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En busca de Juana de Asbaje

¿Qué fue Sor Juana?

Sor Juana no nos interesa por lo que fue, por lo que hizo, sino por lo que quiso ser, por lo que
podía haber hecho. Y el drama de Sor Juana estriba en las peripecias entre su ser y su querer, entre
las voluntades de su íntima naturaleza y las negaciones que el mundo en que existía le fue poniendo
por delante.

Sor Juana como poetisa y escritora

Su producción literaria es de relativa escasez , teniendo en cuenta el tiempo que tenía en el


convento y su prodigiosa facilidad para escribir. No fue una poetisa en cantidad. Esto se justifica al
decir ella misma que escribía “violentada y forzada y sólo para dar gusto a otros”. Si escribía , como
dice, violentada y forzada, lo era por algo y no por alguien, por un algo que a menudo tiene bastante
más fuerza que persona alguna: las circunstancias, el imperio del ambiente, de la ocasión y del
lugar. Interpreto esta frase en el sentido de que no escribía , en la mayoría de los casos,
espontáneamente, por ocurrencia inspirada o por inevitable empuje de su alma.

Análisis de su poesía

Su poesía es poesía imitativa; es poesía de circunstancias u ocasión. Ni su estilo poético, ni su


concepción de lo poético aspiran a originalidad alguna. Escribe a la sombra augusta de los grandes
autores barrocos de la España del s XVII: un Góngora, un Gracián, un Calderón y hasta quizás un
Quevedo. De lo gongorino aprovecha el sistema de metáforas y traslaciones imaginativas; de lo
gracianesco las agudezas y afiladura de ingenio. Hasta en su poesía más importante y profunda
“Primero Sueño” hay constantes apoyaturas directas en la obra de Góngora. Sor Juana ni trae ni
profundiza ninguna concepción o lenguaje poético. Su don está en el acento de gracia femenina, en
las delicadezas de matiz que añade a concepciones poéticas de descubiertas por otros.
Su poesía también cae en la vertiente de lo circunstancial. La mayoría de sus obras breves se
originaron en episodios del mundo social que la rodeaba: fiestas, cumpleaños, nacimientos, etc. en
la órbita de los virreyes. Sus autos y loas y villancicos los hace para representarse en lugar y fecha
determinados y, de seguro, a petición.
También es notable que muchos de sus temas poéticos provienen de una pura especulación
intelectual y son como soluciones discursivas de un problema académico.: por ejemplo “si es mejor
amar o aborrecer”, “descripción racional de los efectos irracionales del amor”. La poesía suya que
inevitablemente se inserta en las antologías sobre la inconsecuencia de los hombres que quieren que
las mujeres sean de un modo y al mismo tiempo del contrario, es ejemplo perfecto de tema de debate
poético, de esos que tanto se han usado en todas las academias literarias.
Para Sor Juana el versificar era una facilidad natural tan corriente en ella como el simple hablar .
Su don es de virtuosa de la palabra medida y rimada. No poseía, como no poseía aquella época, la
intuición de lo esencialmente diferencial entre la poesía y la prosa.
Otra causa muy poderosa hubo de que escribiera poesías. Aquella virtud suya de rimar, era la más
estimada en su época y en su ambiente. Versificar constituía una prenda sin par en la corte virreinal
de México y eran uno de los ornamentos más ensalzados de la sociedad refinada , lo mismo profana
que religiosamente.
La concepción de la poesía en esa época tocó en extremos de inconcebible miseria formalista. Al
fin y al cabo, se trataba de una poesía de corte, la pequeña corte virreinal de México en la cual se
reproducían adelgazado e incoloro , este tipo de lírica que por haber nacido en los castillos y cortes
de Provenza, prolongándose luego en el Renacimiento , (aunque con variantes) por toda Europa, fue
llamada “poesía cortesana”. En este estilo raro es que haya habido un gran poeta, sino más bien eran
diestros artífices de exangües combinaciones verbales. Esta poesía de clase se produce con toda
naturalidad en grupos sociales refinados y aspiran a señalarse por un tipo de vida aristocrática.
El virrey de México y su corte, no pedían gran lírica, sólo pacientes combinaciones de palabras,
relojerías. Por eso la innata propensión a escribir en verso de Sor Juana en contacto con este medio,
en lugar de ser impulsada a empresas de gran calibre espiritual, no se vio solicitada más que para el
discreteo y los buenos modales de la corte.
También influyó mucho el formalismo lógico y la retórica mecanicista en que se fundaba gran
parte de la educación dada por los jesuitas. No sólo directamente sino a través de Calderón y de
Gracián, debió recibir Sor Juana esa combinación de prosaísmo silogístico y elocución alambricada
tan notoria en sus poemas.
Para mí la actividad poética de Sor Juana se explica desde fuera como producto del estímulo social
cortesano y del imperio técnico del estilo barroco español. Sor Juana no era una naturaleza
esencialmente poética, no podemos aceptar su condición de poetisa como esencial y absolutamente
definitoria de su personalidad.

Sor Juana como monja

No entró por espontánea y absoluta decisión, ni dejó de sentir los estorbos de la vida conventual.
Tal vez vio en el claustro un refugio contra los muchos riesgos que la vida de México tenía para con
una doncella de sus prendas.
Cumplió sus obligaciones regulares dignamente. No fue una mala monja. Pero eso no significa
forzosamente tener una estructura mental típicamente religiosa ni mucho menos tener un alma
mística.
Las diferencias entre Sor Juana y sus superiores provenían de la oposición , de ese momento entre
las llamadas letras divinas y letras humanas. Las dos eran estudio y significaban sabiduría pero las
letras divinas apuntaban al estudio y comentario de todo lo que se relacionara con las verdades de la
Iglesia y con la salvación del alma, mientras que las humanas se volvían amorosamente a cualquier
forma de la vida del espíritu.
En México hubo una política persecutoria de la literatura recreativa y de imaginación por
considerarla dañina a la pureza de la fe. Este era el ambiente en que vivía Sor Juana, víctima de él.
Para sus superioras no fue ejemplo de religiosa, sino que la tuvieron que recriminar varias veces
por el reparto de su tiempo, el que consagraba a los libros y el que consagraba a Dios.
Ella misma reconoce en su “Petición en forma casuística presentada al tribunal divino…por
impetrar perdón de sus culpas” escrita en l694, y entre otras severas condenaciones de su propia
actitud, se lee lo siguiente: “…sabéis vos que ha tantos años que vivo en religión, no solo sin religión
sino peor que pudiera un pagano”. Algunos autores rebajan el valor espiritualmente documental de
este escrito. Sin duda no se le puede tomar al pie de la letra, pero si se le pone en relación con acto
tan decisivo como la renuncia que hizo a todos sus libros y aparatos, en seña de retirada de la zona
de los intereses humanos, esas palabras se coloran de sinceridad confesional..
De la monja no estuvieron contentos ni sus superiores ni ella misma. Por eso creo que tampoco su
empleo de religiosa bastó para expresar su naturaleza íntima. Segunda consecuencia: la más ilustre
monja mexicana no tuvo un alma esencialmente religiosa, tanto menos mística. La circunstancia le
echó encima dos vestiduras, una de poetisa, otra de monja, que nunca se ajustaron ceñidamente a su
persona profunda.
Pero el que quiera buscar la verdadera calidad de su alma y, sobre todo, vislumbrar el blanco de su
íntima aspiración, tendrá que ir más allá de estas dos figuras de apariencia , que para mí, no fueron
más que dos nobles tentativas a encontrarse a sí misma entre las nieblas de su ser y de su tiempo.
Entonces ¿qué quiso ser Sor Juana?. Vamos a buscarlo sobre todo como fuente documental en su
carta a Sor Filotea, el único entre todos sus escritos más lleno, más rebosante de sinceridad y ardor,
en el que, aunque compuesto en prosa, frisa por momentos el grito lírico. En esta carta Sor Juana
hace un balance de cuentas.
Todos los actos de su vida están henchidos con el mismo soplo: “deseo de saber”. Su anhelo, más
que saber, era “querer saber”: “Nunca me han perseguido por saber, sino sólo por que he tenido
amor a la sabiduría y a las letras, y no porque haya conseguido ni lo uno ni lo otro.”
Dios puso en Sor Juana el afán de saber, la sed de verdad. Y la acción dramática consiste en la
lucha de este afán de saber con los antagonistas externos (circunstancias de la época y lugar) y con
los internos (escrúpulos y remordimientos). El afán de saber de Sor Juana es puro y desinteresado.
No estudiaba, como tantos escritores, para perfeccionar su arte: “Yo no estudio para escribir…sino
sólo por ver si con estudiar ignoro menos”. No tiene ciencia predilecta, quiere saberlo todo.
Primero: lo que llama su “natural impulso”, el saber; luego la tarea de obedecer ese mandato,
estudiar, el acopio de noticias; y por último la superación de la triste condición humana
aproximándose al ángel por gracia de la luz del conocimiento: esta es para mí la verdadera Sor
Juana.
No, ni alma poética, ni alma religiosa, era el ama verdadera de Sor Juana si tomamos la palabra
“filosofía” en su sentido original como amor al saber, el alma de Sor Juana quedará justamente
nombrada, definida, con decir que fue dechado de alma filosófica.
Y esta es la razón de su tragedia: su extemporaneidad. No es cómodo destino el de albergar un
alma filosófica en un hermoso cuerpo de mujer y verse lanzada al mundo en el México colonial de
mediados del siglo XVII: la estrechez dogmática, la restricción de la entrada de libros etc.. Por eso
Sor Juana al ver su camino filosófico cerrado, se desvía hacia lo literario y lo religioso. Se desvía
hacia lo literario porque el estudio de la retórica y el cultivo de la poesía son una forma de saber y un
modo de ejercicio de la inteligencia. Hace profesión religiosa porque el mundo del convento con sus
facilidades para la meditación y el recogimiento, con la lectura de libros sagrados, parece ofrecer
amplios espacios para la satisfacción de una actividad espiritual. Por eso tanto la literatura que
escribió como la religión a que sirviera, fueron formas en sí mismas insuficientes y al cabo
insatisfactorias para Sor Juana, de expresar su verdadero destino: el saber por el saber.
Es Sor Juana un magnífico caso de lo que llamo extemporaneidad espiritual.: son aquellos que no
nacen en aquel tiempo que hubiera sido el más apto para su entera realización vital. Sor Juana
estaría en la categoría de extemporánea. La existencia de Sor Juana fue en el fondo una desesperada
lucha por adaptar la vocación de su alma, la vocación del conocer puro a dos formas similares de
acción espiritual, la religiosa y la literaria. Su caso es tanto más trágico porque las circunstancias de
tiempo y sexo y de lugar la obligaron a considerar como una fuerza enemiga precisamente a la
potencia más hermosa y verdadera de su persona, el afán de saber. Tuvo conciencia de esa obligada
huida de sí misma.
Ahora, si ella fue una extemporánea de su tiempo, ¿cuál habría sido su época?. La podría ubicar en
dos tiempos. Para ella la forma gustosa del estudio no era la continua soledad de una cabeza sino que
tendía a la comunicación y convivencia de sus ideas con un grupo de gentes afines. Si nuestra
imaginación ensambla todas estas cualidades, se erige en el vasto horizonte de lo histórico la
evocación de una época en que el amor al estudio y gracias sociales, afán de descubrimiento y
convivencia de espíritus curiosos tuvieron un nombre: El Renacimiento y no pocos lugares, las
cortes renacentistas. Y mirando hacia delante Juana de Asbaje hubiese podido realizarse con mayor
libertad en una Universidad o Collage americanos.

Salinas, Pedro. Ensayos de Literatura Hispánica (del Cantar del Mio Cid a García Lorca) . Ensayistas
Hispánicos. Aguilar 2º edición. Madrid l961

(Versión adaptada y resumida del texto)