[a leer
y más por extensión que añadidura
a escribir

además ayer
entre la noche y el colegio
después de jugar al papá y la mamá en la punta del
[cerro blanco
perdiósemele el bolsón
ya no lo tenía conmigo cuando bajábamos pa bajo
ahí estaba mi composición acerca del día del
[maestro y otros papeles
como mi libreta de calificaciones
y la perfumada misiva que con anticipación [mandárale mi
apoderado
donde ruega que hoy se me envíe más temprano pa
[la casa

(de El desnaturalizado)

298
y/o

Y te bebí con mis mejores sorbos supongo o más o


[menos
Para no me lavar los dientes como en dos días
Después seguirnos en la misma
Degustación apoyados en faroles previamente
[apedreados desde
Luego parece que te bebí tanto estilas de mi cabeza
Que alucino dejas de probarme tu existencia

(de El desnaturalizado)

299
Coda

hiciste que tragara demasiado tus palabras


como para además comerme las mías
extraño este acento tuyo el de ahora
al parecer traes malas muy malas noticias
no nos volveremos a hablar acaso uno de estos días
lamentable sería nunca más dirigirse la palabra
aunque no pueda decirte lo que quiero
ni lo que amo
sólo pueda repetir lo recién conversado
o recordar tus dichos de tantas ocasiones
ya no pretendo hablar por hablar
pero antes de callar escúchame una última palabrita
qué más te puedo decir

(de El desnaturalizado)

300
Conquistas

si del Viejo Continente


Colón no apeara en el Nuevo
Atagualpa y Moctezuma
disputaríanse el güevo

en qué lugar estamos


adónde iremos
el güevo o la gallina
qué fue primero

qué fue primero sí


antes que hebreos
mucho antes que neárdental
hubo güeveo

hubo güeveo güeno


y los romanos
son después que los griegos
mediterráneos

mediterráneos huifas
siguen latinos
gozadores del pan
del circo y vinos

dijeron por la tele


que los romanos
persiguen y difunden
culto cristiano

301
cristiano culto mi alma
latín vulgar
nacen lenguas romances
al conquistar

al conquistar oh yeah
grecorromano
el neoclasicismo
judeocristiano

judeocristiano chévere
ya en Nueva Tierra
se rebautiza el suelo
hágase América

indios más europedos


ibericanos
nacieron los latino-
americanos

latinoamericanos
fome la toma
casi todo camino
viene de Roma

viene de Roma miércoles


sigue a las crestas
que se acalle al aeda
fin al etcétera

fin al etceterá
estrofa magra
la épica me aburre
cual cueca larga

302
viene nueva Conquista
Marte a la vista

(de La fonomímesis del versículo blanco)

303
Pan y vino

al pan pan y al vino tinto


ni sólo a pan vive el pobre
lo dijo en Última Cena
luego brindó el Superhombre

buena es esta tortilla


para mi cena
si a la puerta del horno
el pan se quema

el pan se quema mi alma


fuego carajo
cuánto vale este verso
que no hay trabajo

que no hay trabajo sí


no hay pan ni hay circo
se van los amigotes
pues se fue el vino

pues se fue el vino ay sí


no brindo yo
esto pasa en la viña
del Señor Dios

que nunca falte el vino


dijo mi primo

(de La fonomímesis del versículo blanco)

304
Seguidillas

justo por pecador


pago mis males
capitales pecados
y originales

este remordimiento
es mi atroz dupla
soy quien bebe su error
y mea culpa

en este vil momento


que desespero
Taitita no me dejes
toco el madero

si la justicia es ciega
cual fe y es cierto
que el amor no es vidente
yo soy un tuerto

esa mujer ascética


es como beata
hembra buena y bonita
amén barata

en esta soledad
sin ningún límite
no me ha faltado Dios
tampoco vírgenes

305
fuiste de boca en boca
hasta mis labios
no se lo cuento a nadie
mira qué sabio

yo de ni una palabra
y pocas letras
soy de una sola línea
cero a la izquierda

me pide la palabra
que la someta
caligráficamente
a bellas letras

es derecho de autor
indagar pistas
de los originales
soy el copista

escribo en castellano
lengua que ahínca
chileno mestizoide
yo soy el güinca

escribo en español
lengua pedestre
mis prosaicas anécdotas
ultraterrestres

en el dialecto estándar
soy escribiente
para ser traducible
eventualmente

306
las sangrías son el
margen de error
en verso aproximado
a mi favor

Tatitadiós bendice
mi verso ahíto
de orador demagogo
oh Supraescrito

guerrilla literaria
plagio y mal cito
oculto en mi seudónimo
El Infrascrito

lo escrito a medias tintas


es letra tuerta
mientras los manifiestos
son letra muerta

le pongo harta color


al verso escrito
pa que sea legible
este suscrito

porque quien mucho abarca


tan poco aprieta
escribo el verso mínimo
en la cuarteta

no escribo grandes letras


sólo letrillas
escritor menor soy
y pinganilla

307
literatura es como
contrato escrito
porque las letras chicas
son un delito

los contratos verbales


no son seguros
ya no doy mi palabra
me autocensuro

mi palabra no es válida
por iletrado
por lo mismo no es cierto
que haya plagiado

mi palabra común
y tan corriente
está al pie de las letras
literalmente

profesión de escritor
soy un versero
que empeña su palabra
por el dinero

sálgase de mis versos


no sea intrusa
usted es la mecenas
y no mi musa

de escritor yo trabajo
horas a diario
con papel lápiz goma
y diccionario

308
no corrijo y domino
la rima métrica
payo el verso automático
ésa es mi técnica

rima instantáneamente
es plagio en tinta
pues las rimas inéditas
están extintas

carrera de escritores
profesionales
dopaje paraísos
artificiales

mañana o tarde y noche


la amante hermana
mi más mejor amiga
María Juana

no escribo el paraíso
ni un purgatorio
tampoco infiernos varios
yo expurgatorio

alucinado invoco
mi San Pedrito
déjame tocar cielo
cual meteorito

las extensas lecturas


provocan tedio
dijo el lector cansado
aquí en el medio

309
huelga de sindicato
del escritor
contra el patrón que exige
el cruel lector

yo no pago derechos
de autor ni robo
pues no cito ni plagio
sino parodio

palabras de mi boca
quitas y escribes
me citas pa plagiarme
los versos libres

a esta estrofa se aplica


autocensura
porque contiene mala
literatura

musa amadora mía


preguntáis vos
qué es literatura
eso soy yo

a veces yo me quemo
con mis versículos
no siempre autocensuro
lo más ridículo

concurso literario
compré al jurado
gané mención honrosa
fui el estafado

310
mi verso es tan oscuro
y peculiar
que soy amarditado
escribo mal

carezco de talento
para escritor
por eso soy plagiario
malversador

bendito escritor San


Juan de la Cruz
mis malos versos tórnalos
en buenos tú

en viña del Señor


bebo del vino
no por hijo de Dios
sino sobrino

vino pipeño chicha


dijo un letrero
qué se van a servirse
dijo un mesero

se es de esta existencia
o de la otra
si no fuere realista
sea patriota

mi lengua en haikú: (sic)


“jaicú es letrilla
oriental y es occidua
la seguidilla”

311
yo voluntariamente
soy a la fuerza
latinoamearaucano
o viceversa

nacionalidad doble
indioeuropeo
mapuhispanochileno
mestizo y feo

desnaturalizado
ni más ni menos
soy subdesarrollado
afrochileno

es control económico
más económico
que el control colonial
mira qué módico

cara la independencia
por vos se mata
dependencia económica
sois más barata

largayangostafaja-
detierra aún
Chile es tradicional
lugar común

larga y angosta faja


símbolo fálico
y símbolo uterino
el suelo antártico

312
Te Pito o te Henua
ínsula límite
el ombligo del mundo
lo rasca Chile

costas ex bolivianas
Isla de Pascua
la media Patagonia
dónde estás Patria

nuestra historia es tan penca


Tatitapadre
y las letras chilenas
entran con sangre

el siguiente dilema
me quita el sueño
si escribo en mal romance
o en buen chileno

de escribir tanto tengo


la tendinitis
y de mucho leer
me quedé piti

ilegible es mi letra
y mi palabra
es puro garabato
que apenas habla

dentra pa dentro a
comer comía
guacho conchetumadre
dijo una tía

313
imputable es mi estatus
de proletario
con conciencia de clase
soy ordinario

para los versos cortos


palabras luengas
escribo por la conche-
mimadre lengua

a Gabriela Mistral
dijo un carancho
le plagiaba los versos
Miguel Naranjo

libertad de palabra
y de expresión
libertad de las letras
y de impresión

(de La fonomímesis del versículo blanco)

314
La Paz Avenida

Entre mis familiares no hubo suicida alguno


O se morían borrachos asfixiados en vómito
o víctimas de un aborto fulero
Cuando acompaño a mi madre al cementerio
pasamos a visitar a todos los finados de nuestra parentela
sepultados por mero fin práctico en el mismo camposanto
Ya me conozco los caminos más cortos entre sus tumbas y nichos
y cada vez nos demoramos menos en deshacernos de las flores
tiempo vuelto a ocupar de inmediato en el siguiente fenecido
lo que implica una nueva distribución de las flores
y una innovación en el recorrido por el recinto mortuorio
Este año ha sido el colmo
incluso una pergolera me tira los calzones
me regala flores
y me persigue a través de toda la Vega
Mi madre dice que ella le recuerda a su madre
mientras sorbemos un mariscal en el mercado
cosa que siempre debe hacerse después de visitar a nuestros deudos
Luego de comerme un mariscal solo
tras la cremación de la madre mía
me fui Mapocho abajo por su ribera
desparramando sus cenizas
cuando una gaviota malhadada me cagó
Lo interpreté como un signo
Fui donde la pergolera y la besé en el hocico
Ella me dijo que era demasiado tarde
que me alejara lejos
que me fuera a la concha de mi madre

315
Me lanzó entonces una corona por la cabeza
y pétalos a mi paso cuando regresaba por donde vine
Desde esa vez que no se me muere nadie

(Inédito)

316
MATÍAS RIVAS
(Santiago de Chile, 1971)

Ha publicado Aniversario y otros poemas (Santiago de Chile, Doctor


Stekel, 1997), que apareció en Argentina bajo el título El canario
(Buenos Aires, Eloísa Cartonera, 2004). También ha realizado dos
antologías, una de testimonios –¿Qué hacía yo el 11 de septiembre de
1973? (Santiago de Chile, Lom, 1997)–, otra de Enrique Lihn –
Antología de paso (Santiago de Chile, Lom, 1998)– y El crimen de
escribir (Santiago de Chile, Planeta, 1998).

317
318
Insomnio

Apagados por el soplido de mi sombra


los últimos candelabros,
recojo el gusto
de una noche en vela.
Me muevo sin dirección de
la cama a la noche.
Qué sueño encandilará
este cuerpo sin raíz,
a quién se culpa
de los ojos cancelados.
Hay tiempo para presunciones
o dudas sobre mi persona.
Mientras,
descanso sobre los manteles
servidos con desidia.

(de Aniversario y otros poemas)

319
Aniversario

No le vengan a borrar con globos y


servilletas el curioso infortunio de ser
viejo a los treinta y cinco. Los amigos no
se percatan de préstamos en intereses
que otorga cada regalo de la vigilia. A nadie
le extraña la misma cara de pudú asustado.
Solamente su mujer, sin celo alguno,
sabe cuántos afanes esconde
esa cifra promedio de vida,
cuántos rumores se arroparon entre las fundas,
cuánta fe había en su impecable deseo.
¿Qué mala persona, acaso su secretaria, la muerte,
que mandó a disponer tantas cornetas de papel,
tantos regalitos sorpresa
para su difunto aniversario?
Es su mal gusto distintivo, un lugar común
inaceptable.

(de Aniversario y otros poemas)

320
La esperma sucia de una vela

La esperma sucia de una vela


y la incapacidad tuya
para decirme las cosas
está definiendo de alguna manera
mis días. No creo tener
el alcance que tu reclamas
ni la tranquilidad ni los dolores
calmos que tanto te hacen falta.
Las cosas se delinean en la fineza
de sus contornos, y aquí
la esperma se ha mezclado
con la mecha negra quemada.
Lo único que se me ha ocurrido hacer
ya estaba hecho por otro
y mis libros nunca
salieron de mi casa.
Para tu seca belleza extranjera
mal vistas son las despedidas,
yo por mi parte, no tengo qué hacer
sino poner la vista en
los edificios de enfrente,
recordar el patio de mi colegio
formado para entrar a clases
y de esta manera
encubrir el imposible
olvido de estar arriba
o abajo tuyo. Debí aspirar
a una vida común,
seca de rabia y sin
tanta ostensible pasión.

321
Ninguna tarde más
será regada con tu fría mirada
ni sabré cómo me queda
la ropa. Te fuiste sin haber
llegado y yo con el aire
entre los dedos,
reclamo ceguera
en asuntos de amor.

(de Aniversario y otros poemas)

322
Señora Gabriela Mistral

Su piedad piadosa de virgen violada,


de reina de los afligidos y madre de leche roja,
escasa como densa, señora de pocos aspavientos,
nadie le va a negar el lugar suyo en la corte de
los presumidos señores de la lengua.
Aunque se derramaran hordas de ira contra su
gusto a clavo muerto y se encendieran piras
con sus libros, sería por vernos reflejados
en el espejo infeliz de un niño mordiendo
su propia mano.
Nadie se espanta, sin embargo, con las
cascadas de letras que aterran el decir.
Nadie sumerge su cara en el agua quebrada
de su lirismo de veguina del Siglo de Oro.
Señora, usted, que masca la lengua de llanto
y reza en acaloradas iglesias plegarias de viva,
disculpe la torpeza de los alcaldes y del mundo
cultural, usted ya no es una estatua, su gusto
a nada parecido es el sostén de los peñones
más duros de nuestro idioma. Una vieja para Chile,
qué honor.

(de Aniversario y otros poemas)

323
Para una nínfula irreductible

Ardilla pulcra y manipuladota se


hace llamar niña. Enciende y apaga
su vida a caprichos y argucias vergonzantes,
finge taquicardia y pena negra en el
espíritu y los hace patentes con lágrimas
y gritos sexualizados. Es difícil escapar
intacto al verla dormir porque desnuda
desnuda su cama y su mente frente a
los ojos de sus preceptores. Inocencia
febril, regaña su madre. Dolores
de cabeza y testículos argumentan sus
admiradores en el parque.
Al parecer todo y nada la hace feliz:
un burro podría llevársela a un internado
de degeneraditas y enseñarle normas
un tanto menos singulares que las que
practica para torturar a sus abuelos con
calculados e histéricos gemidos.
Una niña preciosa,
jugosa en su jumper apretado.

(de Aniversario y otros poemas)

324
Una decepción de segunda mano

Experiencia inevitable ésta, una decepción


a toda costa de segunda mano, pero tan
insalvable a la hora de escribir. Odiar
con intensa vergüenza el propio retrato
apagado como un cirio sobre el papel.
Mucho no importa, además,
a quién va a incomodar una molestia tan fútil,
tan real y angustiosa como una boleta.
A nadie va a perturbar
el rastro inmundo de verdad, ese
clásico escepticismo libresco que viene
en los primeros y últimos años de vida.
El mal camino quizás fue siempre una mala
recomendación, una tara arrastrada
desde la impúdica pubertad,
mejor hubiera sido cirujano. Pero la
sangre tira y abunda sin precio.

(de Aniversario y otros poemas)

325
Guadaña veloz

Parásito, liendre de ojos rancios y


uñas chamuscadas.
Vejaciones, escupos de cuervos,
son las plácidas lisonjas que te excitan
a garabatear panegíricos abyectos.
Impostura y traición, arenas de tu cofre,
arden en tu frente
como el fuego ansioso del usurero,
el deseo de pretenderse flaco y glotón.
Hombre sin paladar y de lengua bífida.
Mercurio de los cócteles y edecán de los pelmazos.
Confundes un faisán con un zorzal,
pero no hay diuca presente
que no pase por tu mente de frustrado mulatón.
Rémora de borrachines, de enjutos gladiadores
y de mamitas del Opus Dei.
Alguien sabe el apellido de tu infamia
o la dirección de tu fracaso.
Burdo sería ensalzar lo que se envidia,
peor aún es apostar donde no hay ruleta.
Este bajo señor del desvarío patético
no es más que otro impostor en el país de los tuertos.
Por eso invoco su nombre,
a ver si salta el vil mamerto.

(de Aniversario y otros poemas)

326
Opúsculo sobre las falacias de Práctico

Tú, amada, que haces perceptibles a mis ojos


las dulces siluetas de Venus y Diana,
comprenderás que no invocaré tu nombre
en el vano despilfarro de mis odios.
Pero es necesario que se escudriñe en
la falsa cuna de Práctico y en su ruin ascendencia,
que más de alguien muestre espanto ante sus
falacias.
Por eso, dedico este opúsculo a mis amigos
y a sus risas infragantes,
sin otra esperanza que su lectura deleitosa.
Te pido, sin embargo amada, que solicites
a las musas, que sólo a ti te escuchan con tierno oído,
que vengan en mi auxilio
y le den afilada exactitud a mis letras
y pinten mis versos con firme brea.
Para así descubrir esta sombra de hombre
como merecen los esclavos de Príapo.

327
I

Tu cuerpo, Práctico, se parece al de las lagartijas:


a ambos les calienta la luz exterior y reptan
cualquier peñasco como si fuera una cumbre.

328
VII

Ni aunque esculpieras tus calumnias contra mí


en las marmóreas columnas del Foro,
ni aunque tus mamadores me persiguiesen
con garrote insolente
y menos si tú enfrentaras mi nombre, Práctico,
te salvarás de la deforme corona que humilla tus días.
Porque es mejor ser engañado por una mujer
que desear los puñales de hombres de fiero rictus.

329
VIII

De Práctico todos se compadecen.


Su falso estoicismo convence a pequeños ignorantes.
Pero de las garras de estas letras, Práctico,
te advierto que saldrás arañado.
Y publicaré en los pasquines que tú bien conoces
lo alto de tu cornadura
y lo injusto de tu fama de buen Mecenas.

(de Aniversario y otros poemas)

330
Perorata

Inflamado por el tedio y el asco,


un viejo sin estilete soy, y reclamo;
saco mi saco por la boca,
y pienso en duermevela constante,
con el semblante adusto y el pelo seco,
en mi innegable retardo
propio de estos años infestos.

Veo campos raídos por nubes,


pueblos ahogados e hirviendo,
niñitas procases solazándose,
con espasmos fugaces gimiendo.
Me tienen mojado e hinchado
parezco estropajo desdentado.

Finjo mis desmesuras,


dignas de un viejo abyecto,
siguiendo con la mirada ladeada
a señoritas de vestir indiscreto.
Disuelto en mis incertidumbres,
soy otro Palinuro incierto,
sordo perchero achacoso
escupiendo presagios funestos.

Cuelga mi mente
de un cielo mohoso,
fea baratija de bazar,
idea mal concebida,
fruto de la ignorancia
y de un constante despotricar.

331
Vivo tiñoso y arañado,
como un santo con el cirio desinflado.
Y miro a mis sobrinas,
como un rey a su potestad:
culitos transpirados,
pezones inmaculados,
son asuntos intensos
y dignos de palpar.

Este tío piadoso conoce ardides


que a horcajadas las harían chillar.
Escuchen sus plegarias,
yo sé cuanto agradecen
el tieso remo sacudiéndolas en la tempestad.
No soy un anciano ridículo
pidiéndoles piedad;
la mudez impune de los años
me especializó en los ocultos placeres del merodear.

Rubias, chinas y morenas,


soy una chirriante tetera.
Bosta y baba, solo y mohoso,
vivo gracias al misterio gozoso.

(Inédito)

332
Posible gato

Eximio cazador de polillas y moscas,


sigiloso apóstol de los rincones;
probabilidad de calzar la sombra con el latido
y de juzgar el día según los centímetros de la noche.
Gato posible bajo la mesa,
concentrado en una molécula de carne
o a medio dormir entre las piernas de una zorra.
Gato sedado y sedoso,
laxo lamiéndose la cola,
reposando el cansancio ancestral
que impone la condición animal.

(Inédito)

333
El único habitante de todos los encierros

Hay un solo habitante de todos los encierros.


El padece –arrumado contra la pared– el ruido perpetuo
de las ventanas agitadas por el viento doméstico.
Resiste el chirrido de las puertas de los closets
y su cara refleja el insomnio sempiterno que lo envuelve.
Es el único habitante de las moradas clausuradas,
y a veces lo presiente con pasiva indignación.
De él se saben con certeza escasas averiguaciones.
Señalan que padece una sordera atávica
y que posee una mente que no para de restar.
Agregan, que suele increpar inútilmente al silencio
que deshace su cuerpo
y que sus quejas se escuchan como bisagras oxidadas.

(Inédito)

334
Me calienta verme pensar

Como muchos, casi no me miro.


Me guardo. Y me paro frente a las vitrinas.
Y me mareo.
Y me calienta verme pensar.
Creo que soy un perro o una negra.
Enciendo un cigarro.
Saco mis cálculos. Y sospecho que estoy enfermo.
Y leo. Y escucho a los vecinos.
Aunque no los veo, los tengo en las narices.
Oigo sus relinchos. Y miro el número de la página.
Copio: “La anarquía de la pobreza
me seduce, la vieja
casa amarilla de madera carcomida
entre las nuevas viviendas de ladrillos”.
Entonces pasa alguien.
Pongo los ojos en los televisores.
Y llegan. Y me huelen el trasero.
Y marcan sus labios en los vidrios.
Miro los cables enredados.
Efectivamente estoy enfermo.
Debería esconderme.
Noventa horas en silencio –quizás
fundirme.

(De Me calienta verme pasar, inédito)

335
El otro destino del perro

Ayer cumplí 32 años.


Restregué con cloro mis tobillos
Y los sequé a la sombra.
Luego sucumbí al sueño
Con una lista de deudas en la cabeza.
Recibía un regalo:
22 años, alta, pelirroja, Servicios completos.
Me mostró que estaba rapada.
Ah! -le dije.
Que no tuviera miedo. Sobre todo eso.
Le gritaba que aguantara, en silencio, con paciencia
Y reclinada.
La vi como se la comió completa, lágrimas incluidas.
¿Qué hacer?
Desperté con los huesos hinchados.
El timbre chirriaba.
No había luz, ni noche.
Entre las ramas la vislumbré de nuevo:
22 años, alta, pelirroja, Servicios completos.
De inmediato la mandé hincada a la pieza.
La tiré en la cama. Le bajé los calzones con ira.
Le dije que sólo le iba a pagar con sangre en la boca.
Me mostró su argolla colgada de la lengua.
Procedí sin culpa.
Nada le gustaba más que la violencia ultra lenta.

(de Me calienta verme pensar, inédito)

336
Quiero compartir nuevas experiencias

Lloro con un brazo zurcido a una mano.


Tengo algunos moretones en la ingle.
Uso cotona gris, zapatillas y manopla.
“¿Murmuran a mis espaldas?
¿Hablan de mi torpeza?
¿Se ríen de mí,
Remedando mis gestos,
Detallando mi vergüenza?”
Los miro y les grito:
¿Quién como Dios?
Entonces me muerdo las rodillas con asco
Me trago las manos con risa.
Me friego los ojos con cal.
Al instante escucho que gritan:
¿No queda ninguna sobra acaso?
Y siento las piedras frías en la nuca.

(de Me calienta verme pensar, inédito)

337
Responso

Querido maestro:
Hasta hoy usted yace en una tumba equivocada
La que conocí por secreta amistad con uno de sus violadores.
Recuerdo la última tarde en que lo vi
Y me entregó el respectivo encargo, el final.
Aún siento la fetidez a remedios de su carne
Y retengo nítida en la memoria la imagen de su mujer
Aplastada en una esquina de su pieza.
Sepa usted que ella es hoy una cebolla seca
Que trabaja administrando a sus nietas yugoslavas
A las que contrato a menudo como una forma de ayudar
A la economía doméstica de su familia.
Debo confesarle que son la miel de las mieles
Y me encierro con ellas en un subterráneo
Y lloran. Y ruegan.
Y dicen que para ellas lo único que vale es la fuerza bruta
Y que adoran los bozales. Y ronronean.
Qué más puedo detallarle que no lo hostigue.
Esta misiva no tiene la intención de referirse
A los hastiados cuerpos rubios
Que heredaron su sangre caliente.
Paso entonces a preguntarle con cierta cautela
Si es verdad que mató a la que le daba aquel fulgor pálido,
Aquella tierna y blanca y morada carne que lo saciaba.
Usted estuvo escondido, mi amado preceptor, lo sé.
Estuvo refugiado en una pieza inmunda
Con un agujero en la pared
Que tapaba con bolsas de basura negras.
Fueron sus años religiosos, cuentan.
Fue cuando empezó el cultivo de la decoración mental
Y pensó en la venganza como en un arte de príncipes.
En crudas palabras: ¿cómo no lamentar su largueza,

338
Su podredumbre flemática
Y su cara de raja indisimulada?
Para que entienda claramente por qué le hablo así,
Le advierto que es de conocimiento público que trabajó como
generoso soplón
Y que como única herencia dejó, de su puño y letra,
Dos cuadernos con poemas canallescos y cientos de papeles
delatorios.
Sepa además que la miseria con que trató a su hija,
Negra y loca, terminó por teñir su sangre harinosa:
Ella es hoy su única heredera,
La dueña de su agencia de cartoneros.
Ella vio las fotos y el video
Donde se le ve, con una carcajada en la boca,
Contratar a dueñas de casa aburridas
Para encerrarlas un par de horas en un clóset
Y someterlas a suculentas y sensibles vejaciones.
Pero aquello es cuento aparte, asuntos de familia.
Y si hoy me dirijo a usted
es sólo tomando en cuenta aquello que nos unió durante décadas:
La memoria de esas jornadas en que salíamos colgados
Y vehementes deseando chuparnos hasta la más podrida breva sexual.
Me atrevo, frente a su lápida, a contarle sin vergüenza y en su memo-
ria
Que soy en verdad un antiguo cliente de su padre
En el negocio de los secuestros.
Y que fui pagado por su madre, una señora distinguida y diligente,
Para que les mostrara a los proxenetas que lo perseguían
La manera más sutil de rebanarle los huevos
Y así calmarlos y ella darse un desahogo.
Ella, que amaba a las putas.
Sí, su querida madre deseaba también que usted se viera
Envuelto en una película porno:
Lo quería en cuatro patas y fascinado gozando el lujo del dolor:
Usted como maricona con tres pacos y un conserje hambriento.
Mi venerado mecenas, no lo lamento.
Usted y yo somos de cepas similares,

339
O pesadillas equivalentes: traidores de poca monta,
Aún callados por el asco al amor.
Pero, como bien lo sabe, me repugnan las oraciones,
Especialmente las que adulan a líderes magnánimos.
Comienzo entonces la exhumación de su cadáver
Para enmarcar sus huesos tras gruesos cristales.

(de Me calienta verme pensar, inédito)

340
JUAN CRISTÓBAL ROMERO
(Santiago de Chile,1974)

Ingeniero civil. Ha publicado Marulla (Santiago de Chile, Táci-


tas, 2003). En 2004 editó El viejo laurel (Santiago de Chile, Tá-
citas), antología de Armando Uribe Arce.

341
342
Las cuecas de Villamediana

Maquiavélico placer
contar lo mismo que nueces
de a puñados las mujeres
que a vuestro poder se ofrecen.

Saturnino deleite
de humores sumo
descerrajar doncellas
y hacerse humo.

Y hacerse humo, sí
me voy de bruces:
ante vuestro talento
don Juan desluce.

A ti, Leonor y Glorias


por mil Victorias.

343
II

Por Dios todopoderoso


permita evitarle un daño:
la reina que ofrenda un jaque
oculta en su afán engaño.

Habiendo sido presa


de vil celada
su corazón conjura
nueva jugada.

Nueva jugada, sí
que yo le advierto:
el próximo combate
dese por muerto.

Olvide de una vez


este ajedrez.

(de Marulla)

344
Viñaza, 1900

cfr. J. Edwards Bello, Valparaíso

Sin más que un caballo bayo de galope torpe y el casco herrado a cuatro clavos
damas aglo-criollas de cara overa y melena negra igual que el crin de su montura
confluyen al puerto apenas silba el arribo
para dar y dejarse amar por los marinos de la Union Jack.

Lo mismo da si se es casada: lo mismo viuda o en edad casadera,


con el busto a medio lucir sobre un corset ajustado
se las verá bajar de a cientos como bruma envolviendo el cerro.
Acaso ánimas que llegado enero corren al muelle a besar sus deudos
dejando el tino y los buenos modos a la vera del mausoleo.
Y cabalgan de lado las menos zorras:
el resto enligadas en tul:
los muslos abiertos.

Por mi parte, si el sol ya no seca los sesos


bueno es tenderse en el balcón a mirar con qué apuro el verano aumenta las uñas,
y a ratos ojear
estas galantes comadrejas
con sus marinos de espadín al ristre;
domadores que a falta de tigres se ensañan con las hienas.

No dudo que por el rabillo del ojo observen si nos fijamos en ellas,
si cambia el estilo agreste
con que dicen las miramos,
al fin no es culpa suya que de tanto dominó y barajas
quede poco para damas mozas.

345
Confío se entienda la conveniencia
que de a ratos llegue un gringo
se las lleve
y las divierta.

(de Marulla)

346
De San Antonio a Tarsis

Con un dedal que imita la corona del rey de los ratones


con hendiduras donde se alojaron otrora ónices y cuarzos
o minúsculos impactos de artillería
remiendan los marineros las velas rotas
mientras los del puerto formados en cadena
cargan los cofres, las alforjas de cuero,
igual que hormigas del azúcar a su madriguera.

Lo conocí en tierra.
Personaje hosco de singulares manías
para los que como yo evitamos las extravagancias
y acostumbramos la vida simple
no una vida ingenua
sino amante de las buenas maneras.

Como dije lo conocí en San Antonio.


De pie, sin más que un puñado de papeles queapodaba Biblia
y otro de menor calibre en el que apuntaba rápidas indicaciones
lo mismo que un tesorero con el dinero que no tenía.
Fue reclutado por disposición del cielo:
sabía de mar tanto como mi barba sabe de tijeras
mas aprendió de jarcias, mástiles y garfios
en menos de lo que un niño tarda en inventar mentiras.

Y aconteció lo insospechado.
Al pasar Cabo de Hornos, ahí donde las sirenas muestran los senos
y las brújulas olvidan el norte
nos envistió una borrasca como pocas se han escrito
destrincando de cuajo los aparejos
con la soltura de quien desata una zapatilla.

347
La tormenta nos siguió noche tras día,
como la sombra de un cormorán a la caza del bacalao
y cuando se cumplían las tres semanas,
luego de haber sido rotos mástiles
e invocado tantos dioses como tripulantes sobrevivían
confesó el de la Biblia ser la causa de nuestro fatal ventura.

Entonces tras proferir irreproducibles conjuros


de un brinco se lanzo por borda,
al tiempo que cirrus, cúmulos y estratocúmulos
daban paso al sol de junio.

Se hacía llamar Jonás.


Y Dios dispuso que un pez se lo tragara.

(de Marulla)

348
El abc de un cortejo para enterrar
de una vez por todas a quién no deja de rondarme

Entonces cuando el sol


se aleja y queda
un rubor a bragueta sin atar,
a acordeón roto,
un caballo comienza
a repicar el empedrado
con anteojeras
y arnés de tirar.
Tras el potro una urna de palo,
color a brea de bote
recién calafateado,
zigzaguea entre balaustradas
y balcones comunes
a tres o cuatro casas
como cola de un volantín.

Un niño sujeta las riendas


dando al potros sobos
y pancitos de miel.
Se quita el sombrero y anuncia
lo mucho que falta
con el remangue y asomo
de un vello dulce y tornasolado
por el naranjo atardecer.

349
c

Una dama de cofia


y sombrilla negra
entona un discurso
cual receta de un budín.
El resto de la procesión calla.
Tiempo de dar las gracias.
Las arengas de rigor.

(de Marulla)

350
Las cuecas del montonero

Andan por ahí diciendo


puras mentiras falaces:
que soy cómplice confeso
del demonio y sus secuaces.

Porque nacer chileno


es un delito
que no perdonaría
ni Dios bendito.

Ni Dios bendito, mi alma


sufro a destajo
sudando bajo el poncho
pelando el ajo.

De una bala en el pecho


caí deshecho.

351
II

Que saco rogarle al cielo


si en tierra seré enterrado.
Del polvo somos y al polvo
vamos, canallas y honrados.

Está la gentil dama


guadaña en mano
pisando los talones
al hombre sano.

Al hombre sano, sí
a paso lento.
Qué apuro hay en oír
mi testamento.

Silbar en campo santo


cura de espanto.

(de Marulla)

352
Pan no pagado aún, cerveza no bebida

Toda mi casa es un crujir de tablas.


Es el hongo verdeando las esquinas.
Sean sus mañanas
una babel de colchas y colchones,
la manía
de no verte viéndote contar las moscas
que se cuelan
cual céfiro por una y mil rendijas.
Y siendo como ha sido
cáscara de lata a los rigores del invierno,
pienso, debería
con una piedra darme en las costillas.

Porque pensando en ti,


se me ha vuelto esta cárcel un palacio
y esta lluvia
un dulce andar de gatos.

(de Marulla)

353
Una muchacha descalza

Sin verla pasar la intuyo,


acaso por su andar como
descuidado y sin asomo
de estridencias. Un murmullo
–suave contrapunto– a cuyo
paso parece la casa
no inquietarse. Se retrasa,
luego apura. La presiento
como un puro pensamiento
que sin verlo pasar, pasa.

(Inédito)

354
La colmena

Naked and easy as lovers, a month of nights,


Yet never once made love.
(Fidelity, Ted Hughes)

A que no retienes aquellos, ahora siúticos semitonos:


el compás con que usábamos buscarnos el uno al otro,
conscientes de no ser ni lo otro ni lo uno.

Para eso bastó oírnos –vaya oráculo- quejar las tripas


con un chirrido como el puñal sobre la piedra lima.
O simplemente cruzados de piernas, dejar que deviniera en mí, el gusto inevitable
y homicida por los signos
–el ocio trabajoso de amanuense, la cháchara vana- pretextos, digámoslo así, para
éste mi avaro desinterés por las cosas.
Y claro está, contrario al tuyo.

A que no me pides que te bese, que te enseñe estos menesteres ni tan de clerecía,
inútiles por cierto,
como la muerte de Cristo que a las resultas y para siempre
trasciende en su aparente aguante y sumisión.

Y no digamos que ha sido de tu entero agrado


los muros y la fosa vacía que he cavado en derredor.
“Porque de todo inventas –gustabas decir-
un buen motivo para encaminar tus meditaciones
hacia cualquier rincón lo suficientemente alejado
como para no distinguir entre mis demandas
y el zumbido de las colmenas que pensamos nos darían de comer”.
Y vaya que no lo hicieron.
Fuimos víctimas de sus buenos augurios. Nos dejamos engañar
con esas tres primeras gotas de miel: banquete para amantes primerizos.

Y ahora, quién la reina, quién los zánganos, qué de todo aquello del panal a bajo
importe. Las buenas rentas.

355
A que arrugas mirar el revés de un contrato
entre las partes dispersas de un ya no idílico asunto, digámoslo de una vez: sin
pies ni cabeza,
lo mismo que las sobras de un caldo criaturero o los pedazos rotos de uno de esos
jarrones
supuestamente chinos que consigues a dos chelines en cualquier mercadito de
Hamburgo.
A que no adivinas, a que no mi niña,
a que no.

(de Marulla)

356
Manuel Lacunza en carta al Provincial
de la Compañía, 1801

Tan pronto las lluvias descorran


el denso visillo de moscas
–que esta tarde sobre Ímola
como nunca ha teñido el aire–
mi corazón ajeno a desafectos
podrá ponderar lo ocurrido,
con su vara y balanza
serenamente calibradas.

Sin embargo para entonces, me temo,


no me hallaré entre ustedes.

Junio me ha sorprendido
olvidado del Papa y la corona,
sin más holgura que los pocos libros
que suelen procurarme en mi pobreza
los frailes capuchinos,
que no de otro consuelo me sostengo.

Confórmense con esta parca nota


a jirones borroneada los ratos,
efímeros por cierto
en que un dardo de luz rasgaba
el denso visillo de moscas.

(Inédito)

357
La visitación del arcángel Gabriel

Orfandad del padre ausente que ve crecer sus hijas por fotografías,
y se sorprende ante cada nuevo detalle,
aros que no había advertido, el arco revuelto y terrible de las cejas, la torcedura
de los pequeños labios que recuerdan el gesto de cierto pariente
irreconocible entre el alto de álbumes que componen su trunca genealogía: cuatro
ramas secas
y mal injertadas en mitad de la espesura. Frutos no siempre comestibles.

Recientemente ascendido
–a punta de fregar sus codos con el tipejo ese que le ha tratado con exceso de
familiaridad–
una buena mañana de marzo parte a su oficina, para volver campante
en las postrimerías de diciembre,
lo mismo que si fuera la noche de un mismo día;
extrañado ante la visión de su hija con el pelo abundante,
balbuceando en sueños su mamma y su babbo,
con un acento
como de lengua que tomara en broma el pozo del universo.

Orfandad del mantenedor que a las perdidas cumple con darse de puñadas
en las costillas, para nomás hincarse
volver a los trajines
que manda su fingida soltería.

(Inédito)

358
Yao Hsin Hsien ve llegar las primeras lluvias de invierno

Después de tantos malos días y peores noches


de trabajar sin sueño,
con la mitad de lo que saque
pagaré los impuestos.
Con la otra mitad mis deudas.
Los meses
venideros habremos
de contentarnos con las reservas del armario,
midiendo cada taza
de arroz, cada gramo de sal.
Y más nos valdrá
ser felices y agradecidos en la estrechez
sin importar cuánto trigo se pudra
en los graneros del imperio.

(Inédito)

359
Ciclistas

Tan jóvenes los dos y qué feliz


que fuimos. Arrancábamos apenas
se daba la ocasión
a lomo de las bicicletas. Risas
nerviosas mientras los pedales iban
y venían. Y tú de mí
a tiro de ballesta.

Volvíamos al refrescar el día


por jardines con rejas de altas lanzas
en rendición.
Qué no te prometí en esa abundancia.

La edad pasó. Los tiempos no han dejado


más ocasión para ofrecer promesas.

(Inédito)

360
Florero

Cuánto hace que tomaste


por última vez los pinceles.
Recuerdo que una prima tuya
-como todas las de su especie-

te encomendó un retrato:
ojalá acabado, tu sabes,
menos manchas y más definición.
Prefirió un florero de rosas blancas.

Por entonces ya habías decidido


liquidar por apuro
tus últimos bocetos.

Alguien cuidará mejor de ellos,


dijiste, con el temor de los grillos
que cantan en lo oscuro.

(Inédito)

361
362
LEONARDO SANHUEZA
(Santiago de Chile, 1974)

Ha publicado Cortejo a la llovizna (Santiago de Chile, Stratis,


1999) y Tres bóvedas Madrid, Visor, 2003), libro ganador del
Premio Rafael Alberti (España, 2001). También es autor de la
compilación El Bacalao. Diatribas antinerudianas y otros textos
(Santiago de Chile / Barcelona, Ediciones B, 2004).

363
364
Devoción

Safo 31P; Cat. LI

Ese joven me parece lo mismo


que las aves colgando del rocío,
cada vez que sentado junto a ti
y disparado

en tus ojos, lo clavan las abejas


de tu risa. Con esto se me pone
malo el cuerpo, porque apenas te vi
se me astillaron

los navíos en la lengua y brotaron


de mis huesos otros huesos en llamas,
tras mis ojos zumbaron las ciudades,
tembló en el cielo.

No, no hay sáfica sino en la caída


de la estrella fugaz. Y digo: No,
como loco veronés, que no muera,
ni ésta, ni aquélla.

(de Cortejo a la llovizna)

365
VI. Te otorgo el tiempo de vivir

Estás viva en mis vértebras


y emancipas tu claridad
dentro de mi rosa ciega.

Una parte de mí se ha ido con tu llegada.


Así como el mar nos reserva sus costillas,
una parte de mí tenía tu forma
y latía por salir
al encuentro de las gacelas desolladas.

Estoy vacío con el sonido de los cristales.


El laúd trabaja para completar la noche,
pero también se enternece
con los críos que guarda para sí.
Mi corazón
acoge tus campanadas.

Estarás grabándome la piedra,


tallándome tus ojos rupestres,
trazándome un nuevo horizonte que me queme
o rebanándome la estrella de adentro,
por eso y sin embargo,
alfarera a nado en la vasija,
sin nombrarte te otorgo el tiempo de vivir,
de abrir o de sellar mis puertas
y de hacer vibrar mis escamas
cuando visite el jardín de los alumbrados.

366
Y te pregunto ¿cuánto dura tu vida?
Te doy un núnuto
para que me disperses y me reconstruyas.

Quisiera tu muerte
para derramar mi cabeza por el mundo
pero es inútil la balada del deseo.
El silencio lleva dentro de sí a todos los hombres
dispersos según el cruel azar de las cosas olvidadas.

Yo estoy solo sobre la faz del universo.


Tú estás sola sobre la faz de mi corazón.

El tiempo de la llovizna
tal vez pueda liberar las agujas
que pisas al caminar,
al habitarme los latidos con tus propios latidos
y las honduras con tus piedras quebradas.

Estás en mí como devorada por la noche


y no puedo sino darte el tiempo de vivir
mientras busco mis piernas para encontrar tus ojos.
Tu muerte será el perfume del bosque
bordado en las telas del paladar.
¿Dónde están las piernas?
Paro mi vida
Te dejo en mí.

(de Cortejo a la llovizna)

367
El amanecer

Una vez soñé contigo, soñé que no existías, que apenas


eras un zumbido acorralado en las estrellas, que el mundo
se agitaba al ritmo de tus canciones, soñé que en verdad
no existías y que golpeabas las paredes de mi corazón con
unos cascabeles prendidos, y me figuraba que estabas
vestido de pájaro, de océano insalvable, que le quebrabas
a Dios unos platos en la cabeza, que eras el sastre de las
mariposas, que decías palabras en forma de barcos, en fin,
si tú supieras, yo soñé tantas barbaridades...

(de Cortejo a la llovizna)

368
Cataratas

Pero a ti sólo te importa el silencio


entre la luz y el lugar que la espera,
como entre el sol y tus ojos el mar
cuando atardece

a ma Rosa, octogenaria

Una lenteja de nata en el cristalino, ma Rosa,


pronto va a dejarte en penumbras. Trozo por trozo
se han marchado ya los colores, los perros de porcelana,
la cristalería oriental, los retratos, sobre todo los retratos
que a pesar de un obstinado pétalo en tu solapa de soltera
se han sumergido para siempre en el fondo blanco
de todos los retratos. De tu casa no quedan más que líneas,
claroscuros, dos o tres números en el reloj, retazos
que todavía intuyes por el borde inconcluso de tu ceguera:
con gran esfuerzo descifras la oreja de la taza o el re. ejo
de las ampolletas en el té, ese leve movimiento apenas
percibido bajo la suela de tus ojos, esquivando la nube
de mármol seco rociado de ceniza, tus ojos . jos en mí
como una esfinge muda. El horizonte más hermoso
es arena bajo tus pies. El espejo, ficción que gira
en el desagüe. Mirar el sol fijamente, mirar la tierra.
Y todo torcido junto a mi rostro en las olas del té.
¿Cómo temerle a la muerte si sólo se le ven las pisadas?
Ma Rosa, nunca has visto mi rostro. Y ¿cómo serán
los rostros? ¿cómo serán las campanas? ¿cómo, dime,
cómo serán las arrugas? El mundo es una piedra
que se corre sobre el tiempo. Y mañana esa piedra
sellará la caverna aunque se oigan gritos de resucitado.
Y en verdad, qué importan los rostros, su ruido, si mañana

369
se oirá el gran ruido de la palabra catarata, esa ráfaga
de toros contra un muro de terciopelo. Tus aguas llegaron
al borde del precipicio. Y cuando caiga el último pétalo
de tu solapa y el último número del reloj, comenzará
la verdadera caída. Yo lo sé. Yo estuve en Foz de Iguazú.
Allí hay un lugar llamado La garganta del Diablo.
Tu belle époque será rocío de acero en Foz de Iguazú.
será rocío de acero en Foz de Iguazú. Tus ojos harán un ruido como de
enamorados en Foz de Iguazú.
Panamá, la mariposa. En guaraní la ceguera es muda.
Pero vaya que ruge. Y así rugirá en tus ojos cada rincón de tu casa,
porque los años querrán mostrar su cosecha todos a la vez,
entrechocados en esa lenteja de nata, alumbrados
por el sol de tu pueblo natal. El tiempo va por caminos bifurcados,
meandros que esperan nuestro cuchillo, nuestro arado ciego.
Pero en ti pronto comenzará la verdadera caída.
Rugirá en la catarata la hojarasca octogenaria
de tu pobre álbum familiar, rugirán los pasillos del Stadio Italiano
atestados de bateleras, ma Rosa, las eternas uvas de marzo,
el cielo surcado por los Halcones de la FACH o ennegrecido
por el humo de la República puesta a rebuznar en los cuarteles,
mi propio ridículo cascabel también rugirá, las albahacas del pesto,
el último estreno del Biógrafo, la mata de hortensias
que llevaba tu nombre, la gata siempreviva y sus tres colores,
los mismos tres colores del ruidoso tranvía donde vas
de sombrero y anteojos para el sol. Deja que todo
resuene en tus ojos, esa espuma negra, el barro bajo la nieve.
Y como la hora no llegará, cae tú también por la catarata,
ve a reunir los pétalos de tu retrato y cerrando los ojos
déjame escribir en el fondo tu nombre,
ma Rosa, con un tizón sobre un muro de cal.

(de Tres bóvedas)

370
El misterio cumple cien años

Las brumas leves, los soles delgados, los vientos con el


cuello en torbellino y la mujer de mi jardín invisible
conocen lo que cada vez trae noviembre, lo que deja, lo
que se lleva cada vez entre el ruido de las campanas, el
grito de los que visitan lo perdido en el polvo y lo que
dice, por ejemplo, el número 13 junto a un martes y a
un nombre que ya no brilla a causa de la piedra que lo
conduce en lento descenso hacia el olvido.
Rosamel del Valle

Si los muertos habitan, habitan en el porvenir,


y lo que de ellos queda en el presente
es tan sólo un lastre para el viento.

Un lento descenso hacia el olvido, decías,


y el número 13 junto a un martes. Ese martes
que ya es hoy, pero que no ha dejado de ser mañana.

El olvido habita en todas partes,


pero es ciego cuando habita en el porvenir.
Tal vez hoy
podamos hablar con nuestros hermanos, aquellos
que quedaron hablando solos en el salón, clavados
en su silla por las miradas que los comensales
arrojaron antes de envejecer y esfumarse en el tiempo.
Tal vez hoy comencemos una conversación
a través del ojo de la cerradura, con la sola esperanza
de ver que un niño recoge las llaves que a uno y otro lado
caen como lágrimas invisibles.
Y tal vez hoy

371
sea posible levantar las huellas de la muerte
como quien desprende de la piedra sellos postales. Es que todo
indica que es la hora de partir, que nuestros amigos
ya han reunido el resplandor del mundo sobre la mesa
y que no debemos perturbar al pequeño chincol
que duerme sobre él. Es el misterio
que cumple cien años. Un día como hoy,
pero ya hace mucho, fue el baile de los molinos y las lámparas.
¿Acaso todavía estás allí? Se nace, se muere ¿y qué más da?
Tal vez demasiado. Pero el poema no tiene por misión
ni la vida ni la muerte. El poema es la piedra que se desvanece.
Y el tiempo y tu nombre sobre la piedra
pierden su brillo opacados por el chincol que duerme allí.
Quisieras opacar tu rostro junto a ellos, dejar que el viento
allane los surcos sobre la piedra, pero bajo tu nombre
está el de Thérèse, aunque ella no yazga junto a ti.
Ella lo hizo grabar tan sólo
para que la piedra no pesara sobre la tierra.
Esa piedra está ahí flotando, como una rebanada de eternidad.
Lo que pesa es la tierra que la sostiene, pesa
como un cordero que te colgaran de los párpados.
Pesa, y los huesos se deshacen y escapan del torniquete,
año tras año, hasta que el árbol sobre la tumba
sea más alto que un hombre y dé frutos. El árbol crece
y da sombra a los que vinieron a buscar lo perdido. Pero el amor
nos contradice. No olvidaremos jamás el árbol
que creció de tus huesos, que no es un ciprés blanco
ni una encina con ramas de muérdago,
sino este simple albaricoque, del árabe albarcoq, del latín
praecox, el fruto que madura temprano,
más temprano al menos
que la campana hueca de mi propia muerte,
ese grito de espanto y regocijo, porque todo será cierto
cuando todo se acabe y otros digan lo que trajo noviembre,
lo que dejó, mientras nosotros olvidamos que noviembre

372
es el mes de los muertos, aunque olvidemos con ello
que noviembre es también el mes azul del jacarandá.

Santiago, martes 13 de noviembre de 2001

(de Tres bóvedas)

373
El chincol

Dirás: perdura la pérdida, Andrés,


perduran los hábitos de la muerte.
Buscarás a los tuyos pero nadie
hablará tu dialecto, variaciones
sobre una misma pregunta que muere
todos los días, o tan sólo a veces.

El canto del chincol


tintinea distinto de ventana
en ventana,
pero su cuerpo y su cabeza
están unidos
por una misma lágrima roja.

La noche te regala una palabra,


luego el alba te regala el rocío.
Di: perdura la pérdida, perdura
el olvido que brota de tus manos.
El futuro es la palabra y el rocío
cubre los ojos con claros reflejos.

El canto del chincol


alarga su pregunta por las noches
y espera
la pedrada del amanecer
y espera
tu silencio y el nombre de las cosas.

(de Tres bóvedas)

374
El águila

Mucho me hablaron de este pueblo, dicen


que es posible mirar el sol fijamente, envejecer
de golpe detrás de unos gladiolos
y morir escuchando las risas de los niños
que danzan alrededor de la casa en llamas.
Yo no sé quién es usted ni cuál es su nombre,
sólo sé que mis hijos serían felices
viviendo en este pueblo. Míreme bien,
¿soy digno de entrar en su casa? Mis ojos,
¿le recuerdan los de algún ser querido? Mis manos,
¿son las de un trabajador? Quisiera
compartir con usted algunas horas, nada más.
El tiempo pasa y siento que mi piel se desprende
en escamas. Me han dicho que es posible
mirar el sol fijamente, que es posible
envejecer de golpe detrás de unos gladiolos.

Expulsé de mi casa las crías de mis manos,


toda mi vida la pasé colgado del destino
y heme aquí, buscando reposo.
Soy el que soy, un ojo en la penumbra,
un peñasco que espera la hora propicia
para arrojarse al mar que refleja todas las cosas.
Yo no sé quién es usted ni cuál es su nombre,
pero su rostro es el rostro del mar
que refleja todas las cosas. Y que no dice palabra.

(de Tres bóvedas)

375
Pequeño Sermón de la Montaña

(I )

Hablemos
del leve dormitar de la mariposa, de la pequeña
perturbación de sus alas, del instante preciso
que vuelve el paso de un sueño al otro
una patada en la cabeza del huracán.
Mueve tus labios apenas para humedecerlos
e incendiarás la casa. La palabra que huyó sin que lo notaras,
mientras desgranabas legumbres en la cocina,
acaba de quebrar un glaciar que dormía en la laguna.
Puedes gritar, golpear las rejas de tu casa,
cantar incluso, puedes intentar ese amor
que es un ruido en el centro del cosmos,
pero la catástrofe será menor que si permites
a la mosca levar el vuelo en el centro de tu habitación.

(2 )

O bien: el placer nunca está en casa / apenas un


toque y se funde / como las burbujas cuando llueve a
chuzos / Por eso abre de par en par la jaula, etcétera. Ay,
amor mío, he tenido sueños horribles, viejas baladas in-
glesas en las que tú y yo caminamos entre tumbas llenas
de guirnaldas. Y andábamos en volutas sin rumbo preciso,
como atraídos por un gran imán. Ante nosotros, el sol
negro de la golondrina, la copa volcada, el diente de luto.
“Qué manera esa la tuya de confundir las cosas”, decías.
Y en las orillas, crisantemos. ¿Ves? Una vez te dije que los
crisantemos eran flores de cementerio y tú me aclaraste que

376
eso depende de su color. Yo pensaba en esa redondez, en
el sereno compás con que un niño cuadra su despojo. El
sol gira en los pétalos como el pequeño torbellino de los
desagües. Un viejo pozo sin fondo, y un aroma, y ningún
color. La muerte, como el amor, entra por los ojos. Y uno
entra en ella de cabeza, brota si se quiere. Lo nuestro es la
palabra abundancia. El muerto lo comprende y bebe de
nuestra copa. Las madres van de compras, alguien les ha
dicho: basta. Y entonces tú y yo, irremediablemente:

(3)

Hablo de un gran desconocido,


beatus ille
que recortó su sombra en el horizonte para conservar la edad,
que permaneció a la deriva en un barco desmantelado
por aguas que no reflejan ni el sol ni la luna ni las estrellas
porque ellas tienen su propio sol y su luna y sus estrellas,
que bebió hasta el hartazgo para vaciar su pequeño alrededor
e hincharse de una gran nada perfumada,
que empapeló su habitación con ideas fijas acerca de los muertos
para nunca olvidarlas ni maldecir la pestilencia de los gusanos,
que abrió la palabra “siempreviva”
para quedarse con un tibio crujido del tiempo,
que secó la mano del porvenir para no sellar más pactos ni alianzas
bajo la hermosa luz del atardecer cayendo sobre los trigales,
que escuchó un ruido de bayonetas entre pequeños libros coagulados,
que huyó lejos de su tierra natal
con las valijas cargadas de granizo y escarcha,
beatus ille,
que aprendió la breve gramática de los roedores,
que en la azotea de la gran casa de la melancolía
esperaba como el minotauro de G.F. Watts la llegada de un barco lejano
o un canto de sirenas ensordecedor,

377
que hablaba en lenguas a un gato de piedra,
beatus ille,
que amó como y cuanto pudo por sobre todas las cosas,
beatus ille,
que fumó y fumó hasta que fue imposible distinguir entre él
y el humo que recorría la casa
beatus ille,
que no fue nacido de mujer sino de una gran carcajada
abierta entre el follaje del que nadie puede salir
beatus ille
beatus ille
beatus ille.

( de Tres bóvedas)

378
Caliente lejanía

(...) un vacío para recomenzar


el espacio, para buscar el borde
que podría llamarse día.
Jacques Ancet

El año envejeció justo en la fecha, justo en agosto


dejó caer sus bellas canas sobre los ciruelos.
El invierno tendrá que guardar su baraja, como entonces,
y ¿en qué estábamos? Ah, sí, un sueño, te dije, un sueño
que tuve, un sueño que era casi tu rostro, un telar casi,
la urdimbre trenzada sobre el agua, cómo decirte, podía ver
a través tuyo, hacia el fondo, donde todo se movía.
Y era importante para mí que fuera un sueño,
porque allí el invierno no sabe mi lengua. El viejo invierno
que les pone alfileres en los ojos a las aves migratorias.
Y un sueño no es un sueño si el invierno habla en él.
Arden las manos, las llamas escurren entre los dedos.
El invierno debe quedarse a la intemperie, roer
su pan duro, mirar por el ojo de la cerradura.
Lo demás es el tiempo y el abandono. Recuerdo
tantas cosas, todo aquello que prometí escribirte,
como quien promete una visita dominical sin saber que a veces
los domingos desaparecen de la semana. Los sucesos
comienzan a desfigurarse, como el rostro de un mendigo
tras un vidrio de catedral, y sólo queda obcecarse
con el palimpsesto, con su resplandor más terrible
cuanto menos inteligible. Entonces, decía,
entre nosotros y el suelo apareció un río desbocado,
una lágrima con un tigre adentro, hubo una leve agresión
de fragancias, la recia ternura de la espuma, la palabra
hervida entre los labios, un beso largo y rizado
como un pelo del mar. De todo ello prometí escribirte,

379
contártelo todo con lujo de detalles, aunque esto significara
resignar la posibilidad de la duda y dejar en nada el milagro
de la soledad: el aire cede en la habitación, se rasga
y brota de allí una palabra, un gesto, una mano incluso
que te acaricia hasta que despiertas y la olvidas.

A los amantes se les separa siempre de la misma manera:


los aeropuertos se llenan de un horrible olor a crisantemos
y el mundo se detiene un segundo, para luego seguir su camino
tragando saliva. Y a veces queda temblando un recorte de aire,
un contrato con el desalojo, que si bien podría conducirnos
a la locura total, se conforma con adiestrar nuestra mirada
como adiestra un niño la de su padre
al convencerlo de la existencia de extraños animales entre las nubes,
enormes bestias que lo acompañarán desde entonces y para siempre.

Los espacios son despojados de toda evidencia,


¿pero qué queda en su lugar que hace tanto ruido,
tanto escándalo, como si de pronto fuera a salir de allí
un cartero amordazado que agita sus brazos y con lágrimas en los ojos
éste nos abrazara y nos pidiera perdón? La realidad,
entonces, queda a merced de una pequeña esperanza.
Lo contrario sería apostar la cabeza a la disolución
y gozar de un sueño más claro, cotidiano, que nos permita
decir al cabo de mucho tiempo: “mira tú, lo que son las cosas,
tú y yo de nuevo aquí, parece mentira ¿no?”. Pero la realidad
queda a merced de una pequeña esperanza. Los sucesos
son tan difusos que uno podría caminar entre ellos
sin poder distinguir ni el rostro de la madre. Y todo
se pone color de hormiga cuando uno desea
abrazar una sombra que descalza se pasea en camisa
por toda la habitación. El eterno desayuno
de unos amantes de porcelana confunde así toda idea
que nos hayamos hecho de la realidad. Se piensa,

380
por ejemplo, en poder estirar la negra madeja
que enreda una mosca durante días en la habitación
y reunir entonces lo desunido, amoblar la casa desalojada.
Un sueño, te dije, un sueño que tuve, un sueño
que era casi tu rostro.

Pero la verdad de las cosas


es que hay casas donde la luz anda a la siga de las ampolletas.
Los anteojos están llenos de tiza y aceite quemado.
Y debieras saber que en la ciudad no se mueve una hoja
cuando le hablas de amor al reflejo convexo en la cuchara,
aquel pequeño retrato quieto en el té, como en su cuna de bronce
un niño de meses o como una venda negra multiplicada
en la pupila de los fusileros. Y debieras saber
que el viento buscaba una casa en la ciudad, andaba como loco
golpeando las ventanas. Pero no traía ni llevaba noticias,
sólo entraba en las casas vacías portando un eco metálico y seco,
una gotera que ha de martillar en alguna habitación o la manecilla
del reloj atascada contra el mismo retrato, una y otra
y otra vez, o la aguja que salta y regresa al mismo surco del disco
o una inmensa cruz de piedra que escarba en la brisa,
buscando el corazón del vacío, el sonoro corazón del vacío,
aquel del que se llega a pensar que pronto dejará caer
un ojo cerrado,
un lento pétalo sobre el mantel,
es decir, cien pesos de vacío y terciopelo,
y uno dice sí con la cabeza, como quien descubre
adentro de la mañana otra mañana más brillante,
que no requiere de sol, porque es ciega y negra.
Un sol
en la habitación ¿es un deseo cruel? En una casa vacía
no existe la palabra crueldad. No existe la palabra deseo.
Y ahora tu rostro es lo único que existe. Tu rostro, como la mañana.
Como un candado de corazonadas abierto de pronto,
el reencuentro de los amantes termina por confundir

381
toda noción que se tenga de la realidad, y ahora tengo que escribir
el sueño que te dije, aunque eso signifique
resignar la posibilidad de la duda y dejar en nada el milagro
de la soledad: el aire cede en la habitación, se rasga
y brota de allí una palabra, un gesto, una mano incluso
que te acaricia hasta que despiertas y la olvidas.
Pero ¿cómo distinguirlo entre las baratijas del invierno,
cómo sacarlo de allí sin quebrar la taza que prometía su forma
al café, la tibieza que entraba en oleadas
como los dedos de una bailarina que te roza al pasar
y deja a la ventana hablando sola?
El año envejeció justo en la fecha,
justo en agosto dejó caer sus bellas canas sobre los ciruelos.
Entonces la soledad no es precisamente lo que pensábamos,
no lo es, en absoluto. El poema es el testigo del absoluto.
En lugar de tu mano aparece un pájaro recién despojado
de su corteza. Un pequeño chercán por ejemplo,
que la lluvia ha desvestido de su espuma de muerte
para que cante y viva, como un homenaje a lo que te propongo
denominar muy secretamente el bautismo de la hojarasca.
Y que todo lo referente al vacío sea la disolución,
que del durazno quede solamente el cuesco ensangrentado,
que quede solamente una letra, una A es bastante,
para llegar a un acuerdo con el azar que recorre las bibliotecas
detrás de lo que allí permaneció de nosotros
como prueba irrefutable del milagro, la mano de agua,
el día que renace del centro de la habitación
sin que se nos prohíba tocar nuestras ideas acerca de la carencia total,
como se le prohíbe a la golondrina tocar su negro sol de presentimientos
y alejarse hacia los ojos de los adolescentes.
Entonces
la soledad no es precisamente lo que pensábamos,
no lo es, en absoluto. Y los ciruelos imaginan el lugar
donde este poema llega a su . n diciendo caliente lejanía.
Sería una bella ilusión, pero no tan bella

382
como esta mi única certeza: un sueño, te dije, un sueño que tuve,
un sol en la habitación, el mismo tal vez
que ahora quiere pasar entre tus labios y los míos,
para oír la promesa del amanecer, el zarpazo de la abundancia.

(de Tres bóvedas)

383
384
ANTONIA TORRES
(Valdivia, 1975)

Periodista. Ha publicado Las estaciones aéreas (Valdivia, Barba de


Palo, 1999), Orillas de tránsito (Secretaría Regional Ministerial
de Educación Región de Los Lagos, Colección de Premios Luis
Oyarzún, 2003) y la antología Ocio increíble. Primer Concurso
Nacional de Poesía Joven Enrique Lihn, selección y prólogo
(Valdivia, Barba de Palo y El Kultrún, 2000).

385
386
(líneas de un destino unívoco)

dijiste
que podría leerte como en un libro

los versos de tus manos y tu cuerpo

emplear métodos adivinatorios para descifrarte


y obtener letras o números cazados en el aire

dibujaría un mapa con los trozos que te recorren:

vellos, arrugas,
huesos, cabellos,

comí de tu carne durante el viaje


atravesé húmedas selvas
planicies amarillas
me especialicé en resolver puzzles existenciales
reuní datos para darles sentido
(te describo)

pero la constelación de tu cuerpo


está atravesada por estrellas fugaces
líneas de un destino unívoco
en el que éramos

las víctimas de una falsa ciencia


los practicantes de una superstición:
la palabra

(de Orillas de tránsito)

387
Pláticas

Nuestra conversación se vuelve


una sala de cine vaciándose lentamente
al terminar la película que nos deja inmóviles
mientras el acomodador nos mira ansioso
apurando la cháchara y el pasillo.

El espacio en blanco que media entre tu taza y la mía


(o entre un extremo y otro de la cama)
es un vacío, un silencio, un no -lugar
de esos que en las ciudades acumulan hiedra
basura
o crímenes.

II

Guardamos conversaciones

en cajas de cartón
selladas y empolvadas bajo las camas
entre nuestras ropas y en el desván.

Como el amante que guarda los recuerdos de la amada


pinches caracoles marinos piedras cartas semillas
fotografías tristes testimonios
en una caja de zapatos como ataúd:
el rito del entierro es el mismo.

(de Orillas de tránsito)

388
Año Cero

destilamos
el día
entre ramas de mañío, canelo, coigües
el siglo que se iba en un hilillo de luz

destilamos
un acto de alquimia en medio del silencio cavado
entre el moribundo calor de a tarde y la construcción del sendero

destilamos
la última gota de un año seco que fue a parar a la fogata
junto con los desaciertos de la biografía personal

ascendimos
destilando en las camisetas el rencor acumulado
vimos caer el último sol en mil años y bajamos con linternas
para hallar el destino
oler el polvo, el suelo, besar sus piedras
hurgando, husmeando levantarle el tejido al día
recorrer sus cisuras, soplar entre sus rendijas
quietito allí
como dormido
para alzar de pronto la vista del libro
y asegurarse de que ya no moriremos esa noche

atrás
la ciudad azul
destilaba gota a gota el atardecer que escurría junto al miedo
de bajar más tarde por el túnel:
furtivos saltos, carrera de asesinos perseguidos por linternas y perros
el frenético sonido de la hierba rozándonos las piernas

389
apurar el relato apurar el paso para espantar los muertos del siglo que
ahora
agónico
goteaba

alcanzar el campo que cruzamos imprecisos la memoria


cuyos senderos escogemos arbitrariamente para alcanzar el campamento

al fin
el nicho perfecto
el nido horizontal donde deslizar el sueño
y el amargo champagne copando el aliento
la ilusión de despertar en cero, cero y

cero.

(de Orillas de tránsito)

390
Patios Oscuros

breves tragaluces en que el sol apenas


alcanza en su oblicuidad
a entibiar la hiedra que sepulta
la fugaz niñez, recuerdo

allí
entre inusitado pasto y lápidas
jugamos a las bolitas o pedaleamos casi
una bicicleta que apenas se sostenía en pie
entre un extremo y otro del territorio.

Patios traseros
o laterales
una de las siete maravillas del mundo antiguo
cuyos jardines colgantes desafiábamos
con la mira de un juguete
ensayo precoz de las sucesivas muertes
que enfrentaríamos afuera

Patios breves
sombríos aleros de la casa de Dios,
la nuestra o la del vecino
tres cuartos de cemento y uno de prado
la mágica proporción del tedio.
Como en un ring
cada esquina es un aliento en donde crecen
pequeñas flores, heroicos brotes de resistencia vegetal.

391
Algo de terror habita en estos patios
la noche que sube en sus cañones, sube al sueño
las preguntas que cuelgan de sus jardines
tal vez el día entero pende de la verja
de pronto, el ladrido de los perros que nos ata al presente.

Sorprende el tránsito por esta zona oscura


en la que el sol ilumina a destellos
(igual que en mi memoria)
los rincones húmedos que habitan caracoles
musgos y chinitas.

Un muro lavado por la lluvia


ahuyenta a los intrusos.

El surco anaranjado que dibuja el zinc en el suelo


juego de saltos y números
lo mismo que afuera
luche o rayuela,
seis, cinco,
descanso,
cuatro, tres,
descanso,
dos y uno:
la cuenta regresiva
para entrar al cielo.

(de Orillas de tránsito)

392
A Jorge

La provincia europea evapora su jornada


en gruesos telares de bruma,
telón de fondo para la prematura muerte del día.
Más allá,
la gran ciudad hierve entre copas y animadas charlas de mesón.

Somos unos viejos campesinos alemanes


bajando las persianas al frío y al mundo
que encienden sus lámparas de combustible
abrigan sus soledades
los poemas humean precoces a la noche.

¿Hacia dónde escapa la tarde de este hemisferio?

Lejos, al otro lado del mar, manos y pies taladrados


puedes contar todos tus huesos,
mientras nosotros, nos sorteamos tu túnica.
La heredad no es sólo materia, la casa de mi niñez y tus talismanes:
a cada uno toca también su porción de dolor,
su cuota de odio.

Me reservo, junto al hermano menor que ya no duerme,


el beso de plata que sella tu muerte
los dos vástagos de tu maltratado tronco
únicos testigos y concelebrantes en esta temprana cena
el beso final, el adiós, la imagen religiosa bajo tu pecho
soplo los últimos secretos en tu oído hueco,
el hijo desenreda la hiedra de tus dedos
que se graban en los míos
un padrenuestro ahogado

393
entre hipos,
y mis disculpas por no llegar a tiempo.
¿Hacia dónde escurre a tarde en tu hemisferio?

Los antiguos inmigrantes


traían consigo las herramientas para reproducir el pueblo natal.
En el viaje inverso me acompañan
los elementos del álbum familiar: el equeco de la historia.
La boda de los padres cuando caía el verano
para así no olvidar el origen;
la ciudad azul, magnífica,
el día que enterramos el siglo;
el nacimiento de nuestra hija;
los amigos, las madres infinitas en su espera,
la muerte presentida y tu expirar profundo
que me despierta a sobresaltos,
a medio camino entre tu cama y un aeropuerto europeo.

¿Hacia dónde ascienden los sueños del hemisferio?

La foto reproduce una tarde feliz:


el río entre niños y perros.
Una pobre orilla de playa a la que nos obligaba
el verano en la ciudad y su desierto.
La remota niñez se sumerge
junto a las oxidadas formas de Valdivia entrevisto
entre pesados fierros y memoria.
La inmersión en aguas de lo antiguo
cuando te creía nadador experto
de un río que oculta, aún hoy, el sonido de la muerte.

(de Orillas de tránsito)

394
Un rostro es un rostro en París
Campos Elíseos, Porque Luxemburgo
Sagrado Corazón
un rostro que espera es el tuyo y el mío
entre amapolas de todos colores
rostro que añoras
rostro de culpa y madre
rostros de gente en el metro
silentes y abstraídos
el rostro que enfrentan y niegan
rostro del padre muerto
el del esposo, la hija
que cruzan el porque, entre follaje y estatuas griegas.

Un rostro es el rostro
del hambre y el miedo
el retrato de la niñita que está por nacer
su estampa futura en el lápiz de un artista callejero.

El rostro es la foto que sacas en medio del tumulto,


entre tus cosas,
escarbas
el tesoro como botín de guerra

y lloras.

(de Orillas de tránsito)

395
Los noctambules

A Cynthia, Alejandra, Andrés, Alejandro y los otros

Los muchachos bailábamos al son de ritmos pasados de moda


creyéndonos nuestros propios padres, años atrás,
cuando reventaba la primavera
en todo el planeta al mismo tiempo.

Entregados al gozo del alcohol y la música


pasamos revista a la decrepitud, la vejez ridícula
que nos ofrece el show de brillantina y penumbra:

en el escenario bautizamos a Pierre,


ahora el “Demonio Rojo”,
la pianola eléctrica imitando los sonidos de toda una orquesta
remedos de bolero o bossa-nova.

“Los noctámbulos” ofrece su espectáculo habitual:


pan y pedazos de una fotografía arrugada
del que fuera París 1960.
Atrás, el artista joven en blanco y negro
peinado a la usanza de la época.
El demonio es un zoom
en donde aparecen aumentados los rasgos del payaso:
el jopo, desproporcionado hoy,
un cuervo ahuecando el vuelo.
El cráneo pequeño, envilecido
por prostitutas, África y traficantes.

Los parroquianos
grandes negras que acompañan
a barrigones y acaudalados hombres de negocios,

396
los amigotes del artista con trago en ristre
y un extraño grupo de jóvenes latinos.

Mantuvimos encendida una hoguera toda la noche,


mientras la patria, a la distancia,
se convertía en la Europa que anhelábamos,
la mítica Babilonia en donde enarbolar banderas.

Mantuvimos la hoguera y la cordura


sobrios, simulando una gran borrachera,
salimos cuando ya amanecía
para abrazar la ciudad irreal y sus primeros brotes,
Abril en París desentumeciendo
hasta los últimos rincones de nuestra embarcación.

(Inédito)

397
398
ALEJANDRO ZAMBRA
(Santiago de Chile, 1975)

Ha publicado Bahía Inútil (Santiago de Chile, Stratis, 1998),


Mudanza (Santiago de Chile, Quid, 2003) y la novela Bonsái
(Barcelona, Anagrama, 2006).

399
400
( 1 )

Me dijeron que avisara treinta días


antes me dijeron que avisara treinta
veces al menos me dijeron que al
menos avisara treinta veces y que
en días como estos no se debe
—no se puede— trabajar. Que me fuera,
que dos cuadras más abajo preguntara
si quedaba sopa para uno si quedaba media
botella para uno me dijeron que a medias
quedaba una botella
y tenían razón:
si te gusta te gusta
si no te gusta no te gusta no más
me dijeron que tenían razón y tenían razón:
ella es débil y blanca tú eres
pobremente oscuro y eso es todo cuanto hay
no en el fondo sino encima de la cama
cuando besas y te besa.
Atardece, mientras cae
no la noche pero algo y en las fundas
una forma peligrosa que se mueve
como un bulto del que buscas la salida.
O te quedas, me dijeron, y decides caer
—como la noche— rendido a los pies de
los pies de la amante que duerme sin saber
que duermes a su lado. Y que duele el brillo oscuro
en los brazos noche arriba.
O abajo,
de izquierda a derecha, treinta
noches con sus días en las fundas

401
que nos guardan y nos cierran y nos
guardan, embalados en las cajas
que ellos abren muchas veces con
sus días y sus noches con sus veces
y sus días, hasta que ellos por si acaso
cambiarán la cerradura por si acaso
regresaras el camino ya no importa
que la llave se desfonde en el bolsillo
ni es preciso repasar la borra espesa
de la taza picada. No nos quites el
saludo, no nos quites el dinero
no tenemos más
cigarros porque en noches
como estas no se puede –no se debe-
trabajar, no se puede –no se pudo-
hacer favores ni hacer caso de las voces
que te dicen: ella duerme por las noches
a tu lado y no lo sabe porque duerme,
ella besa y tú la besas, eso es todo, era todo
cuanto había no en el fondo sino encima
de la cama embalada treinta días,
treinta veces me avisaron que dijera
que me iba y no volvía. No nos quites
los cigarros, que me fuera tan tranquilo y callara
si te gusta y cerrara la boca si no te gusta,
no te cuesta nada hacernos el favor
de sentarte con prudencia a la espera de noticias
tan tranquilo tan sentado mientras cae
no la noche pero algo y una forma
peligrosa se remueve en la memoria
como un bulto del que buscas la salida.

402
( 3 )

Me quitaron las palabras de la boca,


esas cuatro o cinco líneas que diría
si de pronto regresaran con el vuelto
y las sillas tapizadas nuevamente:
grabadoras que repiten unas voces
tan seguras de que alguien las escucha.
Las llamadas telefónicas fracasan,
es muy tarde en Bad Hersfeld y en Madrid
es muy tarde en Elvas y en Manresa,
en Granada nos quitaron
los cigarros de la boca
y alcanzamos con el vuelo
al mirador. Alguien dijo que la virgen no
demora, alguien dijo que esperáramos
al dealer, que grabáramos los nombres
de una vez, que juntáramos la plata
mientras tanto.
Cae la noche sobre Quito
y en Santiago
treinta locutores prolongan las aristas
de un problema con múltiples
aristas: grabadoras que repiten
unas voces tan seguras de que alguien las
escucha. Ella viaja largas horas a Granada,
ella espera que la virgen no demore,
amanece en Albayzín y los borrachos
sentenciamos que esta vez
fue diferente, que los clavos se oxidaron
y el silencio
fue una especie de resuello reprimido,

403
que la virgen no mejora con los años.
Amanece en Sacromonte y en Santiago
y en Bad Hersfeld adelantan los relojes.
Este día es el más largo,
esta noche es la más larga
—nos advierten que los diarios de mañana
no cubrieron la noticia, que hace frío,
que conviene que cerremos las ventanas
y los ojos
porque en días como estos
no se puede —no se pudo— hacer favores
ni hacer caso de las cosas que te dicen
las tarjetas de destino:
a la cárcel
pero rápido, al cine al hospital a la plaza
de armas pero rápido, ella es débil
tú eres blanco pero a veces solamente,
cada tanto recomienza
lo que ahora desconoces, no nos quites
el saludo, no tenemos más
cigarros, ya no importa que despiertes
cuando rondas por la noche ni que pierdas
la jugada o la tajada muchas veces
el azar es previsible y la forma de
la boca se conmueve cuando chupa:
las llamadas telefónicas fracasan
es muy tarde en Bad Hersfeld y en Madrid
es muy tarde en Elvas y en Manresa
en Granada nos quitaron los cigarros
de la boca y alcanzamos a llegar al mirador,
escogíamos lugar cuando te vimos
y quisiéramos saber si no te importa
que pasáramos de largo por la noche, muchas veces
el azar es previsible, las llamadas telefónicas
fracasan, me quitaron las palabras

404
de la boca, esas cuatro o cinco líneas que diría
si de pronto regresaran con el vuelto
y las sillas tapizadas nuevamente.

405
( 6 )

Mientras cae no la noche pero algo


plomizo
despunta: un brote subterráneo,
un esfuerzo abdominal, no hay
mayores digresiones en la
prosa esta mañana, es ahora cuando cruzo
sin sonido
los umbrales, los pasillos
interiores, las aldabas, los descansos
y las pausas. Ahora riego mi jardín
ciento por ciento a la espera de los brotes
infecciosos mientras tanto
bloquearán la cerradura por si acaso
alguien cambia de iniciales, alguien deja
nuestras fiestas y se olvida sus renglones,
es ahora cuando empieza finalmente
el desfile de esos rostros que no actuaron,
no dijeron ni sus líneas
ni dejaron sus abrigos en custodia
y es por eso que ahora invento
con sus rasgos otras pausas y otras
voces distendidas que comentan en
silencio que preguntan cuál entonces
es la idea: embalar los instrumentos
es la idea, que se queden con las sillas
si les sirven, hace poco me avisaron
que dijera que me iba, no era yo quien
saludaba atentamente, dónde dejo
las tijeras por ahora, que se queden
los cigarros y la ropa ya no espero

406
buenos precios ni señales convincentes
porque en días como estos no se puede
–no se pudo- hacer favores ni hacer caso
de las voces que te dicen: ella duerme
mientras pasan comerciales, ya leyeron
los poemas que traías preparados, este día
es el más largo, esta noche es la más larga,
que el silencio sirva entonces como excusa
mientras tanto retrasamos los relojes
y la espera parpadea según pasan los taxistas
y las micros: los remilgos, los remedos,
las aldabas, los umbrales, esas pausas
que pensaba proferir quedaron fuera:
me dijeron que avisara treinta días
antes, me dijeron que avisara treinta
veces al menos, decidíamos
las veces, repasábamos
las pausas, desoíamos
las voces y una forma peligrosa
escogía por nosotros el camino, una forma
peligrosa se desfonda en la memoria como
un bulto del que buscas el regreso
mientras cae en Malasaña
no la noche pero algo
y las putas y los junkies se quedaron
con el vuelto: que se queden con el catre
y las revistas si es preciso, que acomoden
como puedan ese bulto en el camino, que
repasen con cuidado los pecados y las cuentas,
sólo faltan las baldosas y los postres y las firmas,
cada tanto los humores sincronizan y se olvida
que ella viaja largas horas y no llega y eso es
todo: el descanso en la escalera no permite
demasiadas precisiones y se pierden
las señales cuando pasas

407
con los brazos ocupados, me quitaron
las palabras de la boca, esas cuatro o cinco
veces con sus voces y las pausas
que pensaba proferir: le bajaron el volumen
al zumbido, fue la mano no era yo quien
saludaba, me dijeron que avisara
treinta días antes, treinta
veces me avisaron que
me fuera y no volviera.

(selección de Mudanza)

408
Poses

1.

Agua, lágrima que hemos visto como tristeza


Agua, tristeza que nos fue dada como lágrima.

2.

agua que hemos visto como


lágrima,
lágrima que hemos visto como
tristeza,
tristeza que hemos visto como
agua;

agua que nos fue dada como


lágrima,
lágrima que nos fue dada como
tristeza,
tristeza que nos fue dada como
agua;
agua
como
tristeza
como
lágrima
como
agua
como
agua.

(Inédito)

409
Direcciones
(Sobre un fotomontaje de S. Nishimura)

Alguien quiso nada más.


Y sobró. Sobró paciencia
y sobraron los motivos.
Después hubo un viaje largo,
al desierto o a la playa.
Un viaje raro, dormimos
pero mal, empezaron con las bromas
y el silencio. No hace frío,
no hace nada de frío hace calor.
Hace tiempo.
Fue hace tiempo:
Un ciego contaba historias
sobre sombras, sobre sombras
que peleaban en la luz.
Un ciego de nacimiento
Un ciego por adopción
Varios ciegos ponen puntos
ponen comas
y el silencio continúa:

La escena continúa hasta que alguien


recorte de una vez los pormenores
de la luz. La escena sigue
y el público comprende que no hay más
que unos ciegos vacilantes
rayando una superficie
demasiado oscura y blanca.

(Inédito)

410
411
412
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427
428
AGRADECIMIENTOS

Este libro no hubiese sido posible sin la colaboración de los autores incluidos.
Agradezco su disposición y voluntad tanto en la entrega y revisión del material a
publicar como también las conversaciones que nutrieron este trabajo. También
agradezco los comentarios, el interés y el apoyo de Leslie Leppe, Ana María Sanhueza,
Brenda López, Marcela Labraña, Jeannette García, Carolina Brncic, César Tasso,
Carla Pérez, Fernando Gaspar, Daniel Duque, Roberto Contreras, José Luis Tasso,
Mauricio Valdés Riroroko, Felipe Rivera, Álvaro Bisama, Martín Gubbins, David
Bustos, Diego Remondo, Noemí Grinspun, Julio Buzeta, María López, Marcelo
Salinas, Ricardo Bravo, Solange Jara y Carola Vesely. A Carlos por las correcciones y
sobre todo por haber estado en los momentos más difíciles.
A Alicia Simmross por su trabajo y empeño en que este libro fuese finalmente
publicado y a Carlos Labbé por la complicidad crítica y las últimas afinaciones.
También agradezco el cariño, complicidad e interés permanente de
Ana Ruth Lange y Roberto Agustín Valdés
A Carlos Lange Valdés por el camino recorrido juntos, por sus críticas
y por su lealtad a toda prueba. A Gloria Valdés por su incondicionalidad, su
perseverancia, su amor y su fortaleza.
A Carlos Lange Velaschuaga por su amor, su rigurosidad, sus exigencias,
sus pasiones, sus ideas y su vida, las que motivaron y permitieron, antes y ahora,
este trabajo.

429
430
ÍNDICE

PRÓLOGO..................................................................................................11

ANDRÉS ANWANDTER ........................................................................ 23


JAVIER BELLO .................................................................................... 45
JULIO CARRASCO .............................................................................. 63
FELIPE CUSSEN ................................................................................. 83
ALEJANDRA DEL RÍO ......................................................................... 99
KURT FOLCH MAASS ....................................................................... 121
YANKO GONZÁLEZ CANGAS ............................................................. 147
JAIME LUIS HUENÚN ....................................................................... 165
VERÓNICA JIMÉNEZ ......................................................................... 183
CRISTÓBAL JOANNON ...................................................................... 211
ADÁN MÉNDEZ .............................................................................. 233
PEDRO MONTEALEGRE .................................................................... 259
ENOC MUÑOZ ............................................................................... 273
MIGUEL NARANJO .......................................................................... 293
MATÍAS RIVAS ................................................................................. 317
JUAN CRISTÓBAL ROMERO ............................................................... 341
LEONARDO SANHUEZA .................................................................... 363
ANTONIA TORRES ........................................................................... 385
ALEJANDRO ZAMBRA ....................................................................... 399

BIBLIOGRAFÍA...................................................................................413

431