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Su cuerpo cree

lo que usted le
dice
Serge King
Nuestro cuerpo reacciona a mensajes que le transmite nuestro cerebro – a
nuestros pensamientos y sentimientos. Que esos mensajes pueden enfermar, lo
sabemos todos. Sin embargo, ese proceso también se puede invertir. Nosotros
mismos decidimos si estamos sanos o enfermos. Y una vez que hemos decidido
estar sanos, todo lo demás es cuestión de práctica.
En este libro usted aprende a descifrar el lenguaje de sus órganos, y aprende
cómo puede emplear pensamientos, imágenes, palabras y emociones, para la
autosanación.

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Prefacio

El objetivo de este libro es indicarle cómo usted puede lograr buena salud con sus propios
medios espirituales, mentales y emocionales. Yo hablo de “construir”, porque ese es realmente un
proceso de construcción espiritual. En el fondo, lo que podemos lograr de esa manera no está
sujeto a límites, pero aquí nos concentraremos en el proceso de sanación.
Lo que usted leerá es una especie de destilado de treinta años, que he dedicado a la
investigación de la esencia del espíritu humano y de las emociones humanas. Como estudiante de
metafísica, parafísico, antropólogo aficionado, ingeniero social, consejero de empresas, consejero
eclesiástico especializado en psicología y psicólogo, tuve la excepcional oportunidad de
observar, tanto los efectos positivos como también negativos del pensamiento humano. En el
transcurso de esos años llegué al convencimiento absoluto de que nosotros mismos somos
creadores de nuestras experiencias de vida y exclusivamente víctimas de nosotros mismos, y que
está en nuestro poder cambiar esa experiencia de casi cualquier modo.
El ejemplo más notable de esa capacidad es nuestro propio estado de salud. Durante los siete
años que estuve en Africa, tuve que ver de vez en cuando con diferentes “curanderos” y fui
testigo de numerosas sanaciones, que la mayoría de los norteamericanos designaría como
sanaciones milagrosas. En mi propio país he visto el mismo tipo de “milagros”, en compañía de
sanadores espirituales y psíquicos. He hecho uso de lo que aprendí en esas ocasiones, y yo mismo
también he logrado cosas bastante notables. Además, durante mis estudios de psicología se me
fue aclarando más y más, que la capacidad de sanar no es exclusiva de algunos pocos expertos
especialmente preparados o de personas “extraordinarias”, sino que es más bien una capacidad
creadora natural que posee todo ser humano. Nosotros mismos creamos nuestra enfermedad,
como también nuestra salud, y al fin y al cabo solamente nosotros mismos podemos sanarnos. Lo
que aparta a las personas de ese conocimiento son simplemente sus convicciones en relación con
la naturaleza de la enfermedad y de la sanación.
Y así, quiero entonces exponer al comienzo de mi libro, lo que son imaginaciones y
convicciones, y cómo determinan nuestras experiencias. Después quiero familiarizarlo con
diferentes capacidades y cualidades del espíritu humano, que tal vez usted todavía no las tenga
muy en claro. En la segunda parte se habla de cómo nosotros ocasionamos enfermedades de
diversas formas, y en la tercera parte quiero indicarle cómo usted puede comenzar a construir su
salud.
Reconozco francamente: Este es un libro lleno de pensamientos no ortodoxos. Es muy posible
que la medicina ortodoxa critique algunas cosas. Pero este es un libro sincero. Cada una de las
ideas manifestadas en él ya ha sido llevada a la práctica con éxito. Mi meta es volver a poner el
poder de sanar en las manos que corresponde - en sus propias manos. De ningún modo estoy a
favor de echar completamente por tierra nuestra salud pública actual, que puede desempeñar un
trabajo muy valioso y que de hecho lo hace. Sin embargo, no tendría nada en contra de una
pequeña revolución que pusiera nuevamente las cosas en la perspectiva correcta. Este es un libro
sobre usted y para usted. Léalo. Llévelo a la práctica. Llegue a estar sano.

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Primera parte

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Capítulo 1
El mundo corresponde a nuestras expectativas

Las ideas rigen el mundo. Pero nosotros tenemos que ver con dos diferentes categorías de ideas
que rigen el mundo – con circunstancias dadas y con conceptos. Y cada una de esas categorías
tiene su propia manera de actuar. Una circunstancia dada, como yo la defino, repercute sobre
cada ser humano en la tierra, independiente de raza, creencia, cultura o lugar. Existen
relativamente pocas circunstancias dadas. La vida es una circunstancia dada. Dados son también
el nacimiento y la muerte, la fuerza de gravedad y el electromagnetismo; dados son la Tierra y el
sol, el aire, el calor, el frío, etc. Las circunstancias dadas son. Ellas mismas y sus efectos afectan
a todos. Y prácticamente no se las puede cambiar. Se pueden eliminar circunstancias dadas (tal
como el ser humano ha eliminado al dronte) y se pueden utilizar (para fabricar refrigeradores o
generar luz eléctrica), pero las circunstancias dadas mismas son invariables.
Para aclarar lo más posible el asunto, quiero explicar que para mí la categoría de las
circunstancias dadas abarca tanto lo material como también lo ideal. Si se toman como
circunstancias dadas al dronte, al dinosaurio y a las palomas peregrinas, está claro que esas
circunstancias dadas han dejado de existir. El hecho de que alguna vez en el pasado hayan
existido, es invariable, pero por medio de su exterminación han sido eliminados de nuestra
realidad actual como circunstancias dadas. Si definimos una circunstancia dada como “eso que
es”, entonces el dronte no es una circunstancia dada, porque ya no existe más. Eso que es, en el
caso del pobre dronte, es el informe sobre el pájaro. El informe es una circunstancia dada, no el
pájaro. Por esa razón yo digo que las circunstancias dadas pueden ser eliminadas o utilizadas,
pero no cambiadas.
La categoría más amplia de ideas que influyen sobre nuestra vida son nuestros conceptos, que
en este libro los igualaré con las creencias. Los conceptos son ideas de circunstancias dadas y se
refieren solamente a una parte de la humanidad y también a ésta sólo temporalmente. Sin
embargo, tienen un gran poder, ya que nuestros conceptos sobre la vida son decisivos para como
nos sentimos, para lo que hacemos, para como se forman nuestras relaciones interpersonales y
para todas las demás experiencias personales. Los conceptos se diferencian claramente de las
circunstancias dadas, en que son variables. Si cambian nuestros conceptos, con ellos cambia
también nuestra experiencia de las circunstancias dadas.
Muchas personas caen en dificultades porque tienden a confundir sus conceptos con las
circunstancias dadas. En otras palabras, tratan a sus conceptos como circunstancias dadas de su
vida, en vez de verlos como ideas de esas circunstancias dadas. Aquí hay algunos ejemplos
típicos de conceptos que algunas personas designan como circunstancias dadas invariables:
“La vida es una lucha”.
“El éxito es cuestión de suerte”
“Suceda lo que suceda, es el destino”.
“Soy impotente frente a las fuerzas que me rodean”.
“Soy incapaz y sin valor”.
“El mundo es un lugar de amor y de estímulo”.
“Puedo actuar como se me ocurra”.

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“Nuestras experiencias son predecibles (o impredecibles)”.
Para aclarar lo que quiero decir, extraigo de esos conceptos lo que realmente está dado:
“La vida es”.
“El éxito es”.
“Suceda lo que suceda, es”.
“Yo soy”.
“El mundo es”.
“Yo puedo actuar”.
“Nuestras experiencias son”.
Hasta ahí esta dado. Todo lo que nosotros agregamos es cuestión de concepto. Como vemos,
los conceptos pueden ser tanto positivos como también negativos. Lo decisivo es que éstos en
todo caso determinan muestras experiencias. Nuestros conceptos sobre la vida son comparables
con unos lentes especiales con efecto de filtro, a través de los cuales observamos el mundo. Esos
lentes son tan especiales, que solamente podemos ver las cosas de una manera bien determinada.
Con esos “lentes de concepto”, todo lo que nuestro filtro no deja pasar está excluido de nuestro
conocimiento, y de ese modo la vida parece corresponder a nuestros conceptos arraigados. En vez
de reaccionar libremente y sin obstáculos ante lo que es, reaccionamos a lo que nuestros
conceptos nos hacen creer. Si en su caso eso tiene un efecto ventajoso para usted, lo hace más
saludable, más feliz, más fuerte, más exitoso, entonces es excelente. Pero si se observa usted
mismo y observa a las personas que están a su alrededor, tal vez se dé cuenta que sus lentes – es
decir, sus conceptos – muy a menudo trabajan contra usted. No se desespere por eso. Los
conceptos no son nada fijo. Usted ha elegido los suyos (en un determinado nivel de consciencia)
y no está obligado a aferrarse a ellos si no quiere.

El origen de nuestros conceptos

Ahora usted tal vez se pregunte: “¿Si mis convicciones referentes a la vida simplemente son
sólo conceptos, cómo he llegado entonces a tener esos conceptos?”
Pues bien, se lo diré.
Desde el momento en que usted abandonó el vientre materno, experimentó la vida
ilimitadamente y trató de comprender lo que ocurría a su alrededor. Como bebé uno no es
simplemente un pedazo de carne humana que se mueve. Uno distingue mucho más y reacciona a
su entorno en una medida muy superior a la que la mayoría de la gente supone. Hace poco
tiempo leí en un artículo, que el recién nacido, ya después de sesenta segundos, está en
condiciones de imitar las expresiones faciales de los adultos y reaccionar ante éstas. Esa reacción
va acompañada de los primeros intentos por interpretar las experiencias. Cuando crece, el niño
tiene que tratar de entender ese nuevo mundo. Y de ese modo elige o decide lo que tienen que
significar sus experiencias. Si a modo de prueba ha emitido un juicio, automáticamente busca en
su entorno la confirmación de que eso tiene sentido, que es “correcto”.
Los padres son muy útiles en ese aspecto. El niño observa la reacción de éstos ante diferentes
sucesos, escucha sus palabras, capta lo que ellos le transmiten telepáticamente y utiliza esos
datos para tomar y confirmar sus decisiones. Algunas cosas de lo que los padres hacen, dicen y
piensan se adoptan, otras se desechan. Un proyecto de investigación psicológica que se lleva a
cabo por el momento, se ocupa de niños que son designados como “invulnerables”. Se trata
simplemente de aquellos niños que crecen en familias con padres y hermanos caóticos,
esquizofrénicos, neuróticos y/o psicopáticos y que al parecer permanecen sin ser afectados por la
forma de pensar y el comportamiento del resto de la familia. Ellos no son superiores ni
genéticamente ni en otro sentido a los niños que sucumben a esas influencias. Solamente han
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opinado y decidido otra cosa referente a la vida y a sí mismos. No han sido simplemente una
hoja en blanco entregada en forma indefensa, sobre la cual sus padres pudieran escribir todas sus
opiniones. Desde el principio han elegido. Cuando el niño tiene un poco más de edad, observa y
escucha a los parientes, a los compañeros de juego y a las personas que tienen autoridad y
continúa juzgando y decidiendo por sí mismo. Ya el hecho de que niños de la misma familia
desarrollen personalidades tan diferentes, indica que las decisiones se toman individualmente.
Una vez que hemos decidido que una determinada interpretación de una experiencia, por la que
nos hemos decidido, es correcta, hemos formado un concepto. Desde ese momento tendremos
tendencia a filtrar a través del mismo concepto, todas las experiencias comparables, con lo cual
le prestamos atención solamente a las partes de esa experiencia que confirman nuestra decisión,
mientras que el resto lo ignoramos. La mayoría de las grandes decisiones referentes a la vida se
toman en la niñez y siguen teniendo efecto como pautas en nuestra vida de adultos, a menos que
las cambiemos.
Examinemos dos niños pequeños que han llevado a la casa un balde con agua y tierra, con lo
cual hacen pasteles en la mesa de la cocina. Su madre entra y está horrorizada. Ella rabia y los
reta, les dice que son malos y les da una buena paliza. Esa es entonces la experiencia en bruto.
Pero entonces uno de los niños decide concentrarse en la idea de que es malo, de que ha
ofendido de algún modo a su madre, y de que tiene que ser muy tonto si no se ha dado cuenta
que hace algo incorrecto. Eso confirma entonces lo que ya antes ha tratado de juzgar y decidir, y
eso es, que el entorno es imprevisible y que él mismo es bastante incapaz de entenderse con él.
El segundo niño decide, en cambio, concentrarse en la idea de que los padres no quieren
suciedad, de que existe el riesgo de recibir una paliza cuando se hacen cosas que a ellos no les
gusta, y de que existe una gran cantidad de otros lugares donde se pueden hacer pasteles de
barro. Eso confirma entonces lo que él había tratado de decidir en ocasiones anteriores, y eso es,
que el entorno es imprevisible y que él mismo está completamente en condiciones de entenderse
con él. De ese modo, de una misma experiencia se originan, a través de dos filtros diferentes,
pautas completamente individuales y distintas.
Usted mismo es el origen de sus experiencias, porque su evaluación de la vida matiza sus
pensamientos, su imaginación, sus emociones y sus acciones. Y todo eso actúa como un imán
sobre los sucesos, circunstancias y personas asociadas con éstas, que usted atrae y por los cuales
es atraído. Afuera, el mundo está lleno de vida. Depende de sus conceptos, qué parte de ésta
usted experimenta.

Nuestra vida como reflejo de nuestros conceptos

Comprender con la razón que nuestras experiencias tienen su origen en nosotros mismos es una
cosa. Pero otra muy diferente es examinar de cerca su vida y decir: “¡Vaya, mira lo que has
ocasionado!” Esa idea es bastante difícil de aceptar, especialmente en una sociedad que tiende a
la opinión de que la vida es algo que nos ocurre. Sin embargo, las personas que tienen éxito en la
vida son aquellas que están bien preparadas para aceptar que – por el contrario – nuestra
experiencia sale de nosotros, en vez de que se nos sea impuesta.
Antes de que podamos comenzar a decidirnos por conceptos mejores, tenemos que darnos
cuenta cuáles de los que tenemos actualmente han fracasado. Una posibilidad consiste en
examinar minuciosamente nuestras experiencias actuales y descubrir que todo lo que las
caracteriza, sea deseable o no, es consecuencia de nuestra propia manera de pensar. El estado
momentáneo de nuestra vida revela sin reservas el estado de nuestras convicciones. ¡ Cuánta
gente ya ha discutido conmigo sobre eso! Ellas han insistido en que sus conceptos sobre la vida

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han sido completamente limpios y positivos, mientras que sus experiencias se han parecido a un
montón de escombros. Tan sólo cuando han superado su temor y han podido realmente examinar
su estado mental, nos ha sido posible lograr progresos y cambiar sus experiencias. No hay nada
que hacer: Si usted vive en la pobreza, tiene conceptos que le impiden llegar a tener dinero; si
tiene una salud débil, tiene conceptos que le impiden llegar a estar sano; si usted no se entiende
bien con la gente, tiene conceptos que hacen eso imposible. El contenido de su vida refleja el
contenido de su mente.
Su vida es el reflejo de sus convicciones referentes a la vida, pero la reflexión sobre su vida le
indica solamente en cuáles áreas de la vida sus convicciones no actúan en beneficio suyo. Usted
no obtiene una información exacta acerca de en qué consisten esas convicciones. Eso requiere un
autoexamen más minucioso. Para esto le indicaré un ejercicio al final del libro. Por el momento
deseo solamente mostrarle en algunos ejemplos, qué tipo de convicciones pueden tener como
consecuencia determinadas experiencias.
El siguiente fragmento de un sistema de creencia, proviene de una mujer con la cual he
trabajado. Ella se había dado cuenta que en su vida el aspecto económico simplemente no
lograba ordenarse. Por medio de un proceso de consultas a sí misma, descubrimos su concepto
fundamental sobre el tema del dinero. Este era:
“Tiempo es dinero”.
Por supuesto tuvimos entonces que investigar también su concepto fundamental sobre el tema
del tiempo. Este era:
“El tiempo es limitado”.
Esas dos opiniones dieron como resultado en su bio-computador la siguiente secuencia lógica:
“El tiempo es limitado
y dinero es tiempo;
por lo tanto, el dinero es limitado;
por eso jamás tendré suficiente dinero, trabaje lo que trabaje o gane lo que gane”.
Como nosotros solamente podemos actuar de acuerdo con nuestros conceptos fundamentales,
la mujer creaba constantemente, por medio de su conducta, condiciones que tenían que hacer
coincidir sus experiencias con sus convicciones referentes al dinero.
Para demostrar cómo diferentes opiniones pueden llevar al mismo resultado, le doy otro
ejemplo. En este caso se trataba de un hombre con los siguientes tres conceptos fundamentales:
“Siempre se obtiene lo que se merece”.
“Yo soy una buena persona”.
“El dinero es malo”.
Eso conducía inevitablemente a la siguiente conclusión:
“Yo merezco algo bueno y por eso no gano dinero”.
El asunto sería para la risa, si no hubiera provocado tales estragos en la vida de ese hombre. No
deje de advertir que obtendríamos nuevamente el mismo resultado, es decir, falta de dinero, si los
dos últimos conceptos fueran “Yo soy una mala persona” y “El dinero es bueno”. En esta parte,
permítaseme citar otro concepto muy popular sobre la vida: Muchos caminos conducen a Roma.

Las causas de todos los problemas son los conflictos de pensamientos

La experiencia mental, emocional, social y corporal de dolor, sufrimiento y carencia tiene sus
raíces en conflictos de conceptos o pensamientos contradictorios. De los diferentes tipos de
conflictos, el que ocasiona la mayoría de los problemas es el que se basa en conceptos -
“debería”. Con eso me refiero al pensamiento de que algo “debería” ser diferente a lo que
aparentemente es. Suponga que usted es una madre con la convicción muy profundamente
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arraigada, de que los quehaceres domésticos son inferiores. De un modo diferente y sutil usted
les ha trasmitido ese pensamiento a sus hijos, que lo han aceptado ansiosos. Por otro lado usted
es de la opinión de que los hijos deberían mantener su cuarto limpio y ordenado (no que lo
hagan, sino que deberían hacerlo). La probable consecuencia es que el cuarto de los hijos
habitualmente se verá catastrófico y usted tendrá cada vez más frustración, más afán de criticar y
tal vez más dolor de cabeza o de estómago, porque el cuarto no se ve como “debería” verse. Los
niños deberían ser ordenados, pero no lo son, pero en realidad deberían… - giran sus
pensamientos.
Los pensamientos - “debería” pueden surgir en cualquier área de la vida, con potenciales
efectos desastrosos sobre la salud y la capacidad de rendimiento. Lo malo en éstos es que a usted
lo convierten en perdedor, haga lo que haga. Ya a través de lo que postulan crean conflictos. En
ese sentido, el uso de la palabra “debería” implica de antemano que la realidad no corresponde a
lo que “debería” ser (aparte de que eso “que es” solamente es su idea de lo que es). De ese modo
usted continúa comparando sus experiencias con lo que “deberían” ser, y finalmente cae en una
continua lucha con usted mismo.
Una de las reflexiones – “debería” más difundidas, está representada por la exclamación “¡Eso
es injusto!”. Eso quiere decir naturalmente, que todo lo que es injusto debería ser justo. Las
personas que usan con frecuencia esa exclamación, también tienden a ser frecuentemente
infelices. El pensamiento fundamental que está detrás es “La vida debería ser justa”. Y para
encontrar el fundamento de esa exigencia, tenemos primero que descubrir qué se entiende por
“justo”. Si usted cava profundo, encontrará que eso se puede traducir como “La vida debería ser
como yo deseo que sea”. Una vez que se ha dado cuenta de ese significado, se hace más clara
su elección entre seguir viviendo con un concepto así o cambiarlo. Observe que existe una gran
diferencia entre “La vida debería ser como yo deseo que sea” y “La vida puede ser como yo
deseo que sea”. La primera declaración ahoga cualquier esfuerzo verdadero, la segunda lo
promueve. Por lo tanto, tenga cuidado con el “Debería - Ser” en su vida. Si logra liberarse de él,
usted será mucho más feliz y eficiente, y crecerá tanto su confianza como también su
autoestima.
Otro tipo de conflicto se origina cuando las ideas generalizadas entran en extrema contradicción
con las específicas. Un suboficial que conocí en la marina vino un día hacia mí para desahogarse.
Él provenía de los estados del sur y su problema estaba relacionado con que en nuestro escuadrón
no había separación de razas. Con los negros en nuestros cuarteles se entendía bien
individualmente, por que eran todos amables, trabajadores y contribuían a nuestro espíritu de
equipo. Si él pensaba en ellos como seres humanos y reaccionaba ante ellos como seres humanos,
no tenía ningún problema. Pero en cuanto los consideraba como negros, venían a la superficie
todos los antiguos sentimientos con los cuales había crecido y se perturbaba. Los prejuicios que
había adoptado cuando era niño todavía seguían actuando en él como conceptos fundamentales.
Sin embargo, no se mantenían cuando tenía que ver con personas en forma individual. La
afirmación “Algunos de mis mejores amigos son negros” se considera a menudo como un cliché
hipócrita, pero tal vez no lo sea en absoluto. También podría ser la torpe confesión de una sincera
convicción generalizada y de la opinión específica sobre determinadas personas. Pero tales
conflictos siguen ocasionando temores, barreras y problemas sociales innecesarios. Tal vez usted
también descubra en sí mismo tales conflictos entre opiniones generalizadas y específicas en
asuntos de raza, religión, política, cultura, educación, prestigio y felicidad. Examínelas
minuciosamente. Si las generalizaciones no lo hacen más feliz, más sano, más afectuoso y eficaz,
entonces no vale la pena que usted se aferre a ellas.
Conflictos internos con sus efectos externos se originan también, cuando una opinión antigua
es puesta en duda por una nueva. Nuestros conceptos referentes a nuestro entorno están en
estrecha relación con nuestra necesidad de seguridad. Por muy raro que pueda parecer, incluso
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conceptos anteriores que ya no están vigentes o que nos causan dificultades de todo tipo, ofrecen,
a pesar de todo, seguridad de algún modo, ya que estamos acostumbrados a ellos. Cuando
decidimos o “estamos obligados por las circunstancias” a interpretar nuestra realidad de un modo
nuevo, inevitablemente pasamos por un período de inseguridad, hasta que la nueva interpretación
se haya impuesto y haya llegado a ser una costumbre. Mientras más fundamental es la convicción
que se pone en duda, más fuerte es la sensación de inseguridad. A veces nuestro mundo parece
literalmente caerse a pedazos, y eso también ocurre en un caso así. Nuestro antiguo mundo se
destroza, porque nuestras experiencias son la consecuencia de nuestras convicciones. Pero usted
no producirá cambios positivos en su vida, mientras el deseo de cambiar las circunstancias no
sea más fuerte que la comodidad del acostumbrado sufrimiento.

Lo que cuenta es el presente

Sólo existe el ahora. Aunque vivimos en un mundo orientado por el tiempo, a lo único que tiene
acceso nuestra experiencia es al momento presente. Lo que designamos como pasado, son
solamente otros momentos presentes para nosotros, de los cuales nos acordamos o que hemos
almacenado, y que extraemos de nuestra experiencia en nuestro ahora. Y también el futuro
consiste solamente de momentos presentes para nosotros, todavía por experimentar, en los que
podemos pensar en nuestro ahora.
Muchas personas piensan que las causas de sus dificultades del presente están en el pasado.
Tal vez sea verdad que usted en el pasado se decidió por una determinada apreciación de la
vida y lo que experimenta ahora sean las consecuencias de esas decisiones, pero ahora
experimenta esas consecuencias, porque su manera de pensar sigue funcionando en concordancia
con esas decisiones. Las decisiones referentes a la apreciación de la vida son como semillas, con
su impulso interior de llevar a la realidad su potencial. Las manzanas se originan de semillas de
manzana, pero las semillas no producen las manzanas. Lo que causa las manzanas es el impulso
de realización que actúa permanentemente. No hay ninguna diferencia, si las decisiones han
producido experiencias felices o infelices, manzanas o maleza. El impulso de realización está
presente y sigue produciendo efecto, hasta que usted arranque las plantas no deseadas.
También se ha transmitido a muchas personas la idea de que problemas presentes son
atribuibles a experiencias pasadas, que están enterradas profundamente en alguna parte
inconsciente de su ser. El cuadro del psiquiatra, que necesita meses o años para descubrir alguna
experiencia traumática del pasado, que influye secretamente en la conducta del paciente, es
conocido en general. Mi forma de aproximación se diferencia de esa en tres maneras
fundamentales.
Primero, el pasado prácticamente ya no existe. Lo que existe es nuestro recuerdo. Pero nuestro
recuerdo existe en el presente, y muy a menudo discrepa del recuerdo de otros acerca de los
mismos sucesos. ¿Ha hablado usted alguna vez con un amigo o pariente sobre tiempos antiguos,
solamente para constatar que el recuerdo de éste de aquello que ocurrió en un determinado
momento, de ningún modo coincide con su propio recuerdo? Aquí no se trata de quién tiene
la razón, sino de cómo cada uno ha interpretado para sí y modificado la experiencia, de manera
que corresponda a sus convicciones. Sus recuerdos son determinados por sus conceptos
actuales. Si éstos cambian, también cambian sus recuerdos y sus reacciones ante esos recuerdos.
A una mujer con la que he trabajado, le era al principio imposible acordarse de algunos sucesos
felices de su infancia. En cuanto a ella, era un tiempo oscuro y amargo. Sin embargo, después de
algunas sesiones que estaban dedicadas al cambio de sus conceptos, ella comenzó de repente a
acordarse de muchas experiencias felices. El recuerdo de éstas no estaba enterrado en alguna

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parte. Estaba a disposición durante todo el tiempo. Sólo que la mujer no le había prestado
atención. Además, ella comenzó a ver y a reconocer las experiencias amargas de otra manera, de
modo que éstas no eran en absoluto tan malas. Anteriormente habría jurado por todos los santos,
que su recuerdo del pasado era el único verdadero.
Segundo, los sucesos del pasado son relativamente sin importancia. No es difícil dedicar años a
debatir y analizar recuerdos del pasado, al que se le puede culpar por las situaciones actuales,
pero eso es demoroso, tedioso, innecesario y a menudo improductivo. Es como si se sacaran una
por una del cemento, las piedras de un muro grande. Mucho más fácil, más rápido y más eficiente
es destapar el cimiento y excavar, y luego cae todo el muro. Si cambia un concepto fundamental
sobre la vida, cambia también cada acontecimiento y los conceptos ligados a éste. El recuerdo
del acontecimiento permanece, pero su interpretación – y con ésta su efecto sobre nosotros -
llega a ser totalmente diferente. Una mujer que yo trataba tenía serias dificultades de aprendizaje,
que ella atribuía a que cuando era niña le habían dicho que era retardada. Ella había consultado
a un psiquiatra, pero lo único que había conseguido con eso eran algunos pretextos para culpar.
Yo solamente le aclaré que ella todavía se aferraba a que no podía dominar materias difíciles.
Con un poco de aliento ella estuvo, en relativamente poco tiempo, en condiciones de cambiar ese
concepto, y actualmente toma con éxito, clases de astronomía, física y bioquímica. Dicho sea de
paso, no deseo hacerle ninguna crítica a la psiquiatría, sino solamente mencionar que algunos de
sus métodos no son muy efectivos.
Tercero, yo afirmo que todos nuestros conceptos son accesibles para la consciencia en todo
momento. No están retenidos bajo llave en algún oscuro calabozo de nuestro inconsciente y
protegidos celosamente contra nuestra percepción. Nosotros conocemos – conscientemente -
nuestros conceptos con mucha exactitud. Solamente de vez en cuando olvidamos que éstos
existen, o no queremos mirarlos. Nuestra consciencia dispone de una gran cantidad de
informaciones, que consideramos como hechos o no les prestamos atención en absoluto. Ahí
está, por ejemplo, Afganistán. No conozco sus opiniones sobre Afganistán, pero usted las conoce
perfectamente y puede estar consciente de éstas cuando lo desee. Si yo no hubiera mencionado
ahora a Afganistán, bien sería posible naturalmente, que usted durante semanas no hubiera
pensado en ese país, pero la información existe y está a disposición. Lo mismo ocurre con todos
sus demás conceptos relevantes. El motivo principal de que algunos de ellos sólo difícilmente
despiertan directamente el interés de su atención, está en que probablemente se interpongan
fuertes conceptos – “no se debería”. Suponga que usted tiene el concepto “Mi madre es
realmente una bestia”. Por otro lado, usted puede ser de la opinión de que “no se debería tener
tales sentimientos contra su madre”. Si el segundo concepto es el más fuerte, le puede impedir
enterarse del primero, y usted puede lograr hacerse creer que no sabe por qué no puede
entenderse bien con su madre. La esencia del asunto es que el hecho de que usted prefiere ignorar
determinados conceptos, no significa que no sepa nada de su existencia. Por lo demás, usted está
rodeado de sus efectos.
Con respecto al futuro, no hay nada que ya esté establecido. Éste se desarrolla de sus
pensamientos actuales, incluidos los habituales, a los cuales usted no les presta mucha atención.
Usted siembra ahora las semillas de su futuro. Sin embargo, como está en su poder cambiar su
forma de pensar, el futuro es más bien una secuencia de probabilidades que un destino
establecido. Usted no es de ninguna manera una víctima del pasado o del presente. Antiguos
patrones de pensamiento y de conducta determinan su futuro solamente si usted mismo lo
permite. Y no necesita permitirlo. Como dice el proverbio, nosotros cosechamos lo que
sembramos. Sus pensamientos son la semilla, sus emociones el fertilizante, y el tiempo de la
siembra es ahora.

Nosotros mismos fijamos nuestros límites


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Nosotros, como seres humanos, en realidad no estamos sometidos a muchos límites. Yo me
quiebro la cabeza y considero difícil encontrar limitaciones que no hayan sido superadas por
alguien, alguna vez, en alguna parte. Y como todos pertenecemos al mismo género, lo que es
posible para una persona, también está abierto, potencialmente, para cualquiera otra.
La juventud no pone límites. En casi todas las áreas ha habido niños prodigios, y últimamente
investigaciones han demostrado que el cociente intelectual de niños evidentemente poco
inteligentes, puede ser aumentado en forma sensacional, simplemente dándoles un profesor que
confíe en que ellos pueden más que lo que hasta el momento han demostrado. Durante la guerra
de la independencia de los Estados Unidos teníamos capitanes de buques de dieciséis y
diecinueve años. Posteriormente ha habido numerosos ejemplos de gente de menos de veinticinco
años, entre ellos también adolescentes, que han llegado a ser exitosas personas de negocios y en
parte incluso millonarias. Y vemos cada vez más adolescentes de las categorías más jóvenes,
como campeones olímpicos.
Tampoco la edad pone límites. Hay personas que con ochenta años todavía comienzan nuevas
carreras con éxito. Hay gente de edad avanzada, que físicamente son tan vitales, que tienen
rendimientos asombrosos de fuerza y resistencia en deportes como natación, levantamiento de
pesas, y carreras. Y muchos ancianos transmiten con éxito sus conocimientos y especializaciones
en diferentes áreas del desarrollo social; yo conocí algunos como voluntarios del Peace Corps en
África.
La condición física no pone límites. Inválidos graves han llegado a ser estrellas del deporte.
Otros han aprendido a acreditarse en el área mental, y han actuado exitosamente en el mundo de
los negocios, en política y en educación. (Un extraordinario profesor de mi colegio, al que le
escuché conferencias sobre Shakespeare, era ciego). Extremidades que faltan se pueden
reemplazar por prótesis y personas que habitualmente tienen pocas fuerzas corporales, bajo estrés
han levantado vehículos para liberar a víctimas de un accidente.
La pobreza no pone límites. Andrew Carnegie comenzó pobre, como también otros que
frecuentemente son mencionados en libros de autoayuda.
Pertenecer a una minoría étnica no pone límites. Aunque todavía quedan por lograr algunos
derechos ciudadanos y la igualdad de oportunidades, negros, latinoamericanos y otros, han
demostrado que pueden ser exitosos en cualquier área que conozco.
Ser una mujer no pone límites. También en ese aspecto, en general todavía hay que superar
prejuicios y luchar por derechos, pero también las mujeres han demostrado su capacidad para
lograr éxito en cualquier área.
Haber sido presidiario no pone límites. A pesar de los prejuicios sociales, ex presidiarios han
llegado a ser jueces, escritores famosos y exitosas personas de negocios.
He nombrado estos pocos ejemplos, para recalcar que todo lo que pueda ver como limitador
para usted, le pone límites solamente porque usted cree en esos límites. Y mientras vea esas
realidades como algo que le impide lograr lo que desea lograr, éstas de hecho harán exactamente
eso. Si desea encontrar un modo de salir de la trampa, no debe considerar los supuestos límites
como tales, sino como circunstancias o factores que tiene que tener en cuenta, si quiere
contribuir a que su vida sea exitosa. Lo que otro ha podido, también lo puede usted. Tal vez
usted no tenga en absoluto interés en hacerlo en la misma medida, pero puede llegar hasta donde
quiera. Vistas como circunstancias a las que hay que enfrentarse, las limitaciones ya no son
barreras en el camino de la vida, sino que constituyen la naturaleza de ese camino, que puede ser
rocoso, resbaladizo, tortuoso o empinado. La constitución de su camino determina solamente lo
que usted tiene que hacer para llegar a la meta; no le impide alcanzarla. Usted mismo crea el
obstáculo, al sentarse y reclamar por la constitución de su camino, en vez de seguir avanzando.
Está en su poder emparejar el camino.
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Cambie sus conceptos
y con eso sus experiencias

Ese capítulo consistía en una cosa: En llevarlo a tener en claro que usted es amo de su destino.
Las experiencias que usted tiene son consecuencias de sus convicciones y está en su poder
cambiar convicciones y conceptos que no producen el resultado deseado. Yo no prometo
resultados inmediatos. Éstos tienen lugar, pero la mayoría de las veces tarda algún tiempo. Eso
tiene que ver con lo que yo llamo el “factor experiencia”. Esa es una expresión creada, cuyo
objetivo es aclarar el hecho de que las experiencias que hemos producido por medio de nuestros
pensamientos, tienen tendencia a continuar todavía por un tiempo, aunque entretanto hayamos
cambiado el modo de pensar. Expresado de otro modo: Tenemos que vivir todavía un tiempo con
los resultados que nos han dado nuestros conceptos anteriores. El tiempo que eso dure, depende
del tiempo que los hemos tenido, de si con ellos han estado ligadas emociones fuertes, de cuán
completo es el cambio de nuestro modo de pensar y de cuáles sensaciones y deseos colocamos
en nuestras nuevas convicciones. Lo que me importa es que usted tenga esto en claro, para
protegerlo de darse por vencido desanimado, antes de que obtenga resultados. Cambiar el modo
de pensar produce con seguridad un cambio en sus experiencias, pero en muchos casos usted
necesitará paciencia y resistencia para perseverar. Créame que la recompensa merece el
esfuerzo. Vivir con éxito es un arte, y como con cada habilidad, se necesita práctica para llegar a
ser un maestro.

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Capítulo 2
La imaginación como herramienta

De todos los medios mentales de ayuda que se tratan en este libro, la imaginación es la más
esencial. Otros también son importantes, pero a la imaginación le corresponde indudablemente el
primer lugar. Es tan importante, porque determina en gran parte nuestro mundo sentimental y
nuestras formas de conducta. A casi todo lo que hemos aprendido o experimentado le ha
precedido alguna forma de imaginación. Aunque ya no nos acordemos en absoluto, ya como
niños pequeños hemos aprendido a gatear, a caminar y a correr, gateando, caminando y corriendo
primero en nuestra imaginación y luego llevando a la práctica esa imaginación.

Imaginación espontánea y deliberada

Si usted se ha acostumbrado a aceptar su actividad mental como dada, tal vez le sorprenda
enterarse que tiene diferentes tipos de imaginación. Dos de ellas son la espontánea y la
deliberada. Éstas se diferencian en que tienen su origen en diferentes partes o aspectos de su
mente, las que trataré más detalladamente en otro capítulo. Por el momento las llamaremos
simplemente lo consciente y lo inconsciente.
La imaginación espontánea viene del inconsciente y es abastecida por nuestro recuerdo y por
comunicación telepática. Se caracteriza principalmente porque parece surgir sin nuestra
intervención, por lo menos en lo que se refiere a detalles. Nosotros podemos decidir
conscientemente evocar un recuerdo, pero según su contenido éste es un producto inconsciente.
Podemos incluso decidir darnos cuenta de la información telepática, pero aquello que es
informado nos lo pone a disposición nuestro inconsciente en forma espontánea. Cuando hablo de
información telepática, tengo que explicar que la entiendo como comunicación mental, no
solamente con otras personas, sino también con otras partes de nosotros mismos, incluido nuestro
cuerpo. En todo caso, nuestra imaginación espontánea es dominada en gran parte por los
conceptos que por el momento tenemos con respecto a nosotros mismos y a la vida, como
también por las formas habituales de pensar que resultan de éstos. La imaginación espontánea
puede ser creativa, pero es un tipo de creatividad que utiliza elementos ya existentes. Ésta puede
crear nuevas combinaciones, pero no nuevos conceptos.
Pero justamente eso hace la imaginación deliberada. En este caso la imaginación se origina por
medio de un acto deliberado consciente. Observe que eso no es lo mismo que querer que surja un
determinado recuerdo, o querer estar consciente de los datos recibidos telepáticamente. En este
caso se trata de “querer” el contenido de la imaginación, es decir, decidirlo conscientemente. La
diferencia entre imaginación espontánea y deliberada es como la diferencia que hay entre la
evocación de un recuerdo y soñar despierto un suceso agradable que nunca ha ocurrido y que es
altamente improbable. Es la imaginación deliberada, por medio de la cual desarrollamos nuevos
conceptos y atraemos nuevas experiencias. A aquello que diferencia al ser humano del animal,
pertenece también, que nosotros podemos imaginarnos algo que no existe. Eso puede ser,
naturalmente, tanto una carga como también una aventura, dependiendo del contenido.
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En la mayoría de los casos de imaginación deliberada, participa también una cierta cantidad de
imaginación espontánea. Ésta se encarga de “colorear los detalles de la imagen”. Igualmente una
imaginación espontánea “pura” puede ser modificada e influenciada con la ayuda de la
imaginación deliberada. Todo eso sirve de todas formas a objetivos prácticos, como verá en
otras partes del libro. El siguiente experimento demuestra la diferencia entre imaginación
espontánea y deliberada.

Experimento: Imagínese el escenario de un pequeño pueblo. Éste tiene una calle principal y al
final de ésta un edificio que es más alto que los demás. Haga eso antes de seguir leyendo. Tómese
entre medio minuto y un minuto de tiempo, para que tenga clara la escena ante sus ojos mentales.
¿De qué tipo era el escenario entonces? ¿Estaban las casas cubiertas de paja, estaban
construidas de ladrillos de adobe, de madera o de otro material? ¿La calle estaba pavimentada o
no? ¿Se veía gente? ¿Qué tipo de edificio estaba al final de la calle? ¿Era un pueblo en la India,
en Sudamérica, en Europa o en otra parte? ¿Era un recuerdo de un pueblo que usted alguna vez
visitó o del que vio una foto, o era evidentemente un pueblo nuevo? El objetivo de este
experimento es demostrarle que su imaginación espontánea inconsciente contribuye a todos los
detalles de la imagen, incluso si se trata de un recuerdo auténtico. Seguramente usted había
“terminado de pintar” rápidamente el cuadro ante su mente, por así decirlo. Y muy
probablemente no fue necesario insertar conscientemente algún elemento, lo que es una prueba
de espontaneidad. Pero ahora le pido que se ponga usted mismo y que ponga a un amigo, en
forma completamente consciente y voluntaria, en la calle del pueblo, que caminen a lo largo de
esa calle y den una vuelta. Si usted en el pasado real ha caminado alguna vez con un amigo a lo
largo de una calle así, entonces imagínese que esta vez va acompañado de otro amigo y que ve
cosas diferentes a aquella vez. Para esto tómese algunos instantes de tiempo.
Esta vez usted cubrió con imaginación deliberada una escena imaginada espontáneamente. Tal
vez usted ya ha hecho muchas veces algo parecido al soñar despierto, pero lo que me interesa es
que usted reconozca como técnica el proceso, ya que esta técnica le será muy conveniente, si
comienza a practicar crear usted mismo su realidad en un plano consciente.

Imaginación gráfica y pantomímica

Experimento: Usted ve ante sus ojos mentales un paquetito cuadrado, amarrado con una cinta roja,
cuyos cantos miden aproximadamente 15 centímetros. Imagínese que lo abre y que encuentra
adentro un brazalete sobre algodón. Después imagínese que se pone el brazalete. (Si usted es
hombre puede convertirlo en un brazalete masculino pesado si quiere). Eso es todo. Como
próxima cosa, imagínese un paquetito así sobre su verdadero regazo físico, como si fuera una
realidad tridimensional. Imagínese cómo sus verdaderas manos lo abren ante usted, sacan el
brazalete y lo ponen en su verdadera muñeca. ¿Puede darse cuenta de una diferencia entre las dos
imaginaciones?
Si usted es como la mayoría de la gente, entonces la primera imaginación se parecía a una
imagen proyectada en un telón, y usted probablemente se veía a sí mismo desde afuera, como
una persona que abría el paquetito y sacaba el brazalete. La segunda escena era presumiblemente
más realista y la experiencia más vívida. Eso ocurre porque la imaginación se integró en su
entorno físico directo. Con respecto a la calidad de la experiencia, fue muy diferente a la
primera. Este tipo de imaginación tiene también efectos fisiológicos muy diferentes. Si yo le
hubiera pedido que se imaginara una araña en el primer paquete, usted seguramente habría
podido hacerlo sin una reacción demasiado fuerte. Pero con el segundo tipo de imaginación, sus

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glándulas de adrenalina probablemente habrían emitido un poco de “jugo”, sin que usted lo
quisiera.
El punto esencial es que aquí tenemos dos tipos más de imaginación, cada uno con sus propias
características y posibilidades de aplicación. Nuestro cuerpo reacciona más intensamente ante el
segundo tipo. Este tipo de imaginación también estaba activo cuando alguna vez usted estaba
solo en la oscuridad y se imaginaba que alguien o algo “ahí afuera” lo atacaría al momento
siguiente. Ésta tiene similitud con la evocada por una pantomimo sobre el escenario. (Usted ya
sabe: Alguien con la cara maquillada de blanco hace como si bajara por una escalera, y lo hace
tan bien, que usted casi ve la escalera). Por eso la llamaremos “imaginación pantomímica”. Al
primer tipo de imaginación lo llamamos “imaginación gráfica”.
La imaginación gráfica es apropiada para la evocación de recuerdos, para juego creativo (por
algunos designado como soñar despierto), para el desarrollo de nuevas ideas, para planificación
de proyectos y para meditaciones de diferentes tipos. Para ese propósito ésta es un excelente
medio de ayuda.
La imaginación pantomímica en cambio, es más adecuada para cuando usted quiere lograr
verdaderos progresos en el desarrollo de su personalidad y sus capacidades, en sus relaciones y
en su entorno, como también en su estado de salud. Muchos deportistas utilizan la imaginación
pantomímica para prepararse mentalmente y para “pre-entrenar” su cuerpo para competencias
venideras. Buenos actores la utilizan para formar caracteres creíbles y algunas sapientes personas
de negocios y políticos se preparan con su ayuda para reuniones y discursos. Yo ayudé una vez
a dos patinadores de hielo en su camino al triunfo, capacitándolos en el uso de la imaginación
pantomímica. No solamente les ayudé a prepararse mental y físicamente para una carrera
perfecta, sino, como creo, los ayudé más todavía por medio de que les hice imaginar de antemano
todo el proceso de su triunfo. Esa capacitación les dio la confianza y la actitud de esperanza que
les allanó el camino al triunfo.

Imaginación multisensorial

Cuando alguien escucha la palabra imaginación, en general piensa primero en imaginaciones


visuales. La imaginación como herramienta perfecta abarca, sin embargo, también el sentido del
gusto y del olfato, el sentido del tacto y el oído.

Experimento: Imagínese que usted observa un rosal inmediatamente después de una ligera lluvia.
Bien arriba del rosal ve una rosa grande completamente desarrollada. Imagínese que estira la
mano, toca su tallo y siente el leve pinchazo de sus espinas. Lleve la rosa a la nariz e inhale
profundamente su aroma. Imagínese gotas de rocío sobre sus hojas. Lama algunas gotas de rocío
y saboree la suave frescura del agua. Ahora suelte la rosa e imagínese que viene volando una
abeja para posarse sobre la rosa, y usted la escucha zumbar.
Como usted ya se ha dado cuenta, este experimento es para inducirlo a incluir todos sus
sentidos en la escena imaginada. Si usted utiliza de esa manera su imaginación multisensorial, su
efecto es esencialmente más intenso, especialmente sobre sus pensamientos, sus sentimientos y
su conducta. Eso se debe a que su inconsciente no se da cuenta de la diferencia entre una
experiencia “verdadera” y una imaginada. Éste reaccionará en el plano de actividad muscular,
glandular y celular, como también en el plano del recuerdo, en forma igualmente intensa en uno
como en el otro, especialmente cuando participa más de un órgano sensorial. Eso puede parecer
difícil de creer al principio, pero el siguiente experimento tal vez contribuya a convencerlo.

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Experimento: Imagínese que se encuentra en una nave espacial que gira alrededor de la Tierra.
Usted mira hacia abajo y puede reconocer los continentes y los océanos, que están parcialmente
cubiertos por diferentes formaciones de nubes. Usted ve zonas café y verdes y sobre el océano
azul, nubes arremolinadas, que se ven como un huracán que se está originando. Ahora toma
consciencia del grueso vidrio, a través del cual usted mira, y lo toca con los dedos. También toma
consciencia de los cojines que hay en su asiento y del traje espacial que lleva puesto. Nota cuán
metálicos se sienten los aparatos para conducir. En la nave espacial hay un leve olor a ozono y
usted escucha el zumbido y el clic de los instrumentos. Siente también la agitación de una
aventura así, a gran altura sobre la Tierra. Dedique suficiente tiempo a meterse realmente en la
situación. ¿Lo ha logrado? Entonces deje ahora la imaginación y dirija su atención durante uno o
dos minutos a su entorno verdadero, al amoblado del cuarto o a lo que sea que lo rodea, mientras
lee estas líneas. Como próxima cosa acuérdese de cualquier suceso de la semana pasada, tal vez
una comida, un encuentro o también un lugar que haya visitado. Luego deje ese recuerdo y
retome la experiencia de la nave espacial. No trate de reconstruirla. Simplemente acuérdese de
ésta, exactamente como del suceso de la semana pasada. Ahora deje también ese recuerdo y
retome el suceso de la semana pasada, luego a continuación nuevamente la experiencia de la nave
espacial. Entretanto comenzará a darse cuenta que entre las dos experiencias – como recuerdos –
realmente no hay ninguna diferencia. Tal vez mentalmente vea una más vívida que la otra, pero
cualitativamente son idénticas. El ejercicio de la nave espacial está ahora almacenado en su
memoria en forma indisoluble, y usted puede evocarlo deliberadamente, como cualquier otra
experiencia de su vida. En lo que concierne a su inconsciente, usted ha hecho un viaje en una
nave espacial. Eso es ahora una parte de su experiencia de vida. De hecho su inconsciente
probablemente incluso considerará esa experiencia como “más verdadera “ que algunas otras a
las que usted casi no les prestó atención.

Ejercicios

Como la imaginación es uno de los medios de ayuda más importantes en la formación de su


propia realidad, será beneficioso desarrollarla. Cada cual tiene capacidad de imaginación, tal
como cada cual tiene músculos. Y ambas cosas se pueden seguir desarrollando para un mejor
uso. Para eso vienen ahora algunos ejercicios de imaginación que usted puede probar.

Ejercicio 1: Haga aparecer ante usted, sobre un lugar libre en el suelo o en una mesa, la imagen de
una cuerda gruesa de más o menos un metro de largo, con un nudo sencillo en el medio. Tiene
que ser una imagen tridimensional perfecta, como si la cuerda realmente estuviera ante usted. En
su imaginación estire ahora la mano y toque la cuerda, obteniendo una impresión de su peso y
constitución. Después deshaga el nudo con sus manos imaginarias. Asegúrese de que puede ver y
sentir claramente todo el proceso. Si eso le resulta fácil, usted ya tiene una capacidad de
imaginación del tipo pantomímico bien desarrollada y ahora tal vez quiera hacer un intento con
un nudo de cruz o con otro tipo de nudo. Si por el contrario, el ejercicio le produce dificultades,
no caiga en pánico. Justamente por esa razón usted practica. Si tiene realmente problemas para
ver claramente el nudo ante usted, entonces traiga una cuerda de verdad y haga el nudo. A
continuación vuelva a su cuerda “pantomímica”.

Ejercicio 2: Para tener en claro lo bien que el cuerpo reacciona ante la imaginación, usted debe
hacer este ejercicio en las mañanas después de levantarse, cuando sus músculos todavía están un
poco rígidos por haber dormido. Primero, estando de pie, inclínese hacia delante con las rodillas
estiradas y toque sus dedos de los pies. Si le resulta fácil, trate de tocar el suelo con los nudillos.

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Si eso también es demasiado fácil, intente colocar las palmas de las manos sobre el suelo. Si
logra eso inmediatamente en la mañana como primer ejercicio, puede pasar al próximo. Sea
como sea, haga ese primer intento sin tensión. Ponga atención hasta dónde llegan sus manos
hacia abajo sin que le duelan las rodillas. Después enderécese nuevamente e imagínese que se
inclina hasta que toca los dedos de sus pies (o más abajo). Repita esa imaginación tres veces.
Luego inclínese otra vez físicamente de verdad hacia abajo. Esta vez sus manos deberían llegar
más abajo, si no incluso completamente abajo. Tome otra vez su imaginación como ayuda
cuando quiera mejorar sus rendimientos reales.

Ejercicio 3: Practique en la casa, en el trabajo o dondequiera que tenga un poco de tiempo para
“agregarle” cosas a su entorno. En otras palabras, utilice su imaginación pantomímica para crear
algo que no está presente físicamente y diviértase con eso. Aquí hay algunas proposiciones para
el comienzo:
- Póngale cuernos a la cabeza de alguien;
- Coloque un oso en un árbol;
- Haga florecer un filodendro;
- Haga crecer las aletas del auto y adorne el capó con ornamentos;
- (Y si eso es muy sencillo) póngales a sus semejantes otro tipo de vestimenta.

Ejercicio 4: También es importante el desarrollo de su imaginación gráfica. Este ejercicio es para


ayudarle en eso. Para hacerlo usted puede cerrar los ojos o dirigirlos a una superficie vacía, como
por ejemplo, una pared. Imagínese un árbol en pleno campo, con tantos detalles como quiera. En
cuanto tenga una buena imagen clara, comience a hacer cambios. Haga caer una rama y colóquela
en otro lugar. Cambie los colores de las hojas. Haga crecer más alto el pasto y agregue flores o
retire algunas. Si su imagen no contiene personas o animales, entonces coloque algunos. Si había
personas o animales, entonces sáquelos. Haga lo que haga, practique hasta que los cambios
obedezcan a su pura voluntad. Sorprendentemente muchas personas tienen dificultades con ese
tipo de transformaciones. Eso se debe a que no están acostumbradas a dirigir conscientemente sus
imágenes mentales. Este ejercicio será útil para usted.

Ejercicio 5: Ocasionalmente me encuentro con personas que afirman no pensar en imágenes o no


poder hacer imaginaciones gráficas. Pero todavía no he experimentado que yo no pueda
enseñarles eso. Por eso aseguro que todos tienen la capacidad de imaginación gráfica, pero que
algunas personas, por diferentes motivos, han desarrollado la costumbre de no hacer uso de ésta.
Para aquellos que desean comenzar: Yo he tenido los mejores resultados instruyendo a la gente a
acordarse de sus sueños. La siguiente tarea es evocar experiencias de la niñez y describirlas con
detalles pintorescos. Después empezamos a proyectar, con los ojos abiertos, escenas agradables
en una pared vacía, y se practica hasta estar en condiciones de efectuar los cuatro ejercicios
descritos anteriormente. Si usted forma parte de aquellos que tienen tales problemas, puede
establecer un programa propio de ejercicios, según las pautas anteriores.

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Capítulo 3
La motivación como herramienta

Para denominar la capacidad de influenciar conscientemente la orientación de nuestras


emociones, he creado el término “emotivación”. Observe, por favor, que no hablo de dominar o
de reprimir las emociones. Ambas cosas traerían problemas consigo. Nosotros determinamos su
orientación, cuando estamos en condiciones de desahogar de manera inofensiva emociones no
deseadas y elegir libremente cuáles emociones queremos y en qué momento. Como ayuda le
indico al final del capítulo algunos ejercicios prácticos, para que aprenda cómo puede lograr esto.
Pero primero deseo formular algunas ideas, tal vez nuevas, sobre las emociones.

Corrientes de energía y mensajes

Las emociones so movimiento y energía a través de nuestro cuerpo. Podríamos llamarlas


energía vital o energía biológica. Lo único que importa es que se trata de un flujo de energía
como cualquier otro. Eso es fácil de comprobar a través del hecho de que las emociones intensas
están siempre acompañadas de sensación de calor y de aumento de temperatura. Lo único que
ocurre en este caso es que una parte de la energía emocional es transformada en calor, lo cual
concuerda completamente con las buenas antiguas leyes de la física. En realidad una parte de esa
energía emocional también es transformada en electricidad, pero eso no interesa realmente aquí.
Con respecto al calor, sólo me importa que usted tenga en claro que no son metáforas sin sentido
cuando alguien dice que él “hierve de rabia” o siente “cariño cálido”.
Pero las emociones son más que puro flujo de energía. Se diferencian del sentimiento sencillo
por la energía que recorre el cuerpo, que cada cual percibe de vez en cuando al recibir mensajes.
Se podría hacer la comparación con frecuencias portadoras que transmiten mensajes en líneas
telefónicas o en radio. Los nombres que les damos a las emociones – temor, enojo, celos, alegría
o afecto - son descripciones del mensaje que entregan. La sensación en sí es simplemente
agitación. Y nosotros etiquetamos esa agitación de acuerdo con los contenidos que ésta
transmite.
¿De dónde vienen esos mensajes? Las ideas y las imaginaciones gráficas, o están almacenadas
como recuerdos en las células de nuestro cuerpo, o nosotros las creamos a su debido tiempo como
reacción ante otras ideas o circunstancias externas. ¿Pero qué las causa? Los causantes son
nuestros propios pensamientos, imaginaciones, actitudes, gestos, o emociones, o los de otras
personas.

Emociones y tensiones

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La conexión entre nuestra mente, nuestras sensaciones y nuestro cuerpo es tan evidente, que no
debería ser ninguna sorpresa si digo que las emociones y tensiones musculares están en estrecha
relación recíproca. En otras palabras, nuestros músculos están siempre involucrados de algún
modo, cuando sentimos algún tipo de emociones. En general, las llamadas emociones
“negativas”, como enojo y temor, están acompañadas de un aumento de la tensión muscular,
mientras que esa tensión disminuye con emociones “positivas” como alegría y afecto. Existen
algunas evidentes excepciones a esa regla, que trataré más adelante. En todo caso, donde
participan las emociones, un pensamiento o una imagen mental parece producir impulsos
nerviosos, que a su vez ocasionan tensión o relajación muscular. Esas reacciones musculares
ocasionan a su vez perturbaciones en el flujo natural de energía de nuestro cuerpo - lo que
llamamos emociones – por lo menos cuando éstas intensifican pensamientos e imaginaciones
gráficas o producen otras. Las emociones no participan habitualmente cuando tenemos, por
ejemplo, la idea de que tenemos sed y tensamos nuestros músculos para agarrar un vaso de agua.
Las emociones bien pueden participar, en cambio, cuando tenemos pensamientos de que tenemos
sed y tensamos nuestros músculos para agarrar un vaso de agua que alguien nos trata de
arrebatar. Ahora realizaremos algunos experimentos, para aclarar la relación entre tensión
muscular y emociones.

Experimento 1: Siéntese cómodamente en un sillón, cierre los ojos y tense todos los músculos de
su cuerpo, mientras cuenta hasta quince. Después relaje repentinamente sus músculos, pero
mantenga los ojos cerrados, y simplemente sienta lo que ocurre en su cuerpo. Si usted está
realmente atento, debería percibir una sensación de calor, una picazón o la sensación de que
algo fluye a través de sus extremidades, o tal vez también las tres sensaciones simultáneamente.
Eso simplemente le indica que la tensión muscular tiene un efecto sobre el flujo de energía en su
cuerpo. Si puede imaginar su cuerpo como una manguera, a través de la cual fluye agua,
entonces aquello que acaba de hacer equivale a apretar y a continuación soltar. El agua en la
manguera es retenida por un momento, para luego fluir con mayor velocidad, hasta que la
presión esté equiparada. Algo parecido acaba de ocurrir en su cuerpo.

Experimento 2: Siéntese en un sillón cómodo y relaje en forma consciente todos los músculos de
su cuerpo lo mejor que pueda. Para esto no necesita procedimientos complicados. Simplemente
desee que todos sus músculos se relajen y deje que eso ocurra. Después trate de producir una
emoción fuerte de cualquier tipo, sin permitir una nueva tensión de algún músculo. Para esto
puede ayudarse también con imaginaciones gráficas si quiere, mientras no tense sus músculos.
Intente esto con enojo, con temor, con entusiasmo, con todo lo que quiera, pero sin tensión.
¿Qué constata? Si realmente ha logrado evitar una tensión de sus músculos, entonces habrá
descubierto que las emociones fuertes son imposibles mientras el cuerpo esté relajado. Ni
siquiera puede estar deprimido si sus músculos están realmente relajados. Saber esto es de una
enorme importancia, porque le entrega las llaves del poder sobre sus pensamientos y
sentimientos.

Tensión y relajamiento

Anteriormente mencioné que hay algunas excepciones evidentes con respecto a la relación
entre tensión muscular y el tipo de emoción, y ahora deseo explicar eso. En primer lugar tenga
por favor en claro, que la tensión muscular en sí, no es perjudicial para usted. Sin tensión de los
músculos, usted no estaría en condiciones de tener algún tipo de actividad corporal. Ni siquiera

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podría estar de pie, sentado o sonreír. Pero lo que es aún más importante – tal vez lo haya
descubierto con el último experimento – también al tener lugar sensaciones muy agradables,
participa una cierta cantidad de tensión. Tan sólo esa tensión las hace posibles. Pero lo que hace
agradable a las sensaciones es que se presenta tensión conectada con relajamiento. Durante una
sensación agradable se tensan algunos músculos, otros se relajan; En una secuencia breve, los
músculos tensos se relajan, mientras que los otros se tensan, antes de que también se vuelvan a
relajar. Da la impresión de que, por ejemplo, un estado de gran entusiasmo esté conectado con
muchísima tensión. En realidad, en este caso tenemos que ver con una gran cantidad de tensión y
relajamiento al mismo tiempo. En resumen, la sensación agradable está conectada con la
disolución de la tensión.

Sensaciones desagradables

Las sensaciones desagradables están conectadas con tensión aguda o crónica. Si la tensión es
debidamente fuerte, también se pueden presentar dolores, porque cada dolor es causado por
tensión extrema o no disuelta. A menudo ocurre lo siguiente: Una emoción, por ejemplo, enojo,
se forma, y los músculos se tensan; entonces se decide que esa sensación es reprochable, tal vez
peligrosa o simplemente demasiado desagradable y que, por los motivos que sea, hay que
reprimirla. Y así, en vez de descargarla de alguna manera, se intenta tal vez impedirla,
bloqueando otros músculos por medio de tensión. Entonces se deja el nudo de los músculos
tensos tal como está y se hace lo mejor que se puede para olvidar la desagradable sensación. Pero
el cuerpo no la ha olvidado. No puede, porque el mensaje está todavía encerrado en los
músculos endurecidos, y los mensajes emocionales permanecen hasta que son transmitidos. Pero
un mensaje de ese tipo está transmitido cuando se ha tomado conocimiento de él y se permite
que actúe. Si por el contrario, se interrumpe la transmisión reprimiendo el mensaje, éste
simplemente permanece bloqueado en nuestros músculos, hasta que es liberado. Volvamos a
nuestro caso hipotético. La próxima vez que uno se enoje por algo, muy probablemente
reaccionará de la misma manera, y los músculos se endurecerán un poco más, el mensaje se
reprimirá y se bloqueará más energía. Ese es el comienzo de una tensión crónica. Si una tensión
crónica así se disuelve repentinamente, se derrama la totalidad de los mensajes y energía
bloqueados. Surge entonces la impresión de que las sensaciones desagradables han sido causadas
por esa tensión. Pero ese en un efecto aparente y transitorio. Si la liberación es sostenida hasta el
final, ocurre, por el contrario, una liberación beneficiosa. Si una tensión crónica continúa por
mucho tiempo, puede tener como consecuencia síntomas corporales destructivos o un desastroso
arrebato emocional.

Factores externos y emociones

Las sensaciones son producidas por medio de imágenes mentales y pensamientos, que también
producen cambios en la tensión muscular. Pero nuestros pensamientos e imaginaciones gráficas a
menudo son influenciados por sucesos y circunstancias ajenas a nuestro cuerpo. La influencia
más evidente viene de la conducta de otras personas. Si nos perturba la conducta de otra persona,
eso se debe a que esa conducta evoca en nuestra mente pensamientos e imágenes que a su vez
causan emociones. Hace algunos minutos, cuando yo estaba trabajando en este capítulo, me
llamó por teléfono uno de mis hijos. El joven estaba furioso, porque su hermano mayor hacía
muecas en dirección a él. No fue ese hecho lo que le afectó, porque yo había visto que el menor,

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bajo otras circunstancias, se había reído de esas burlas. Fue más bien la idea de que el mayor se
burlaba de él lo que le afectó. Por mucho que nos guste hacer responsables a otros por nuestras
reacciones emocionales, en este caso no hay justificación. La causa directa no es la conducta de
los demás. Las causas directas son nuestros propios pensamientos e imaginaciones.
Una influencia que no es muy claramente reconocible, sale de las sensaciones de otras
personas, independiente de su conducta. Junto a la energía que fluye a través de nuestro cuerpo,
cada persona está rodeada por algo que se podría designar como “campo energético”. Ese campo
contiene diversas materias químicas gasificadas, entre ellas calor y radiación electromagnética de
nuestra respiración y la misma energía vital que también fluye a través de nuestro cuerpo. El tipo
y el contenido de ese campo energético varían con nuestro estado emocional y también son
influenciados por nuestras imaginaciones mentales y gráficas. Una influencia adicional viene de
los campos energéticos de otras personas y de sus imaginaciones mentales y gráficas. Para
objetivos prácticos podemos hablar de un “campo emocional”, porque éste es portador de los
mensajes de nuestras imágenes mentales y pensamientos. En realidad la expresión “atmósfera
emocional” sería más apropiada, ya que aquí nuestro clima interior es reproducido con exactitud,
desde una tormenta hasta una situación meteorológica serena. Por medio de esa atmósfera
podemos sentir las emociones de otros, independiente de su conducta e incluso si ni siquiera
vemos a esas personas. Por supuesto algunas personas reaccionan más intensamente que otras
ante ese campo emocional, como tampoco no todos son sensibles a los cambios del tiempo en la
misma medida. Pero casi todos pueden sentir la atmósfera “cargada” en un lugar en el que actúan
emociones fuertes, aunque se trate de disimularlas con cortesía. Muchas personas pueden sentir
una atmósfera de ese tipo, incluso si aquellos que la causaron ya no están presentes. Igualmente
las emociones fuertes que hay en nuestro entorno tienen la tendencia a despertar o a reforzar
pensamientos e imaginaciones o asociaciones correspondientes, que fácilmente pueden producir
en nosotros emociones similares. De ese modo, ocurre a menudo que alguien busca como loco las
causas de un repentino miedo, tristeza o la sensación que sea, que presume que están en su
interior, mientras que el factor causante es el estado de ánimo de otra persona. Yo experimento
eso de vez en cuando en mi propio lugar de trabajo. Puedo creer que todo está en orden, hasta
que un colega agitado comienza a trabajar en la pieza del lado. Entonces, dentro de pocos
minutos, yo mismo me puedo poner irritable sin motivos aparentes. La distancia física significa
poco en tales casos, como lo pueden confirmar madres de niños pequeños. Tal “identificación
emocional” en otra persona, también es posible a través de grandes distancias. Sucede con la
mayor frecuencia entre parientes cercanos, sobre todo entre mellizos y personas de mucha
confianza, pero también puede ocurrir incluso entre gente que se conoce superficialmente. Una
vez yo estaba sentado tranquilo y solo en mi trabajo, cuando de repente tuve una sensación de
miedo y el impulso de mirar ofertas de empleo. Visto superficialmente, eso era sencillamente
absurdo, pero el impulso era intenso. Dentro de la media hora siguiente se presentó ante mí un
amigo, para decirme que en la mañana había perdido su empleo y para pedirme que lo ayudara a
buscar uno nuevo. La razón principal de que yo haya reaccionado a su sentimiento, fue tal vez
que en ese tiempo mi propia ocupación todavía me era nueva y me sentía inseguro. Deberíamos
tener presente que las sensaciones de otros nos alcanzan solamente si tenemos pensamientos o
asociaciones correspondientes en alguna parte. Al final del capítulo indicaré una técnica que
permite protegerse de “empatías” no deseadas.
A fin de completar, deseo mencionar que diversas circunstancias también pueden influir en
cómo nos sentimos en el plano corporal. La carencia de determinadas vitaminas y minerales,
especialmente vitaminas del grupo B y calcio, puede contribuir a la inestabilidad emocional, de
manera que el aumento de lo que falta trae eventualmente mejoría. La carencia misma, sin
embargo, probablemente se ha originado en primer lugar por medio de pensamientos estresantes.
En un caso así, no solamente se debería compensar el déficit corporal, sino también el mental. La
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ionización de la atmósfera es otro factor que influye sobre nuestro estado de ánimo, como
asimismo las fluctuaciones de la fuerza de atracción solar y lunar. Pero este libro no da lugar para
ocuparse de ese tipo de factores. Se menciona solamente que también éstos pueden influir sobre
nosotros sólo de acuerdo con nuestras percepciones conscientes e inconscientes acerca de
nosotros y nuestro mundo.

Poder sobre nuestras emociones

Con este breve resumen de los efectos de nuestras emociones como trasfondo, volveremos
ahora a nuestra “emotivación”. Como dije al comienzo de este capítulo, emotivación es la
capacidad de determinar conscientemente la orientación de nuestras emociones, en vez de
dejarnos dirigir por éstas. Solamente describiré algunas de las técnicas generales, con cuya ayuda
podemos lograr eso.
La respiración profunda es probablemente la más fundamental de todas las técnicas utilizadas.
Mientras más agitado se esté, menos profunda y más rápida es en general la respiración. La causa
de eso es la tensión progresiva. La respiración lenta y profunda puede contrarrestar la tensión y
equilibrar el flujo de energía, de modo que la agitación disminuye rápidamente. Es importante
que se respire lentamente, porque de lo contrario se pueden presentar sensaciones de mareo.
Después que una respiración profunda nos ha tranquilizado, podemos decidir con mayor claridad
sobre nuestras reacciones.
La sublimación es una antigua técnica de ayuda, que todavía sigue siendo popular en
determinados círculos. Ésta consiste simplemente en manifestar de un modo aceptable emociones
desagradables o indeseables. Un ejemplo de esto sería, enrollar un periódico y en vez de golpear
con él la cabeza de su jefe, golpear una mesa. Gritar sus sentimientos mientras se está sentado
solo en el auto (con las ventanas cerradas, por favor) es también una buena ayuda. Otra excelente
alternativa consiste en escribir detalladamente pensamientos y sentimientos con una máquina de
escribir. ¿Quién sabe si tal vez de eso se origina un libro con récord de venta? La sublimación no
es un intento de cambiar las emociones. Se trata más bien de la utilización de pensamientos e
imágenes, para ejercer influencia sobre sus acciones y elegir otros medios de manifestación.
La reordenación o transformación incluye que imaginaciones mentales y gráficas se tomen
como ayuda, para transformar una emoción en una de otro tipo. Si un pensamiento o una
imaginación gráfica ocasiona el flujo de energía emocional, éste tiene normalmente la tendencia
de intensificar a su vez el pensamiento o la imagen, con lo cual las emociones nuevamente son
estimuladas. Se origina un círculo vicioso. Con una reorientación se cambian entonces
conscientemente imaginaciones mentales y gráficas sin detener el flujo de energía emocional, de
modo que cambia solamente el mensaje transmitido por éste.
Una amiga contó hace poco tiempo cómo utilizaba ese método contra sus temores. Ella quería
comenzar algo nuevo profesionalmente y estaba llena de temores. Como ella estaba familiarizada
con la idea de ver las emociones como energía, transformó sus ideas e imágenes de un posible
fracaso, en ideas e imágenes de una aventura en terreno desconocido y de ese modo transformó
sus temores en palpitante expectación. Esa técnica funciona bien con emociones arraigadas.
La inducción emocional hace uso de imaginaciones mentales y gráficas para la generación de
emociones, donde parecen faltar. Digo “parecen”, porque la apatía y el aburrimiento son
esencialmente reacciones de temor y la depresión es una forma de enojo reprimido. La
indiferencia, la flojera, la tendencia a dejar todo para después y cosas similares, pueden servir
como camuflaje emocional, que nos impide hacer lo que en realidad queremos hacer. Como las
emociones son estimuladas por las imaginaciones mentales y gráficas, la inducción emocional

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consiste en que se eligen conscientemente pensamientos e imágenes que son adecuados para
causar reacciones emocionales activadoras, a las que después se hace seguir la acción
correspondiente. Una de las emociones que más convulsiona es la ira, que por consiguiente es de
vez en cuando un buen remedio contra el letargo emocional. Una persona indignada puede hacer
milagros, como alguien lo formuló una vez. Pero eso se refiere a la indignación manifestada,
especialmente a la justificada, que apunta a corregir injusticias. Los pensamientos e imágenes que
elegimos no deben simplemente poner en marcha un carrusel de sentimientos negativos, sino
inducirnos a actuar. Una vez que eso se ha logrado, los pensamientos e imágenes pueden ser
modificados, para así reemplazar la ira por el entusiasmo, para producir el bien en vez de
solamente vengar la injusticia. Una alternativa para la ira inducida es la empatía. He visto casos
en que el aburrimiento y la depresión han desaparecido como por milagro, en cuanto el interés se
ha dirigido a ayudar a otros en la solución de sus problemas. Sin embargo, tener que arreglárselas
solo para inducir emociones no es simple. En general eso es más eficiente si nos secunda un
amigo, que nos ayuda a concentrarnos en los nuevos pensamientos e imágenes que se necesitan.
La observación de emociones es una técnica que demanda ejercicio, porque requiere que por un
lado se le dé rienda suelta a sus emociones y que por otro lado uno no se deje incitar por éstas a
acciones no deseadas e ineficaces. Eso significa ante todo, que las emociones tienen que ser
reconocidas como lo que son realmente: un flujo de energía portadora para la transmisión de
mensajes y nada más. Tenemos que dejar de identificarnos con ellas y guardar distancia,
desarrollar una especie de “actitud - a ver lo que ocurre”. Para el comienzo es útil si uno, por
ejemplo, deja la costumbre de decir “yo estoy indignado”, y reemplaza esa formulación por “yo
siento indignación”, lo cual es más acertado. Cuando se está en condiciones de sentir las
emociones en vez de ser ellas, se puede comenzar a poner atención en el mensaje que ellas
portan. Por medio de la observación de los pensamientos que nos llegan con una emoción,
podemos descubrir las ideas e imágenes en que ésta se basa. Una vez que la emoción se ha
aplacado, podemos tomar la decisión de transformar esas ideas e imágenes.
Otra técnica que requiere práctica es el relajamiento muscular consciente. Éste requiere que se
aprenda a prestarle atención a su cuerpo, y especialmente al grado de tensión muscular. Con
algún ejercicio se logra percibir el desarrollo de esa tensión simultáneamente con el surgimiento
de la emoción. Se puede entonces relajar conscientemente sus músculos y facilitar así una
repartición de la energía emocional. De ese modo se recibe el mensaje sin la reacción
correspondiente. Por esa razón la técnica de relajamiento muscular funciona muy bien en
conexión con la observación de las emociones. ¡Se debería tener en claro que la energía no
desaparece simplemente! Se reparte en el cuerpo como energía pura y está a disposición para
volverla a utilizar.

Ejercicios
Ahora vienen algunos ejercicios prácticos, cuyo propósito es ayudarle a desarrollar sus
capacidades en el campo de la emotivación.

Ejercicio 1: Muchos de mis alumnos han encontrado sumamente efectivo el siguiente ejercicio
respiratorio. Éste le ayudará muchísimo antes de una reunión en la que usted quiere permanecer
tranquilo, o después de un arrebato emocional, cuyos efectos usted todavía siente, o también
cuando usted está solo y nervioso o perturbado.
Siéntese cómodamente y ponga sus manos en el regazo, ya sea con las palmas hacia arriba o de
tal modo que las puntas de los dedos se toquen. Exhale y después proceda como sigue:
1. Inhale y al hacerlo repita “aflojar, aflojar, aflojar, aflojar”.
2. Retenga la respiración y al hacerlo repita mentalmente “aflojar, aflojar, aflojar, aflojar”.
3. Exhale repitiendo “relajar, relajar, relajar, relajar”.

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4. Inhale y retenga la respiración, repitiendo “relajar, relajar, relajar, relajar”.
5. Repita ese proceso cuatro veces lentamente.
Después siga respirando en forma normal.
Con un texto alternativo, usted puede, si quiere, lograr un efecto algo diferente. En ese caso
haga sus ejercicios de respiración, por ejemplo, con las palabras “un dogo, dos dogos, tres dogos,
cuatro dogos”. Inténtelo. Si usted no está seriamente perturbado, se reirá de esa absurdidad, antes
de que haya terminado el ejercicio. Y reír es el mejor de todos los relajamientos.

Ejercicio 2: Este ejercicio es para ayudarle a tener en claro la poderosa influencia que tienen las
imaginaciones gráficas sobre sus emociones. En primer lugar haga una lista de las diferentes
emociones, anotando cuáles considera negativas o positivas. Después haga, en otra columna de su
lista para cada emoción anotada, una breve descripción de una escena o suceso que recuerde, que
sea la que más se acerque a la respectiva emoción. Para facilitarse la tarea, puede registrar las
emociones positivas y negativas en dos hojas separadas. A continuación búsquese un rinconcito
tranquilo, propóngase una de las emociones negativas de su lista y deje permanecer su
imaginación visual con la correspondiente escena o suceso, hasta que sienta surgir en usted la
emoción asociada a esa escena o suceso. En cuanto haya logrado eso, elija una de las emociones
positivas y también en este caso permanezca en la escena o suceso correspondiente, hasta que la
nueva emoción comience a surgir en usted. Oscile de ese modo de un lado para otro entre sus
emociones y recuerdos, hasta que haya estudiado a fondo toda la lista y concluya todo con una
emoción positiva. Perciba durante todo el proceso, cómo reaccionan sus emociones ante las
imaginaciones en las que usted se está concentrando. Por medio de ese tipo de experiencia
directa, usted aprenderá rápidamente cómo sus sentimientos son conducidos por su mente, y
cómo puede utilizar deliberadamente esa conducción. Elija algunas de sus escenas o experiencias
preferidas, aquellas que ocasionan en usted las sensaciones positivas más intensas, y anótelas en
una tarjeta que lleve con usted y que pueda consultar, hasta que los contenidos hayan llegado a
ser rápidamente accesibles. Cada vez que se dé cuenta que sentimientos malos comienzan a
desmoralizarlo, acuérdese de una de esas escenas o sucesos y permanezca en ella hasta que su
ánimo haya cambiado y usted esté en condiciones de confrontarse con las causas de la emoción
precedente. Utilice esta técnica para purificar su flujo de energía, pero no como medio para
escapar de cosas a las que tiene que enfrentarse.

Ejercicio 3: Este sencillo ejercicio es para ayudarle a aprender cómo puede influenciar
indirectamente sus sentimientos, por medio de relajamiento de sus músculos. Adopte una
posición corporal cómoda y ejercite tensar y aflojar por separado cada músculo de su cuerpo.
Comience por la cabeza y ejercite la tensión/relajación de la frente, los ojos, las mejillas, la boca,
etc. Trabaje lenta y minuciosamente desde arriba hacia abajo, hasta que haya llegado a los dedos
de sus pies. Para esto no necesita tensar sus músculos fuertemente, sino solamente hasta que
pueda sentirlos cuando los afloja. Ponga atención con exactitud a esto, porque por medio de este
ejercicio usted aprenderá cómo se sienten sus músculos cuando están tensos o relajados y cómo
se siente el paso de un estado al otro. Gracias a este ejercicio usted se dará cuenta claramente de
lo que ocurre con sus músculos en el transcurso de un día de trabajo, en especial cuando éste trae
consigo confrontaciones con otras personas. Y usted estará en condiciones de disolver tensiones
antes de que se puedan formar bien. También sería bueno si aprendiera a poner atención en lo que
usted mismo y otros dicen y hacen y qué ocurre cuando se tensan sus músculos. Eso le entregaría
un valioso punto de referencia para los pensamientos e imágenes mentales con los que usted
reacciona y que tal vez desea cambiar.

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Ejercicio 4: Este último ejercicio de emotivación tiene como objeto la creación de un “escudo
mental”. Consiste en que usted, con ayuda de su imaginación pantomímica, crea un manto de luz
que lo envuelve por completo. Para esto hay muchas variantes. Yo le recomiendo imaginarse
primero una corona de luz sobre su cabeza y luego un aluvión de beneficiosa luz de color que
sale por todo el contorno de esa corona de luz. Para esto puede elegir cualquier color que desee.
La mayoría de la gente con la que he trabajado hasta ahora, encuentran el color dorado o rosado
como el más adecuado. Para hacer este ejercicio aún más efectivo, las primeras veces haga antes
el ejercicio 1. Mientras está relajado, visualice su escudo y dígase algo así como: “Este escudo
me protege de todas las influencias no deseadas. Solamente deja pasar lo que es bueno para mí”.
De ahí en adelante bastará con una respiración profunda, pronunciar la palabra “escudo” e
imaginarse éste. Ese escudo mental tiene el objetivo de protegerlo, en caso de ser necesario, de
los efectos de los campos emocionales de energía de otras personas. Como las imaginaciones
mentales y gráficas tienen influencia sobre las emociones y la conducta, el pensamiento y la
imaginación de ese escudo protector ejercerán influencia sobre sus reacciones emocionales y
corporales, de modo que usted será menos sensible a las emociones de otros. Yo propongo que
usted, en cuanto tenga algo de práctica, utilice siempre el escudo protector cuando sienta un
miedo repentino infundado u otras emociones indeseables, o incluso un dolor repentino
inexplicable. Si esas sensaciones solamente consisten en efectos de problemas de otras personas,
como resultado las calmará rápidamente o las hará desaparecer por completo. Si por el contrario,
su escudo protector no tiene ningún efecto aunque usted tenga práctica en esta técnica, usted
sabe que las causas hay que buscarlas en usted mismo. Si usted no estaba familiarizado con esta
técnica de protección mental, pienso que tendrá próximamente algunas sorpresas agradables,
especialmente en el trato con personas que habitualmente lo sacan de su equilibrio psíquico.

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Capítulo 4

La concentración como herramienta

La concentración no es otra cosa que atención prolongada. Eso simplemente significa que usted
se dirige mentalmente a una cosa, excluyendo todas las demás. Es una herramienta con la que
usted ya está familiarizado, porque la utiliza en muchas actividades, como por ejemplo, cuando
lee un libro interesante, ve una buena película o un buen programa de televisión, o cuando
queda absorto en un pasatiempo o en algún proyecto. Si concentra toda su atención en lo que está
haciendo, muy probablemente se pone ciego y sordo para todo y para todos a su alrededor,
también para gente que lo llama a comer. El interés que le demuestra a una cosa, es decisivo
para lo bien que pueda concentrarse. La concentración y el interés (también lo puede llamar
motivación) van de la mano. Y así dice entonces una regla general: Mientras más le guste algo, o
mientras más se interese por eso, más fácilmente se concentra en eso; mientras menos le guste
algo, o mientras menor sea el interés por eso, más difícil le resulta la concentración.
Los niños disponen de una capacidad de concentración realmente increíble. Si duda de eso,
intente llamar a un niño que está absorto en un juego interesante, para que ordene su cuarto. Si
no recurre directamente a la fuerza o le grita en el oído, será casi imposible interrumpir su
concentración. En serio: Es completamente posible que el niño ignore en absoluto su llamado
conscientemente. Él simplemente ha suprimido todo lo que es menos interesante que su juego.
Si hablamos de que un niño no se puede concentrar, con eso nos referimos en general a que no
se quiere concentrar en lo que nosotros esperamos de él. Él hará las cosas muy excelentemente,
cuando haya que concentrarse en algo que le interesa. Después que había tratado una vez
infructuosamente de romper la concentración de mi hijo menor que estaba absorto en un juego,
hice, por el interés científico, el siguiente intento: Fui a una de las puertas del patio interior, a
dos piezas de distancia, y le dije a mi esposa sin subir la voz: “Deseo saber si alguno de los niños
quisiera tener un dólar”. Al instante salió una voz infantil del cuarto de juegos: “¡Yo!” Eso
conduce a otro axioma: Existe la tendencia a dirigir automáticamente la concentración al asunto
de mayor interés personal.

Lo que dificulta la concentración

La mayoría de la gente parece haber crecido con la idea de que la concentración es un trabajo
duro y que requiere un gran esfuerzo. Si yo le pidiera a usted que me describiera a alguien que
esté concentrado profundamente, probablemente resultaría la imagen de una persona con los
labios apretados y con la frente arrugada. Daría la impresión de que alguien se esforzara mucho
por hacer algo que en realidad no desea en absoluto hacer. Tengo la sospecha de que ese cliché
proviene de nuestra época de escuela, donde se nos daba la orden de concentrarnos en nuestro
trabajo de aprendizaje, en vez de en las muchas otras cosas que habríamos preferido hacer. Pero,
como ya dije, usted ya se concentra cuando dirige su atención por más de algunos instantes a
una única cosa. Usted tal vez preguntará dónde fijo el límite entre la simple atención pasajera y

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la atención retenida que se llama concentración. Pues bien, ese límite es impreciso. Pero para
tener un concepto claro con el que podamos trabajar, definiré la concentración arbitrariamente
como la atención que permanece por más de treinta segundos dirigida a un determinado objeto.
¿Encuentra usted que eso suena demasiado simple? Entonces intente lo siguiente:

Experimento: Tome un cuadro de una revista o uno que eventualmente cuelgue en su pared y
obsérvelo atentamente durante un minuto. Para que no sea perturbado, tal vez sea bueno pedirle a
alguien que se haga cargo de medir el tiempo o utilizar un reloj con alarma. A continuación
busque el objeto más pequeño que haya en su cuadro y diríjale toda su atención durante un
minuto, sin observar el resto del cuadro y sin dejar surgir pensamientos que no tengan que ver
con el objeto. Usted notará que le resultó bastante fácil mantener su atención en el cuadro
completo, pero que con el objeto único fue más difícil. De aquí podemos deducir otros axiomas
sobre la concentración: Mientras más grande sea el área (es decir, mientras más objetos existan
que pueden despertar nuestra atención) más fácil resulta concentrarse en ésta; mientras más
pequeña sea el área (es decir, mientras menos objetos contenga que despiertan nuestra atención)
más difícil nos resulta la concentración. Usted seguramente habrá descubierto otro axioma:
Mientras más difícil es, según su opinión, concentrarse, más difícil será concentrarse
efectivamente.
Pero la concentración es un instrumento mental muy valioso, porque genera diferentes efectos
extraños, de los que podemos sacar beneficios prácticos. Tres de los más importantes se
describen en los tres párrafos siguientes.

Estados modificados de consciencia

El cerebro es un magnífico computador viviente, destinado a procesar una inmensa cantidad de


informaciones que provienen de diferentes tipos de fuentes. Si las fuentes de información de
nuestro entorno se reducen, porque el área de nuestra atención se estrecha por más de algunos
instantes (concentración), eso conduce fácilmente a un cambio del modo de funcionamiento de
nuestra consciencia. En un caso así, de un enfoque dado se obtendrá más información que de
costumbre, o se obtendrá información de fuentes no habituales. Ese otro modo de funcionamiento
se designa actualmente como “estado modificado de consciencia” y abarca campos como el
trance hipnótico, estados de consciencia meditativos e incluso nuestro sueño normal. También al
soñar despiertos nuestra consciencia está modificada, y algunas personas caen en un estado
modificado de consciencia al leer o ver televisión. Si alguna vez le ha sucedido que estaba
leyendo un libro y de pronto se dio cuenta que no tenía idea del contenido de los últimos párrafos
o páginas, entonces usted también ha tenido esa experiencia.
En todo el mundo, personas de diferentes épocas y culturas han producido ese efecto en forma
consciente, para experimentar diversos estados de consciencia por diferentes motivos, entre ellos
de salud. Todas las técnicas utilizadas con ese objetivo se basan en que el enfoque de la
consciencia se estrecha por un momento largo, hasta que el cerebro “ponga otro cambio en la
caja de cambios”, por así decirlo. El medio más común es la concentración en un único objeto
tridimensional (una flor o un objeto de cristal), en un dibujo (especialmente formas geométricas),
en una imaginación gráfica, estática o monótona, o en palabras o ritmos musicales que se repiten.
Para lograr el mayor efecto posible, el enfoque tiene que estrecharse tanto, que ya ni siquiera se
analice en qué se concentra uno – eso simplemente se “experimenta”. Eso hacemos exactamente
también cuando nos quedamos dormidos. Restringimos el área de nuestra atención consciente,
hasta que nuestro cerebro cambia a otro modo de toma de consciencia. El mismo efecto está

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detrás del antiguo método casero de contar ovejas para poder quedarse dormido. La monótona
regularidad de las ovejas que saltan la cerca una detrás de la otra, induce al cerebro a cambiar.
La tabla de multiplicar puede cumplir el mismo propósito. El problema de la mayoría de las
personas que sufren de insomnio es que, en una secuencia al azar, reflexionan sobre diferentes
cosas, analizan, juzgan, planean, evalúan, etc., de manera que su cerebro permanece activo. El
método contra eso es muy sencillo. Hay que concentrar los pensamientos en una sola cosa, sea
una mancha en la pared, una imagen mental o una pieza musical, como por ejemplo, El “Bolero”
de Ravel. Dormir tiene claramente un efecto terapéutico. Sin embargo, también estados
modificados de consciencia, con los cuales se permanece despierto, pueden traer beneficios para
la salud.

El flujo de información

Todavía tengo otro axioma para usted: La concentración en determinados pensamientos,


imágenes o intuiciones, tiene la tendencia a estimular el mismo tipo de pensamientos, imágenes o
intuiciones. En este contexto definiremos “intuición” como pensamientos o imágenes que nos
proporcionan informaciones en las cuales no habíamos pensado anteriormente.
Para lograr el efecto del flujo de información, hay que estrechar el enfoque un poco menos que
para un cambio del estado de consciencia. La técnica consiste en retener la idea o la imagen y al
mismo tiempo otorgarles acceso a nuestra consciencia a pensamientos sobre el mismo tema.
Científicos creativos, inventores, escritores y artistas, hacen uso de esto. Durante un tiempo esta
técnica también fue popular en el mundo de los negocios, bajo la denominación de
“Brainstorming”. Se le exponía un problema a un grupo de personas, y todos los participantes
proponían soluciones lo más rápido que podían, sin considerar lo tontas o locas que éstas
pudieran parecer. El concepto que hay detrás dice que la probabilidad de soluciones practicables,
aunque poco ortodoxas, es mayor, mientras más ilimitado sea el flujo de pensamientos.
El efecto del flujo de información es valioso para la inspiración creativa y para la solución de
problemas. Pero eso no es todo; ayuda a una mejor comprensión de todos los objetos de nuestra
concentración. En tiempos antiguos éste era el método principal de investigación científica y
filosófica de la naturaleza, lo que tenía la ventaja de que no había que destruir la vida para
poderla investigar. Actualmente ese método es algo así como un arte perdido, que todavía es
practicado solamente por pocos, aunque igual que antes, está a disposición de todos. El mejor
ejemplo que se me ocurre para su utilización en los tiempos modernos es Luther Burbank, el
“Mago de la jardinería”. Los autores Tompkins y Bird lo citan en The Secret Life of Plants (La
vida secreta de las plantas), con la declaración que su arte es en el fondo “una cuestión de
concentración y de la rápida eliminación de lo irrelevante”. Y todos sus milagros los realizó sin
laboratorio.

El efecto de la reproducción

Este efecto es, según mi opinión, el más importante de todos y al mismo tiempo el más
extraño, el más cotidiano y el que más les cuesta creer a aquellos que escuchan hablar de él por
primera vez. Se basa en el siguiente axioma: La concentración en una idea o imaginación dada
conduce a que en el mundo tridimensional de experiencia se reproduzca el equivalente que más
se acerca a esa idea o imaginación. En otras palabras: El tipo de pensamientos con los que
permanecemos determina en gran parte nuestra experiencia de vida. O, para formularlo

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nuevamente de otra manera, la situación en la que nos encontramos y las experiencias que
tenemos en nuestra vida, son el reflejo de nuestros pensamientos más persistentes. Créame, esto
no es simbolismo místico, sino un hecho comprobable. Extrañamente casi nadie parece tomar en
serio esa doctrina, que sin embargo, es una de las más antiguas de la humanidad. De lo contrario
la gente no haría responsables por su situación a sus padres, a la sociedad, a la televisión, a Dios,
o a quienquiera que sea. Cómo funciona el principio, no se sabe a ciencia cierta, aunque existe
cualquier cantidad de teorías al respecto, desde la atracción telepática hasta la motivación
inducida inconscientemente. Pero dejaremos las teorías a un lado. Lo esencial es que funciona y
que nosotros mismos podemos presentar la prueba de eso.
Para eso necesitamos una concentración con la cual retengamos claramente una imagen mental
o pensamiento, sin analizar y sin dejarnos trasladar por ésta a otro estado de consciencia. Según
mi experiencia, la imaginación pantomímica es la más adecuada para ese propósito, porque ésta
logra que nuestra concentración se mantenga estando completamente despiertos. Usted también
puede utilizar la imaginación gráfica, pero en este caso puede demorar mucho hasta que se
muestren los efectos en nuestro mundo de experiencias tridimensional, pero también ésta puede
conducir más fácilmente a cambios en la consciencia o al flujo de información. Posibilidades
especiales para emplear el efecto de reproducción con fines de sanación, son tratadas en la Parte
II de este libro. Por el momento deseo citar sólo algunos ejemplos de mi propia experiencia, para
mostrarle lo que puede ocurrir.
Después de una convención en un hotel grande, descubrí que había dejado allí un valioso
maletín. Regresé, pero el maletín no se veía por ninguna parte. Entonces dejé un mensaje en la
administración, con la petición de buscarlo. Cuando al día siguiente llamé por teléfono, me
dijeron que lo habían encontrado. Pero resultó que se trataba de un maletín ajeno. Solicite que
continuaran buscándolo, pero en el hotel no tenían muchas esperanzas de encontrar el mío
después de dos días. Yo habría podido decidir darme por vencido y conformarme con la evidente
pérdida. Pero en vez de eso me enojé y me negué a aceptar el hecho. Durante los dos días
siguientes me imaginé vívidamente que el maletín estaba nuevamente en mi poder y descarté toda
duda de que lo recobraría. Después llamé otra vez por teléfono al hotel y supe que éste
efectivamente había sido encontrado. Estaba claramente visible en un lugar en que tanto el
personal del hotel como yo mismo ya habíamos buscado. ¿Se había simplemente materializado
desde el aire? Muy probablemente no. ¿Fue una coincidencia de circunstancias? Mis alumnos y
yo habíamos experimentado demasiados resultados con el efecto de reproducción, como para
creer todavía en coincidencias.
Entonces el efecto de reproducción, condicionado por las circunstancias, como también por
nuestra intención, en general hará manifestarse en primer lugar el equivalente más cercano a
nuestra imaginación. Ese equivalente puede ser algo que tiene similitud con nuestra imaginación,
por ejemplo, una imagen correspondiente, alguien que habla sobre el objeto de nuestra
imaginación, o también ese objeto mismo en poder de otra persona. Así, por ejemplo, una vez me
imaginé que tenía diez mil dólares en la mano, y tan claramente que casi podía sentir los billetes.
Dentro de pocos días ocurrió que por encargo de una organización para la cual trabajaba, tuve
que retirar de un banco justamente esa suma. ¡Tenía el dinero en mis manos, pero no era mío! En
otra ocasión, precisamente cuando reflexionaba acerca del efecto de reproducción, me imaginé,
sólo para ver lo que ocurría, algo muy inusual – un clavel azul. Cuatro días después, mi esposa
me contó de un hombre que siempre le regalaba a su mujer para el cumpleaños claveles teñidos
de color azul, que hacían juego con sus ojos.
Tres días o un poco más parece ser el “tiempo de transporte” promedio para el efecto de
reproducción, aunque muchas veces también se puede presentar más rápido. Que nuestra
imaginación se reproduzca como parte de nuestra experiencia personal y/o de nuestra propiedad
personal o no, depende en gran medida de la intensidad de nuestra imaginación, de nuestra
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intención de hacerla realidad y de nuestra perseverancia. El efecto de reproducción de la
concentración es un componente excepcionalmente valioso de nuestro instrumental mental al
servicio de la salud.

Ejercicios
Los siguientes ejercicios prácticos son para ayudarle a iniciarse en diferentes formas de
concentración.

Ejercicio 1: Dibuje en una hoja de papel blanco círculos concéntricos o un espiral con siete
vueltas aproximadamente y con un diámetro de más o menos cinco centímetros. No le dé
importancia si su dibujo no es perfecto. Siéntese en alguna parte solo y cómodamente, tome la
hoja en la mano y simplemente mire su espiral durante cinco minutos aproximadamente (no es
necesario medir el tiempo). Al hacerlo puede tranquilamente pestañear o, si usted quiere, bajar
sus párpados. Mientras menos piense en cualquier cosa, tanto mejor. Sin embargo, no trate de
ejercer presión. Deje pasar sus pensamientos, mientras dirige tranquilamente su atención al
espiral. Después de aproximadamente cinco minutos cierre los ojos y déle rienda suelta a sus
pensamientos, mientras observa lo que ve, escucha y siente. Abra los ojos cuando lo desee.
Este ejercicio lo trasladará rápidamente a un estado modificado de consciencia, y puede ser que
con eso usted tenga experiencias interesantes. Mientras observa el espiral, le puede parecer como
si éste se moviera, como si pasaran movimientos estriados u ondulados sobre su superficie.
También puede ser que usted perciba movimientos repentinos en la periferia de su campo visual
y note en su cuerpo, hormigueos, adormecimiento y/o una maravillosa sensación de relajo.
También puede presentarse un ruido como un tintineo o un silbido. Si cierra los ojos,
eventualmente puede percibir luz de color y formas. También puede experimentar una secuencia
de sucesos parecidos a un sueño. Todo eso no significa que sus sentidos “le toman el pelo”.
Usted solamente ha cambiado de lugar su enfoque de percepción, de modo que ahora le son
accesibles datos que normalmente ignora. Por supuesto sus experiencias pueden ser muy
diferentes a lo que he descrito. También puede no experimentar absolutamente nada o incluso
quedarse dormido. Si no experimenta nada, entonces necesita más ejercicio; si se queda dormido,
entonces necesita dormir más.

Ejercicio 2: Para este ejercicio elija un “gran” tema, como la vida, el amor, el dinero, la amistad,
la sexualidad, la alegría, el poder, la salud u otro que a usted le interese y que también sea de
potencial interés para otras personas. Relájese en una posición cómoda y pregúntese: “¿Qué
es…?” Deje circular sus pensamientos de cinco a diez minutos en torno al tema elegido. Lo que
usted busca poner en movimiento con esto es una especie de diálogo interior, al que las
imaginaciones gráficas deben estimular, pero no reemplazar. Si el diálogo interior parece
interrumpirse, estimúlelo con otras preguntas, como por ejemplo “¿Qué es esto además?” o
“¿Por qué soy de esa opinión?” o “¿Qué piensan otros al respecto y por qué?”.
Este es un auténtico test de concentración, porque si usted no está acostumbrado a concentrarse
despreocupadamente en una idea por un tiempo ilimitado, probablemente tendrá la experiencia de
que su atención “se aparta de la pista” rápidamente y que piensa en todo menos en el objeto
elegido. Si es así, simplemente vuelva con tranquilidad a su tema principal, en cuanto se dé
cuenta que se ha apartado de él. Este ejercicio se puede considerar exitoso cuando usted haya
obtenido nuevos conocimientos sobre el tema respectivo o cuando se haya acordado de algo
importante o positivo al respecto, que se le había olvidado.

Ejercicio 3: Con ayuda de este ejercicio usted debe aprender a percibir el efecto de reproducción
de la concentración. Solamente necesita escoger un objeto bastante inusual y concentrarse en él.

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Algunos ejemplos que podrían estimularlo a pensar, serían tal vez un billete de mil marcos, un
Ford modelo T, un dragón, un elefante blanco, una rosa azul, o lo que sea. Póngase cómodo y
visualice el objeto con ayuda de la imaginación pantomímica durante cinco minutos completos,
tan claramente y con tantos detalles sensoriales como pueda. Notará que es más fácil imaginarse
el objeto en movimiento (por ejemplo, el elefante) o hacer palpitar la imaginación (es decir,
hacerse una imagen clara y hacerla desvanecerse en forma alternativa). Si se ha concentrado bien,
el objeto surgirá de algún modo en su entorno. Yo recomiendo fijar un tiempo de espera de tres
días aproximadamente. Esto también podría demorarse un poco menos o un poco más. Si se
manifiesta, usted sentirá una maravillosa conmoción de alegría y sorpresa. Esa será su primera
pruebe convincente del poder de la mente sobre la materia.

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Capítulo 5

La afirmación sugestiva como herramienta

Una afirmación es una declaración positiva que se hace con toda confianza. Yo hablo de una
“herramienta” mental, porque una declaración así requiere tener la intención de querer y una
decisión consciente, y porque ésta representa pensamientos que influyen sobre las emociones, la
conducta y la salud. Aunque por supuesto también se pueden hacer declaraciones afirmativas
frente a otros y acerca de otros, aquí me refiero a las declaraciones que se hacen frente a sí mismo
y acerca de sí mismo. Lo hacemos permanentemente, pero yo quiero ayudarle a llegar a estar
más consciente de eso, para que realmente resulte una herramienta de eso y no solamente una
costumbre semiconsciente.
Con la expresión “declaración afirmativa” se piensa generalmente en declaraciones verbales,
pero a su manera tales declaraciones también pueden ser actitudes y gestos. En los dos párrafos
siguientes trataré tanto la afirmación verbal, como también el lenguaje corporal.

Afirmación verbal

Nuestra opinión sobre nosotros mismos o sobre diferentes aspectos de nuestra vida se expresa
por medio de nuestra manera de hablar. Con “manera de hablar” no me refiero aquí a la forma de
hablar, sino a las palabras y formulaciones a las que estamos acostumbrados a usar, para describir
nuestra persona y nuestros sentimientos. A menudo éstas se convierten tanto en costumbre, que ni
siquiera nos damos cuenta cuando las pronunciamos. Yo he hablado con muchas personas que
han recalcado su actitud positiva, mientras su vida ha sido un caos. Pero en el transcurso de una
conversación de ese tipo, a éstas habitualmente se les escapa algo que contradice su supuesta
actitud positiva y muestra por qué están en aprietos. Cuando yo lo menciono, esas personas
frecuentemente ni siquiera se acuerdan más de eso. Pero esas declaraciones “inconscientes”
actúan más intensamente sobre nuestra vida que todas las consideradas positivas, precisamente
porque se han convertido en costumbre. Si a las personas respectivas se les hace notar su
declaración, casi siempre dicen algo así como “Ah, en realidad no quise decir eso. Era solamente
una forma de decir. En realidad yo pienso…”. Lo siento, pero eso simplemente no es
convincente. Todos nosotros disponemos de la peculiar capacidad de dirigir nuestra manera de
hablar de tal modo, que resulte algo que suena bien o que pensamos que “deberíamos” creer.
Con eso, esas declaraciones con mayor razón no corresponden a las opiniones que actúan en
nosotros. Por eso son justamente las palabras y frases espontáneas las que manifiestan nuestros
verdaderos sentimientos y convicciones. Precisamente su espontaneidad las clasifica como
costumbres que tienen su efecto.
Algunos de ustedes tal vez ya estén familiarizados con la idea de afirmación sugestiva, pero
existe una diferencia entre afirmaciones efectivas y declaraciones gratas al oído, que simplemente
se dicen en forma automática. En primer lugar, muchas de las afirmaciones recomendadas, o son
demasiado largas o demasiado vagas. Las afirmaciones largas y embrolladas prácticamente no
tienen influencia sobre nuestra conducta, aunque tal vez nos puedan proporcionar una buena
sensación por un tiempo corto. La parte inconsciente de nuestra mente, que tiene que ver

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directamente con nuestro estado de salud, reacciona esencialmente mejor ante declaraciones
cortas y concisas. El siguiente texto es un ejemplo típico de afirmación bien intencionada,
excesivamente detallada:
“La fuerza sanadora del universo, que es ilimitada y eterna, fluye a través de todas las partes de
mi cuerpo y me llena de luz, paz y salud. Yo sé que es así y acepto el exceso de bienestar y
vitalidad que me entrega. Expreso mi agradecimiento por las abundantes bendiciones de una
buena salud”.
He visto textos que continúan así por varias páginas. En cambio, una sencilla afirmación como
“Mi cuerpo llega ahora a estar saludable”, que se repita constantemente, trae esencialmente
mejores resultados, aunque desde el punto de vista intelectual tal vez sea menos satisfactoria.
Además, una afirmación, para ser efectiva, tiene que ser formulada de manera tan específica,
que su mensaje nos sea claro. Si su significado es vago, sus resultados también serán vagos.
Hace muchos años, un tal Emile Coué recomendaba una hermosa declaración breve con el
siguiente texto: “Día a día me va cada vez mejor y mejor en todos los aspectos”. Una afirmación
así sólo puede tener efectos positivos, si tiene en claro lo que para usted significa “mejor”. No
obstante, la formulación es buena en el fondo; usted sólo tiene que adaptarla a sus propósitos,
reemplazando “cada vez mejor y mejor” por una declaración más específica.
Cuando mejor actúan las afirmaciones sugestivas es cuando se trata de cambiar opiniones que
usted tiene en general con respecto a sí mismo o a la vida. Al fin y al cabo son esas opiniones
las que los han llevado adonde usted se encuentra actualmente. El truco consiste en aprender a
pillarse cuando uno usa una formulación que podría tener efectos negativos. Si usted, por
ejemplo, nota que hace una declaración como “siempre estoy enfermo en esta estación del año”,
interrúmpala y dígase: “¡Eso hay que cambiarlo!” Reemplace la declaración negativa por algo
como “siempre estoy saludable”, aunque por el momento solamente se lo diga a sí mismo.
Dicho sea de paso, se han escrito muchas aberraciones acerca de las afirmaciones sugestivas, en
el sentido de que jamás se deben utilizar declaraciones negativas como “yo jamás me enfermo”,
porque nuestro inconsciente no registra formulaciones negativas. Se dice que el inconsciente
solamente escucharía: “Yo me enfermo”. Pues bien, tenga la seguridad que su inconsciente
escucha todo lo que usted dice. No obstante, aconsejo hacer afirmaciones puramente positivas,
porque podría surgir muy fácilmente una imaginación de enfermedad si usted dice: “Yo jamás me
enfermo”. ¡Y su inconsciente también ve todas las imaginaciones gráficas que usted se hace!
Aparte del requerimiento de que las afirmaciones deben ser breves, claras, inequívocas y
positivas, también forma parte de una buena afirmación, que usted crea en ella por lo menos un
poco. Si una afirmación está en contradicción directa con sus convicciones, ésta producirá sólo
lentamente resultados positivos, si es que los produce. Si usted, por ejemplo, está gravemente
enfermo, casi no producirá mejoría si usted va de un lado para otro y proclama en todas partes:
“¡Estoy completamente sano!” Esa declaración estaría probablemente demasiado lejos de su
realidad momentánea, como para poder cambiar su estado en forma efectiva. Su inconsciente
simplemente no la aceptaría. Si usted, en cambio, modifica el texto en: “Yo puedo estar
completamente sano”, entonces la declaración se hace más creíble y por consiguiente más
efectiva. Si usted, sin embargo, ya goza de una salud totalmente buena, podría ser que ese “Yo
puedo estar completamente sano” ya no tenga sentido para usted, a no ser que tenga una idea muy
precisa de lo que implica para usted “completamente sano”. Usted puede evadir ese problema al
decir: “Yo puedo estar más sano que lo que estoy ahora”. “Puedo” es en general la palabra
mágica en muchas afirmaciones sugestivas. Mientras usted crea que le es posible estar como
desea o hacer lo que desea, esa afirmación tendrá efecto, en cuanto se haya establecido como
patrón habitual de pensamiento.
Pero las costumbres se forman por medio de repetición. La repetición se lleva a cabo primero
en el plano mental, en forma de pensamientos e imágenes, y actúa, formando costumbre, sobre
34
las emociones, el lenguaje y la conducta. Está en la naturaleza humana que haya una sola manera
de deshacerse de una costumbre antigua, y esa manera es reemplazarla por una nueva. Si usted
deja de fumar, ha reemplazado la costumbre de fumar por la costumbre de no fumar. Palabras y
formulaciones que se han convertido en costumbre actúan como permanentes intensificadores,
que estrechan nuestro pensamiento y actuación o le proporcionan más espacio. El método de la
afirmación sugestiva es para ayudarle a darse en forma consciente la intensificación habitual que
usted desea.
Aquí hay algunos ejercicios con los que usted puede trabajar:

Ejercicio 1: Ponga atención conscientemente durante un día en las palabras y frases


autolimitadoras que utilizan otras personas. Busque el “yo no puedo”, el “siempre” y el “jamás”,
como también las expresiones con las cuales las personas se desprestigian a sí mismas. Intente
reconocer la relación que hay entre lo que usted dice acerca de sí mismo y su vida.

Ejercicio 2: Este ejercicio ya es un poco más difícil. Ponga atención durante un día en sus propias
palabras y formulaciones autolimitadoras, sobre todo cuando habla acerca de un área de su vida
en la que tal vez tenga un problema. Haga una lista y revise si no intensifica tal vez justamente lo
que no le gusta.

Ejercicio 3: Ponga atención, sobre todo cuando esté cansado o enfermo, cuán a menudo intensifica
ese estado hablándoles a otras personas al respecto. Practique reservarse para sí mismo cómo se
siente, y sugiérase en vez de eso, que su condición mejora.

Ejercicio 4: Tome lo más negativo de las declaraciones que habitualmente hace sobre usted
mismo o sobre su vida y formule una afirmación inversa que sea creíble. Después utilice esa
afirmación durante un mes, ayudándose con su imaginación, emotivación y concentración.
Observe si se muestran mejorías y cuáles.

Actitud afirmativa

Usted tal vez ya haya escuchado el término “lenguaje corporal”. Se refiere a que utilizamos
inconscientemente nuestro cuerpo para expresar nuestros sentimientos y nuestras opiniones
acerca de nosotros mismos y del mundo. En la Parte II trataré esto en forma mucho más
detallada; por el momento solamente diré que la actitud corporal es una forma de conducta. Los
pensamientos actúan sobre la conducta y la conducta puede influenciar y estimular a los
pensamientos. Cuando hablo aquí de actitud, me refiero a la totalidad de nuestros gestos y
actitudes corporales bajo diferentes circunstancias. Si modificamos nuestra actitud corporal en
forma positiva, podemos con eso reforzar ideas y sensaciones positivas.
Si usted quiere reforzar ideas de fortaleza, amistad, salud, vitalidad y confianza en sí mismo,
puede practicar pararse y mover sus extremidades de una manera determinada, lo que produce
que usted sienta esos valores más intensamente. Y los pensamientos positivos por supuesto
influirán automáticamente sobre su actitud. Hace poco pude observar cómo una muchacha
literalmente se transformó durante un ejercicio con afirmaciones positivas que se referían a su
persona. Era una muchacha de buen aspecto, pero se consideraba mucho menos llamativa que lo
que era en realidad. En el transcurso de un ejercicio se le dio la instrucción que repitiera una y
otra vez: “Yo soy hermosa”. Su actitud fue floja antes de comenzar, y daba la impresión de que
se agazapaba temerosa. Pero ya después de pocos minutos estiró inconscientemente sus hombros,

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levantó la cabeza y comenzó a “resplandecer” desde adentro. Eso actuó como magia, pero
solamente era la reacción de su cuerpo ante la afirmación.
Por supuesto con eso no se logra cambiar su actitud, aunque es un excelente refuerzo adicional.
El puro cambio de nuestra posición corporal tal vez haga de nosotros un buen actor, pero no es
capaz de cambiar nuestra manera de pensar. No hace mucho tiempo leí acerca de una entrevista
con un actor famoso que todos consideraban como una persona siempre completamente calmada,
tranquila y concentrada, ya que él daba esa impresión. Sin embargo, él le había confesado al
entrevistador que casi desde siempre había sido una piltrafa nerviosa y que solamente se había
acostumbrado a la actitud adecuada para ocultarlo.
En conexión con la afirmación verbal y las intenciones positivas, la afirmación por medio del
lenguaje corporal puede, sin embargo, contribuir a establecer nuevas ideas y costumbres, en
forma más rápida y duradera.

Ejercicio 1: Obsérvese en un espejo alto de frente y de lado. Al hacerlo esté de pié como de
costumbre. ¿Tiene la impresión de que su postura transmite confianza en sí mismo, salud y
vitalidad? ¿O se ve abatido, temeroso y débil? Modifique su postura, de manera que usted se vea
“como un héroe”. ¿Cómo se siente eso? Piense sobre los motivos. Podría ser que usted tiene
diferentes opiniones acerca de su persona, a las cuales hasta ahora no se ha enfrentado.

Ejercicio 2: La próxima vez que esté junto con un grupo de personas, sean conocidas o extrañas,
ponga atención en cómo usted mantiene sus brazos, manos y piernas. ¿Cree usted que esas
posiciones parecen abiertas o defensivas? Intente invertir esa impresión en lo contrario. ¿Cómo se
siente con eso? Reflexione por qué usted se mantiene como lo hace, y tenga en claro que eso
puede expresar algo acerca de sus sentimientos frente a otros.

Ejercicio 3: Elija una cualidad que le gustaría desarrollar. Confianza en sí mismo sería una buena
elección para el comienzo. Párese y muévase delante de un espejo, como si realmente tuviera el
grado deseado de confianza en sí mismo. Practique esa postura durante un mes en compañía de
personas que usted conoce. No le cuente a nadie eso y no exagere. Al fin y al cabo usted no
quiere parecer una prima donna o un actor de quinta categoría. Simplemente esté consciente que
en su manera de sentarse, de estar parado y de caminar hay confianza en sí mismo. Observe
cómo reaccionan otros y cómo se siente usted mismo con el tiempo.

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Capítulo 6

Una corta gira a través


de la mente humana

La forma de observar la mente humana expuesta a continuación, es para ayudarle a tener una
mejor comprensión de sí mismo, de sus pensamientos y de su conducta. Es una forma de
observación apropiada para la práctica, que es considerada por muchos como ayuda. No le dé
importancia si ésta coincide con lo que usted eventualmente ha aprendido. La mente humana es
una maravilla multidimensional a tal punto, que cualquier tipo de subdivisión solamente puede
ser un medio de ayuda arbitrario. En realidad ésta es una totalidad ilimitada con una gran
diversidad de funciones. Pero justamente a causa de esa diversidad, a veces es útil una
subdivisión en diferentes categorías, para que podamos hacer un mejor uso de nuestra mente.
En pos de la utilidad, subdividiremos la mente humana, según sus funciones, en tres categorías,
que deseo titular como “Yo creativo”, “Yo determinante” y “Yo activo”. Prácticamente se podría
decir que éstas forman una empresa común, que nos posibilita conocer nuestra vida. Sin embargo,
a veces el trabajo en conjunto no es especialmente bueno. En un caso así la vida tampoco nos
parece especialmente llevadera. La dificultad está generalmente en que tratamos de usar una de
esas partes de nuestro ser de un modo para el cual no está previsto. Y eso es más o menos tan
poco eficiente, como si tratáramos de hacer bombear al hígado la sangre a través de nuestro
cuerpo y de asignarle al corazón la digestión de nuestros alimentos. Necesitamos una idea clara
de las funciones de cada parte de la mente humana, para que el trabajo en conjunto pueda
funcionar mejor.

El yo creativo

El yo creativo es la parte de la mente humana, que entre otras maneras también se le llama yo
superior, yo divino, alma o ángel de la guarda, denominaciones que expresan su naturaleza
fundamental. El yo creativo no es Dios en el sentido de ser supremo, pero es la parte de nosotros
que Dios o la consciencia universal conoce más directamente y que hace las veces de canal para
la energía vital. Su tarea consiste esencialmente en proporcionarnos conocimiento, conservar
nuestra existencia física, entregarnos “fuerza vital” y como una especie de intermediario de Dios,
formar nuestra experiencia individual de vida, sobre la base de nuestros patrones de pensamiento.
Esa parte de su mente no es ajena a usted, piense lo que piense al respecto. No necesita luchar
para alcanzarla. No necesita “purificarse” para conocerla. Ésta es una parte natural de su vida
diaria. Su yo creativo actúa permanentemente en usted, pero tal vez no siempre esté consciente de
eso. Y si usted percibe su actuación, tal vez no lo reconozca como lo que es. Menciono aquí,
como ejemplo, algunas experiencias en las cuales el yo creativo está en primer plano:

1. Usted de pronto “sabe” algo. Es un conocimiento tranquilo, seguro, libre de dudas y


consideraciones lógicas.
2. Usted toma tranquilamente consciencia de una persona, una cosa o un suceso. Eso es
“experiencia pura”, sin juzgar, analizar o argumentar.

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3. Usted tiene la sensación de que una parte de su ser “está afuera” y observa tranquilamente lo
que sea que usted esté haciendo.
4. Usted se da cuenta que es “uno” con la naturaleza y con ese descubrimiento siente una
tranquila sensación de felicidad.

¿Qué uso podemos hacer entonces en la práctica de esa parte de la mente humana? Deseo
mencionar aquí tres posibilidades. Primero, usted debería recordar a menudo que es su yo
creativo el que forma su experiencia de vida, y que sus pensamientos entregan el modelo para
eso. Naturalmente no es utilizado cada pensamiento, sino solamente aquellos a los que usted les
da el mayor énfasis. Ese proceso es automático, según su esencia. Lo único que usted tiene que
hacer es tener presente que ese proceso transcurre, y que el resto de su yo no necesita hacer nada
más que aprovechar las ocasiones que se presentan, para dirigir su pensamiento al tipo de vida y a
las condiciones de vida que usted desea ver realizadas. La segunda posibilidad consiste en que
usted se comunica con su yo creativo, al pedir mentalmente soluciones para problemas con los
que se ve confrontado, o más fuerza, energía y salud. Su yo creativo conoce todas las respuestas
y dispone de una reserva ilimitada de energía que da vida, pero tiene la extraña característica de
no intervenir jamás en su libre decisión. Aparte de la conservación y apoyo fundamentales, tiene
entonces que pedir más ayuda cuando usted la quiera. Una tercera posibilidad es desarrollar su
capacidad de tomar consciencia de esa parte de su mente, con ayuda de ejercicios sencillos. A
continuación vienen algunos de esos ejercicios:

Ejercicio 1: Para este ejercicio usted tiene que tomar la naturaleza como ayuda. Búsquese un lugar
con una bonita vista donde pueda estar sentado un momento. La duración no tiene importancia;
puede estar entre pocos minutos y horas completas. Elija una playa, un lago, un bosque o jardín,
una salida o puesta de sol o lo que esté a disposición. Si le es muy difícil conseguir un pedazo de
naturaleza, utilice una planta en un macetero o una flor, o, como último recurso (que puede ser
muy útil) una hermosa foto de la naturaleza. Ocupe el tiempo simplemente en percibir la belleza
y el milagro de la vida en el escenario y sentir en usted el mismo tipo de vida. Deje simplemente
pasar y desvanecerse todos los demás pensamientos. Concéntrese exclusivamente en el momento
y en la experiencia momentánea. Al final se sentirá reanimado, relajado y libre. Piense también
que usted mismo ha creado esa hermosa experiencia.

Ejercicio 2: Imagínese a su yo creativo como una corona de luz flotando directamente sobre su
cabeza, como la llevan los ángeles en los dibujos animados. Usted ve el suave brillo que sale de
ella y sabe que siempre está ahí, como una fuente de conocimiento y fuerza. Usted ya ha utilizado
esa corona de luz en uno de los ejercicios de emotivación. Como alternativa puede imaginarse su
yo creativo como un ser humano gigantesco, masivo como la Tierra misma y capaz de tomar las
estrellas, un ser que le demuestra amor profundo y que lo abraza. Reconozca la presencia de su
yo creativo, tanto en una como en la otra forma, como parte portadora de su ser, que solamente
quiere lo mejor para usted. Haga este ejercicio en las mañanas al levantarse y también durante el
día, cuando esté pensando en él. Mientras más seguido lo hace, más a menudo le presta atención
al hecho de que esa parte de su ser existe, y mayor es el efecto de su yo creativo a favor suyo.

El yo determinante

Como ocurre prácticamente con cada persona, seguramente esa es la parte de su ser con la que
usted está más familiarizado. Al yo determinante también se le llama a veces consciencia, mente

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racional o intelecto, pero esas denominaciones no son descripciones adecuadas de su función. Su
“trabajo” consiste en recibir el “material en bruto”, es decir, las informaciones obtenidas por
medio de percepciones sensoriales y sensaciones, y darles sentido, analizar esas informaciones y
ordenarlas, entregar pautas en forma de imaginaciones mentales y gráficas con las que el yo
creativo pueda trabajar, y finalmente, impartirle las órdenes al yo activo. Las dos últimas
funciones mencionadas son las que repercuten más directamente en nuestra experiencia de vida,
porque se podría formular que el yo creativo lleva a cabo sucesos y circunstancias, mientras que
el yo activo produce la conducta con la que reaccionamos ante esos sucesos y circunstancias.
Ambos, sin embargo, se atienen a la “política” (en forma de imaginaciones mentales y gráficas o
de órdenes) del yo determinante.
¿Tiene en claro lo que digo con esto? Usted mismo es el origen de su experiencia. Qué tipo de
persona es usted, qué tipo de trabajo desempeña, dónde vive, cuáles personas desempeñan un
papel en su vida, de qué tipo son sus relaciones con otras personas, cómo siente la felicidad y la
desgracia – todo eso tiene su origen en las imaginaciones mentales y gráficas, en las decisiones y
órdenes de su yo determinante. Usted tal vez preguntará: ¿Qué papel desempeña entonces mi
niñez, mis padres, mi raza, las influencias del entorno de mi niñez? ¿Acaso éstos no tienen un
origen ajeno a mi yo determinante? Usted tiene razón. El tiempo, el lugar y las circunstancias de
su nacimiento y de su primera infancia, tienen otras causas en un plano superior. Pero desde el
momento en que usted por primera vez interpretó, analizó y ordenó hechos, y tomó por primera
vez una decisión referente al mundo en el que nació, entró en acción su yo determinante. Pues
bien, dice usted tal vez, ¿qué hay con mis padres, mis profesores, mis amigos? ¿No tuvieron ellos
una participación esencial en la formación de mi vida? Por supuesto la tuvieron. Pero su papel se
limitaba a que eran parte de su experiencia, y eso también es así en la actualidad. Esas personas
tal vez hayan ejercido influencia, pero siempre ha sido usted el que ha interpretado y evaluado
esa influencia. Y las ideas e imágenes correspondientes originadas de ese modo son las que
determinan su vida.
El problema que tiene la mayoría de la gente con su yo determinante consiste en que lo emplea
demasiado, demasiado poco o en forma errónea.
Es demasiado, cuando usted se atormenta con situaciones pasadas o también presentes, que no
puede cambiar o sobre las cuales no tiene ningún control, cuando usted analiza y juzga
continuamente, cuando le atribuye a cosas más importancia de la que merecen, cuando toma sus
decisiones basándose en sus emociones.
Es demasiado poco, cuando usted dice estar sometido a sus costumbres, cuando usted se deja
llevar por una rutina de vida monótona y triste, cuando usted se niega a reflexionar cómo podría
organizar mejor su vida.
Es en forma errónea, cuando usted hace responsables a otros por su situación, cuando usted
necesita toda clase de excusas y “razones lógicas” para explicar por qué no puede mejorar su
suerte, y cuando usted le imparte a su yo activo órdenes contradictorias.
Los dos ejercicios que vienen a continuación le ayudarán a estar consciente en mejor forma de
la acción de su yo determinante.

Ejercicio 1: Escuche durante el día la “charla interior”, el diálogo interno que su yo determinante
tiene consigo mismo. Tenga en claro cómo usted evalúa, critica y analiza sus propias acciones y
todo lo que ocurre a su alrededor. Observe cuán a menudo evoca una situación del pasado, la
desarrolla mentalmente una y otra vez y junto con eso la critica, la evalúa y la justifica.
Reflexione si a usted le hace bien eso.

Ejercicio 2: Tenga en claro cuán a menudo durante el día usted bosqueja imágenes de su futuro.
Fíjese cuántas de esas imágenes representan sucesos positivos y cuántas negativos. Y piense cuán
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a menudo usted, basándose en esas imágenes creadas por su yo determinante, decide cómo
quiere comportarse. Tenga en cuenta que esas imaginaciones de su futuro conducen, con una
repetición frecuente, a que sean atraídas experiencias correspondientes.

El yo activo

El yo activo es el verdadero caballo de trabajo del trío. Tiene a su cargo todas las funciones
corporales, las funciones nerviosas, las actividades y formas de conducta del cuerpo, nuestros
sentidos, la repartición de energía (inclusive la energía emocional), la transmisión de nuestros
pensamientos, el acatamiento de nuestras costumbres y nuestra memoria. A menudo al yo activo
se le llama inconsciente, pero esa denominación deja mucho que desear, ya que muchas personas
lo relacionan con una parte incontrolable de su personalidad, que muchas veces trabaja en contra
de ellas o les oculta informaciones. Es verdad que no sabemos cómo funciona nuestro yo activo,
pero podemos darnos cuenta de sus motivos y encontraremos que no es enemigo sino amigo.
Una denominación un poco mejor es “consciencia corporal”.
Yo lo llamo “yo activo”, porque su función más importante consiste en cumplir órdenes; más
bien actúa y reacciona que “piensa”, en el sentido habitual de la palabra. Funciona como una
supercomputadora, y muchas veces se le echa en cara que solamente cumple con su deber. Por
un lado ejecuta las órdenes que están codificadas en el material genético de las células y por otro
lado intenta obedecer también las órdenes que provienen del yo determinante. Merece más bien
compasión que reprimenda, porque de vez en cuando las últimas contradicen a las primeras. Ese
es el caso, por ejemplo, cuando el yo determinante decide que un exceso de alimento es un buen
reemplazo del cariño. A veces el yo determinante también imparte órdenes que contradicen sus
propias órdenes anteriores - eso es como si alguien hiciera algo que anteriormente ha decidido
que es incorrecto moralmente. En ambos casos el resultado inmediato es estrés y tensión, lo que
puede llevar a una enfermedad y/o a otras consecuencias indeseables.
Su función como guardián de nuestras costumbres le trae al yo activo la mayor parte de las
reprimendas. Entretanto usted debería saber que todas las costumbres emergen de decisiones
conscientes de nuestro yo determinante, que a continuación son reforzadas por atención repetitiva
y por las correspondientes imágenes mentales, hasta que el yo activo las obedezca en forma
automática. El hecho de que el yo determinante a menudo “olvida” cómo se ha establecido una
costumbre, significa que éste – en vez de a sí mismo - automáticamente hace responsable al yo
activo (bajo el nombre que sea) por costumbres no deseadas, sobre las cuales cree no tener
ningún control. En verdad, las costumbres de pensamiento y conducta, que al fin y al cabo
provienen del yo determinante, pueden también ser modificadas por éste, con ayuda del
instrumental mencionado.
Continúan dos ejercicios que sirven para familiarizarnos mejor con nuestro yo activo.

Ejercicio 1: Fue una excelente proposición la de un tal Max Freedom Long, de darle un nombre
propio a nuestro yo activo, para así facilitar la comunicación y la impartición de órdenes.
Numerosas personas han tenido un gran éxito con eso. Es un poco como si se le diera un nombre
a una computadora, pero en este caso la “computadora” reacciona realmente y en forma positiva
a la atención que se le dispensa. Elija entonces un nombre para su yo activo y diríjase a él con
ese nombre, cuando espere más de su cuerpo, de su memoria, de sus sentimientos, y cuando
establezca nuevas costumbres con ayuda de su instrumental mental. Háblele también por su
nombre a su yo activo, para agradecerle cuando funciona según lo deseado. La reacción lo
sorprenderá. Long propuso el nombre George (en alusión a “¡Deja que George lo haga!”).

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Algunas personas utilizan su segundo nombre, otras el nombre de una figura predilecta de la
historia o de una novela. Elija lo que sea apropiado según su impresión.

Ejercicio 2: El yo activo tiene una función importante como almacenador de memoria. Tal vez
sea sorprendente que éste parezca tener preferencia por determinados recuerdos y que les dé
prioridad a éstos sobre otros. Los recuerdos que su yo activo prefiere, y las emociones que se
pueden relacionar con éstos, son muy reveladores de los pensamientos y convicciones que actúan
en usted. Una posibilidad para interceptar esos recuerdos es la llamada “Búsqueda del tesoro”.
Para esto búsquese un lugar tranquilo, siéntese, haga algunas respiraciones profundas, relaje sus
músculos, cierre sus ojos y pídale a su yo activo, dirigiéndose a él por su nombre, que le muestre
sus recuerdos preferidos. Después simplemente espere hasta que éstos surjan. Usted tiene que
tener necesariamente cuidado de no decir cuáles recuerdos deben ser evocados. Por el momento
las preferencias de su yo determinante no son de importancia. Encárguele entonces simplemente
a su yo activo que presente aquellos recuerdos que él prefiere y espere. Usted sabrá que ese
ejercicio es exitoso cuando aparezcan “tesoros” que usted tal vez ha olvidado conscientemente.
Éstos son probablemente cortos y vívidos, con muchos detalles sensoriales. Si no surge nada en
absoluto, entonces inténtelo de nuevo en otra ocasión, después que para relajarse haya hecho uno
de los ejercicios de emotivación. Esmérese en aclararse a usted mismo lo que realmente quiere.
Tenga paciencia, eso ocurrirá.
Tal como su yo creativo, su yo activo también rendirá un trabajo más positivo para usted,
mientras más “trabe amistad” con él.

41
Segunda Parte

42
Capítulo 7

El cuerpo como espejo

“¡El cuerpo es una máquina maravillosa!”. Esta frase o una parecida le escuchará
probablemente a un médico que practica medicina convencional, que está impresionado por las
maravillosas formas de funcionar del cuerpo. El cuerpo es maravilloso. Absolutamente por sí
solo, toma oxígeno del aire, de algún modo produce que éste sea conducido al torrente sanguíneo,
y durante ese proceso elimina al mismo tiempo residuos en forma de gas. Digiere nuestros
alimentos, toma las substancias nutritivas que éstos contienen y se deshace del resto no
utilizable. Bombea una asombrosa cantidad de sangre a través del torrente sanguíneo, para
alimentar y purificar las células y reemplaza continuamente células viejas por nuevas. Produce
células especiales y órganos que se ocupan de las infecciones y aquellas que reparten las
substancias químicas necesarias o que transmiten percepciones sensoriales. El cuerpo es
efectivamente maravilloso. Pero muy decididamente no es ninguna máquina.
La idea del cuerpo como máquina tiene sus raíces en la época de la industrialización, por la cual
todavía estamos muy fuertemente marcados. Es verdad, existen muchas semejanzas entre el
cuerpo y la máquina. Ambos constan de componentes que tienen diferentes funciones, ambos
rinden un trabajo, ambos tienen habitualmente partes movibles, y ambos se desgastan y fallan.
Bajo la influencia del pensamiento de la época de la máquina, los médicos comenzaron a tratar al
cuerpo como máquina. Si algo no funcionaba correctamente, tenía que existir una causa
mecánica. Se podía tratar de un corto circuito (una falla en el sistema nervioso), de una parte
defectuosa o gastada, de algo que había penetrado desde afuera (gérmenes, bacterias, virus,
tóxicos) y había perjudicado el funcionamiento, o también el maquinista había fracasado y
olvidado suministrar algo indispensable para un funcionamiento sin dificultades (como vitaminas,
proteínas, etc.). A cada parte y a sus eventuales fallas se les dio un nombre, de manera que los
diferentes mecánicos de cuerpos pudieran estar seguros de referirse a la misma cosa.
Es muy cierto que ese tratamiento del cuerpo como máquina les ha dado a muchas personas
una vida productiva más larga: Se agregan substancias químicas o se suministran en forma de
medicamentos y vitaminas, se corrigen o se reemplazan partes por medio de operaciones, se
retiran partes no deseadas o que ya no funcionan. Pero también es cierto que por medio del
mismo tratamiento muchas vidas quedan marcadas o se pierden. Lo que es peor, ese tratamiento
ha ayudado a que se forme una atmósfera de desconfianza frente al propio cuerpo, que en
cualquier momento podría dejar de funcionar como es debido, y también frente al entorno, que en
cualquier momento lo podría atacar. Y todavía peor, la aproximación mecánica apartó a la
mente, la relegó a la posición de un observador desvalido, de lo cual supuestamente sólo se
excluyen especialistas con conocimientos cabales.
Pero el cuerpo no es una máquina. Por un lado, siempre se cura él mismo, a veces con ayuda
de los “mecánicos” y a veces a pesar de esa ayuda. Si un médico hace algo para ayudar al cuerpo,
nunca es seguro cómo reaccionará éste. Tal vez se sanará, pero tal vez no. El médico solamente
puede esperar que lo que él hace tendrá un efecto favorable. Si no es así, entonces lo intentará de
otro modo. Si una serie de diferentes intentos no da ningún resultado, tal vez el médico
simplemente se dé por vencido. Y entonces puede ocurrir, para el asombro de todos, que el
cuerpo, pese a todo se sana. ¿Cuál es la razón? Los médicos no curan ni pueden curar, lo cual
admitirán los mejores de ellos. Lo único que ellos pueden hacer es crear de buena fe condiciones,

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bajo las cuales eventualmente se puede llevar a cabo una sanación. En general ellos son muy
hábiles en eliminar síntomas específicos, pero eso todavía no es una sanación.
Para ser preciso, un cuerpo enfermo en realidad tampoco puede sanarse por sí mismo. El factor
adicional e irrenunciable es la mente de la persona a la que pertenece el cuerpo. La sanación y la
prevención de enfermedades dependen casi exclusivamente de procesos mentales. Y eso no es de
ninguna manera una idea nueva. Entre otros, Hipócrates, el “padre de la medicina moderna”, era
partidario de esa idea. Esa idea solamente cayó en el olvido, alrededor de la época en que las
máquinas se hicieron populares. Tal vez “en el olvido” no sea realmente la expresión adecuada.
Probablemente sería más apropiado decir que esa idea “perdió adherentes”. Unos pocos médicos
no relegaron nunca a la mente por completo, y actualmente un número creciente de ellos vuelve a
considerarla. Esos “revolucionarios” puntos de vista son conocidos en el campo de la medicina
convencional bajo el nombre de psicosomática.

Los límites de la psicosomática

El término “psicosomática” era conocido en general en los años treinta, cuando la doctora
Helen Flanders Dunbar lo usó en un libro que tenía como título Emotions and Bodily Change
(Emociones y cambios corporales). Desde ese tiempo se ha rendido mucho trabajo valioso para
demostrar las relaciones que hay entre estado mental y salud física. El resultado es una prueba
inequívoca del papel sumamente importante que le corresponde a la psiquis, tanto en el origen
como en la sanación de enfermedades. Un estudio afirma que tres de cuatro enfermedades son de
origen psicosomático, mientras que otro estudio considera incluso el noventa por ciento de todos
los dolores en la zona inferior de la espalda como psicosomático. Desgraciadamente la disciplina
de la psicosomática tiene carencias graves que le fijan límites.
En primer lugar la denominación misma no es correcta, si se considera lo que en realidad se
examina. La palabra “psicosomática” se compone de dos palabras griegas, y esas son, “psyche”,
la que significa algo así como “alma” o “espíritu”, y “soma”, que significa “cuerpo”. Eso implica
que la psicosomática trabaja con la relación entre los pensamientos y el cuerpo. Pero es la
relación entre las emociones y el cuerpo con la que trabajan de preferencia los especialistas de
ese campo, como también lo indica el título de la obra de la doctora Dunbar. Eso con seguridad
es mejor que ignorar las emociones, pero no es todavía una verdadera investigación de la relación
entre mente y cuerpo. Las emociones son energía, y una liberación de energía bloqueada puede
muy bien aliviar dolor y sufrimiento. Sin embargo, aunque de ese modo se pueden mitigar
síntomas, una sanación tan sólo es posible cuando cambia el pensamiento que ha causado los
bloqueos emocionales. Pero hasta ahora ese es un campo desatendido.
Otro impedimento es la connotación de la palabra “psicosomática” o su interpretación por
numerosos médicos y gente común. Muy a menudo es usada en el sentido de “imaginario”, es
decir, “no verdadero”, con lo que se insinúa que los síntomas son simulados o que el paciente está
incapacitado mentalmente, que no se da cuenta de lo que ocurre. Habitualmente se recurre a esa
interpretación, cuando los médicos o quien sea no pueden encontrar ninguna causa “orgánica”
para la enfermedad (entendiendo por “orgánica” una falla visible en una parte del cuerpo). Pero
las equivocaciones “orgánicas” de todo tipo son solamente el resultado final de equivocaciones
de pensamientos y sentimientos y de ningún modo la causa de la enfermedad.
Un tercer impedimento es el prejuicio con el que se ven sucesos como causas principales del
estado mental/emocional que ocasiona la enfermedad. Los llamados “sucesos estresantes” en la
niñez, en el pasado reciente o en el entorno actual, son, desde el punto de vista de la
psicosomática, frecuentemente hechos responsables por enfermedades. En la niñez se podría, por

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ejemplo, echarle la culpa de ese estrés, a que uno de los padres ha sido dominante o rechazador.
Estudios del pasado reciente muestran una fuerte correlación entre sucesos como matrimonio,
muerte en la familia, cambio de casa o de trabajo, ruptura de relaciones y traumas similares y la
aparición de alguna enfermedad dentro de un año. También se ven correlaciones entre diversas
enfermedades y “situaciones de estrés”, como manejar en autopistas, atmósferas desagradables en
la casa o en el trabajo o dificultades económicas. La mayoría de las veces se recalca el estrés
ligado a la situación. Deseo, sin embargo, indicar, que ese es un modo de observación muy
mecánico. En la técnica, el estrés o la presión es una fuerza que actúa desde afuera sobre el
objeto, que puede o no llevar a su fracaso, dependiendo de su fortaleza y elasticidad. En el
cuerpo humano se origina estrés (o carga permanente) por medio de tensión en los músculos o en
las células, o cuando un objeto o una fuerza (como un sonido o una luz fuerte) entra en contacto
con el cuerpo. Pero los sucesos en sí no ocasionan estrés. El estrés que es relacionado con
determinados sucesos, se origina por medio de nuestra reacción ante esos sucesos y no por medio
del suceso mismo. Y esa reacción a su vez es determinada por nuestra opinión acerca del suceso
o acerca de nuestra persona en relación con ese suceso.

La estrategia de supervivencia

En nuestro código genético está instalada una admirable estrategia de supervivencia, que
habitualmente es conocida bajo la denominación de “instinto”. Nosotros la tenemos en común
con los animales, y está subordinada a nuestro yo activo. Una parte de esa estrategia instalada ha
sido identificada como “reacción de combate o escape”, y algunos investigadores han
constatado una relación entre esa reacción y las enfermedades. Yo quiero ir aún más lejos e
indicar que disponemos de muchos tipos de reacciones de supervivencia, que están en relación
directa con la salud y las enfermedades. Esas cuatro reacciones son la defensa, la retirada, la
acción y el descanso.
Defensa: Ese término me parece más exacto que “combate”, porque la actuación agresiva no
está necesariamente relacionada con violencia. Podría consistir en algo tan simple como un
fruncimiento del ceño, destinado a expresarle nuestro disgusto y una advertencia a aquel que la
ha provocado. En el fondo, nuestra reacción es para mantenernos firmes y defender lo que según
nuestra convicción es importante para sobrevivir (por ejemplo, nuestra fuente alimenticia,
nuestros derechos, nuestra integridad, nuestra persona). Si ésta contiene violencia, es solamente
porque consideramos indispensable el uso de la violencia, corresponda o no.
Retirada: También en este caso pienso que el término que elegí es más exacto que “escape”,
porque en él entran también reacciones tan simples como quedarse callado cuando uno se da
cuenta que puede tener dificultades si habla. El escape de hecho – éste también puede fluctuar
entre irse tranquilamente hasta salir corriendo en forma precipitada – es solamente un aspecto de
esa reacción de supervivencia.
Acción: Actuar como reacción para sobrevivir, se trata de la satisfacción de nuestras
necesidades básicas, como el alimento, la sexualidad, el movimiento y la comunicación, lo que
en ninguno de los casos incluye necesariamente defensa o retirada.
Descanso: Por descanso se entiende simplemente nuestro instinto fundamental de encargarnos
de una cantidad suficiente de restitución corporal y sueño.
Esta estrategia de supervivencia está en estrecha relación con nuestro estado de salud. Si el yo
determinante y el yo activo están en armonía y obedecemos a nuestro instinto de la manera
adecuada, es decir, bajo una apropiada consideración de las circunstancias, entonces nosotros

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estamos rebosantes de salud. Un quiebre en nuestra estrategia de vida en cambio, trae consigo
enfermedad.
Un quiebre así ocurre cuando nuestro yo determinante, en una situación crítica para la
supervivencia, imparte órdenes contradictorias. En vez de la sencilla orden “defender” o
“retirarse”, se podría, por ejemplo, dar la orden “defender/no defender” o “retirarse/no retirarse”.
En este caso el cuerpo comienza a protestar, enviando mensajes de dolor, enfermedad o
disturbios en el funcionamiento. Por favor tenga en cuenta: El dolor, la enfermedad o los
disturbios en el funcionamiento no son castigos, sino el anuncio de que un conflicto en nuestro
pensamiento amenaza la supervivencia.
Las órdenes contradictorias dadas a nuestro sistema de supervivencia, ocasionan tensiones
agudas o crónicas en los músculos y células hasta que el conflicto esté solucionado. Los
medicamentos, el alimento, la respiración profunda, los masajes y otras técnicas, bien pueden
disminuir o cubrir la tensión por un cierto tiempo, pero ésta se formará rápidamente de nuevo,
mientras perdura el conflicto. Por esa razón nuestro estado de salud tiene tanto que ver con
nuestras convicciones. Vamos a examinar ahora algunos ejemplos típicos de tales conflictos.
Defender/no defender: Si cuando niños hemos adoptado la convicción de que es incorrecto
defenderse o mostrar enojo, eso en sí no tendría que acarrear problemas corporales. Podríamos
recurrir simplemente a la estrategia de retirada y evitar cualquier conflicto. Pero si junto con eso
estuviéramos convencidos de que hay que defenderse para poder sobrevivir, entonces en cada
situación en que surge el instinto de defensa, automáticamente sería llamada al plan una
contradicción, a través de la primera convicción. El grado de la tensión que resulta de eso
dependería de cuán intensas son las emociones causadas por la situación.
Retirarse/no retirarse: Algunas personas crecen con la idea de que la mejor estrategia de
supervivencia consiste en evadir situaciones peligrosas. El resultado sería tal vez una falta de
firmeza de carácter, pero no necesariamente una falta de salud. Pero si un niño hombre tuviera,
además, la convicción de que un hombre siempre tiene que imponerse, ese conflicto ocasionaría
tal vez problemas corporales ante una amenaza. Una posible consecuencia sería una simple
agitación antes de actuar, porque puede parecer una amenaza saber que los ojos del público están
dirigidos a uno. He escuchado cómo un actor explicaba en una entrevista, que regularmente se
sentía enfermo de muerte antes de cada presentación, aunque todo estaba nuevamente en orden
en cuanto estaba parado en el escenario. La razón es que el cuerpo recibe los mensajes
“retirarse/no retirarse”. Una vez en el escenario éste cambia a un más armónico “actuar es la
estrategia correcta”. En el peor de los casos el conflicto entre “retirarse” y “no retirarse” puede
llevar a una parálisis.
Actuar/no actuar: La convicción de que determinadas acciones no son correctas, ligada con el
intenso deseo de realizar tales acciones, puede acarrear muchos tipos de molestias corporales. Los
conflictos más evidentes de ese tipo están relacionados con la sexualidad y el afecto, pero
pueden, de acuerdo con las convicciones de la persona respectiva, también venir de temas como
el baile, el consumo de alcohol o determinados tipos de trabajo. La orden “actuar/no actuar”
también puede adoptar la forma de “tener que actuar/no poder actuar”. El resultado de tales
conflictos puede fácilmente ser desesperación, y es interesante que la investigación psicosomática
ha establecido una fuerte correlación entre ese tipo de sensaciones y la aparición de cáncer. A
propósito, yo estoy en contra de la difundida designación “víctima del cáncer”. Algo así no
existe. El cáncer no es un efecto que viene de afuera, sino la reacción ante un conflicto de
convicciones.
Descansar/no descansar: El cuerpo necesita una cierta cantidad de descanso, probablemente no
tanto como usted cree, pero necesita descanso. Si a la convicción de que un determinado tiempo
de descanso es necesario, se la contradice por medio de la convicción de que descansar es
peligroso, con seguridad surgen dificultades de eso. ¿Pero cómo puede alguien considerar
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peligroso descansar? Pues bien, una persona que asocia el hecho de dormir con la muerte y tiene
miedo de morir, podría caer en un conflicto así; igualmente alguien que piensa que la vida es
corta y que por eso se debería permanecer siempre en movimiento, para lograr algo o para
demostrar que es digno de algo. Estas últimas convicciones están tan generalizadas, que se
designan como “personalidades tipo A” a las personas que las tienen. Esas personas sufren en
general de fuertes tensiones, de una elevada presión sanguínea o de enfermedades cardíacas.
Cada enfermedad es ocasionada, como dije, por convicciones que están en desarmonía y que
con eso perjudican nuestra importante estrategia de supervivencia. No basta con considerar las
emociones reprimidas como causas de enfermedades, porque éstas siempre son reprimidas por
una determinada razón. El enojo, los celos, el resentimiento, el miedo, la culpa, etc., son
sentimientos que surgen de convicciones. Son efectos, no causas. Para prevenir o curar
enfermedades tenemos que ocuparnos del conflicto en que se basan. Tales conflictos se disuelven
muchas veces en forma espontánea y de un modo que tal vez no se comprende por completo. En
un caso así se llega a una sanación espontánea. Pero no ocurre tan frecuentemente como para
que pudiéramos contar con eso. Por suerte tenemos nuestro yo determinante, que podemos
emplear para llegar a la meta de un modo consciente.

Somografía y enfermedad

Me gusta inventar nuevas palabras, y así he inventado entonces aquí una para los propósitos de
este libro – somografía. Así como la geografía incluye la investigación de la Tierra (del griego
Geo) y su subdivisión en diferentes regiones, la somografía es la investigación del cuerpo (soma)
y su subdivisión en regiones.
En tiempos antiguos como modernos, aquellos que se han interesado por la relación entre el
cuerpo y la mente, han observado algo asombroso, y eso es, que tanto las convicciones como las
enfermedades, están frecuentemente asociadas con determinadas zonas del cuerpo. Más aún, esas
zonas o regiones casi siempre parecen constituirse por medio de una división horizontal y no
considerar ni estructuras musculares ni del esqueleto. A la investigación de ese fenómeno yo la
llamo somografía, ya que hasta ahora no me he encontrado con ninguna denominación adecuada
para ésta.
Las subdivisiones somográficas también han sido hechas por otros autores, especialmente por
Wilhelm Reich en su libro Análisis del carácter, pero mis propios estudios han conducido a que
yo no pueda compartir todas sus conclusiones. Y entonces quiero naturalmente hacerle saber a
usted mi propio sistema de clasificación, con la esperanza de que eso le ayudará a identificar los
pensamientos en los que se basan sus enfermedades.
Región I: Cabeza, hombros, brazos y piernas.
Región II: Pecho, pulmones, corazón y sector superior de la espalda.
Región III: Cavidad estomacal, sistema urogenital, sector inferior de la espalda y asentaderas.
Región IV: Piernas y pies.
En los capítulos siguientes se hablará de esas regiones y de las imaginaciones y enfermedades
asociadas con ellas.

La división derecha - izquierda

Existe otra evidente división, sobre cuya importancia con respecto a las enfermedades
solamente se puede especular hasta ahora. Es la llamada división derecha/izquierda o división

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vertical del cuerpo. En lo que se refiere al aspecto, la parte derecha del cuerpo a menudo se
diferencia de la izquierda. A veces los músculos de los brazos y piernas izquierdos y derechos
están desarrollados en forma diferente, lo que eventualmente se podría atribuir a tensión; y a
veces un pecho es más grande que el otro. Pero la diferencia más evidente se muestra en la cara.
Usted mismo puede comprobar eso si a una foto tomada de frente le coloca un espejo en la línea
central de la cara. Ponga el espejo de tal modo que en él se refleje una mitad de la cara y dé como
resultado una cara completa. Después gire el espejo y repita lo mismo con la otra mitad de la
cara. La diferencia tal vez le sorprenderá, porque puede ocurrir que parece tratarse de caras de
dos personas totalmente diferentes. Lo que usted ve es el reflejo de dos aspectos diferentes de una
personalidad.
Es probable que esa diferencia tenga que ver con el hecho de que la mitad izquierda del
cerebro, que como lo han determinado científicos, se relaciona con nuestras facultades analíticas
y lingüísticas, en mayor o menor medida dirige la mitad derecha del cuerpo, mientras que la
mitad derecha del cerebro, que es competente para las capacidades artísticas e integradoras,
ejerce una mayor influencia sobre el lado izquierdo del cuerpo. Por lo tanto, prácticamente se
podría decir que el lado derecho del cuerpo está más fuertemente “orientado masculinamente” y
el izquierdo más fuertemente “orientado femeninamente”, entendiendo esas designaciones como
características generales y no como diferenciación de sexo.
Yo pienso que esa división pertenece a nuestra herencia natural, y que en parte es atribuible al
funcionamiento de nuestro cerebro y en parte a que nosotros tenemos una cantidad igual de
cromosomas masculinos y femeninos por parte del padre y la madre. En todo caso hay algunos
indicios de que nuestras enfermedades muestran la tendencia a “tomar partido”.
De acuerdo con esa cadena de ideas, existe la tendencia a reconocer que las enfermedades y la
constitución corporal de la mitad derecha del cuerpo tienen que ver con aspectos masculinos,
inclusive aspectos del padre, y la constitución de la mitad izquierda con aspectos femeninos,
inclusive aspectos de la madre. Esa es una idea interesante, pero quiero recalcar que en gran parte
todavía es una especulación. Después de todo tal vez valga la pena incluirla en nuestras
convicciones, cuando buscamos el origen del pensamiento en que se basa una enfermedad.

Lo que no debemos perder de vista

Aunque en los capítulos siguientes se hablará de determinadas regiones y partes del cuerpo, es
recomendable recordar que pueden existir varios conflictos de pensamientos al mismo tiempo, de
manera que cada enfermedad puede producir efecto en más de una región del cuerpo.
Adicionalmente, determinadas convicciones pueden actuar como “puentes” entre los
pensamientos asociados con diferentes regiones del cuerpo. Por esa razón, un estreñimiento
también puede, por ejemplo, llevar a dolores de cabeza. Esté siempre consciente de que usted es
una totalidad y no un conglomerado de partes únicas. Y ahora, como se ha dicho eso,
dediquémonos a las partes únicas.

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Capítulo 8

Región I – El centro de comunicación

La cabeza, el cuello, los hombros, los brazos y las manos forman juntos lo que deseo llamar el
centro de comunicación del cuerpo. Esa es la zona que más tiene que ver con la transmisión de
pensamientos y sentimientos. A la cabeza le compete ver, escuchar, saborear, oler, hablar y un
sinnúmero de posibilidades de expresión de la cara; el cuello mueve la cabeza, para indicar
aprobación o rechazo; un encogimiento de hombros puede transmitir una gran cantidad de
mensajes diferentes; los brazos pueden manifestar mucho por medio de abrazos y gestos; las
manos se utilizan para tocar, para dar señales y para formas de expresión, como escribir, pintar,
hacer música y mucho más. Además de la comunicación, la región I también está relacionada
con sentimientos de reconocimiento, de rendimiento y de competencia. Considerando estas
afirmaciones, examinaremos ahora por qué motivos algo marcha equivocado en la región I.

La cabeza

A través de la cabeza estamos, ante todo lo demás, confrontados de la manera más directa con
nuestras ideas acerca de nosotros mismos y de otras personas. En primer lugar, en esa parte se
presenta el más difundido de todos los síntomas, el dolor de cabeza. Los dolores de cabeza se
deben principalmente a que nosotros tratamos de reprimir determinados pensamientos, porque
tenemos temor de pensarlos. Podemos temer que los pensamientos en sí son perjudiciales o
“pecadores”, o que éstos podrían revelar cosas sobre nosotros mismos que no queremos ver. A la
migraña, por ejemplo, se la relaciona a menudo con rabia reprimida. Pero eso no explica por qué
la rabia es reprimida. La razón es que se temen las consecuencias de los pensamientos iracundos
o se cree que no se debe tener tales pensamientos. Pero los pensamientos están presentes; buscan
su expresión natural, y así se origina la orden “pensar / no pensar” y el resultado son dolores de
cabeza.
La autocrítica o la crítica por parte de otros puede causar dolores de cabeza si oponemos
resistencia a tomar conocimiento de éstas, porque ponen en duda nuestro rendimiento o nuestra
competencia. La crítica a otros puede producir el mismo efecto, especialmente si además la
enfatizamos por medio de formulaciones habituales como “él/ella/eso me da dolores de cabeza”.
Si sentimos eso como “presión” de tener que funcionar de una manera determinada y nos
sublevamos, eso también puede conducir a tener dolores de cabeza. En realidad la sensación de
presión se origina por medio de nuestra rebelión, ya que mientras nuestra cabeza no esté apretada
físicamente en una prensa, la única presión surge de nuestra propia reacción.
En capítulos posteriores voy a describir técnicas generales de autosanación, pero ya aquí deseo
mencionar algunas que en especial actúan contra dolores de cabeza, que yo mismo y otras
personas hemos encontrado muy efectivas. Uno de los métodos consiste en concentrarse en sus
manos e imaginarse que se calientan, exactamente como si uno las sumergiera en agua caliente.
Eso produce un efecto relajador, porque se desvía de la cabeza suministro de sangre y energía
emocional. Con el segundo método uno se imagina que la cabeza se dilata suavemente y con eso
queda interiormente relajada y libre. Las dos técnicas tienen buen efecto, pero solamente liberan
de los síntomas. La causa está en un conflicto de pensamientos. Incluso en casos en que hay una

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falla orgánica, como por ejemplo, un tumor, la causa es un conflicto en nuestra manera de pensar.
Como con todas las enfermedades orgánicas, la manifestación en el plano físico es solamente el
resultado final de una fuerte tensión, que ha permanecido por largo tiempo. Si el conflicto de
pensamientos se disuelve, entonces pueden ponerse en marcha los procesos naturales de
autosanación del cuerpo.
Deseo todavía referirme brevemente a la fiebre, que puede ser, pero no tiene que ser, un efecto
secundario de los dolores de cabeza, y que no necesariamente se limita a la cabeza. Ésta es el
resultado de una tensión menor, que por cierto restringe el flujo emocional de energía, pero no lo
bloquea. En cierto modo se podría hacer la comparación con una resistencia eléctrica que calienta
las planchas o los tostadores de pan. Una fiebre así se presenta cuando se está obsesionado con
algo, cuando uno “arde por algo”. También en este caso se puede aplicar: Si el conflicto se
disuelve, desaparece la fiebre.

La cara

¿Tiene usted miedo de “mirar a la cara” una cosa o teme “perder la cara” (perder prestigio)?
Entonces la cara podría ser una zona problemática para usted. La irritación a causa de una
crítica, de falta de reconocimiento o de duda de la propia competencia, también puede ocasionar
problemas cutáneos en la cara. Los jóvenes son frecuentemente afectados por tales problemas
cutáneos, pero eso tiene más que ver con la naciente necesidad de ser reconocido como adulto
competente, que con los cambios hormonales. Si esa necesidad no es satisfecha por los padres o
por los profesores, entonces se muestra claramente la irritación reprimida en la cara del joven,
donde la magnitud corresponde al grado de represión. Con mis propios hijos he constatado que la
aparición de los síntomas ha concordado notablemente con el estado de sus relaciones con sus
profesores, con mi esposa y conmigo y con sus amigas (yo tengo solamente hijos hombres). En
cuanto los adolescentes encuentran, según su impresión, un reconocimiento apropiado, su piel
mejora. Lo que hace más difícil el problema de los jóvenes es el convencimiento de la sociedad
de que “los problemas cutáneos son algo natural en esa edad”. Si ellos adoptan ese
convencimiento, entonces también se presentarán, sin mecanismo de represión en su relación con
otras personas, problemas cutáneos, aunque tal vez menos pronunciados.

Los ojos

Estos órganos, que son los más importantes de nuestros órganos sensoriales, están en relación
directa con nuestra manera de “ver” la vida y especialmente de “vernos” a nosotros mismos. Si
por ejemplo, estamos convencidos de que el futuro trae consigo muchos peligros y no queremos
verlos, se podría desarrollar una miopía. Si creemos que el mayor peligro está en el presente, la
consecuencia podría ser una hipermetropía. En tales casos, el uso de anteojos transformado en
costumbre, solamente refuerza ese pensamiento, porque recalca la dependencia de un objeto. Los
anteojos también pueden servir como escudo protector frente a otras personas. La vista de dos
miopes que me consultaron, mejoró substancialmente por medio de conocimiento general, de
una reforzada sensación de la propia competencia y del intenso deseo de producir un
mejoramiento, proceso que fue apoyado por técnicas de sanación.
Algunas fallas a la vista están en relación con resistencia contra los padres. Conozco dos casos
en que un astigmatismo del ojo derecho fue causado por sentimientos reprimidos frente al padre.
(¡Acuérdese de la división derecha / izquierda!). En uno de esos casos la falla a la vista se curó

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con la muerte del padre. Pero usted no necesita esperar hasta que su padre muera. Lo único
necesario es la disolución del conflicto mental.
El cansancio a la vista, los glaucomas y las cataratas, la pérdida de la vista y otras fallas de la
vista, son ocasionadas por tensiones. En los medios se llegó hace poco tiempo a una controversia
sobre la pregunta, si el consumo de marihuana puede traer alivio a determinadas enfermedades a
la vista. La razón de la influencia favorable de esa droga es su efecto relajante. En algunos casos,
sin embargo, la tensión no es el resultado de conflictos de relaciones, sino se basa en una falsa
opinión acerca del uso de los ojos. Una telefonista con la que yo trabajaba, tenía cada vez más
dificultades para reconocer los números telefónicos que estaban impresos pequeños. Simplemente
creía que era necesario oprimir y tensar los ojos para poder leer mejor con poca luz. Después que
había aprendido a hacer algunas respiraciones profundas y a relajar sus ojos por medio de
imaginación, su capacidad de ver sin tensión mejoró considerablemente.
El estado de nuestros ojos también es influenciado en gran medida por cómo son los ojos de
nuestros padres. Si nuestros padres usan anteojos, hay una gran probabilidad de que nosotros
también los usemos. Pero aquí el factor determinante no es la herencia, sino la convicción de que
uno, tal como los padres, necesita anteojos, tal vez también de que “es mal de familia” (lo que
efectivamente ocurre – aunque solamente en las cabezas), de que se necesita anteojos cuando se
lee con poca luz (para eso no hay pruebas científicas, ya que no es la escasez de luz sino la
tensión lo que afecta a los ojos), o de que a partir de cierta edad se necesitan anteojos.
Esta última creencia puede conducir a lo que en la psicosomática es conocido como síndrome
de repetición. Éste puede presentarse en cualquier parte del cuerpo, pero lo trataremos aquí. El
síndrome de repetición actúa de dos maneras. Por un lado, un síntoma puede presentarse a la
misma edad en que uno de los padres fue afectado por éste. Eso se debe a que en alguna parte de
nuestro sistema de creencias está establecida la idea de que a una determinada edad hay que
contar con ese síntoma. Ahora, si se aproxima el cumpleaños correspondiente, nuestro yo activo
formará automáticamente la tensión que es necesaria para conseguir el síntoma respectivo y con
eso confirmar nuestra convicción. Hay que valorarles altamente al ingenio humano y a la
creatividad humana, que ese proceso incluso puede servir para la supervivencia. Hace algunos
días mi esposa recibió una llamada telefónica de un amigo de aproximadamente sesenta años de
edad, que como él contó, recién se había recuperado de un ataque cardíaco. Después él relató que
su padre había tenido a la misma edad un ataque así y que después había sobrepasado los ochenta
años. Es muy posible que nuestro amigo crea entonces que ese ataque cardíaco sea una especie
de garantía mágica de que él también vivirá mucho tiempo, o una “prueba” que él tenía que
aprobar.
El segundo tipo de sistema de repetición se parece más a la “celebración” (que no es justamente
la palabra adecuada) del aniversario de un suceso traumático de nuestra vida. Si cuando niños
hemos soportado algo muy desagradable en diciembre, entonces podría ser que se hayan
originado asociaciones con el tiempo atmosférico de diciembre, con ropa de día festivo o con lo
que sea. Y de ese modo podría ocurrir que cada año en ese tiempo tengamos problemas con
nuestros ojos, por cuanto nos acordamos del suceso respectivo. Entonces nos resistimos a verlo.
Pero tampoco personas que experimentan frecuentemente algo parecido, hacen alguna relación
entre su estado corporal y el aniversario. Si usted también sufre de algún tipo de síndrome de
repetición, ejercítese en el veredicto de que no está comprometido a pisar las “huellas corporales”
de sus padres o a seguir “celebrando” enfermedades.
Una visión escasa puede estar relacionada con una escasa autoestima, con una modestia
exagerada o con el temor de parecer agresivo y con eso provocar consecuencias. Entre los
animales es señal de agresión mirar directamente a los ojos al que se tiene al frente. Esa es la
razón de que miembros de la familia de los perros, como también de los gatos, habitualmente
eludirán nuestra mirada fija. No se trata de que nuestra superioridad como seres humanos podría
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haberlos intimidado. Ellos solamente dan a entender de manera cortés, que no quieren provocar.
Entre los seres humanos una mirada directamente a los ojos puede ser una señal de agresión o de
autoconfirmación o también del deseo de intimidad. Por eso se considera descortés mirar a
alguien fijamente. Y de ese modo algunos desarrollarán una vista débil y además tal vez
agregarán anteojos protectores, para no provocar sensaciones de temor en las personas que tienen
al frente.

Los oídos

En muchos casos existe una relación entre los dolores de oído o pérdida de la audición y la
oposición a escuchar críticas, tanto de nuestro propio yo interior como también de otras personas.
Los dolores de oído reaccionan especialmente bien a los ejercicios de relajamiento. Pero si se ha
alcanzado el punto en que la infección y las hinchazones empeoran la situación, es aconsejable
complementar el trabajo en nuestro sistema de creencias y los ejercicios de relajamiento, por
medio de tratamiento médico. Piense siempre que se trata de mejorar y no de comprobar un
método excluyendo todos los otros. En este libro pongo énfasis en la imaginación para el
mejoramiento del estado de salud, como ya lo formulé en el prefacio, pero no insisto en suprimir
todas las otras formas de tratamiento, especialmente no aquellas que recomienda el sentido
común. Eso me fue evidente de manera significativa, con el tratamiento de una mujer que sufría
de intensos dolores de oído. Tal como ella me relató, no existía ninguna causa orgánica según el
informe de los médicos. La preparé entonces en técnicas de relajamiento y en métodos para
disolver conflictos de pensamientos, pero solamente logramos un mejoramiento transitorio.
Como un año después me visitó y me contó que otro médico había encontrado un tapón de
algodón en un oído y lo había retirado, y que ahora sus oídos estaban en orden. Ahora creo
personalmente que el hallazgo del tapón de algodón coincidió en el tiempo con una decisión
tomada en su interior, de solucionar por fin el conflicto. Pero alguien tenía que sacar el tapón de
algodón. De acuerdo con eso, tampoco dudo, en caso de dolor de oído, en utilizar algo para
disolver el cerumen del oído cuando se ha formado un tapón – y por cierto lo utilizo en forma
adicional a técnicas de imaginación.
En nuestra civilización la disminución de la audición es relacionada a menudo con la vejez.
Exactamente como con la disminución de la visión y con una cantidad de otros síntomas, la causa
principal es la creencia propagada en la sociedad, que esas manifestaciones son naturales en la
vejez. Eso no es cierto. En la edad que sea, no existe ninguna razón natural para la pérdida de
alguna facultad sensorial, mientras mantengamos nuestra sana fe en esa facultad.
El mareo y las perturbaciones del sentido del equilibrio pueden tener conexión con problemas
en el oído interno, donde se encuentra el órgano del equilibrio. Pero esos síntomas también están
relacionados con la idea de que nuestra vida se ha desequilibrado por completo, o que las cosas
están tan fuera de control y tan intrincadas, que nos mareamos totalmente por eso. Los efectos
corporales son el resultado de nuestro intento de reprimir esos sentimientos.

La boca

La boca es el órgano de comunicación más importante que tenemos. Cuando somos niños
pequeños, la utilizamos, además de para tomar alimento del entorno, también para mostrar
nuestro disgusto, vomitando el alimento o mordiendo, y la usamos para conocer todo tipo de

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cosas, desde pezones hasta arena. Cuando crecemos utilizamos la boca para el maravilloso
fenómeno del lenguaje, como también para escupir, besar y tal vez nuevamente para morder.
Con la boca podemos expresar todo el espectro de nuestras sensaciones y según eso también
puede ser el centro de muchísima represión. Todas las dificultades para hablar que no son
atribuibles a una falla de nacimiento, tienen sus raíces en alguna represión. El tartamudeo y el
ceceo son excelentes ejemplos, que reaccionan bien a la terapia de relajamiento y al
fortalecimiento de la confianza en sí mismo.
Por experiencia propia sé que un salpullido en los labios, llamado herpes, se origina cuando se
reprimen palabras de indignación. Hasta hace pocos años no había tenido nada que ver con éstos,
pero luego a mi consciencia corporal se le ocurrió, probablemente en conexión con mis estudios
sobre enfermedades, que esa era una buena manera de llamarme la atención cuando reprimía
palabras de indignación (antes ésta había utilizado otros métodos para eso). Cuando aprendí a
ajustarme a esa reacción cutánea, alcancé un punto en que podía sentir cómo comenzaban a
formarse ampollas de herpes, poco después que había reprimido una respuesta acalorada. Aunque
la erupción dura por lo general tres días o más, yo podía observar en el espejo cómo disminuía
dentro de una hora, cuando desahogaba mis emociones y cambiaba los pensamientos que la
habían causado. Si yo lo he logrado, usted también puede lograrlo.
Cuando hablo de que hay que expresar sus emociones, quiero indicar enfáticamente que
entiendo por eso que uno debería permitirse sentirlas sin impedimentos. Uno se las expresa ante
sí mismo. No es necesario comunicárselas a aquellos por los cuales uno se enoja. Ese es el libre
flujo de las emociones del que se trata. Eso significa que no sería correcto darle un golpe en la
mandíbula a su jefe, patear a su esposa o matar a alguien con un ladrillo. Pero está perfectamente
bien si uno tiene ganas de hacerlo. Si la necesidad llega a ser tan fuerte que demanda una
expresión física, entonces grite en un pañuelo, muerda un cojín o golpeé con los puños una caja
de cartón. Elija una válvula adecuada que no lo ponga en dificultades, pero en todo caso sienta.
Por medio de seguir este simple consejo, se podrían aliviar enormemente la mayoría de los
síntomas de enfermedad, si no incluso todos. El método tiene efecto con emociones como enojo,
miedo, celos, como también con todos las demás.
Los dientes no se utilizan solamente para comer; éstos también representan uno de nuestros
pocos medios de defensa – morder. Cuando somos niños tratamos de aplicarlo con toda
naturalidad, pero en general nos vemos obligados a renunciar a hacerlo, en cuanto estamos en
condiciones de morder lo suficientemente fuerte como para herir. Pese a eso, el impulso de
morder sigue siendo parte de nuestra naturaleza, por mucho que lo reprimamos. Por falta de
pruebas suficientes, sólo puedo manifestar como teoría, que según mi opinión, la caída de los
dientes y otros problemas de la dentadura son la consecuencia de tensiones, producidas por la
represión de emociones, que a causa de peligros percibidos mental o físicamente, nos impulsan a
morder. Las terapias de relajamiento pueden aliviar dolores de muelas; por lo tanto existen
tensiones. Según mi opinión, se subentiende que la tensión crónica puede llevar o a la caída de
dientes, o por lo menos a hacer más vulnerables los dientes a efectos externos, como por ejemplo,
al azúcar. Podría resultar productivo desarrollar una forma de terapia para desahogar tensiones,
basada en morder o en los movimientos correspondientes. Tengo la sospecha que el resultado
podría ser tener menos perforaciones en los dientes y mejores resultados en exámenes de control.
Pienso que el impulso de morder es en gran parte una reacción a la crítica. Al mismo tipo de
tensión estarían también expuestas las encías.

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La nariz

Puede ser que la nariz, como órgano olfativo, desempeñe un papel en la disolución de síntomas
que se basan en los recuerdos de sucesos que hemos asociado con determinados olores. También
es posible que los problemas con nuestro órgano olfativo provengan del temor reprimido de
“meter nuestra nariz en los asuntos de otras personas”. Por muy absurdo que pueda parecer, eso
sería típico de la forma en que nuestro yo activo traduce expresiones verbales a corporales.
Nuestro yo activo tiende a tomar literalmente nuestras formulaciones habituales, de modo que,
por ejemplo, parecer entremetido (“que mete la nariz”) podría conducir a tensiones que provocan
enfermedades.
Sin embargo, como parte del sistema respiratorio, la nariz es un factor importante en los
resfríos. Aunque por lo que llamamos un simple resfrío, pueden, además de la nariz, ser afectados
también los ojos, los oídos, los senos nasales laterales, la garganta y el pecho, hablaremos de esa
desagradable manifestación en este capítulo dedicado a la nariz.
En primer lugar, un resfrío tiene poco que ver con virus o con bacterias contagiosas, si es que
tiene que ver con éstos. Por lo tanto, usted no se “contagiará” con nadie, a menos que esté
dispuesto mental y emocionalmente para eso. Una disposición así podría incluir que usted se
encuentre en un estado emocional similar o convencido que se contagiará con ese contacto.
También la convicción de que la corriente de aire, los pies mojados, el tiempo frío o mojarse con
la lluvia, ocasiona resfríos, puede llevar a contraer uno. Aparte de molestias, en este caso no se
ocasiona nada. Me atrevo a asegurar que la mayoría de los resfríos son substitutos de una simple
acción, como llorar, o se originan porque se ha reprimido el llanto.
Piense cuán parecidos son los efectos: nariz que corre o que está tapada, senos nasales laterales
congestionados, ojos lacrimosos, garganta hinchada, suspiros o tos en el pecho. Llorar es muchas
veces una reacción natural ante la sensación de desamparo y de frustración. Si esa reacción
natural es reprimida, “porque los hombres no lloran”, “porque llorar es una señal de debilidad”, y
porque uno se opone a ser débil, o por motivos similares, entonces se crean condiciones ideales
para un resfrío. Sin embargo, los resfríos se pueden suavizar si uno se desahoga llorando en
forma adecuada. Pero un método aún más rápido consiste en reconocer sus sentimientos de
desamparo y de frustración y darse cuenta de los pensamientos que hay detrás y cambiarlos. Si se
realiza esa tarea por completo, las manifestaciones del resfrío pueden desaparecer dentro de
pocos minutos. En mi familia, donde todos han aprendido que ejercer influencia positiva es
posible siempre y en cada situación, desde hace años nadie ha estado resfriado. Después que se
han tratado las opiniones acerca de la realización de resfríos y de la represión de sentimientos
como causa de la enfermedad, todavía queda por mencionar que un resfrío también puede servir
para fines prácticos: Ofrece la ocasión para reponerse por un tiempo del trabajo y de las
relaciones humanas. En un caso así lo mejor es simplemente soportarlo, aunque en realidad el
sufrimiento es innecesario.
Otras molestias que pueden estar relacionadas con llanto reprimido son estornudos frecuentes,
secreción de flema en la región de la nariz y la faringe (llorar hacia dentro), sinusitis crónica y
sangramiento nasal repentino.

La garganta

La relación entre la garganta y llorar ya ha sido mencionada. Pero la garganta es también el


“canal” a través del cual consumimos los alimentos. Nosotros tendemos a producir
simbólicamente una conexión entre alimento e ideas (simbólicamente por lo menos para nuestro

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yo determinante; nuestro yo activo toma las declaraciones literalmente). Ese simbolismo se hace
evidente a través de formulaciones como “Alimento espiritual”, “¿Crees tú que yo me tragaría
eso?, “Este libro es incomible”, “Se me quedó la palabra atajada en la garganta”, “A él le
metieron el conocimiento con cuchara”. La garganta y las glándulas y órganos que están
alrededor y dentro de ella pueden hincharse e inflamarse, si se reprime un comentario en contra
de una idea que es inaceptable para nosotros, porque uno teme o cree que es injusto expresar su
rechazo.
Las enfermedades a la garganta también pueden ser causadas por ahogar una reacción. La
expresión verbal y sonidos de pasión como también de sufrimiento, se abren paso hacia fuera a
través de nuestra garganta; si éstos se interrumpen por medio de la orden “no actuar”, pueden
presentarse hinchazones.
Un hombre joven que me consultó, sufría de una contracción tan severa en la región de la
garganta, que le aconsejaron que se hospitalizara. Como causa había sido diagnosticado un
trauma corporal que él había sufrido una semana antes, cuando un amigo furiosamente lo había
agarrado de la garganta en una discusión. Descubrí que el joven ni siquiera le había hecho
reproches al amigo, sino que simplemente se había quedado callado. Antes de que se decidiera
por un tratamiento en el hospital, hice durante dos horas ejercicios de relajamiento con él y lo
alenté a expresar los sentimientos que tenían relación con el incidente, asegurándole que eso no
era de poco hombre. Durante esas dos horas él le dio rienda suelta a sus sentimientos y confesó
entre sollozos cuán herido estaba. A continuación durmió durante toda la noche y en la mañana
estaba sano. Si esas dos horas no hubieran hecho efecto, yo, con mi bendición, lo habría enviado
a la clínica, pero por suerte eso se había hecho innecesario.
Las inflamaciones de las amígdalas y la hinchazón de las glándulas linfáticas y salivales en la
garganta, se pueden atribuir a represiones similares. A mi se me inflamaron las amígdalas por
primera vez en mi vida, cuando en la marina había recibido una reprimenda en un ejercicio –
según mi impresión demasiado injusta – y no había podido defenderme. (Mi competencia había
sido puesta en duda). Esa vez fui tratado con antibióticos, pero con posteriores inflamaciones de
las amígdalas utilicé con éxito técnicas de imaginación. Pese a eso los antibióticos pueden prestar
un buen servicio para el tratamiento de una inflamación de amígdalas o de una infección de
estreptococo. Por eso usted no debe despreciarlos y rechazarlos de antemano. Utilice en cada
caso lo que tenga el mejor efecto. Pero usted mismo notará que los medicamentos también tienen
un mejor efecto si se combinan con técnicas como las que se describen en este libro.

La nuca

Quiero decir aquí todavía algunas palabras sobre rigidez y dolores. Cuando era niño yo tenía el
“cuello bastante tieso” (era bastante testarudo), un chiquillo voluntarioso al que no le gustaba
hacer concesiones, cuando a su parecer las opiniones de otros eran erróneas. Y de ese modo
sufría a menudo de rigidez en la nuca. Recuerdo vívidamente un incidente. En ese entonces fui
enviado a una escuela primaria de California y por expreso deseo de mi madre, tenía que usar
terno y corbata. No es necesario decir que ese estilo era altamente inapropiado, y es igualmente
innecesario decir que mi nuca se puso rígida en el lado izquierdo. Actualmente sigo siendo igual
de voluntarioso, pero ya no temo expresar un desacuerdo.
Los dolores en la nuca también pueden ser una reacción ante personas o situaciones muy
desagradables que “se nos sientan en la nuca” (que nos fastidian). Tales dolores son ocasionados,
sin excepción, por tensión, y esa tensión es frecuentemente ocasionada o reforzada por reiterados
comentarios o pensamientos, con los cuales nos confirmamos que la persona o situación

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corresponde a la imagen que nos habíamos hecho emocionalmente. Mi esposa tenía
habitualmente dolores en la nuca cuando tenía que usar una autopista muy concurrida. Ella habría
podido cambiar su actitud frente a autopistas muy concurridas y sacarse exitosamente de esa
situación con la imaginación, pero eligió una alternativa igualmente exitosa: Ella ahora evita las
autopistas.

Los hombros

Los hombros son una parte asombrosamente expresiva de la anatomía humana. Ya un simple
encogimiento de hombros puede expresar muchas cosas: “¿Quién sabe?”, “¿Qué podría yo
cambiar de esto?” o “¿Y qué?”. Por medio de un leve giro de los hombros se le puede indicar a
alguien que es indeseable. Un giro de hombros en una dama hermosa puede ser un exagerado
saludo íntimo de bienvenida. Los hombros también pueden reflejar las sensaciones y opiniones
que habitualmente tenemos referente a la vida. Hombros anchos pueden irradiar confianza y la
capacidad propia de poder superar todo. Hombros elevados indican que uno se encuentra en un
estado crónico de temor, como si esperara en cualquier momento un golpe por detrás. Hombros
excesivamente caídos dan la impresión de que se siente la vida como una pesada carga
insoportable. Hombros tensados e inclinados hacia delante como los de un boxeador en un
combate, son señales de una permanente actitud agresiva. Los hombros de uno de mis parientes
están al mismo tiempo tensados e inclinados hacia delante y extremadamente caídos, lo que
indica que la vida, desde su punto de vista, es una dura lucha. Hombros constantemente tirantes
parecen indicar que cuesta un gran esfuerzo no atacar. Extrañamente esa posición de los hombros
a menudo va acompañada de una agresiva mandíbula estirada hacia delante, como si se quisiera
desafiar a la persona que se tiene al frente a que ejecute el primer golpe.
Una sorprendente gran cantidad de personas no puede mover los hombros en forma realmente
libre y suelta. Cuando dí cursos de una forma polinésica de “meditación en movimiento” llamada
kalana, noté que a la mayoría de los participantes del curso les era muy difícil alejar libremente
los brazos del cuerpo. Era como si tuvieran una acostumbrada necesidad de mantener los brazos
cerca del cuerpo como protección. Si se observa a las personas en general, eso parece tratarse de
una costumbre muy difundida, lo que indica claramente que existen muchas personas temerosas.
Una tensión crónica en la región de los hombros impide una oscilación libre de los brazos.
Mientras más seguros seamos interiormente, con más naturalidad circulamos con amplios
movimientos de brazos.
De los hombros viene cada movimiento de los brazos con los que nos dirigimos a personas y
cosas, ya sea para abrazar cordialmente o para golpear enojados. Si la fuerza emocional de esos
impulsos es frenada, las consecuencias pueden ser serias inhibiciones de movimiento como
también dolores y/o inflamación de la cápsula sinovial (sinovia: humor viscoso que lubrica las
articulaciones óseas). Las técnicas de relajamiento pueden producir milagros en ese caso, pero
una confrontación a fondo con los pensamientos contradictorios, puede impedir que los síntomas
se presenten nuevamente.

Los brazos

El punto crucial de los problemas es aquí en primer lugar el codo. Como con todas las
articulaciones, la rigidez y la hinchazón puede ser el resultado de una escasa flexibilidad de
pensamiento. En el codo eso probablemente tiene que ver con una resistencia en relación con

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éxito o con nuestra sensación de la propia competencia. También podría tratarse de resistencia
contra alguien que “utiliza sus codos” para hacernos a un lado o de un conflicto en relación con
que uno mismo “no tiene codos” para entrar en alguna parte. Tal vez haya también una
resistencia contra emplear “la fuerza del codo” en una situación que sabemos que requiere mucho
trabajo.
Los brazos mismos son principalmente vulnerables para irritaciones de la piel, como
salpullidos, picazones, ardor, etc. Pregúntese a sí mismo, si alguien o algo lo “irrita”, si “tiene
picazón” por pegarle a alguien o por emprender algo, pero se siente frustrado. Tal vez usted
“arde de impaciencia”. En todas partes del cuerpo pueden presentarse problemas cutáneos cuando
salen a la superficie problemas internos. Pero en los brazos éstos estarán relacionados en primer
lugar con nuestros pensamientos en relación con competencia, reconocimiento y éxito.

Las manos

Esos fantásticos accesorios tienen un espectro increíble de posibilidades de expresión y de


utilización. Pueden expresar nuestros pensamientos por medio de literatura, arte, música, lenguaje
por señas y gestos. Hace años vi una obra de teatro en la que un hombre y una mujer se conocían
y se enamoraban, se separaban de un modo trágico y al final se volvían a juntar felices. Lo
notable era que todo ocurría sin palabras y requisitos, y que los actores principales eran manos.
Las manos pueden formar o destruir, acariciar o golpear, dar o arrebatar, retener o liberar,
investigar o rechazar. Su forma y sus líneas pueden dar indicios de edad y sexo, personalidad y
carrera. A causa de su asombrosa versatilidad, las manos están expuestas a una gran cantidad de
conflictos mentales que en esencia giran en torno a comunicación y realización.
Una mala circulación y como consecuencia manos permanentemente frías, pueden estar ligadas
a un conflicto entre el deseo y el miedo de tocar a otra persona. Manos sudorosas probablemente
son más atribuibles al temor de cometer errores y parecer ridículo (incompetente). Los calambres
y otros problemas pueden provenir de que se teme ofrecerle a alguien “una mano de ayuda” o
aceptar uno mismo una. También podría estar en juego un conflicto acerca de si todavía se tiene
algo “en la mano”. Al respecto, conocí una mujer que se lastimó los dos pulgares poco después
que se había preguntado a sí misma, por qué “se le soltaban las cosas que tenía agarradas”.
Personas que en su trabajo usan mucho sus manos, como los escritores, músicos y artistas,
pueden sufrir de fuertes calambres, si entran en conflicto con respecto a sus capacidades o a lo
que transmiten a través de su labor. Leí sobre el caso de un hombre que se veía a sí mismo en
primer lugar como un artista, y que cuando escribía tenía severos calambres. Él se sentía
culpable, porque no utilizaba sus medios “normales” de expresión, y porque se sentía incapaz de
comunicarse verbalmente con su madre.
La artritis, una dolorosa inflamación de las articulaciones, se presenta muy frecuentemente en
las manos. Se ha descubierto que la personalidad de los pacientes típicos de artritis es más o
menos rígida, perfeccionista y dominante (pudiendo la dominación ocurrir de un modo muy
sutil). Tenemos aquí una falta de flexibilidad, apareada con crítica estricta a sí mismo y a otros,
que es reprimida y que se refleja en las manos. Las técnicas de relajamiento pueden ser útiles por
un cierto tiempo. La enfermedad puede ser definitivamente superada por medio de un cambio de
actitud. He viso un cambio notable en las manos de una mujer, que en forma adicional a sus
ejercicios de relajamiento, comenzó a fortalecer su autoestima y su fe en la propia competencia.
Junto a todas las otras capacidades, las manos tienen un enorme potencial para enviar energía
curativa. Algunas posibilidades de aplicación las trataré en la Parte III.

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Capítulo 9

Región II – El centro de identidad

El pecho

La región del pecho, es decir, la región del cuerpo entre el diafragma y el cuello, la sentimos
inconscientemente como la sede de nuestra identidad. Yo sé que la mayoría se imagina nuestro
“espíritu” humano en la cabeza, en cuanto reflexionan sobre ese asunto, pero en forma totalmente
espontánea nosotros ubicamos nuestra identidad un poco más abajo. Si usted ha visto alguna vez
una película de Tarzán, se acordará que el protagonista se golpeaba el pecho cuando decía “yo,
Tarzán”. Eso no tenía nada que ver con que él había sido criado por gorilas. Es la cosa más
natural del mundo que una persona indique o se toque el pecho cuando quiere recalcar, yo
expreso esta o esa opinión, yo tengo una cierta importancia o yo soy muy feliz (en el último
caso se utilizan frecuentemente ambas manos). Ese gesto de identificación sobrepasa todas las
barreras culturales. Se podría igualmente indicar la cabeza, pero no se hace. Es como si nuestra
identidad tuviera, en el plano biológico, su sede en nuestro pecho. Como se indica, esto vale
también para el plano emocional y el plano de creencia.
Como esa región corporal es el centro de la identidad, también se instalan ahí los pensamientos
que tienen relación con autoestima, rechazo, empatía (identificación con otros),
autoconfirmación, orgullo y humildad. En el sentido más amplio, también podemos agregar la
integridad y el sentido de nuestra continuidad como personalidad total. Las emociones a las que
más se las relaciona generalmente con esta región, son la alegría (designada por muchísima gente
como amor) y el miedo (por la propia vida o por una pérdida). La primera es habitualmente muy
sentimental, la última en cambio es muy impasible o por lo menos intenta comportarse así. Tal
vez no sea casualidad que un imponente pecho arqueado hacia delante forme parte de una
“actitud soldadesca”, ya que entre soldados profesionales la insensibilidad es una virtud.

Los senos

Uno de los comentarios más repulsivos que me han llegado a los oídos, vino hace más o menos
un año de un cirujano. Él tenía la idea de que a todos los bebés femeninos se les debía practicar,
inmediatamente después del nacimiento, una extirpación de senos en miniatura, para eliminar el
peligro posterior de contraer cáncer de mamas. Ese es un ejemplo extremo de hasta donde puede
conducir la lógica mecánica. El cuerpo es una máquina, por lo tanto se hacen correcciones antes
de que algo se deteriore. Lo temible de eso es que él lo pensaba en serio.
El cáncer de mamas se presenta principalmente en mujeres y es un efecto directo de conflictos
de autoestima. Está en estrecha relación con la represión de sentimientos que tienen conexión
con un miedo extremo al rechazo. Es típico de mujeres con cáncer de mamas, que tienen grandes
dificultades para expresar sentimientos, y no solamente tienen miedo de los sentimientos, sino
también de los pensamientos en que éstos se basan. Uno de los pensamientos principales es: “Yo
soy tan insignificante, que nadie que realmente me conoce me aceptaría”. El problema de esas
mujeres no sería tan grande si ellas realmente estuvieran completamente convencidas de su
insignificancia. El asunto es que en nuestra sociedad la mujer es tanto glorificada como también
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despreciada. Una consecuencia de esto puede ser el conflicto “Yo soy insignificante / Yo soy
valiosa”. En el lado positivo pesa un profundo conocimiento biológico y espiritual de que uno es
valioso, simplemente porque existe. El lado negativo adquiere peso por muchas cosas. Entre
ellas se encuentran también puntos de vista religiosos, según los cuales se niega el valor del
individuo en general y el valor de la mujer en especial. De ese modo me parece obvio que largos
años, durante los cuales la gente se ha golpeado el pecho con las palabras “Oh Señor, yo soy
insignificante” u “Oh Señor, yo soy un pecador insignificante”, después de todo tienen que tener
algunos efectos sobre la imagen que uno se hace de sí mismo. Mientras tal vez no cada mujer con
cáncer de mamas ha estado sometida a ese acondicionamiento, sí se han arraigado otras
convicciones de ese tipo.
El cáncer es una enfermedad de una tensión crónica extrema. Éste es el resultado final de un
largo conflicto continuo. En cierto modo equivale a un rechazo de la propia persona, porque casi
siempre participa un fuerte sentimiento de culpa. A eso se agregan sentimientos de desesperanza
y de frustración y la sensación de ser insuficiente y no poder dirigir determinados aspectos de la
vida. ¿Pero qué es lo que no podemos dirigir realmente en la vida? La conducta de otras personas
(que tal vez se puede influenciar, pero no dirigir), como también los sucesos del pasado y del
futuro. Es típico de pacientes con cáncer, que consideran tan peligroso el mundo, que sin falta
habría que ejerce control, para lo cual, sin embargo, ellos se consideran incapaces. Y a pesar de
todo ellos se sienten comprometidos a por lo menos intentarlo, ya que creen que eso es necesario
para poder sobrevivir. De ese modo se origina para la consciencia del cuerpo el conflicto “Yo
tengo que dirigir / yo no puedo dirigir”. El ejercicio del control incluye habitualmente intentos de
dominar los propios sentimientos, porque las emociones que se “salen de control” no sólo son
alarmantes, sino que también producen que uno se sienta débil y vulnerable. En un mundo
peligroso eso puede ser extraordinariamente amenazante. El cáncer no se cura por medio de
extraer un pedazo del cuerpo o destruirlo con materias químicas o radiaciones, sino por medio de
dejar de creer en la necesidad de un control o adquiriendo la convicción de estar preparado para
una tarea así. Si la sensación de amenaza es menos intensa, pueden, en vez de cáncer, aparecer
tumores benignos.

El pulmón

La respiración es casi un símbolo universal de la vida, y de ese modo el pulmón es el centro de


nuestro deseo, de nuestros anhelos de experimentar más vida, de acercarnos a otras personas, de
compartir nuestra vida con otros. Por eso el pulmón es al mismo tiempo el centro de nuestros
temores relacionados con esos aspectos.
Los asmáticos tienen generalmente temores que tienen relación con este tema. Yo sé eso por
experiencia propia, porque cuando era niño tenía asma bronquial. Yo “me libré” de los síntomas,
pero años después, cuando participé en un seminario cuyo propósito era acercarnos a los
problemas emocionales, experimenté una enorme sensación de liberación en la región del pecho.
Entre fuertes sollozos, sentí y expresé que yo estaba “bien” así como era (autoestima) y que un
amor universal afloraba en mí. Lo que allí experimenté fue la solución de los conflictos que
durante todos los años me habían impedido expresar por completo esos sentimientos. En lo
sucesivo he logrado, a modo de prueba, provocar una parte de esos síntomas de mi niñez,
reactivando los pensamientos del tiempo de mi niñez. En cuanto programé de un modo nuevo
esos pensamientos, desaparecieron los síntomas.
Deseo mencionar aquí algunos conflictos típicos de los asmáticos:

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- La necesidad de dependencia (lo que generalmente comienza con uno de los padres) y al
mismo tiempo el deseo de ser independiente;
- Desarmonía con el entorno;
- Deseo de imponerse y al mismo tiempo miedo de hacerlo (es decir, miedo a encontrarse con
resistencia o rechazo);
- Temor de no actuar como otros lo desean o lo esperan, y al mismo tiempo resentimiento por
ser manipulados por esos otros;
- Sentimiento de culpa, por no satisfacer las expectativas de otros;
- Miedo al rechazo de otras personas o a la pérdida de un ser querido.

Los asmáticos también tienen tendencia al síndrome de repetición. Conflictos de poca


importancia pueden simplemente conducir a un “dolor” no especificado en el pecho.
Fumar produce con seguridad una contaminación del pulmón, pero yo estoy convencido que
fumar en sí no causa cáncer. Éste es el resultado de conflictos emocionales del tipo de los que
ya se han mencionado. Como la respiración poco profunda es muchas veces una defensa contra la
sensación de miedo, yo pienso que fumar puede ser una especie de compensación inconsciente,
ya que induce a respirar más profundo. La respiración profunda conduce también a la relajación,
y de ese modo, fumadores que tratan de desprenderse de su costumbre de fumar, pueden estar
susceptibles o bajo tensión, porque adquieren una respiración defensiva poco profunda. Si los
conflictos de miedo se disuelven, la necesidad habitual de fumar disminuye o desaparece por
completo. Por esa razón, algunos pueden dejar de fumar de un día para otro, mientras que otras
personas pasan por suplicios, lo que tal vez sea una forma de autocastigo y de justificación. Yo
naturalmente reconozco que fumar también puede estar relacionado con la necesidad de ocupar
las manos, como también con la sensación de deseo oral, con el consuelo que sale de un ritual
conocido y con el deseo de imitar a otros.
Concluyendo con el tema del cáncer pulmonar, deseo citar el caso de una persona muy cercana
a mí, que murió de esa enfermedad. Tal como poco después de su muerte leí en un libro de
psicosomática, es típico de un paciente con cáncer pulmonar, que ha perdido a uno de sus padres
a una edad inferior a los quince años, que tiene problemas matrimoniales y que está frustrado en
su trabajo. Esos tres puntos son aplicables en su caso, y sé que no murió de cáncer, sino de
desesperanza. Pero el cáncer no se presenta automáticamente cuando se dan esas tres
circunstancias; no obstante, esas circunstancias crean condiciones básicas en las que se puede
extender la desesperanza.

El corazón y el torrente sanguíneo

En la literatura, en el lenguaje y en las canciones, al corazón se lo relaciona con el amor, la


compasión, la preocupación, el rechazo, el ansia, el apego, el temor. Se le “regala el corazón” a
una persona que se ama, o se deja en alguna parte en un lugar querido, y se siente “sufrimiento
del corazón” cuando el amor no es correspondido. Si uno tiene compasión con otros, entonces
tiene el “corazón grande”. Si no lo hace, entonces puede ocurrir que se lo llame “sin corazón”,
“corazón duro” o “corazón frío”. Una pérdida grande nos puede “romper el corazón”, y le
agradecemos “de corazón” a alguien que comparte nuestros sentimientos. Se nos puede casi
“paralizar el corazón” de miedo, y misteriosamente se puede llevar el corazón “sobre la lengua”.
Todos esos sentimientos tienen consecuencias biológicas.
El corazón es un músculo y como tal, susceptible a tensiones agudas o crónicas. Personas con
molestias cardíacas tienen tendencia a querer bloquear arrebatos de compasión o rechazo. La

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compasión se puede interpretar como señal de debilidad, sobre todo cuando se está convencido de
que el mundo es peligroso y que hay que ser desconsiderado (es decir, no tener compasión) para
progresar. Probablemente sean más frecuentes las personas que reprimen su miedo al rechazo y
que tratan desesperadamente de conseguir amor o aceptación por medio de rendimiento personal
o de acumulación de dinero y bienes materiales. Una persona así es designada a menudo como
personalidad del tipo A. Característico de ese tipo de persona es que está impulsada por la
necesidad de producir alguna prueba material de su propio valor, porque sin ésta se sentiría
insignificante – que no merece amor. Servirá de poco decirle a una de esas personas que debe
relajarse y tomar las cosas con más calma, mientras ésta no comience a comprender que no
necesita probar lo que vale buscando agradarle a otros. Muy a menudo una persona de esas se ve
tan exigida a producir pruebas, que finalmente apenas sigue percibiendo a aquellos por los cuales
cree hacer todo eso, y de ese modo los pierde. A veces tratará todavía de comprar el amor de sus
padres, cuando éstos, o ya hayan muerto hace tiempo, o se nieguen a dejarse impresionar por lo
que sea. Lo que necesita la mayoría de los pacientes con problemas al corazón, es una nueva
forma de ver la vida, una actitud que elimina el miedo al rechazo y lo reemplaza por una
auténtica autoestima.
El torrente sanguíneo tiene conexión con el corazón y está expuesto a dificultades como
presión sanguínea alta, anemia y leucemia. Esos problemas tienen en común, que están
relacionados con la creencia en la propia debilidad, incapacidad y desamparo, a lo que se agrega
una gran cantidad de resentimiento, de que a uno lo tratan de acuerdo con esa convicción.
También puede mezclarse el enojo consigo mismo, por no estar en condiciones de dominar mejor
las cosas. A las personas con esa actitud de vida, generalmente les gusta mucho manipular y están
extremadamente enfadadas cuando ellas son manipuladas. Muchas veces la leucemia se origina
especialmente después de la drástica pérdida de uno de los padres o de un trabajo, ligada con una
intensa sensación de frustración, porque no se puede cambiar la situación. A ese tipo de personas
por lo general no les resulta fácil expresar sus sentimientos. Si pudieran hacerlo, con eso la
tensión disminuiría considerablemente.

La parte superior de la espalda

Así como nos enteramos del rechazo de otros a través de la región del pecho, es la espalda la
región a través de la cual nosotros mismos frecuentemente rechazamos a otros. Eso ocurre, por
ejemplo, cuando “se le da vuelta la espalda” a alguien. Las molestias en esa región pueden
presentarse cuando uno cae en un conflicto, si ante la agresividad de otra persona debe o no
“emprender la retirada dando la espalda” o cuando uno se queda con algo que sabe que en
realidad no debería guardarse (lo guarda detrás de uno, en la espalda), o también cuando uno
retiene el apoyo o ayuda que otro necesita (lo deja detrás, en la espalda). Pero tal vez las
molestias más frecuentes en esa región son cuando uno no tiene “espalda ancha”, se siente
atormentado por otros de sobremanera y está harto de tenerlos “sobre la espalda”. Conocí a un
hombre joven cuya espalda estaba llena de granos, hasta que dejó la casa de sus padres y tomó su
propio camino. Observe por favor: La causa de las molestias no es el hecho de que a uno lo
atormenten, sino la propia negación a expresar los sentimientos causados por ese hecho, y
naturalmente también la convicción de que a uno lo atormentan.

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El diafragma

El diafragma es una capa muscular y de tendones, que separa la zona del pecho de la cavidad
abdominal. Su función normal consiste en ayudar a la respiración, pero muchas personas lo
utilizan para obstruir la respiración y para bloquear sensaciones de miedo que se presenten. En
tales casos el diafragma se pone duro como un tambor. Eso puede ir tan lejos, que se olvida por
completo cómo es respirar profundo.
Es completamente natural que en el transcurso de un ciclo de respiración libre y profundo, la
parte superior del vientre se arquee levemente hacia fuera. Pero eso es solamente posible si se
permite que se relaje el diafragma. Si el diafragma está crónicamente tenso, no se puede
aprovechar por completo la capacidad respiratoria. Biológicamente eso significa una disminución
de la afluencia de oxígeno. En el plano emocional eso impide que surjan sentimientos
desagradables. En el plano mental, eso es por fin un intento de autodominio. Personas con las que
trabajo y que emplean la respiración consciente y profunda para disolver la tensión del
diafragma, cuentan que al principio tienen la terrible sensación de “partirse” y luego un aluvión
de emociones y recuerdos que se siente abrumador. Después que éste se ha calmado, ellas se
sienten “purificadas”, como si se hubieran desahogado completamente llorando.
Existen muchas técnicas diferentes para relajar el diafragma, pero la mejor que he encontrado
es reír. Una considerable dosis de risa lo animará y liberará una enorme cantidad de tensión
estancada. A la risa se la ha llamado “la mejor medicina” y por buenas razones. Purifica mejor
que el llanto o medicamentos. Y lo mejor de todo es reírnos de nosotros mismos.

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Capítulo 10

Región III – El centro de la seguridad

Como pertenecientes a esta región yo considero la cavidad estomacal, la pelvis y la parte


inferior de la espalda. Esta es una región de los impulsos primarios instintivos, todos los cuales
tienen relación de una u otra manera con nuestra necesidad de seguridad y alimento, como
también con nuestra necesidad de compartir con otros este mundo físico nuestro. Esta es la región
que tiene que ver con afecto y falta de afecto, como también con posesión y respaldo.

El estómago

El estómago es, en lo que se refiere a instinto de hambre, la zona más importante. El estómago
recibe nuestro alimento y lo digiere. Duele cuando está demasiado vacío, un mensaje destinado a
inducirnos a emprender algo contra ese estado. El consumo de alimento es una de las primeras
sensaciones de placer que experimentamos en nuestra vida. Llenar el estómago nos da sensación
de relajamiento, de reanimación y de seguridad. Pero como ya he mencionado, comer, además de
servir para nuestra alimentación, sirve también para otras cosas.
Como nosotros, para nuestro primer consumo de alimento, dependemos de otros, establecemos
una relación entre su efecto en el estómago y la pregunta, cuánto le importamos a otros. Ese
afecto de otros se convierte en equivalente de supervivencia y seguridad. Ya que necesitamos
alimento para poder vivir. Y así es efectivamente posible que “tengamos hambre” de cariño. Si
alguien cree no recibir o no poder recibir suficiente afecto para satisfacer ese apetito, entonces
adoptará en general una de las dos siguientes formas de conducta como escape.
Una de éstas consiste en reemplazar el cariño por la comida, y desempeña un papel importante
como causa de sobrepeso. Por eso muchas personas gordas están obsesionadas por los dulces,
porque en éstos, más que en todos los demás alimentos, se ve un equivalente al cariño. Personas
que padecen de hambre de dulces, en realidad padecen de hambre de cariño. Así de sencillas son
las cosas. Como el exceso de comida es un substituto, el verdadero sentimiento es reprimido, de
manera que los afectados a menudo se niegan a reconocer frente a sí mismos o a otros, que es lo
que les falta en realidad.
La segunda posible forma de conducta consiste en reducir “inconscientemente” el estómago y
con eso disminuir la necesidad de alimento, o sea, de cariño. Eso puede llevar a un
adelgazamiento extremo. Ese es un intento de refutar la necesidad, de modo que el sentimiento
de seguridad esté menos amenazado. Sin embargo, la tensión permanece.

Alimento

El alimento también es sinónimo de seguridad material, lo que explica por qué los conflictos
laborales y la escasa satisfacción en el área de trabajo, a menudo conducen a dolores de
estómago. De ahí viene el dicho que éstos se sienten “como patada en la guata”. Cuando alguien
es “devorado” por la ocupación o por inseguridad económica, perfectamente puede ser que éstas,
en forma de úlceras, devoren el revestimiento interior del estómago, la mucosa estomacal. Los

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dolores de estómago también pueden presentarse cuando se teme por sus bienes. Naturalmente la
amenaza de pérdida de determinadas personas en nuestra vida, que sentimos muy cercanas,
también puede ocasionar molestias estomacales. A las sensaciones que acompañan a una
potencial pérdida de ese tipo, las llamamos celos, aunque en este caso, temores al rechazo
también pueden desempeñar un papel. Igualmente la envidia, la sensación de que tendríamos que
tener algo que otros tienen, puede dañar el estómago. El alimento también puede equivaler a
ideas. Si las opiniones de alguien nos pueden parecer “indigestas”, o si “tenemos primero que
digerir” lo que hemos escuchado. Una idea también puede ser “repugnante”. ¿No es como para
dar “náuseas” cuando uno piensa lo que de vez en cuando hace contra sí mismo?

La vesícula

Este órgano tiene la labor de almacenar una substancia amarga producida por el hígado,
llamada bilis, y traspasarla al intestino delgado, donde contribuye a la reducción de grasa de
nuestro alimento. Los aspectos emocionales están ligados con significados secundarios de la
palabra “bilis”. De una persona inusualmente maliciosa y descarada, decimos que “esparce
veneno y bilis”. Si uno se desahoga, entonces “a uno le rebalsa la bilis”. Las asociaciones entre
bilis y rencor o enojo son muy antiguas. Si uno permite que el rencor que siente por otros se
estanque, éste se puede endurecer formando un cálculo biliar, lo que es una forma sumamente
dolorosa de nuestro cuerpo de decirnos que tenemos que cambiar nuestra forma de pensar.

El intestino

El intestino conduce el proceso de digestión hasta el final y prepara los productos de desecho
para la excreción. El intestino es una zona de “retención”. Usted posiblemente ha escuchado de
niños pequeños que retienen sus excrementos, para rebelarse contra su madre. Pues bien, los
adultos hacen exactamente lo mismo, y de esa manera intentan aferrarse a situaciones o personas.
El resultado es un estreñimiento crónico o también úlceras u otras molestias en la zona intestinal.
Como esas personas no están en condiciones de dirigir las circunstancias externas, tratan de
producir un reemplazo que esté bajo su control. En cuanto aprenden a “aflojar”, el cuerpo vuelve
a trabajar en forma normal.
El intestino es también un “recipiente” para muchos sentimientos que tienen que ver con afecto
y seguridad. Lo que designamos como panza, no es tanto el estómago como más bien el intestino
dilatado de personas que tienen dificultad para expresar sus verdaderas necesidades. Las hernias
en el intestino son consecuencia de tensiones y conflictos que están relacionados con los mismos
temas.
Las inflamaciones del ano y las hemorroides se deben a que uno se aferra a personas o cosas
que le parecen que se le escurren. En el caso de la diarrea en cambio, se trata más bien de un
intento desesperado de desprenderse de algo que no se quiere o de huir de una situación. Ese fue
con toda seguridad el caso, cuando nosotros como reclutas, todos teníamos diarrea en el
campamento de entrenamiento. Tengo la fuerte sospecha de que tales molestias, que se presentan
en viajeros que se quedan en un país extranjero lejos de su patria, en realidad reflejan un rechazo
semi- inconsciente de su entorno momentáneo. En todos los siete años de mis viajes por la selva
africana, no tuve diarrea ni una sola vez. Yo disfrutaba la aventura. Recién me vino a dar diarrea
cuando regresé a la ciudad para retomar el trabajo de oficina.

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El apéndice es una protuberancia del intestino en forma de dedo, que recibe materias tóxicas.
Basándome en mi trabajo con personas que habían tenido alguna vez una inflamación del
apéndice, soy de la opinión que eso se presenta, como ocurre también con los cálculos biliares,
cuando ha sido retenido a través de mucho tiempo el rencor contra alguien o algo. Una mujer
pudo por lo menos establecer una clara relación entre su inflamación del apéndice y dos años de
sentimientos muy amargos frente a un determinado hombre.

El hígado

El hígado tiene la función de almacenar azúcar, producir líquido biliar y filtrar diferentes
tóxicos de la sangre. También puede ser un depósito de una porción considerable de miedo
reprimido por cariño frustrado o una aversión contra sí mismo. Personas que “viven bien” – es
decir, aquellas que se saturan con alcohol y comida pesada para cubrir sus frustraciones - tienen
a menudo daños al hígado.
El consumo exagerado de bebidas alcohólicas tiene un efecto muy perjudicial sobre el hígado, y
también desempeña un papel en un síndrome emocional complejo. No se bebe en exceso por
haber llegado a ser dependiente del alcohol mismo. Se bebe porque el alcohol produce algo que
se cree que se necesita para sobrevivir, y eso es un momento de liberación de una tensión
insoportable, gracias al efecto relajante del alcohol, un substituto del cariño, porque el alcohol es
transformado en azúcar en el cuerpo y produce un aturdimiento que contribuye a protegerse de
sentimientos temibles. El hígado no se perjudica solamente porque no puede dominar la excesiva
carga tóxica, sino porque también está expuesto a tensiones emocionales, que hacen surgir un
deseo de los placeres del alcohol. Se tiene en general la opinión de que el alcoholismo no tiene
curación, porque representa una dependencia física, y que por eso la única solución es la
abstinencia total. Un médico de California afirma, sin embargo, poder sanar alcohólicos,
ayudándoles a averiguar y a cambiar las convicciones en que se basan sus conflictos emocionales
y por consiguiente su problema de alcohol. Escuché una conversación entre dos de sus ex
pacientes. Ellos decían concordando, que el alcohol hacía tiempo que ya no era una necesidad
para ellos, pero que bebían algo ocasionalmente cuando tenían deseos de hacerlo. Una vez que
está disuelto el conflicto que sirve de base, desaparece también la necesidad del consumo
exagerado de alcohol que tenía que cubrir ese conflicto. El alcoholismo puede muy bien ser
superado, porque es una adicción emocional y no corporal. La clave para eso son el deseo y la
voluntad de cambiar la forma de pensar que ha conducido a reprimir enojo y frustración.
La obsesión por la comida y la consiguiente obesidad tienen, en lo que se refiere a causa y
efecto, semejanzas notorias con el alcoholismo. También en este caso el hígado es afectado por
medio de sobrecarga, como también como centro de tensiones. Tal como ya se ha mencionado,
el consumo de alimento tiene por un lado un efecto relajante y contribuye así a una liberación
transitoria de estados de tensión, y por el otro lado sirve como reemplazo a la falta de cariño. Una
capa de grasa puede servir para varios propósitos. Es una especie de reserva de seguridad contra
situaciones de carencia material o emocional. Es también energía almacenada – energía
emocional, cuya base es habitualmente una porción considerable de enojo y frustración. Esa
energía también puede adoptar forma de miedo, y en ese caso la zona con grasa actúa como una
especie de coraza, un “tope” que mantiene a otros a distancia, mientras que la persona respectiva
tal vez sienta en el fondo ansias de cercanía. En algunos casos se usa finalmente para aumentar la
propia importancia y apariencia, como símbolo de poder y del deseo de “tener más peso”.

65
Los riñones y la vejiga

Los dos riñones, en cada uno de los cuales hay una glándula suprarrenal que produce
adrenalina, filtran la sangre y transforman materia tóxica en orina. La medicina occidental ve una
relación directa entre los riñones y también las glándulas suprarrenales, y la función sexual. Yo
tiendo a estar de acuerdo con eso, ya que la orina se vierte a través de la zona sexual, y la
consciencia corporal produce conexiones a través de semejanzas funcionales. Eso significa que
las molestias a los riñones probablemente estén estrechamente ligadas con conflictos emocionales
referentes a la sexualidad. Aunque eso hasta ahora es solamente especulación, se puede tomar
como seguro de que están en juego algunos mecanismos de represión, típicos de la Región III.
Partiendo de los casos de las personas que me han consultado, estoy seguro que entre la vejiga,
donde se junta la orina entregada por los riñones, y la forma de pensar con respecto a la
sexualidad, existe una conexión, y que las infecciones a la vejiga son atribuibles a tensiones que
provienen de sensaciones sexuales reprimidas.

El páncreas y el bazo

Esos dos órganos producen hormonas que influyen en la composición de la sangre,


especialmente en el nivel de azúcar y de insulina. El sentimiento reprimido que desempeña un
papel en este caso, es habitualmente una fuerte indignación por la pérdida o amenaza de pérdida
de afecto y seguridad. El diabético típico, por ejemplo, es una persona muy irritable, que tiene
tal miedo de su ira, que la cubre con aparente docilidad y desamparo. No sorprende que éste
tenga, además, un intenso deseo de comer (que como sabemos, es un reemplazo del cariño) y
frecuentemente un profundo resentimiento contra sus padres, porque no le han dado o no le dan
tanto cariño como él necesita. La hipoglicemia, que de vez en cuando se la designa como lo
contrario de la diabetes, es tal vez el resultado de represiones y conflictos similares, que sólo son
expresados de otra manera. Al bazo se le relacionó durante mucho tiempo con enojo y
frustración.

La parte inferior de la espalda

¿Se ha esforzado usted alguna vez para hacerle un favor a alguien que no supo valorarlo? Si es
así, bien puede ser que usted haya adquirido dolores en la parte inferior de la espalda. Los dolores
en esa región casi siempre son atribuibles a que retenemos (mantenemos detrás de nosotros, en
nuestra “espalda”) nuestro resentimiento que sentimos por personas que amenazan nuestra
seguridad o nuestra base existencial. Los dolores de espalda también pueden ser un intento
inconsciente de retirarse (correrse hacia “atrás”) de una cosa, es decir, escapar de algo que no se
desea hacer. Yo obtuve una vez dolores tan intensos en la parte inferior de la espalda, que no me
pude mover durante horas, lo que “casualmente” tuvo como consecuencia que perdí mi empleo.
Éste había consistido en cargar un camión con sacos de cemento. En ese tiempo yo no me daba
cuenta de la relación, pero estaba muy contento de no tener que volver al trabajo. Existen
remedios contra dolores de espalda, muchísimo mejores que los medicamentos, y esos son
masajes, compresas calientes, meditaciones de relajamiento y especialmente, la disolución de
nuestro conflicto.

66
Los órganos genitales

Tal como usted tal vez piensa, las molestias en los órganos genitales y los problemas de la
función sexual tienen relación con miedos, sentimientos de culpa y resentimiento, que tienen
que ver con sexualidad y relaciones sexuales. Esa relación es bastante evidente en problemas
como impotencia y frigidez, pero según mi opinión, las dificultades en la próstata y las
enfermedades venéreas también se deberían clasificar en esa categoría. Los conflictos de
pensamiento están detrás de todas las enfermedades. Sin conflicto no se llega a ninguna
enfermedad. Con las opiniones sobre la sexualidad que se extienden en nuestra sociedad, es un
milagro que las enfermedades venéreas no se hayan propagado más aún. Eso hay que atribuirlo
a que todos nosotros inconscientemente elegimos nuestra propia forma de expresión para
nuestros conflictos, y para esa elección nuestra tenemos motivos propios.
No sólo son simplemente los conflictos conectados con deseos sexuales los que causan los
problemas. El deseo sexual es instintivo, pero también lo son, el deseo de cariño, seguridad,
compañía, posesión y – poder. En nuestra sociedad la sexualidad puede simbolizar cualquiera de
esos aspectos, y de acuerdo con eso, los problemas sexuales pueden provenir de represión de
cualquiera de esas áreas. Existen personas que son tan “imaginativas”, que incluso pueden utilizar
un disturbio de la función sexual para ejercer poder sobre otros.
Me acuerdo de un ejemplo especialmente convincente; un hombre que era estéril (es decir, no
producía semen vivo) exclusivamente en los días del mes en los que su esposa podía concebir.
Eso con seguridad no ocurría conscientemente. Bien consciente estaba, por el contrario, de que
él reprimía un profundo resentimiento contra ella y el deseo de vengarse de ella de alguna
manera. Él no quería expresar esos sentimientos, pero éstos eran tan intensos, que su cuerpo los
transformaba lo mejor que podía.
La impotencia y la frigidez son ejemplos aún más claros de ese tipo de juego por el poder,
mientras no sean el resultado de temores sexuales. En todo caso, sus causas son la represión y la
tensión, y éstas jamás son saludables.
Asó como la risa es el mejor remedio para aliviar la tensión en la región II, el orgasmo es el
mejor para la región III. Desgraciadamente muchas personas, a causa de diferentes ideas basadas
en el miedo, no experimentan esa beneficiosa liberación en toda su magnitud. De ese modo, hay
mujeres que nunca o sólo rara vez experimentan un orgasmo y hombres que no tienen más que
una mera eyaculación, que casi no se puede considerar como orgasmo. Un auténtico orgasmo no
sólo se siente bien, sino que también trae consigo contracciones musculares involuntarias, que
son parte del proceso de disolución de tensiones. Aparte del miedo de que la sexualidad podría
ser mala, y del temor por el otro sexo, el motivo más ampliamente difundido de un orgasmo
incompleto o de no tener ninguno, que he encontrado tanto en hombres como en mujeres, es el
miedo a perder el control sobre sí mismo. Éste está conectado con ideas de seguridad y confianza
y con el convencimiento de que demasiado placer o el abandono del autodominio conducen a la
autodestrucción. Pero esas son solamente ideas sobre la realidad y no la realidad misma. Nuestro
cuerpo está creado de manera exquisita para experimentar una inmensa alegría y placer, por
medio de mecanismos naturales para aliviar la tensión, como la risa y el orgasmo. Usted tiene la
posibilidad de desarrollar una actitud que le permita hacer pleno uso de esos mecanismos que
promueven la salud.

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Capítulo 11

Región IV – El centro del desarrollo

Las piernas y los pies, de los cuales se compone esta región, reflejan nuestros sentimientos y
pensamientos, referentes a situación, condición, rango en la vida, nuestra sensación de
autonomía, nuestras reacciones ante el desarrollo, los cambios y la inseguridad.

Los muslos

A pesar del título, una parte de lo que sigue rige inevitablemente para las piernas completas.
Hace algunos años se dirigió a mí una mujer ligada a la silla de ruedas, que quería saber si mis
métodos podían hacer algo por ella. Tenía alrededor de cuarenta años de edad. Sus piernas
estaban completamente paralizadas desde la edad de trece años, y desde hace muchos años
totalmente insensibles. Según me contó, los médicos le habían dicho que para eso no había
ninguna causa orgánica, es decir, ninguna enfermedad o degeneración.
Primero la hice hacer algunos ejercicios de imaginación, y dentro de tres semanas sintió, feliz y
sorprendida, una corriente de calor en sus piernas. Le dije que continuara con los ejercicios y
comenzó a trabajar en su pensamiento que estaba detrás de la parálisis. Ésta se había presentado
cuando ella, después de una experiencia traumática con compañeros del colegio, había corrido a
la casa. Cuando había llegado, había comenzado la parálisis, y ella no había podido mover más
sus piernas desde entonces. Aunque ella entró en detalles sólo de mala gana, se evidenció que en
ese entonces ella había sido inusualmente grande para su edad. Ahora comenzó a darse cuenta
que la parálisis podría haber sido un medio drástico contra el hecho de sobresalir (lo que se siente
muy desagradable a los trece años de edad) y contra las bromas y otras crueldades habituales en
esa edad. Al estar permanentemente sentada ya no era más un “palo flaco y largo”, y además,
recibía compasión.
Cuando trabajamos en patrones de creencia y en flujo de energía, despertó cada vez más
sensibilidad en sus piernas. Se hizo evidente que ella tenía una verdadera posibilidad de poder
nuevamente estar de pie y caminar. Sin embargo, en esa etapa ella suspendió el tratamiento, y
no la he vuelto a ver nunca más. Evidentemente la perspectiva de tener que confrontarse
nuevamente con el hecho de que era muy grande, era más de lo que ella podía soportar. Y no
sólo estaba presente ese temor. También estaba amenazada su condición de importante
colaboradora de una organización de inválidos, donde tenía muchos amigos. Según los conceptos
de su estrategia personal de supervivencia, ella hizo la mejor elección posible. Eso indica que si
queremos cambiar algo realmente, tenemos que darle prioridad a los efectos de ese cambio sobre
la comodidad de los dolores e inconvenientes con los que estamos familiarizados.
Me visitó todavía otra mujer con una parálisis parcial. Ella arrastraba una pierna, porque la
articulación de la cadera no tenía libertad de movimiento. Un tratamiento médico no había dado
resultado, una operación no era aconsejable, y así, yo trabajaba con ella estimulando el flujo de
energía y examinando de cerca los patrones de creencia relacionados con sus síntomas. Las
técnicas energéticas solamente dieron un resultado parcial. Después de una fuerte estimulación
del flujo de energía, ella podía sin problemas ir de un extremo de la pieza al otro, pero las
molestias continuamente volvían pronto. Una vez ella visitó a un curandero que se especializaba

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en corrientes muy fuertes de energía. Después del tratamiento ella pudo caminar en forma normal
durante dos días, antes de que aparecieran de nuevo las molestias. Estaba claro que ese
tratamiento tenía conexión con una tensión extrema, que el flujo de energía podía liberar sólo por
un tiempo, ya que la idea en la que se basaba el problema no había sido afectada por éste. No fue
difícil detectar esa idea. Las molestias habían comenzado cuando la mujer tuvo que mudarse de
casa contra su voluntad. La resistencia contra ese cambio había permanecido y se reflejaba en
que ella arrastraba un pie. Desgraciadamente ella, incluso después que se había enterado de las
conexiones, seguía negándose a aceptar el cambio de lugar, y de ese modo sus molestias
permanecían. Si un día estuviera dispuesta a aceptarlo, se sanaría sin ayuda.
Usted conoce la expresión “paralizado de miedo”. Si el miedo es crónico, la parálisis se
presenta corporalmente. En el fondo ésta es una estrategia de supervivencia. En un momento de
peligro amenazante se puede permanecer inadvertido por medio de una incapacidad transitoria de
movimiento y de ese modo escapar con vida. Eso ha funcionado en casos en que personas se han
visto frente a leones u osos. Algunos animales, como el conejo y el opossum, regularmente
utilizan esa estrategia por naturaleza. También personas tal vez recurren a esa estrategia para
escapar de una situación desagradable o temible, o cuando tienen miedo de tomar una decisión
entre dos alternativas. Una manifestación de parálisis también se puede atribuir a una resistencia
contra algún cambio.
Si alguien tiene tendencia a juntar grasa, también se puede juntar grasa en los muslos, pero no
tiene que ser así. En el caso de acumulación de grasa en las caderas y muslos es también posible
un nexo con el amor o bien con la sexualidad. Pero también sería útil investigar si uno se siente
obstaculizado en el progreso, especialmente en el área profesional. Me he encontrado con
frecuencia con ese tipo de convicciones, especialmente en mujeres.

Las rodillas

Cuando era adolescente, poco antes de cambiarme a la escuela secundaria, me aparecieron


dolorosas hinchazones en las dos piernas, exactamente debajo de la rótula. El médico local de la
pequeña ciudad en la que yo vivía, diagnosticó cáncer, y yo fui regularmente durante muchas
semanas a radiación en su consulta. Los problemas principales consistían en que yo tenía grandes
dificultades para doblar las rodillas, y que constantemente chocaba en alguna parte y gritaba de
dolor. Finalmente me enviaron a un especialista de un hospital grande de la ciudad, que cuando
era niño “casualmente” había tenido las mismas molestias y que de inmediato las reconoció como
síndrome de Osgood-Schlatter. Es bastante poco común y habitualmente se debe a un crecimiento
inusualmente rápido. El médico me recetó mucha leche, mucha tranquilidad y vendajes de apoyo.
Las molestias sólo disminuían lentamente, y demoró un año hasta que la hipersensibilidad en esa
región estuvo completamente superada.
En ese tiempo eso naturalmente era simplemente algo con lo que tenía que vivir. Años después
yo estaba en condiciones de investigar el pensamiento en que se basaban las molestias. Expresado
en forma sencilla, las molestias eran la consecuencia llevada al extremo, del hecho de que yo no
quería someterme a mi padre, a quien consideraba tiránico (en lo cual hay que ver el hecho de
doblar las rodillas como símbolo de sometimiento). Al mismo tiempo me sentía culpable porque
pensaba así, y me castigaba a mí mismo golpeándome en cada ocasión las partes sensibles contra
algo. Hoy tengo en claro dos cosas: Mi padre no era en absoluto tan tiránico, y las molestias no se
habrían presentado si yo no hubiera sido tan voluntarioso e inflexible.
Nuestras rodillas reflejan nuestros sentimientos referentes a modestia, sometimiento bajo una
autoridad y flexibilidad en asuntos de jerarquía, como también de temores que tienen relación con

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que defendemos nuestra posición y que tenemos que “enfrentarnos” a inseguridades y posibles
riesgos. Yo me acuerdo que en la marina ocurría una y otra vez, que hombres a los que obligaban
a estar parados en posición firme durante horas, se desplomaban. Tenían las rodillas bloqueadas y
los músculos de las piernas tan tensos, que en algún momento se interrumpía la afluencia de la
sangre al cerebro. La idea de lo que podría ocurrir si cedían un momento, los hacía “quedar como
piedra de miedo”. Y seguramente usted sabe también que con determinadas sensaciones de miedo
nuestras rodillas literalmente pueden temblar.

Las pantorrillas

Cuando más se ponen a prueba las pantorrillas es probablemente cuando caminamos o


corremos, y por eso no es sorprendente que éstas a menudo reflejen nuestros sentimientos
referentes a nuestro progreso profesional, “nuestro ascenso en la escala social”, como también
nuestra huida de situaciones desagradables. Algunas personas que les atribuyen un enorme valor
a esas cosas, tienen pantorrillas bien desarrolladas, que dan la impresión de que sus dueños fueran
muy deportistas, mientras que éstos no hacen otra cosa que estar sentados en el escritorio o
delante de la televisión. Eso se debe a las frecuentes señales inconscientes de partida, que los
músculos siguen ejercitando también cuando la persona está sentada.
Las molestias que tal vez se presentan más frecuentemente en esa región son las várices,
aunque éstas también pueden aparecer en otra parte. Los síntomas son piernas hinchadas,
calambres, cansancio o dolores después de estar de pie por mucho rato y nudos bastante feos de
venas dilatadas directamente bajo la piel. Las venas, que tienen la labor de llevar de vuelta la
sangre al corazón, contienen pequeñas válvulas que le impiden a la sangre fluir de vuelta hacia
abajo a causa de la fuerza de gravedad. En algunas personas, especialmente en mujeres
embarazadas, gente con sobrepeso y personas que en su trabajo tienen que estar mucho de pie,
falla una parte de esas válvulas. A causa de eso la sangre fluye de vuelta y dilata las venas. Sin
embargo, los dolores y los disturbios en el funcionamiento siempre tienen relación con tensión.
Ésta es la causa de los síntomas. El asunto necesita todavía más investigación, pero yo pienso
que en este caso tenemos que ver con un “síndrome de escape”, con una resistencia contra
determinadas circunstancias, que ocasionan una tensión crónica y como consecuencia,
hinchazones, cansancio, dolores y fallas en las válvulas de las venas de las piernas. Teóricamente,
una disolución del conflicto tendría que darle al cuerpo la posibilidad de regenerar las venas,
pero no sé si eso ha sido comprobado alguna vez.

Los tobillos

Nuestro sentido de autonomía, la capacidad de mantenernos nosotros mismos, se muestra a


menudo en la constitución de nuestros tobillos. Aunque en eso también las rodillas desempeñan
un papel, en los tobillos están los puntos en que el cuerpo principalmente se apoya al estar de pie.
Si los tobillos ceden, nosotros nos caemos (o fallamos). Aquí pueden acumularse tensiones
considerables y causar tobillos hinchados o abultados, como también diferentes tipos de lesiones.
Un esguince o incluso un hueso quebrado puede ser adicionalmente la solución que nuestro
cuerpo ha encontrado para liberarnos de una situación indeseable, o tal vez también un castigo
por haber actuado contra nuestra conciencia.

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Los pies

En los pies se reflejan tantos sentimientos y convicciones, que es difícil valorar todos
debidamente.
Conflictos acerca de ser independientes (“estar parado sobre los propios pies”) pueden en este
caso ocasionar problemas. Los pies planos representan tal vez el deseo inconsciente de estar
mejor “conectado con la tierra”, tener más seguridad referente a posición o estatus - una palabra,
que como usted probablemente sepa, viene del verbo “estar de pie”.
Dedos del pie curvados crónicamente hacia abajo, son tal vez un intento de echar pie firme
(consolidarse) en la vida; curvados hacia arriba, en cambio, un intento de sublevarse contra algo
o de librarse de algo. Dedos del pie cruzados uno sobre otro podrían significar arrimarse como
una especie de reacción de miedo.
Existe un método de tratamiento con el nombre de “masajes o terapia de las zonas reflejas de
los pies”, que se basa en la opinión de que en las plantas de los pies hay determinados “puntos
reflejos”, que corresponden a diferentes regiones del cuerpo y órganos. En caso de fallas en las
funciones, los puntos correspondientes reaccionan con un dolor más o menos intenso al
presionarlos. Fisiológicamente, una conexión así parece imposible, y solamente uno de los puntos
– exactamente al medio – forma parte del sistema de acupuntura. Pese a eso – lo puedo
comprobar por experiencia propia - el masaje en esos puntos tiene una influencia decisiva sobre
el cuerpo. Parece no tener ningún sentido, pero funciona. De ese modo, uno se puede sentir mejor
en general, después de un minucioso masaje haciendo presión y amasando, o incluso después de
un largo baño de pies para relajarlos.
Con este capítulo finalizamos la exposición de las regiones del cuerpo por separado. Ésta puede
ser incompleta, pero su objetivo principal es inducirlo a usted a pensar en su cuerpo como el
reflejo de sus pensamientos y sentimientos. Los capítulos siguientes indican cómo usted puede
cambiar “imágenes reflejadas” a las que renunciaría gustoso.

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Tercera parte

Técnicas

72
Capítulo 12

Terapia de pensamiento

En las técnicas de las cuales se hablará en este capítulo, el énfasis está en el trabajo directo con
las ideas que tenemos de nosotros mismos y de nuestra vida y su relación con nuestro estado de
salud. Habrá naturalmente algunas semejanzas con otras técnicas por tratar, pero usted no debe
preocuparse por diferencias sutiles. Mis categorías están elegidas bastante al azar y le darán
solamente una primera base para el estudio y la práctica. En el uso práctico usted probablemente
combinará al fin y al cabo técnicas de diferentes formas de terapia, y así está pensado en realidad.

Solución de conflictos

Usted entretanto se ha enterado que las enfermedades se deben a un conflicto interno, un


conflicto de pensamientos. Una vez que éste está solucionado, el cuerpo comienza a sanarse por
sí mismo. El camino más directo hacia una solución consiste en ocuparse de las ideas
contradictorias y renunciar a una de ellas. La forma más sencilla para realizar esto es cuando una
de las ideas implicadas pertenece a la categoría “debería”. Si a usted, por ejemplo, le da dolor de
cabeza, porque piensa que tiene que hacer una cosa mejor o de otra manera, entonces abandone
esos pensamientos. A veces ya es suficiente con decir simplemente “¿Por qué debería hacer esto
en realidad?” Y si tiene dolores de estómago, porque otros no hacen lo que según su opinión
deberían hacer, entonces dígase a sí mismo “¿Por qué deberían en realidad hacer eso?” y acepte
el hecho de que no lo hagan. Esta técnica se puede aplicar con cualquier conflicto en sus
pensamientos. El prerrequisito es, sin embargo, que usted conozca la esencia del conflicto. Para
aclararla tendrá eventualmente que recurrir, además, a la ayuda de otras técnicas. ¿Suena todo
esto como si fuera más fácil decirlo que hacerlo? Por supuesto es más fácil decirlo que hacerlo.
Todo depende de cuánto interés tiene usted por mejorarse.

Nueva interpretación

Nosotros creamos nuestra propia realidad de muchas maneras. Una de éstas es nuestra
interpretación de los sucesos. Si usted, por ejemplo, es criticado por otros, puede ver en eso una
señal de su propia incapacidad o también un ataque contra el cual tiene que defenderse. Usted
bien puede también interpretar la crítica como falta de comprensión. Cómo usted la interpreta, se
puede expresar claramente en su estado de salud. Mi hijo mostraba una vez señales de una gripe,
después que había perdido un reloj de pulsera. Él interpretaba esa experiencia como una pérdida
grave que enfrentaba desvalido. Con eso se originó una tensión indisoluble. Cuando lo induje a
comprender que sin problemas se podía conseguir un reloj nuevo, y que ese reloj ya estaba
perdido, pero que para reemplazarlo había miles a disposición, él estuvo en condiciones de
interpretar la pérdida como un suceso que no enfrentaba desvalido. Sus síntomas de gripe
desaparecieron dentro de una hora.
En otro caso yo trabajaba con una escritora, que interpretaba el “rechazo” que había tenido por
parte de una revista, como rechazo a su persona, lo que tuvo como consecuencia diferentes
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síntomas de enfermedad. Éstos se curaron cuando induje a la mujer a interpretar el suceso en el
sentido de que la redacción había decidido no usar el artículo, en vez de ver en eso un rechazo.
Las palabras ejercen un enorme poder, porque pueden ocasionar muchos tipos de asociaciones
emocionales. Si usted sabe que sus molestias corporales se deben a un determinado suceso,
entonces examine minuciosamente cuáles palabras utiliza para recordarlo, y si no hay también
otras posibilidades válidas para describirlo, posibilidades que cambiarían su efecto sobre sus
emociones.

Decisión

Aquí estamos frente a un acto de voluntad y a un método de sanación inmensamente efectivo.


La única condición previa es que usted esté comprometido y decidido a sanarse.
Cada vez que dirija sus intenciones a un determinado propósito, usted moviliza todas las
fuentes corporales, mentales y emocionales de ayuda y pone en marcha un movimiento en la
dirección deseada. Usted comienza a atraer sucesos, circunstancias y personas que podrían ser
útiles. Muchas personas, sin embargo, obstaculizan ese flujo por medio de dudas y temores, lo
desvían con intenciones contradictorias y permanentemente cambiantes o por medio de
pensamientos inútiles como “Tal vez deba ser que esté enfermo”.
Médicos han constatado a menudo, que en enfermedades graves, uno de los factores más
importantes para sobrevivir, si bien no el más importante, es la voluntad, la firme intención del
paciente de sanar en cualquier caso. Al respecto quiero comentar, que lo mismo también rige para
un simple resfrío o micosis en los pies. Pueden ocurrir verdaderos milagros cuando la voluntad se
emplea de esa manera. Y para esto no es necesario ningún esfuerzo, ninguna lucha, sólo la
persistente intención de sanar. No el deseo – observe por favor – sino la intención, no “Yo deseo
sanar” o “Espero mucho sanar”, sino “Yo sano”.

Perdonar

¿Está usted sorprendido de ver el hecho de perdonar presentado entre las técnicas de sanación?
Usted estaría equivocado. Perdonar trae consigo una reorganización de nuestras ideas, que
requiere una gran cantidad de experiencia si se quiere que sea eficiente. Una asombrosa cantidad
de personas no sabe lo que significa en realidad perdonar y cómo hacerlo.
Una de las dificultades principales se origina de la confusión entre perdonar y olvidar.
Evidentemente el dicho “perdonar y olvidar” está tan profundamente arraigado en nuestra
cultura, que las dos palabras se intercambian a voluntad, con consecuencias potencialmente
desastrosas. Cuando yo le recomiendo a alguien que perdone a aquellos que lo han herido, a
menudo recibo como respuesta: “¿Espera usted de mí que olvide lo que ellos me han hecho?”
Entonces tengo que explicar que no espero olvido, sino perdón. ¡Perdonar no tiene que ver ni lo
más mínimo con olvidar! Podría ser tonto o incluso peligroso olvidar lo que se nos ha hecho. En
ese caso sería imposible aprender del incidente e impedir o prevenir algo parecido en el futuro.
La mayoría de las personas que creen perdonar, en vez de eso reprimen las dolorosas sensaciones
(que siempre están en el umbral de la comprensión y que también pueden causar dolores
corporales) y tratan de no pensar más en el asunto (lo que rara vez se logra).
“Perdonar algo” significa “renunciar a su derecho a compensación o venganza”. En otras
palabras, renunciamos a una retribución que tendríamos que practicar nosotros mismos, o que
tendrían que practicar otras personas, el destino o un dios justo. Si se renuncia al deseo de

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compensación, disminuye la tensión crónica que habitualmente está ligada a ese deseo, lo que
conduce a un restablecimiento rápido. A veces tenemos naturalmente que poder perdonarnos más
nosotros mismos que perdonar a otros. El sentimiento de culpa (la sensación de que merecemos
castigo) ocasiona igualmente muchas, si no más enfermedades que el resentimiento (la sensación
de que otros merecen castigo). Si se deja de pensar en el castigo, desaparece también la presión
emocional, la tensión muscular y la enfermedad relacionada con esas manifestaciones.
Un segundo problema grande que se puede tener con perdonar, es creer que basta cuando se
dice: “Está bien, te perdono”. Porque perdonar no es hacer declaraciones, sino acciones. La
acción consiste en dejar una forma de pensar habitual. Existe un modo seguro para examinar si
realmente uno se ha perdonado a sí mismo o ha perdonado a otra persona. Si se puede recordar
con todos los detalles un incidente que anteriormente haya ocasionado sentimientos de culpa o de
indignación, sin que afloren tales sentimientos, entonces se ha perdonado.
¿Y cómo se utilizan los métodos de sanación del perdón? Hay dos métodos diferentes – uno
directo y uno indirecto.
El método directo consiste en cambiar el modo de pensar y abandonar la convicción de que
uno mismo u otra persona merece castigo. Éste también se puede incluir en ese sentido en el
último párrafo de este capítulo (cambio directo de creencia). Pero igualmente se lo puede utilizar
en la forma en que cada vez que surja un sentimiento de culpa o de indignación o el recuerdo de
tales sentimientos, uno se diga con determinación: “Yo merezco (o él o ella) ser liberado de
esto”. Entonces se dirige un pensamiento / un sentimiento de amor o de bendición a la persona
respectiva. Haga eso también contra su convicción actual, porque al fin y al cabo usted está
tratando de cambiar esa convicción y lograr liberación. Una de mis alumnas dijo una vez: “Pero
yo no puedo enviarle amor a esa persona en el punto en que estoy”. Yo le expliqué que no era
necesario que fuera de inmediato un gran amor, sino solamente suficiente para echar a andar el
proceso. Después de algunos regateos, ella decidió que sin dificultad podía por lo menos enviar
durante un segundo una pequeña cantidad de amor, una “bola de luz” de un centímetro de
diámetro. Yo le dije que eso era satisfactorio, ya que hasta ahora no había enviado nada en
absoluto, y que debía aumentar la cantidad en cuanto pudiera lograrlo sin problemas. Algunos
meses después ella había avanzado tanto, que podía enviar durante un minuto completo una bola
de casi dos metros de diámetro (en forma de luz rosada), y experimentaba el placer de una
liberación completa.
El método indirecto es la simplicidad misma y ofrece diferentes posibilidades de aplicación.
Consiste en que se planea un castigo, que es lo suficientemente severo como para satisfacer la
convicción de que tiene que haber castigo. Una vez que se ha alcanzado ese grado de castigo,
entonces la consecuencia es automáticamente el perdón (la liberación de la idea de que tiene que
haber castigo). Desgraciadamente el castigo conduciría en el plano físico a querellas, venganzas,
muerte y mutilaciones, como también a venganza emocional en muchas formas. Los resultados
serían casi siempre insatisfactorios. Si uno se castigara a sí mismo de esa forma, las
consecuencias podrían ser lesiones o impedimentos corporales o una larga enfermedad grave, lo
que tampoco sería una solución satisfactoria. Hay personas que han evitado esos problemas por
medio de una especie de castigo substituto llamado “penitencia”. Ésta puede llegar desde decir
algunas oraciones o ayunar, pasando por llevar puesta una camisa con púas, hasta mutilarse a sí
mismo. Sin embargo, la penitencia sólo es efectiva si la persona respectiva cree que ésta es
suficiente para expiar la culpa.
Muchísimo mejor es usar el método indirecto en forma de imaginación. Como la creencia
habitual en la necesidad de un castigo surge del inconsciente o del yo activo, y éste no está en
condiciones de diferenciar entre una experiencia “real” y una experiencia “imaginaria”
convincente, un castigo bien imaginado puede producir la liberación necesaria. Lo bueno en esto
es que se puede aplicar para uno mismo como también para otras personas. De ese modo, usted
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puede, empleando los cinco sentidos, experimentar un conmovedor sueño despierto en colores, en
el cual aquel al que usted le tiene resentimiento, es castigado tan severamente como lo merece
según su opinión. Lo mismo lo puede aplicar en usted, si quiere liberarse de una culpa. Después
de una experiencia así, dígase a sí mismo: “Eso está concluido. Él / ella está (yo estoy)
suficientemente castigado. Ahora es posible el perdón”. Si posteriormente todavía surge un
sentimiento de resentimiento o de culpa, entonces acuérdese de la escena del castigo y dígase a sí
mismo, que ya se ha saldado la cuenta.
La principal objeción que se le hace al método descrito, viene de personas que temen que ese
tipo de pensamientos pudiera causarle daños a la otra persona (que según su opinión bien merece
castigo, pero que no pensarían ni en sueños realizar ese castigo ellas mismas), o que con eso
probablemente atraerían sobre sí mismas algo parecido. A esas personas tengo que decirles que
ellas no son tan parecidas a Dios, como para que pudieran dañar a otros con algunos
pensamientos. Por suerte todos nosotros poseemos una protección espiritual contra los
pensamientos de otras personas, ya que de lo contrario este planeta estaría rápidamente
despoblado. Por lo demás, no son sucesos únicos imaginados los que influencian nuestra
existencia física, sino pensamientos repetidos y concentrados. Pero un solo castigo imaginado
intensamente debería ser suficiente para nuestro objetivo. Yo no recomiendo realizar tales
sesiones diariamente. Se trata solamente de convencer a nuestro yo activo de que la experiencia
ha sido suficiente “real” para ser efectiva, es decir, que el castigo ha bastado para producir
perdón. Utilizado con sentido común, este método es inofensivo y muy útil.
Quiero mostrar su efecto con un ejemplo. Un hombre que me visitó, tenía molestias corporales
que tenían relación con un sentimiento de culpa por algunos robos relativamente insignificantes
que había cometido cuando era joven. Él mostraba interés en el método indirecto de perdón, y
entonces creamos un sueño despierto muy detallado, en el cual él era puesto ante el tribunal (y
por alguna razón, ante un tribunal del siglo 19). Un funcionario leyó la lista de sus delitos y él
fue condenado a treinta latigazos. Fue amarrado a un poste, le desnudaron la espalda y se
contaron los azotes. El sueño despierto era tan intenso, que el hombre de hecho se estremecía
cada vez que era golpeado por el látigo imaginario. Después que había terminado el castigo, el
funcionario clavó en el poste una publicación con el siguiente contenido: “Este hombre ha
recibido el castigo que merecía por su delito. Él está por eso completamente perdonado y es libre
de irse”. El hombre contó después de una enorme sensación de alivio y de desbordante confianza
que ahora estaba libre de la culpa que lo había atormentado durante años. Lo último que escuché
de él fue la noticia de que estaba completamente sano.

Inspiración por medio de la lectura

Si leemos algo que nos fascina, cambiamos automáticamente a un estado modificado de


consciencia que se parece a una meditación. En ese estado el yo activo está también más
accesible para sugestiones, como lo atestiguan sentimientos que pueden surgir al leer un pasaje
especialmente conmovedor. Por esa razón, leer puede ser utilizado para integrar en nuestro patrón
de pensamiento, nuevas ideas que promueven la salud.
Pero tenemos que realizar eso de la manera correcta, si se quiere tener un verdadero efecto. Por
eso, por ejemplo, no basta la lectura de un libro de una sola vez, por muy interesante que pudiera
ser, para cambiar patrones de conducta arraigados, si las ideas expresadas en el libro difieren
substancialmente de nuestra manera habitual de pensar. Para lograr el mayor efecto posible,
usted debería elegir libros con ideas inspiradoras en las que desea creer, y empapar la
consciencia de su cuerpo con esas ideas, por medio de la lectura frecuente de libros de un tipo

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similar. No quiero ser tan arrogante como para elegir su lectura por usted, pero recomendaría
libros que ponen el énfasis en el autoconocimiento y en las fuerzas curativas propias del ser
humano, como también aquellos libros que le dan a usted la sensación de crecimiento espiritual.
El grado de efectividad de su lectura, es decir, la medida en que éste se expresa en un cambio de
sus convicciones, se eleva si usted hace antes un ejercicio de relajamiento, como está descrito en
el capítulo 3.

Cambio directo de programación

El método más directo para integrar una nueva convicción (entendiendo por eso que inducimos
a la consciencia de nuestro cuerpo a aceptarla y a actuar de acuerdo con ésta) consiste en
formularla en una única frase sencilla y programar esa frase en nuestro sistema de creencia.
Mientras más básica sea la afirmación de una frase de creencia de ese tipo, más amplios serán
sus efectos. Por eso ésta tiene que ser elegida con esmero y se debería tener la seguridad que se
quiere vivir con ella. Si usted, por ejemplo, está permanente o frecuentemente enfermo, podría
desear una frase de creencia como “Yo estoy siempre sano”. Sin embargo, tenga en claro que eso
también significa que usted renuncia a todas las ventajas que la enfermedad tal vez ha traído
consigo, como por ejemplo, liberación del trabajo o de la escuela, que lo cuiden y lo
compadezcan. Quizás empiece mejor con algo menos básico, algo más sencillo, para fortalecer su
confianza en el proceso, como por ejemplo, “Yo estoy inmune contra los resfríos (o gripe o
picada de mosquitos)”. Yo he elegido ese método, con excelentes resultados. Tan sólo después he
intentado la afirmación más amplia. En general usted querrá elegir una frase de creencia que
parezca contradecir un hecho evidente de su vida. El prerrequisito para un cambio es que usted
crea en la posibilidad de cambiar con eso su experiencia de vida, que cambie su convicción.
Proceda como sigue:

1. Relájese corporalmente y póngase cómodo.


2. Recuerde que todos los hechos en la vida no son otra cosa que juicios sobre la realidad y que
usted está en condiciones de cambiar desde ahora sus juicios y con éstos su realidad.
3. Haga como si hubiera olvidado todo lo que han sido sus convicciones en relación con el
objeto del que ahora quiere ocuparse.
4. Repita la nueva frase de creencia durante no menos de cinco minutos y no más de diez.
5. Si es necesario mantenga su concentración sobre el objeto de su elección, imaginándose los
efectos de la nueva frase de creencia.
6. Déjese llevar por su entusiasmo, para darle fuerza a su programación.
7. Termine la sesión y pase a su rutina normal.

Usted debería realizar por lo menos una vez al día una de estas sesiones y también continuar
cuando comience a percibir un cambio en sus experiencias, hasta que la nueva frase de creencia
se haya convertido en un “hecho” en su vida.

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Capítulo 13

Terapia visual

Las técnicas descritas en este capítulo se basan principalmente en la imaginación, como un


medio para aliviar molestias, investigar la causa de problemas de salud o también para cambiar
indirectamente actitudes y patrones de creencia.

Substitución directa por medio


de imaginaciones gráficas

Si usted está bien familiarizado con los ejercicios del capítulo 2 o si su capacidad de
imaginación ya está bien desarrollada, entonces esta técnica debería serle bastante fácil. También
el efecto de reproducción descrito en el capítulo sobre concentración tiene aquí aplicación. En el
fondo se trata de que usted crea una imagen completa o parcial de sí mismo, y por cierto una
imagen en la que esté bien y saludable.
Lo más sencillo consiste en imaginarse salud donde ahora hay enfermedad. Suponga, por
ejemplo, que tiene un dedo pulgar o un órgano interno lesionado que hay que sanar. Todo lo que
necesita hacer es imaginarse la parte afectada de su cuerpo como ya sanada y seguirse
concentrando en esa imagen, sea como sea la condición momentánea. Detrás está la idea de que
esa imagen debe servirle como punto de partida a la consciencia del cuerpo y ayudarle a hacer
realidad más rápidamente el estado deseado. Desgraciadamente muchas personas tienen
dificultades con este método, a causa del gran contraste que hay entre la imaginación y el estado
inicial. Otro método a menudo más efectivo es la técnica “ver y ser”, como yo la llamo. Ésta
hace uso tanto de la imaginación gráfica como también de la pantomímica. Primero usted se
hace una imagen mental de su condición corporal después de una sanación completa. Luego haga
aparecer en el espacio ante usted una imagen tridimensional de la parte de su cuerpo o también de
todo el cuerpo (exterior o interior) y traslade esa imagen a su cuerpo, donde “coexista” con la
parte correspondiente que necesita sanación. Repita este proceso de cinco a diez minutos y al
hacerlo movilice todos los pensamientos de deseos que pueda reunir, para que el cuerpo se haga
cargo de la imagen y comience a formar nuevas células de acuerdo al modelo sano. Utilice esta
técnica hasta la sanación, por lo menos una vez diaria, independiente de otros eventuales métodos
de tratamiento.
Un tercer método que promete éxito en caso de molestias externas, consiste en concentrar toda
la atención sobre una parte sana del cuerpo y luego dirigirla a la parte enferma, mientras se le
sugiere al cuerpo que utilice la parte sana como ejemplo para la sanación. Genere sensaciones
de alegría, de éxito y de agradecimiento mientras se concentra en la parte sana del cuerpo y trate
de mantener esas sensaciones cuando se dirija a la parte enferma. Este proceso probablemente le
resultará más fácil si puede utilizar como ejemplo la parte correspondiente del otro lado del
cuerpo. Eventualmente también es recomendable cubrir la parte enferma. De ese modo le resulta
más fácil imaginársela tan sana como la parte sana correspondiente. Yo mismo tengo mucho
éxito con esta técnica en casos de erupciones de herpes en la boca. Yo miro en el espejo y cubro
la erupción con la mano, de modo que pueda concentrarme en la parte sana de mi labio.
Naturalmente se obtienen los mejores resultados cuando se realiza este tratamiento en cuanto

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aparecen las primeras señales de la erupción. Ésta es causada muchas veces por medio de una
réplica reprimida a la crítica, y yo reduzco tensión en forma adicional, maldiciendo mentalmente
a los que me critican, y cuando estoy solo también en voz alta. Usted no debe sentirse
comprometido a mantenerse exclusivamente en una forma de terapia, si se pueden utilizar varias
combinadas.

Acción simbólica

Esta muy creativa técnica hace uso de la tendencia natural del yo activo a interpretar el
simbolismo muy literalmente y a reaccionar ante éste de acuerdo con eso. Partiendo de la base de
cómo se sienten las molestias, uno se hace la idea gráfica correspondiente y la utiliza como
punto de partida para un cambio de la condición. Con este método he ayudado a personas a
lograr resultados asombrosos. Algunos ejemplos aclararán esto.
Una mujer se quejaba que en su círculo de acción profesional le dolía el tórax como si
estuviera bajo presión. Yo le pedí que expresara por medio de una imagen, de qué tipo de presión
se trataba. Ella dio la imagen de cajones de libros que estaban amontonados sobre su pecho.
“Pues bien”, dije yo, “entonces imagínese que algunos amigos fuertes pasan por ahí y bajan las
cajas. ¿Cómo se siente ahora?” Ella respondió muy sorprendida, que la presión había
desaparecido y que nunca antes había sentido un alivio tan inmediato. Su imagen fue una
excepcionalmente adecuada, ya que nosotros pudimos imaginarnos que abríamos los cajones y
mirábamos los libros. Eso le dio a ella un punto de partida para saber qué había causado la
presión.
Otra mujer tenía una grave erupción cutánea en la nalga, que de tiempo en tiempo aparecía en
conexión con determinadas situaciones especialmente cargadas emocionalmente. Ella justamente
tenía una de esas erupciones cuando me visitó, y entonces yo le pedí que expresara en forma de
imagen cómo se sentía ésta, pero ella veía solamente las feas protuberancias (que dicho sea de
paso, no vi jamás). Casualmente supe que su pasatiempo era modelar. Por eso le propuse que se
imaginara que su cuerpo era una figura de greda y que ella emparejaría las protuberancias. Fue
cosa de minutos y la erupción había disminuido. Después nos dedicamos a trabajar en su patrón
de creencias referente a confianza y seguridad. Hoy la erupción pertenece al pasado. Mi mujer
llegó una tarde muerta de cansancio del trabajo. Yo le propuse que se imaginara justo sobre su
cabeza, una bola brillante de energía, de la que colgara un grueso cable de corriente, y la induje
entonces a enchufar ese cable en un enchufe en su sien derecha. En menos de un minuto ella se
sintió “nuevamente cargada”.
Esos ejemplos dan la impresión de que con este método se pueden obtener resultados
rápidamente, y en la mayoría de los casos eso es cierto. Sin embargo, a veces hay que prolongar
por mucho tiempo la acción imaginaria, antes de estar liberado de las molestias. Una vez yo tenía
fuertes dolores en el brazo. Se sentía como si entrara un cuchillo. Entonces saqué el cuchillo.
Pero como no se mostraba ningún alivio inmediato, tuve que tirar el cuchillo varias veces hacia
fuera, antes de que el dolor hubiera desaparecido por completo. Lo tiraba cada vez, y si el dolor
todavía estaba allí, me imaginaba de nuevo el cuchillo en mi brazo y lo tiraba otra vez hacia
fuera. En otra ocasión (esto fue hace años) contraje desgraciadamente una gripe. Pero dentro de
dos días estaba nuevamente rebosante de salud. El tiempo que estuve en cama lo pasé
imaginándome un equipo de médicos del futuro, que mantenía un aparato para tratamientos
dirigido a mi pecho, con lo cual penetraba en mí una radiación curativa. Esa fue la última vez que
tuve gripe.

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Como puede darse cuenta por las descripciones, se puede trabajar, o con la imagen que se nos
insinúa a través de los dolores o de las molestias, o también con una inventada que se adapte a la
situación.
Existe también otro tipo de acción simbólica, con el que nos imaginamos que nosotros mismos
penetramos en miniatura en nuestro cuerpo o penetran otras personas, y allí practicamos los
trabajos necesarios de reconstrucción y reparación de todo tipo. Hace algún tiempo se exhibió en
los cines una película - creo que se llamaba “Viaje fantástico” – en la cual un equipo de médicos
fue reducido de tamaño en un submarino de tal manera, que pudo penetrar en el torrente
sanguíneo de un paciente y de ese modo dirigirse a una parte donde pudo disolver un coágulo
con ayuda de rayos Laser. Algo de ese tipo podría entregar un excelente trasfondo para sus
propios tratamientos de curación simbólicos. Sin embargo, tenga presente que el objetivo es la
disminución de tensiones y la sanación. Me acuerdo de un programa de televisión en el que una
psiquiatra trataba de sanarse a sí misma de una enfermedad mortal, con una combinación de
medicina e imaginación. Ella visualizaba una célula como una tropa acorralada, que era rodeada
y atacada por indios, donde los indios representaban a la enfermedad. Después visualizaba un
medicamento como unidad de caballería que venía en ayuda y que exterminaba a los indios. Es
triste decirlo, pero el intento no tuvo éxito. Aparte de que se trataba solamente de una historia de
televisión, deseo hacer notar que esa acción imaginaria, ya por su tipo, contrarrestaría a una
sanación. En un caso así en la vida real, yo habría recomendado visualizar el medicamento como
un excelente pacifista, que con su poder de convencimiento pone fin al combate y logra tal
armonía entre los indios y la tropa acorralada, que éstos pueden separarse amistosamente. Todo
ese concepto de combate contra una enfermedad, a menudo solamente ocasiona mayores
tensiones y nuevos problemas.

Modificación de sueños

Se trata de un tipo bastante especial de terapia de símbolos, que puede conducir a una
restauración de la forma de pensar en que se basa una enfermedad. Está pensada principalmente
para el trabajo con sueños en el que aparecen conflictos sin resolver, sueños como los que pueden
presentarse en el transcurso de enfermedades de todo tipo. También forman parte de éstos las
pesadillas. Tales sueños, muy probablemente corresponden en forma simbólica a conflictos
mentales y emocionales.
Con esta técnica es necesario primero acordarse del sueño. Después se lo repite en forma
consiente como sueño despierto, haciendo todas las modificaciones que parecen adecuadas para
convertirlo en una experiencia exitosa y satisfactoria. Una gran ventaja de esta técnica es que no
es necesario enterarse conscientemente de lo que significan los símbolos del sueño (aunque eso
frecuentemente quedará claro de todos modos). Es suficiente que el yo activo conozca su
significado. A través de reconstruir el sueño con otros esquemas, uno se entera del estado actual
de sus convicciones y sensaciones y realiza cambios necesarios. Si están en juego convicciones
arraigadas, esto puede resultar más difícil que lo que parece.
Deseo relatar como ejemplo, el caso de una muchacha que en una pesadilla fue arrojada,
encadenada de manos y pies, en la parte de atrás de una limusina negra grande, después de lo
cual, dos hombres musculosos vestidos de negro se fueron con ella. Ella en el sueño se sentía
desamparada y con mucho miedo. Yo le propuse que se imaginara que rompía las cadenas, que
golpeaba las cabezas de los hombres una contra la otra, que arrojaba a los hombres del auto, que
se sentaba ella misma al volante y que se iba. Es evidente que una nueva versión así tendría
efectos favorables sobre su fe en las propias capacidades y en su sentido de seguridad y

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autoestima. Sin embargo, necesitó tres meses para estar en condiciones de imaginarse ese
desarrollo del suceso. La razón es, que incluso nuestra capacidad de imaginación es restringida
por nuestras convicciones. Mi sugerencia abrió nuevas posibilidades para ella, pero le costó un
esfuerzo considerable hacer uso de ésta. Usted tal vez no tendrá problemas tan grandes. (Los de
ella eran inusuales). En todo caso no vacile en poner empeño.

El jardín interior

Esta técnica se parece mucho a la de la modificación de sueños. En realidad solamente se


diferencia de esa, en que se trabaja con ideas inducidas en forma consciente. El tema es un jardín
según su deseo. Habitualmente se procede deseando simplemente imaginarse un jardín que
represente el propio estado de ánimo y mental, y luego se deja que el yo activo lo haga aparecer
espontáneamente. También podríamos crear conscientemente un jardín que nos guste. En todo
caso existirán elementos espontáneos con los que podemos trabajar. Cosas en las que usted en su
jardín debe poner atención y que eventualmente tienen que ser mejoradas son, la composición del
suelo, limpieza del agua (su jardín necesita aprovisionamiento de agua), mucha maleza, zarzas
espesas o cualquier otra vegetación indeseable, el estado de edificaciones o de cercos y muros
que eventualmente existan, la actitud de personas o animales que tal vez permanecen o entran en
su jardín, y por fin también el tiempo atmosférico. Al “poner en orden” su jardín interior, usted
puede superar simbólicamente tensiones mentales y emocionales, que están relacionadas con su
estado de salud y otras circunstancias de vida. Ese jardín suyo, usted lo puede examinar de
tiempo en tiempo, como medio de supervisión de sus reacciones inconscientes ante sucesos y
circunstancias.

Los dos círculos

Esta técnica tan sencilla, pero a menudo extraordinariamente efectiva, persigue el objetivo de
aclarar el origen mental o emocional de un determinado problema de salud (u otros). Usted dibuja
en su imaginación un círculo y coloca en él la imagen de la enfermedad o del problema, sobre
la/el cual desea tener información, como por ejemplo, dolores de garganta, un tumor u otra cosa.
Después coloca un segundo círculo al lado izquierdo del círculo y se dice a sí mismo:
“Muéstrame la causa”. En el segundo círculo se mostrará entonces alguna imagen o quizá
también palabras, que están en relación directa con el problema. Pero le corresponde al yo
consciente establecer la relación entre la imagen o las palabras y el problema. Si parece no existir
ningún tipo de relación, eso proviene de que uno no quiere verlo. A veces el significado también
podría ser uno simbólico que se nos escapa. En tal caso se dice simplemente: “Muéstramelo de
otra manera” y se deja que aparezca una nueva imagen. Las informaciones obtenidas de esa
manera pueden, si es necesario, servir como base para el trabajo con ayuda de otras técnicas.

El sol que desciende

Esta técnica es una de las numerosas variantes para enfocar energía curativa en una
determinada parte o también en todo el cuerpo. Usted se imagina primero el sol como una bola de
una energía dinámica extraordinariamente fuerte, siente claramente la brillante luz y el calor que
salen de ésta, y le atribuye un gran poder de sanación. Después achique la bola o forme con una
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parte de la energía, una bola de treinta centímetros de diámetro aproximadamente, que flota
sobre su cabeza. Bien lentamente hágala descender sobre su cabeza y penetrar en su cuerpo,
visualizando su fuerza y su energía curativa, y sane con eso todo su cuerpo o concentre la
energía curativa sobre una determinada parte de su cuerpo. Tómese para esto de cinco a veinte
minutos de tiempo, según su capacidad de concentración. Luego imagínese que está sanado,
agradezca por eso, y deje que la luz fluya de regreso al sol, hasta que usted necesite nuevamente
energía curativa.

Imaginación de colores

El cuerpo, la mente y las emociones reaccionan a los colores de un modo muy determinado,
aunque de manera sutil. Ante colores imaginados usted reacciona incluso más rápido. Tengo la
sospecha de que eso tiene mucho que ver con la intención que está detrás de la imaginación. Sea
como sea, la imaginación de colores es un método de sanación muy útil y eficiente.
Se ha escrito mucho sobre el efecto curativo de los diferentes colores, y no todos los autores
concuerdan. A continuación deseo entregarle los resultados de los tests de un estudio de un año,
en el que participaron de diez a quince personas. Se presentan solamente efectos sobre los cuales
no existieron diferencias de opiniones.

Rojo: altamente fortalecedor y estimulante, a veces hasta sensaciones sexuales.


Rosado: estimulante, relajante y dilatador, de un modo mucho más suave.
Anaranjado: muy fortalecedor, especialmente referente a los músculos, tiene la tendencia a
estimular la actividad corporal.
Amarillo: en general dilatador, sensaciones de alegría y de hilaridad.
Dorado: en general rejuvenecedor y muy fortalecedor.
Verde: en general tranquilizante y dilatador.
Azul: muy tranquilizante, con una fuerte tendencia a la limitación y al enfoque.
Violeta: de un modo sutil, tranquilizante y “difícil de describir”.

Descubrimos que el rosado, el dorado y el azul son los más fáciles de utilizar con fines de
sanación en general. El rosado parece producir su mejor efecto en caso de tensiones producidas
por el miedo, en caso de cansancio, como también para la estimulación de la actividad hormonal
y la restauración. El azul parece producir su mejor efecto en caso de tensiones por enojo, en caso
de infecciones, como también en caso de hinchazones y para bajar la fiebre. El dorado es un
color para todo objetivo, y se puede aplicar cuando existe duda si el rosado o el azul es más
apropiado.
¿Pero cómo se utilizan los colores? Una manera muy eficiente es la llamada “respirar color”.
Uno se imagina que está envuelto en una nube del color deseado y respira profundo, de manera
que el color llene los pulmones y fluya a través de todo el cuerpo o hacia una parte determinada
del cuerpo. Mi esposa y yo trabajábamos una noche hasta tarde en un proyecto determinado y
poco a poco nos pusimos demasiado soñolientos como para poder continuar. Entonces yo
propuse que deberíamos los dos “respirar rosado”. Después de algunos minutos estábamos bien
despiertos y pudimos seguir con nuestro trabajo hasta el final. Mucho más tarde, cuando ambos
estábamos acostados en la cama, nos preguntamos por qué no podíamos dormir, hasta que de
pronto me acordé que habíamos “respirado rosado”. Por eso propuse que entonces “respiráramos
azul”. Los dos nos quedamos dormidos mientras lo hacíamos.

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Otro método muy sencillo consiste en visualizar el color elegido como una luz, que alumbra
directamente sobre la parte a sanar o penetra en ella. La luz puede en este caso adoptar cualquier
forma que queramos darle. Puede ser una bola, un rayo o una nube suave. Para sanaciones en el
interior del cuerpo, a veces puede ser más sencillo imaginarse primero la luz fuera del cuerpo y
luego hacerla penetrar en él, donde se necesita.

Ángeles sanadores

A mí personalmente me gusta la idea de los ángeles, pero algunos prefieren denominar como
“acompañantes en la sanación”, “consejeros de sanación” o “médicos imaginarios” a las figuras
imaginarias que se utilizan en esta técnica de sanación. En todo caso se creará, en forma
espontánea o consciente, un ayudante imaginario, como personificación del conocimiento y de la
capacidad para sanar que llevamos en nosotros. De esa manera se pueden hacer utilizables
informaciones y conocimientos intuitivos, que de otro modo tal vez estarían bloqueados por
medio de exclusión consciente.
También en este caso existen muchas diferentes formas de proceder. Quiero darle a conocer dos
sencillos métodos que se basan en la imaginación gráfica o pantomímica.
En el primer caso usted simplemente visualiza un cuarto agradable que amuebla como quiera.
Puede ser una oficina, una biblioteca, un cuarto de trabajo o una habitación confortable. Coloque
en algún lugar un botón con una etiqueta que diga “consejero de sanación” u otra cosa que a
usted le guste más. Usted presiona el botón, la puerta se abre y usted ve quién entra. Puede ser
cualquier persona - alguien que usted conoce, o alguien que jamás ha visto -, pero usted puede
confiar en que ésta sabe exactamente lo que a usted le falta y lo que hay que hacer para remediar
la situación. Usted sólo necesita preguntar y escuchar las respuestas, que tal vez quiera anotar en
una “verdadera” hoja de papel. También es posible que la persona que entra, por uno u otro
motivo a usted no le agrade. En tal caso, la puede “despedir de su servicio” y apretar el botón
para otro intento. Si no entra nadie, lo que rara vez ocurre, usted tiene que crear conscientemente
una imagen de acuerdo con su concepto ideal de un ayudante de ese tipo. Usted también puede
instalar en su cuarto imaginario una mesa de tratamiento imaginaria, y hacerse tratar ahí mismo,
lo que produce muy buenos efectos en el cuerpo.
En el caso de la imaginación pantomímica, usted procede más o menos de la misma manera, a
excepción de que visualiza al ayudante en su entorno real, sentado en una silla verdadera y
hablando con usted. Tal vez se imagine también un tratamiento de sanación, tal como si él
estuviera realmente presente. Todo esto es muchísimo más que un simple ejercicio de
imaginación, como lo constatará usted mismo cuando domine la técnica. El conocimiento que le
es transmitido de este modo puede ser de un enorme valor en la práctica, y los tratamientos de
sanación producirán resultados verdaderos en el plano corporal. Usted será más eficiente,
mientras más vívidas pueda formar sus imaginaciones. Sin embargo, retenga en alguna parte de
su cabeza que estas experiencias son su propia creación, y que el conocimiento adquirido de esa
manera y las sanaciones se realizan por medio del trabajo en conjunto con su yo activo y su yo
creativo.

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Capítulo 14

Terapia verbal

La terapia verbal pone el énfasis en el efecto de las palabras sobre la mente, el cuerpo y las
emociones. Casi siempre es aplicada en conexión con otras terapias (aunque el terapeuta no
siempre está consciente de eso), pero existe una serie de técnicas en las cuales la terapia verbal
es la herramienta principal. Que las palabras tienen poder, es uno de los conocimientos más
antiguos de la humanidad. Por lo menos así parece. Ya muy antiguamente se hizo evidente que la
pura pronunciación de determinadas palabras parece producir cambios en la forma de sentir, de
pensar, de actuar, en el estado de salud y en los sucesos. En muchos casos eso se atribuía a una
misteriosa cualidad “mágica” de las palabras mismas. De ese modo se originaron leyendas en
relación con palabras y frases secretas especiales, que le otorgaban un gran poder al que disponía
de ellas. Sólo se trataba de descubrirlas. Y las personas experimentaban; buscaban, enseñaban y
pretendían tener conocimiento exclusivo de un amplio espectro de conjuros, fórmulas y cantos
mágicos, de mantras y “palabras mágicas”.
Mucho de eso parece no tener sentido, y mucho efectivamente no tiene sentido. Sin embargo, a
menudo se han obtenido impresionantes resultados, ya que detrás de lo sin sentido hay algunas
verdades muy significativas. La primera de esas verdades incluye que las palabras no solamente
son símbolos de ideas, sino también pueden ser símbolos de intenciones. Como usted se acordará
del capítulo 12, una intención adquiere un gran poder cuando detrás de ella hay decisión. Las
intenciones pueden existir sin que sean expresadas con palabras, pero las palabras sirven para
fortalecerlas y enfocarlas, lo que a su vez hace aumentar su efecto. Como usted también sabe,
algunas palabras o combinaciones de palabras parecen ejercer un fuerte efecto emocional, porque
estimulan asociaciones de ideas muy cargadas emocionalmente. No es que las expresiones o las
palabras mismas tengan poder – ya que éstas son sólo símbolos -, el poder sale de las ideas que
éstas representan.
Otra verdad dice que el sonido es energía, y que determinadas combinaciones de sonidos,
incluso en forma de palabras, pueden tener determinados efectos curativos sobre nuestro mundo
emotivo y nuestro organismo. Con este breve trasfondo pasaremos ahora a la exposición de las
técnicas.

Orden directa

¿Ha sido usted criticado alguna vez porque conversaba consigo mismo? Aprenda a reírse de
tales críticas. Las conversaciones consigo mismo son costumbres venerables entre las personas
que tienen la necesidad de prepararse mental, corporal y emocionalmente para una tarea venidera.
Se habla entonces de que éstas “se preparan psíquicamente”. Deportistas, directores, docentes y
políticos utilizan ese método para estimular y enfocar sus energías. He escuchado que John F.
Kennedy tenía la costumbre de decirse a sí mismo “¡Sigue, sigue, sigue!”, para poder mantener la
enorme velocidad que se había fijado para su trabajo, y uno que otro dice “tranquilízate”, cuando
siente que está a punto de perder la paciencia. Se hace eso porque funciona; y la razón de que

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funciona es que la consciencia del cuerpo a menudo reacciona de manera impresionante a las
órdenes enérgicas.
Quiero dejar en claro que hago diferencia entre autosugestión (que se tratará en el próximo
párrafo) y una orden que uno mismo se imparte. La orden directa no es ni una sugestión ni una
mera declaración. Con seguridad éstas últimas también tienen su legitimidad, pero el proceso es
otro.
De una orden directa que uno mismo se da, se espera que sea efectuada. En sentido estricto,
uno le da órdenes a su subconsciente, a su cuerpo o a partes de su cuerpo. Se podría decir, por
ejemplo: “¡Tranquilízate por completo!” o “¡Relaja esos músculos!” o “¡Sánate a ti mismo!” o
“¡Reduce esa presión!” o “¡Supera esa infección!” o lo que sea apropiado. Uno se puede hablar a
sí mismo como una totalidad o también a un dedo del pie, al estómago o a un músculo
determinado. No se detenga con especulaciones filosóficas, acerca de si su dedo del pie
comprende lo que usted dice. Su atención dirigida al dedo del pie guía su energía, y su intención
es traducida por su yo activo a un “idioma” que su dedo del pie puede comprender.
Como ya dije, los resultados pueden ser impresionantes, pero tengo la sospecha de que ese
método produce su mejor efecto en aquellos que alguna vez en su vida han sido educados para
obedecer órdenes y que disponen de suficiente autoestima. Tal vez no sea tan efectivo en
personas que se rebelan contra toda autoridad y en aquellas que tienen tan poca autoestima, que
según su opinión no son dignos de que se les escuche – lo que después ellos mismos no hacen.

Autosugestión

La autosugestión o autoinfluencia es un método más suave que el de la orden directa. Consiste


en que se repiten sugestiones, declaraciones o afirmaciones sugestivas, hasta que la consciencia
del cuerpo comienza a actuar de acuerdo con éstas. Esto es en el fondo simplemente la inversión
de un proceso ampliamente difundido, que tal vez también ocurra en su vida diaria, cuando usted
mismo se sugiere una enfermedad o se la sugiere otra persona. Si usted, por ejemplo, se designa
frecuentemente como enfermo, débil, cansado o propenso a enfermedades, eso actúa como
autosugestión, que causa enfermedad o impide la autosanación natural. Si usted escucha las
sugestiones perjudiciales para la salud que le dicen otras personas, sin contradecir interiormente,
eso puede ser igual de malo e incluso más malo. No me lo tome a mal si ahora le cuento una
historia sobre este tema, que tal vez ya haya escuchado: Algunos alumnos de un curso de
psicología de una escuela superior decidieron realizar un experimento con una amiga. El primero
de ellos que se encontró con la muchacha en la mañana le dijo que no se veía bien, aunque ella,
según su propia declaración, se sentía bien. Se agregó el segundo y le preguntó si ella estaba
enferma o si algo no andaba bien, lo que ella negó. Cuando otros más le expresaron lo mismo, la
pobre muchacha aceptó por fin sus sugestiones, se enfermó efectivamente y tuvo que irse a la
casa. Una “anulación” mental de esas sugestiones y la confirmación de la salud y el bienestar
habrían impedido ese efecto. Normalmente no nos encontramos con ningún ataque tan intenso de
sugestiones negativas, pero también las sugestiones pequeñas, a las que continuamente estamos
expuestos, bastan para que sea recomendable mantener en la memoria el método de una
autosugestión saludable como antídoto útil.
Las sugestiones mismas pueden, de acuerdo a lo que se dijo en el capítulo sobre afirmación
sugestiva, ser elegidas, teniendo que considerar, como se mencionó anteriormente, que pueden
ser dirigidas tanto a determinadas partes del cuerpo como también al ser completo.

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Rimas y “transformación” de canciones

La poesía era considerada por los griegos de la antigüedad como algo tan especial, que tenían
una diosa para ésta. Una de las razones era que la poesía, según consideraban, tiene un acceso
más directo y rápido al alma (al inconsciente) que la prosa o que el lenguaje habitual. Por alguna
misteriosa razón, la poesía podía ejercer un efecto profundo en la vida sentimental y también
permanecía más fácilmente adherida a la memoria. En una serie completa de culturas, los
encargados de la sanación descubrieron que las sugestiones de sanación producían muy buenos
resultados cuando se efectuaban en forma de cantos con rima. De vez en cuando, esos cantos eran
dirigidos a dioses y espíritus, pero también el inconsciente del enfermo lo grababa y lo mantenía
en la memoria.
No existe ninguna necesidad de salir en búsqueda de canciones curativas especiales de algún
país lejano, ya que no son tanto las palabras como más bien el ritmo de la rima, de donde sale el
efecto. Usted solamente necesita inventar una rima propia con un contenido curativo, y de ese
modo encontrará una forma de autosugestión que es apropiada para penetrar profundamente en su
inconsciente y permanecer adherida allí. Aquí hay dos, para estimular su creatividad:

A través de mí fluye la energía vital,


que libra a mi cuerpo de todo mal.

Como el sentir y el querer


penetran en mí fuertemente.
voy a lograr
la sanación total seguramente.

Por supuesto usted puede reemplazar la palabra “cuerpo” por la denominación de una parte del
cuerpo, órgano, etc.
No solamente las rimas muestran la tendencia a permanecer adheridas en nuestra memoria, sino
también determinadas melodías. Algunas firmas dedican una gran cantidad de dinero al
desarrollo de una “melodía pegajosa”, a la que después simplemente le agregan un texto de
propaganda para una bebida sin alcohol de su marca, para pollos, o lo que sea que vendan.
Algunas de esas melodías están tan bien hechas, que los niños pequeños las aprenden más
rápidamente que las materias de la escuela. Yo le recomendaría sacarle provecho a ese hecho.
Usted puede reemplazar los textos de la “lírica pegajosa” por sus propias afirmaciones sugestivas
y de ese modo poner en marcha un acondicionamiento que promueve la salud. En ese caso no es
necesario que su texto rime, ya que la melodía contribuye al ritmo. Una frase sencilla como
“Ahora me mejoro” puede combinarse con cualquier melodía que le entre fácilmente. La
constante repetición de una frase única de ese tipo, acompañada con una melodía pegajosa,
puede ser muy efectiva.
Existe todavía otra posibilidad de utilización, que se diferencia solamente poco de la descrita.
En este caso aproveche su sensibilidad inconsciente para toda la música que escucha. Usted
reemplaza el texto de canciones que escucha de discos, cassettes, radio etc., por su afirmación.
Una buena ocasión para esto se le presenta mientras está sentado en el auto, cuando está parado

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en una fila en alguna parte o cuando sea y donde sea que penetre música en sus oídos y usted
tenga tiempo.

El enfoque de cinco minutos

Este método se parece a la técnica descrita en el capítulo 12, para la modificación de patrones
de creencia, con la diferencia que con el enfoque de cinco minutos hacemos uso claramente del
efecto de reproducción de la concentración, al programar un cambio del estado corporal. Usted
hace una afirmación que corresponde al estado deseado, y ésta tiene que ser formulada como si
ese estado ya fuera un hecho. Usted repite esa afirmación durante cinco minutos. La puede
reforzar si se imagina el nuevo estado y siente la alegría correspondiente. También con este
método usted comienza la sesión teniendo presente que usted mismo crea su propia realidad, y
haciendo como si existiera únicamente el momento presente todavía no formado. Usted
probablemente estará tentado de combinar en una sola sesión la técnica para la modificación de
patrones de creencias con la recién descrita, pero yo recomiendo mantenerlas separadas. De ese
modo logrará mejores resultados.

Repetición de sonidos

Algunas personas hablarían de canto en este caso, pero yo prefiero limitar esa designación a
repetición de palabras y frases, que en primer lugar tienen el objetivo de programar
informaciones en nuestro inconsciente. Para la repetición de sonidos, que pueden tener, aunque
no necesariamente, la forma de palabras y frases reconocibles y un significado, y que claramente
tienen un efecto terapéutico, deseo usar la expresión “repetición de sonidos”.
Muchas personas están actualmente familiarizadas con tales sonidos en forma de “mantras”,
que habitualmente se las relaciona con prácticas hindúes o de yoga, aunque el concepto también
tiene un lugar en muchos otros sistemas religiosos y filosóficos. En general, la repetición
monótona de un mantra o sonido, tiene el propósito de trasladarse a un determinado estado
meditativo o estado modificado de consciencia, un propósito que cumple muy bien. Diferentes
estudios médicos han demostrado que una práctica así puede disminuir el estrés y fomentar la
salud, al producir un estado de relajamiento corporal. Por experiencia propia también estoy
convencido de que sonidos elegidos correctamente, promueven, además, el flujo biológico de
energía, lo que produce beneficios aún mayores para la salud.
Existen diferencias considerables de opinión referentes a cuáles sonidos producen los mejores
resultados. El Dr. Herbert Benson, que ha realizado algunos de los estudios mencionados
anteriormente, piensa que en esto la palabra tiene relativamente poca importancia. Él ha logrado
muy buenos resultados con la simple repetición de la palabra “One” (= Uno), junto con respirar
profundamente de diez a veinte minutos estando sentado tranquilamente. Pero es muy posible que
solamente por medio de una respiración profunda estando sentado tranquilamente, los resultados
hubieran sido igualmente fáciles de lograr. De hecho, lo mismo podría regir también para
algunas prácticas religiosas y semirreligiosas, que combinan la repetición de sonidos con
respiración profunda y una posición quieta del cuerpo. El filósofo trascendental J. Krishnamurti
dijo una vez que la palabra “Coca-Cola” prestaría igualmente un buen servicio en este contexto
como cualquier otra. La palabra sirve en esas prácticas simplemente como un medio para lograr
un estado modificado de consciencia por medio de concentración, como se ha descrito en el
capítulo 4.

87
Pues bien, en esto no hay nada que criticar. El proceso puede ser muy favorable para la salud.
Pero lo que aquí quiero proponer es un poco diferente. A través de mucho experimentar, he
descubierto que determinados sonidos, entre ellos algunos utilizados tradicionalmente con fines
de meditación, ya por sí mismos, es decir, sin técnicas de respiración especiales y sin la necesidad
de estar largo tiempo sentado, pueden tener efectos terapéuticos. Se pueden utilizar mientras se
maneja auto, se hace un paseo o se espera algo, e incluso mientras uno se dedica a una actividad
uniforme. Según mi opinión, el efecto positivo es atribuible en gran parte a las vibraciones
producidas por esos sonidos. Éstas producen un relajamiento muscular por medio de micromasaje
y también estimulan el flujo de bioenergía. Podría ser que yo me equivoco con respecto a cómo,
pero eso es de menor importancia que el hecho de que en muchas personas parece existir un
efecto.
Según mi experiencia, el sonido más adecuado para ese propósito, en realidad una combinación
de sonidos, se puede reproducir con el deletreo de “AOM”. En la práctica sería más o menos
“aaaaa-ooooo-mmmmmmm”, es decir, la M se mantiene durante más tiempo que los dos otros
sonidos. El efecto alcanza su mayor intensidad cuando el total se alarga, pero no existen reglas
fijas para esto. Para obtener beneficios de esto, necesitamos repetir solamente tres veces
aproximadamente el grupo de sonidos. Las probabilidades de éxito por supuesto son mayores con
una repetición más larga, pero he constatado que todo lo que sobrepasa los cinco minutos, no
tiene un efecto considerablemente mayor. El grupo de sonidos se puede formar de manera que no
se escuche, pero yo creo que con una pronunciación audible, aunque sea suave, el efecto
aumenta. Si para esto usted se sienta cómodamente y coloca las manos vueltas hacia arriba en el
regazo, puede ser que perciba claramente el efecto sobre el flujo de bioenergía. Ponga atención
en cómo se sienten sus manos antes. Luego pronuncie el grupo de sonidos tres o cuatro veces y
dirija su atención nuevamente a sus manos. Ahora usted podría sentir una sensación aumentada,
una especie de hormigueo. Otra posibilidad es que mantenga las palmas de sus manos algunos
centímetros sobre una superficie que usted elija y luego produzca el sonido. La sensación puede
en este caso ser incluso más pronunciada. Eso indica que sus energías fluyen, y eso es bueno para
usted.

88
Capítulo 15

Terapia de emotivación

La terapia de emotivación se ocupa muy directamente con la descarga y estimulación del flujo
de energía en el cuerpo. Si usted así lo prefiere, ésta también se podría designar como una terapia
cuyo objetivo es la disolución de tensiones. Pero en primer lugar es una terapia para combatir
síntomas, con lo cual no quiero decir nada contra las terapias que persiguen ese objetivo. A veces
es absolutamente necesario aliviar los síntomas, para que nuestra cabeza esté suficientemente
clara para poder ocuparse de los pensamientos que éstos han generado. Y a veces incluso ocurre
que la sanación se lleva a cabo automáticamente, una vez que hemos suavizado los síntomas de
la enfermedad. Tenemos, sin embargo, que tener en claro, que eso no siempre es así, ya que
combatir los síntomas y sanar son dos cosas totalmente diferentes. Y eso rige tanto para los
métodos presentados en este libro, como también para la medicina convencional. Si no cambia el
patrón de pensamiento que sirve de base (sea automático o no), los síntomas sólo se pueden
remediar transitoriamente.
Y sin embargo, el alivio del dolor es un buen comienzo, y aunque esta posibilidad de terapia es
tratada en este libro como última, en general es la primera con la que familiarizo a mis alumnos.
La razón principal de eso es que ésta casualmente es al mismo tiempo la más fácil de transmitir y
la más sencilla para aplicar. Yo pienso que una aplicación ampliamente difundida de la terapia de
emotivación tendría consecuencias tan amplias, que cambiaría por completo el ejercicio de la
medicina en el mundo occidental.

Toque terapéutico

En el capítulo 3 hablé sobre campos y corrientes bioenergéticas, y ahora deseo exponer cómo
usted puede llevar a la práctica esas informaciones.
La bioenergía que es transmitida de una persona a otra, es probablemente uno de los métodos
más antiguos que ha utilizado la humanidad para curar. En el pensamiento de la gente ésta es
relacionada a menudo con grupos religiosos carismáticos (donde el método se llama “imposición
de manos”), con prácticas esotéricas como el yoga, o también con “médium” especialmente
dotados. Sin embargo, es un hecho que cualquiera, (¡También usted!) posee la capacidad latente
para hacer uso de esa energía natural, y por cierto sin una preparación larga y complicada. Como
en todas las demás áreas, en ésta también rige: La capacidad aumenta con la experiencia práctica.
Pero el método en sí es tan fácil de aprender, que su mayor dificultad consistirá en aceptar este
hecho. Yo sé lo simple que es, porque lo he aprendido solo y después, en pocos minutos, se lo he
enseñado a muchas personas a aplicarlo.
Por suerte el desarrollo de esta capacidad innata obtiene cada vez más popularidad y prestigio.
Así, por ejemplo, éste forma parte del programa de los estudios de enfermería de la Universidad
de Nueva York y se enseña cada vez más frecuentemente en otras regiones del país en escuelas

89
de enfermería. Podría ser que este procedimiento de sanación incluso llegue algún día a ser parte
de los estudios de medicina, lo que sería un gran progreso. Sin embargo, es importante que
tengamos en claro que éste funciona igual de bien, sin un trasfondo profesional.
Hasta donde sé, fue la doctora Dolores Krieger, profesora de enfermería de la Universidad de
Nueva York, la primera que usó la designación “toque terapéutico”. Esta designación está muy
bien elegida, produce que el asunto suene menos misterioso, y eso está muy bien. Sin embargo,
es un poco engañosa, ya que los mejores resultados a menudo se logran cuando se mantienen las
manos algunos centímetros sobre la superficie de la piel, en vez de tocarla. Por qué es así, queda
por discutir.
Los intentos por explicar lo que realmente ocurre con el toque terapéutico, oscilan entre la
simple sugestión (por parte de los grandes escépticos) y la resonancia del traspaso de electrones
(por parte de los que están más fuertemente orientados científicamente). Con respecto a mí
mismo, tiendo a una hipótesis de trabajo (entendiendo por eso, una hipótesis con la que se puede
trabajar, aunque tal vez resulte que ésta no es completamente correcta). La mía dice que el toque
terapéutico consiste en un consciente enfoque e intensificación de nuestro campo y flujo
bioenergético natural. El proceso se basa en que los pensamientos y las emociones son dirigidos
en una dirección determinada. Por supuesto algunas personas hacen justamente eso en forma
inconsciente. Son aquellas en cuyo entorno se encuentra automáticamente más paz, más energía.
Pero la aplicación consciente puede incluso ser más efectiva. Y tal como no necesitamos saber
cómo trabajan nuestros músculos para poder caminar, tampoco necesitamos saber con toda
exactitud cómo actúa el toque terapéutico para utilizarlo.
Como este libro trata en primer lugar la autosanación, no hablaré aquí de todas las posibilidades
de ayudar a otros. En vez de eso deseo describir cómo puede utilizar el toque terapéutico con
usted mismo. Esa posibilidad es pasada por alto por muchos terapeutas.
Si usted supone que ese procedimiento de sanación requiere de una persona con mucha energía
que le entrega energía a una persona que tiene poca, probablemente se pregunte, cómo es posible
aplicarlo a sí mismo, puesto que por fin hay que partir de la base que usted en ese momento está
enfermo o tiene un déficit de energía. Si su suposición fuera correcta, eso naturalmente no tendría
ningún sentido. Según mi hipótesis de trabajo, la enfermedad no se origina por un déficit de
energía, sino por medio de tensiones locales que obstaculizan o bloquean el flujo de energía. Yo
pienso que el efecto del toque terapéutico consiste en promover el flujo de energía y con eso
favorecer la disolución de las tensiones. El cuerpo, que estaba bloqueado por medio de tensiones,
queda entonces en condiciones de continuar la obra, por medio de su proceso natural de
autosanación. Como sea que expliquemos el proceso, el hecho es que podemos utilizar ese
procedimiento con nosotros mismos. Eso se ha comprobado en numerosos casos.
La herramienta más apropiada para el toque terapéutico son las manos, especialmente las
palmas y las puntas de los dedos. Esas son las zonas en las que normalmente el campo
bioenergético es muy intenso, y se lo puede intensificar aún más de un modo muy sencillo.
Durante mis estudios con sanadores hawaianos y africanos, observé que ellos a menudo se frotan
las manos fuertemente antes de tocar a un paciente. Cuando yo mismo intenté eso, descubrí,
aparte de un hormigueo, una peculiar sensación de presión leve, cuando colocaba las palmas de
mis manos, una frente a la otra, a una distancia de veinte a treinta centímetros. Posteriores
intentos demostraron que yo podía intensificar la sensación de presión cuando deseaba y me
imaginaba que salía “más” energía de mis manos. Si mantenía mis manos algunos centímetros
sobre la superficie de la piel de otras personas, éstas decían sentir hormigueos, sensación de
calor o una sensación de flujo. Y poco a poco yo tenía las mismas sensaciones cuando mantenía
mis manos sobre mi propia piel. Lo que fue aún más impresionante, fue que descubrí que por
medio de esto yo podía aliviar muchos de mis propios dolores, fueran externos o internos. Sobre

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la base de lo que he aprendido por experiencia propia y transmito a otros, yo propongo para el
autotratamiento los siguientes pasos:

1. Respire profundo dos o tres veces y relaje sus músculos o haga uno de los ejercicios de
relajamiento ya descritos. Ese no es necesariamente un prerrequisito, pero es muy útil.
2. Frote fuertemente las palmas de sus manos de 15 a 30 segundos.
3. Mantenga las palmas de sus manos, una frente a la otra, a una distancia de 15 a 30
centímetros e imagínese que entremedio hay un campo energético que se hace cada vez más
fuerte. Para eso deberían bastar algunos segundos. No piense si puede sentir ese campo
energético o no. Eso llega por sí mismo.
4. Mantenga sus manos justamente sobre la parte a tratar, e imagínese que la energía penetra en
esa parte y sana las molestias. Puede ser útil imaginarse que la energía tiene un color
determinado. Con molestias en el interior del cuerpo imagínese simplemente cómo entra la
energía al cuerpo y actúa allí. A mí me gusta mantener mis manos un poco arqueadas y
formando un ángulo hacia adentro, como para concentrar mejor la energía sobre la parte
deseada. Pero eso no tiene necesariamente que ser así. Oriéntese simplemente por lo que
siente mejor para usted. Utilice adicionalmente afirmaciones sugestivas, que según su
percepción sean apropiadas. Si tiene la impresión de que la energía disminuye, frótese
nuevamente las manos y retome el tratamiento. Usted lo puede continuar por todo el tiempo
que desee. Yo mismo ocupo rara vez más de cinco minutos en forma consecutiva, en general
incluso menos. La imaginación es un factor importante en esta técnica. Otro factor es la
sugestión, y también existe un efecto verdaderamente energético.
5. Si no puede alcanzar con sus manos la parte a tratar, acérquelas lo más que pueda sin hacer
esfuerzo. Imagínese cómo fluye la energía hacia la parte deseada. De hecho lo hará.

Masaje meridiano

Esta técnica está en cierto modo emparentada con el toque terapéutico y se utiliza como parte
de la llamada kinesiología aplicada, que es ejercida cada vez más por los quiroprácticos. En el
masaje meridiano la mano o los dedos se llevan a lo largo de las líneas invisibles del cuerpo, que
en la acupuntura china se designan como “meridianos”. El autotratamiento con este método es
(hasta donde sé) una innovación mía. Como todos los comentarios acerca de su forma de producir
efecto son meras teorías, los evitaré para nosotros. Solamente quiero expresar la suposición de
que el masaje meridiano probablemente estimula el flujo bioenergético.
Como aquí se trata de un autotratamiento, deseo limitarme a tres meridianos. Los dos primeros
podemos imaginarlos como líneas que parten desde el centro del pecho, que corren a lo largo del
lado interior del brazo derecho o izquierdo hasta la punta de los dedos meñiques. La tercera línea
es la línea central vertical a través de nuestro cuerpo.
Usted puede efectuar el masaje meridiano con la palma de la mano o también con las puntas de
los dedos. Para el tratamiento del lado izquierdo pase la palma de su mano derecha o las puntas
de los dedos de la mano derecha con un movimiento suave a lo largo del meridiano hasta las
puntas de los dedos. Repita eso por lo menos tres veces. Proceda de igual forma al lado derecho
(con la otra mano por supuesto). Para el masaje de la línea media vertical pase una mano desde
la ingle hacia arriba, hasta sobrepasar la frente. Si usted desplaza sus manos en esas direcciones a
lo largo de los meridianos, eso produce un efecto estimulante o fortalecedor y puede aliviar o
eliminar dolores y tensiones originados por miedo, depresiones y cansancio. Si se desea un efecto
tranquilizante, eso se puede lograr por medio de masajes meridianos en la dirección opuesta. No

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es necesaria una preparación especial, aunque usted eventualmente constatará que logra mejores
resultados si antes se relaja y se frota las manos.

Concentración en el dolor

Los dolores forman parte de los peores efectos secundarios de una enfermedad, y por eso usted
probablemente me declarará loco si le propongo tomar consciencia de los dolores más
claramente. ¿Acaso no queremos por fin deshacernos de los dolores y no fomentarlos? Pues bien,
eso es cierto. Pero una de las cosas más asombrosas con las que me he encontrado, es que el dolor
a menudo disminuye cuando le prestamos más atención. De un modo que todavía no comprendo
bien, esa atención parece disolver la tensión que causa el dolor. Si por ejemplo, chocamos contra
un objeto compacto, parece la cosa más natural del mundo que nos alejemos de ese objeto,
sujetemos la parte adolorida y tratemos de oponernos al dolor. En vez de eso, la próxima vez
intente repetir, inmediatamente después, el movimiento que ocasionó el choque por lo menos
una media docena de veces, sin tocar realmente el objeto duro. En la mayoría de los casos el
dolor disminuirá rápidamente o desaparecerá. Yo sé que una forma así de actuar contradice sus
impulsos naturales. Pese a eso inténtelo.
Con otro tipo de dolores usted debería realmente concentrarse y percibir el dolor, en vez de
tratar de librarse de él. Siéntalo por completo como una pura experiencia, sin juzgar, criticar o
reclamar. A menudo el dolor habrá disminuido o desaparecido en cinco o diez minutos. Como
alternativa usted también podría tal vez “deshacerse del dolor analizándolo”. De esto forma parte
que usted le hace preguntas al dolor y las contesta, aunque le parezcan extrañas o irrelevantes.
Las siguientes preguntas podrían servir como sugerencia. Usted debe encontrarle alguna
respuesta a cada una.

- ¿Qué forma tiene el dolor? (redondo, cuadrado, alargado, etc.).


- ¿Qué tamaño tiene? (largo, ancho y profundidad en metros o centímetros).
- ¿Cuánto pesa?
- ¿Qué color tiene?
- ¿Cuan rápido es? (en kilómetros por hora o en hertzios).
- ¿Qué edad tiene?
- ¿Qué valor tiene? (en pesos y centavos).

Hasta que usted haya terminado con su análisis, el dolor quizás haya cesado o por lo menos se
haya calmado en forma significativa.

Activación

Esta es un derivado del método de activación emocional descrito en el capítulo 3. Ahí establecí
que tanto la ira como también la compasión pueden ser sentimientos muy activadores y
saludables. No sólo pueden ayudarnos a liberarnos de depresiones y letargo, sino también, bajo
ciertas circunstancias, a liberarnos realmente de síntomas de enfermedades y desempeñar un
papel importante en la sanación. La compasión es una forma de amor.
Mi esposa, que trabaja como consejera en clínicas de rehabilitación, me contó de una anciana
dama que a causa de los dolores que sentía yacía en cama y ni siquiera podía vestirse e ir a comer
a la cantina. Así por lo menos era la situación, hasta que llegó un paciente masculino atractivo y

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activo, al que ella parecía simpatizarle. Dentro de poco tiempo ella estaba en condiciones de
vestirse sola y de servirse sus comidas junto con él en el comedor. La mayoría de sus síntomas
habían mejorado mucho o habían desaparecido.
Al parecer, la compasión o el amor pueden ser fácilmente estimulados desde afuera. Si no hay
ocasión para eso, la activación por medio del enojo o la rabia es una verdadera alternativa. Yo no
abogo aquí por indignación que se debería dirigir contra semejantes o cosas, sino por indignación
auténtica y conmovedora por las limitaciones que nos impone la enfermedad. Ese tipo de
indignación ha transformado inválidos en deportistas. A usted también lo puede transformar en
una persona sana y fuerte, cualquiera que sea su condición actual, ya que si su indignación por las
barreras es suficientemente grande, usted las puede derribar. Y después también se va a deshacer
de los pensamientos que en realidad las han causado. Eso naturalmente podría ser una tarea no
muy fácil, ya que es posible que la represión de la ira sea parte de su problema. Pero si no
encuentra alguna posibilidad de hacer fluir sus emociones, podría ser que simplemente sus
energías sigan disminuyendo. Las emociones son la forma más poderosa de energía que existe, y
por eso también tienen el mayor potencial curativo.

93
Capítulo 16

Sanación cooperativa

En este libro el énfasis está puesto en primer lugar en la autosanación, en lo que usted mismo
puede hacer para mejorar su estado de salud. Ese énfasis es necesario como contrapeso al
acercamiento mecanizado ampliamente difundido, que promueve una dependencia casi total de
otras personas y de medios que tienen que realizar la sanación para nosotros. En nuestra sociedad
se les confiere la condición de dioses o semidioses a médicos, psiquiatras, psicólogos, sanadores
psíquicos y sanadores de fe, hipnoterapeutas y otros, cuando se trata de las expectativas que se
depositan en ellos en relación con la propia salud. Igualmente se les atribuyen propiedades
mágicas a medicamentos, yerbas curativas, dietas, ejercicios corporales y masajes. Mientras nada
cambie en esta situación, el proceso de sanación sigue siendo un asunto muy costoso y sólo
parcialmente efectivo. Mientras no nos demos cuenta de que una sanación únicamente puede
provenir de nosotros mismos, muy probablemente seguiremos otorgándoles a personas y
remedios, más poder que el que merecen y poseen. Debería estar claro que la designación
“sanador” es más bien honorífica que lo que corresponde a la realidad. Sería más correcto hablar
de “ayudantes de sanación”.

Nosotros necesitamos ayudantes

La práctica de la autosanación no tiene como prerrequisito que desechemos la ayuda o


rechacemos buscarla. En muchos casos eso sería simplemente tonto. Sin embargo, con frecuencia
me veo en la necesidad de recordárselo a mis alumnos. Todos nosotros tenemos mucha tendencia
a los extremos, cuando dejamos antiguas formas de pensar y adoptamos nuevas. Si a uno le queda
claro cuán dependiente de otros ha hecho su salud hasta ese momento, está tentado de decir:
“¡Desde ahora no voy a depender de nadie más!”
Si piensa un poco sobre eso, se dará cuenta que algo así como una independencia total no
puede haber en ninguna área. Para el aire, los alimentos y el agua, somos dependientes de la
Tierra y de sus criaturas vivas; para bienes, servicios, conocimientos y realización espiritual,
dependemos de otras personas. Sin embargo, nunca una dependencia es en una dirección. Existe
una maravillosa dependencia recíproca, una maravillosa y necesaria cooperación, consciente o
inconsciente, voluntaria o involuntaria. Cuán bien funciona ese trabajo en conjunto, depende de
cómo lo hagamos.
Especialmente en el campo de la sanación, necesitamos a menudo ayuda de personas que tienen
conocimientos, habilidades, métodos, energías y amor, que son de utilidad. Muchas veces
podemos sacar provecho práctico de medios adicionales de ayuda, como medicamentos, dieta,
vitaminas, ejercicios corporales, etc. Usarlas no es señal de debilidad. Eso es más bien una señal
de inteligencia, siempre y cuando comprendamos que esas personas y cosas están presentes, no
para sanarnos, sino para prestarnos ayuda en nuestra sanación. Será útil tener siempre presente la
siguiente idea principal:
El objetivo de la sanación es llegar a estar sano –
no aportar pruebas para un método de sanación.

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Nosotros utilizamos lo que nos ayuda.
En los párrafos siguientes deseo entregarle algunos puntos de partida acerca de cómo puede ser
un trabajo en conjunto de ese tipo en la práctica.

“Trabajo en conjunto” con alimentación,


medicamentos, ejercicios corporales, etc.

No veo ningún motivo para largos comentarios sobre este tema. Haga uso de las herramientas
mentales que ha aprendido a usar por medio de este libro. Simplemente sugiérale a su cuerpo el
efecto que espera cada vez. Imagínese los resultados deseados. Yo no puedo decirle lo que debe
tomar o hacer, ni cuándo debe tomar o hacer algo. Para eso usted debe escuchar el consejo de
especialistas y luego hacer lo que está bien para usted, según lo que siente. Mientras más
objetivamente maneje eso y mientras más crea en el efecto, mayor será éste. Sólo deseo
aconsejarle no obedecer automáticamente a una “autoridad”, o hacer algo solamente porque
teme eventuales consecuencias en caso de que no lo haga. Decida si el medicamento, el ejercicio
corporal o lo que sea, lo puede ayudar en su autosanación. Y cuando se haya decidido por algo,
tenga presente ese objetivo cuando lo aplique.

Trabajo en conjunto con médicos

Los siguientes comentarios se refieren a la posición de los médicos en general. Se


sobreentiende que éstos no pueden considerar la habilidad y las ideas personales de cada médico.
En primer lugar, cuando hablo de “trabajo en conjunto” con médicos, no entiendo por eso la
obediencia ciega y la aprobación incuestionable que tan a menudo se entiende por eso. Yo
entiendo trabajo en conjunto o cooperación tal como está definido en el diccionario, como “actuar
o trabajar en conjunto”. Eso significa que lo que usted hace es igual de importante, si no incluso
más importante, que lo que hace el médico, ya que se trata de su cuerpo. El sanador es usted. El
médico es sólo un ayudante. Ahora deseo referirme brevemente a los dos tipos de médicos con
los que usted probablemente tendrá que ver. Por un lado están los médicos para el cuerpo
(médicos de medicina general, cirujanos, homeópatas, especialistas en acupuntura, etc.) y por
otro lado los médicos para la psiquis (psiquiatras, psicólogos, hipnoterapeutas, etc.).
Los médicos para el cuerpo son maestros mecánicos muy instruidos, preparados
minuciosamente. Ellos saben muchísimo acerca de cómo funciona el cuerpo como mecanismo,
aunque también hay muchas cosas que no saben acerca de ese aspecto del cuerpo. Muchas de sus
informaciones sobre enfermedad se basan en teorías, porque mucho de su preparación no
proviene del estudio de personas vivas, sino de muertos. Y por lo regular su preparación no ha
considerado los aspectos mentales y emocionales de la enfermedad, de modo que ellos los
enfrentan inseguros o en forma adversa. Además, ellos tienden a poner el énfasis en un método
de tratamiento especial (en el que han invertido mucho tiempo, esfuerzo y dinero) y en
considerarlo como el mejor, mientras que observan otros métodos con desconfianza con respecto
a su valor. Sin embargo, hay casos en que su habilidad puede ser enormemente grande. Cuando
yo creo necesitar los servicios de un mecánico de cuerpos, no vacilo en dirigirme a uno de ellos.
Pero entonces tengo en claro que hago uso de esos servicios sólo como ayuda, y que él
solamente puede apoyar mi propio proceso de sanación, por muy grande que pueda ser su
habilidad. Cuando se trata de su cuerpo, decide usted, y el médico es solamente un experto
pagado por usted. Escúchelo, hágale preguntas acerca de todo lo que usted no comprende o de

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aquello en lo que no está de acuerdo, y “co-opere” con cada plan de tratamiento, considerando
los métodos de él como complemento de su propio trabajo de imaginación.
También los médicos para la psiquis son en general muy instruidos y preparados
minuciosamente, pero se dedican a algo mucho menos tangible que el cuerpo, que son las ideas y
emociones. En general ellos son buenos para etiquetar síntomas, pero tienden a olvidar que una
etiqueta no es una explicación. La mayoría de ellos siguen una determinada “escuela” de
pensamiento (son freudianos, junguianos, conductivistas, etc.), lo que significa que ponen un
mayor énfasis en determinados métodos que en otros. Tienen tendencia a atribuirle un alivio o
una sanación más bien a su método que a la persona. El hecho es, sin embargo, que nadie ha sido
jamás sanado por medio de un método o de una técnica y tampoco por un medicamento. Tanto
los métodos como los medicamentos pueden ser útiles para ayudar al cuerpo en su proceso de
sanación, pero los métodos y los medicamentos en sí no producen ningún efecto. Un buen médico
para la psiquis es un maestro en los métodos de autoconocimiento, y habitualmente tiene un gran
capital en conocimientos generales sobre la mente y las emociones y sus interacciones con el
cuerpo. Sus conocimientos son mucho más generales que los del médico del cuerpo, porque dos
cuerpos humanos que se pueden observar directamente, tienen muchísimo más en común que el
contenido no directamente observable de la mente de dos personas. Aunque, además, se
consideren también sus propias convicciones y prejuicios personales, él puede, sin embargo, dar a
menudo sanos consejos para efectivas formas de pensar y efectivos sistemas de referencia. De ese
modo, se puede hacer uso de sus servicios para aprender métodos de autoconocimiento o recibir
consejo acerca de cómo uno puede guiar sus pensamientos y emociones por mejores caminos.
Pero como el médico para la psiquis no conoce su forma de pensar y sus sentimientos, mejor
escuche lo que él tiene que decir y elija de sus técnicas y consejos lo que mejor ayuda según su
impresión. Sea lo suficientemente abierto como para intentar alguna vez algo que no le parece
absolutamente erróneo, pero mantenga solamente lo que le produce buenos efectos.

Trabajo en conjunto con sanadores psíquicos

Tal vez usted visite algún día a un sanador psíquico, llamado también sanador espiritual. Existe
en todo caso una gran cantidad de éstos que son buenos. Por “bueno” entiendo que ellos intentan
honestamente ayudar a las personas, y que sus métodos de tratamiento tienen éxito. En general
ellos compartirán con usted abundantes reservas de bioenergía, para apoyar el proceso de
sanación de su cuerpo, y transmitirle, además, las sugestiones correspondientes. La única manera
de averiguar si un sanador es “bueno” consiste, según mis conocimientos, en preguntarle a la
gente que lo ha consultado, o ir y probar cómo uno reacciona ante él. Tal como el médico, el
sanador también puede ser parcial y creer que solamente su método o técnica puede sanarlo a
usted, pero eso no debería impedirle sacar provecho de la energía adicional que él tal vez pueda
darle. También un sanador así es solamente un experto, de cuyos servicios usted hace uso para
complementar su propio proceso de sanación. Mientras mejor sea su conexión con el sanador,
mejores serán los resultados del tratamiento. Haga un intento si usted es escéptico – podría tener
una sorpresa. Si en cambio tiene miedo, yo le recomiendo no tomar en consideración esa forma
de ayuda, hasta que haya superado el miedo, ya que éste impediría un posible beneficio. Si decide
hacer el intento con un sanador – como complemento a sus propios esfuerzos por una sanación -,
entonces tenga en claro que usted tiene la libertad para combinar ese tipo de tratamiento con
cualquier tratamiento médico en el que en ese momento se encuentre. Éstos no son incompatibles
– por lo menos los métodos de tratamiento no lo son – aunque los médicos y los sanadores no se
llevan bien del todo. Pero ese es problema de ellos y no suyo. Piense en que su objetivo es llegar

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a estar sano. Por eso no vacile en recurrir a todas las fuentes de ayuda disponibles. Sin embargo,
tenga siempre presente que usted mismo es el sanador principal.

Trabajo en conjunto con un amigo

Crear salud por medio de la imaginación es un proceso personal, pero éste le resultará mucho
más fácil si otra persona lo comparte y ayuda. Esa otra persona puede ser un pariente o un amigo,
alguien con quien usted se junte a menudo. El prerrequisito es que estén de acuerdo en que lo que
hacen tiene sentido. La ayuda mutua consiste en que hacen juntos los ejercicios, realizan los
diferentes ejercicios por turno, se indican recíprocamente las posibles técnicas y la importancia
de las regiones del cuerpo por separado y comparten su bioenergía cuando uno o el otro lo
necesita. Crear salud divierte más y es más efectivo, si usted puede hacerlo junto con otra
persona.

Crear un grupo de autoayuda

Lejos la mejor manera de llevar a la práctica los métodos de este libro, consiste en fusionarse
con otras personas, que igualmente quieran aprender a sanarse a sí mismas y también estén
dispuestas a ayudar a otros, y formar un grupo de autoayuda. La unión de ideas, energías y
fuentes de ayuda y el fortalecimiento y aliento recíproco, pueden producir en todo el grupo
progresos esenciales e incluso sensacionales. Yo sé eso, porque la experiencia de varios grupos
formados por mí lo han demostrado. El más antiguo de esos grupos de ayuda existe desde hace
siete años y en ese tiempo ha contado con una cantidad de entre tres y veinticinco miembros. No
quiero asegurar que todos ellos estén permanentemente sanos por completo, pero una gran
cantidad que no lo estaba antes de ingresar al grupo, está ahora sana, y también el resto lo está la
mayor parte del tiempo. Si miembros del grupo se enferman por razones personales, reciben
rápidamente apoyo y ayuda de los demás, de manera que mejoran en forma rápida. En el grupo se
presentan rara vez resfríos, gripes y otras enfermedades menores, y cuando aparecen se superan
rápidamente. La mayoría de los miembros del grupo visitan a un médico con mucho menor
frecuencia que antes, porque muy rara vez lo necesitan, y algunos ya han olvidado qué aspecto
tiene por dentro la consulta de un médico. Aquellos que han tenido accidentes se han recuperado
más rápido de lo esperado, y los enfermos graves (que ya estaban enfermos antes de ingresar al
grupo) reciben todo el apoyo que pueden necesitar.
No existen reglas fijas para la creación de tales grupos de autoayuda, y por eso sólo quiero
entregar aquí algunas sugerencias que se basan en mi propia experiencia. Lo más importante es
el deseo de ayudarse recíprocamente y de llegar a estar y permanecer más sano.

Organización de grupos de ayuda

1. Háganlo en forma sencilla. Lo único que realmente necesitan es un jefe de grupo u


organizador, que organice y dirija las reuniones y otras actividades. No necesitan preocuparse
por asignación de cargos y comités. Hagan el asunto de manera informal y tomen decisiones
por medio de un consenso de grupo. Trabajen con un espíritu de disposición a la ayuda.
Después habrá cada vez más voluntarios que hagan lo necesario. En ese tipo de atmósfera (se
la podría llamar afectuosa) las energías curativas podrán fluir libremente.
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2. Reúnanse regularmente cada semana si pueden. Esa es una “recarga”, para que las ideas de
salud y autosanación se mantengan. Si no se pueden reunir semanalmente, entonces por lo
menos dos veces al mes o, si no es posible de otra manera, una vez. Si las reuniones se
hacen todavía menos frecuentes, el trabajo de grupo perderá su efecto.
3. De tres a siete miembros es un tamaño de grupo muy bueno para nuestro objetivo. Si éste se
agranda, entonces es necesario un jefe de grupo más enérgico, como también una
reorganización. Una solución sería dividir el grupo grande en varios pequeños. Entonces el
grupo grande podría reunirse una vez al mes y los pequeños semanalmente cada uno. Otra
solución sería que el grupo grande se reuniera semanalmente y los pequeños mensualmente o
también más frecuentemente en otras ocasiones. Mientras más grande llega a ser un grupo de
autoayuda, mayor es el riesgo de que se convierta en un auditorio pasivo con unos pocos
dirigentes activos. Eso puede tener ventajas cuando se trata de transmitir conocimientos, pero
entonces ya no es más un grupo de autoayuda. Por eso mantengan pequeños los verdaderos
grupos de autoayuda. Si el número de interesados es grande, usted siempre puede organizar
reuniones generales de varios grupos, que junto con eso deben mantener sus propias
asambleas.
4. Si el grupo está a punto de sobrepasar la cantidad de siete miembros, y tienen dentro de él a
alguien con un poco de talento literario, tal vez podría surgir el deseo de publicar un volante
de una o dos hojas, con sugerencias y técnicas, reseñas especializadas y alusiones
inspiradoras.
5. Mientras el grupo sea pequeño, usted no debería preocuparse por pago de cuotas o asuntos
similares. Pero si se llega a un punto en que los costos de refrescos, hojas de comunicaciones
y similares se hacen considerables, deje que el grupo decida acerca de una cuota adecuada
que cubra esos gastos.

Actividades en reuniones de grupo


(Secuencia según el parecer común)

1. Ampliación de estudios e intercambio de experiencias. En el tiempo destinado para esto, se


proponen y se discuten ideas y métodos y se intercambian experiencias personales. Esta parte
se puede organizar fácilmente, leyendo un párrafo de un libro sobre autosanación (ya sea este
libro u otro de interés) y a continuación discutiendo al respecto y eventualmente probando
técnicas que se hayan mencionado.
2. Sanar. Durante esta parte de la reunión se trabaja directamente con los miembros del grupo
que estén presentes. Una posibilidad es la meditación de grupo. Ésta es dirigida por alguien
que le dé a cada persona presente sugestiones apropiadas para su sanación. Tal vez el grupo
desee también utilizar uno de los muchos cassettes de sanación o meditación que están en el
mercado. Es muy efectivo cuando un miembro del grupo que necesita sanación se sienta en el
medio, y los demás, como se describe en el capítulo 15, le dirigen energía curativa por medio
de sus manos, acompañada de sugestiones mentales o murmuradas. Si se desea, todos los
miembros del grupo pueden sentarse en el medio, uno después del otro. Quien está de turno,
tiene por supuesto que cooperar interiormente con su sanación.
3. Parte social. Para formar una buena cohesión dentro del grupo, también debe quedar tiempo
para conversar y servirse juntos un refrigerio. A veces una parte sorprendente de la sanación
ocurre justamente durante ese lapso de manera espontánea. Sin embargo, cuando todavía
deben cumplirse otras tareas, yo recomiendo dejar la parte social para el final de la reunión.

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Otras actividades

Sanar sobre “alambre caliente”. Yo pienso que esta es una de las tareas más importantes del
grupo de autosanación. El “alambre caliente” significa que cada miembro puede llamar a otro,
cuando en sus esfuerzos por lograr una sanación necesita ayuda, refuerzo, aliento o
informaciones. Es muy fortificante saber que uno se puede dirigir a alguien en momentos de
necesidad. Si el miembro del grupo al que uno se ha dirigido no está en condiciones de ayudar
solo, entonces les avisa a los demás, que a su vez se comunican con la persona que necesita
ayuda u organizan una reunión. En la mayoría de los casos, sin embargo, bastará con ayudar a la
persona con palabras de aliento y algunas sugerencias.
Cuando estaba trabajando en este capítulo me llamó por teléfono una mujer de nuestro grupo de
autoayuda, a cuya hija le dio fiebre alta justamente cuando la familia hacía preparativos para un
viaje de vacaciones. Según dijo, quería llevar a la muchacha al médico en la tarde. Yo encontré
que esa era una buena idea, pero le pregunté si había ocurrido algo que hubiera podido sacar de
quicio a la muchacha y supe que había tenido un grave conflicto con su hermano. Entonces le
propuse a la madre que indujera a su hija a “golpear mentalmente” al hermano y que me llamara
después por teléfono. La madre conocía esa posibilidad, pero en ese momento no había pensado
en ella. No mucho rato después ella me llamó por teléfono nuevamente y me contó que la
temperatura de su hija estaba otra vez normal, y que la muchacha se había divertido realmente
con el asunto.
Con esto he llegado al final de mi libro. He compartido (con usted) diferentes ideas, teorías,
experiencias y métodos, con la esperanza de que por lo menos algunos de ustedes encuentren
algo que los ayuden a estar más saludables y felices. Por mucho que lo sienta, no puedo hacer
absolutamente nada por usted – en el sentido de “hacerme cargo de algo que a usted le
corresponde hacer”. Y eso tampoco puede hacerlo nadie. El objetivo de este libro está bien
representado en las siguientes líneas de Lord Byron:

Las palabras son cosas. Como rocío


cae una pequeña gota de tinta
sobre el pensamiento,
y miles piensan sobre eso.
¿O son incluso millones?

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