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Asesinos Creyentes

Emilio del Barco


Agüimes 15/12/2004
Los creyentes fanáticos están fuera de la lógica racional. Funcionan en su propio mundo
de ideales insatisfechos. Una vez creada la obsesión por lo que no pueden satisfacer, si
no lo consiguen, les asalta el complejo de culpa. Tras eso viene el autocastigo. La
flagelación usada en algunas comunidades religiosas, como expiación por los deberes
incumplidos, puede llegar al victimismo. La conversión en mártir, es la salida más
gloriosa para el obseso. Se puede decir que alguien ha vivido lo suficiente cuando
afronta la muerte con serenidad y esperanza. A los caballeros cruzados, que morían
matando, se les prometía el cielo.
Los muyahidines musulmanes, que mueren matando por su religión, creen que gozarán
de lo mejor en el Paraíso. ¿Qué querrán prometer los jerarcas etarras a sus nuevos
discípulos, para que acepten convertirse ahora en armas asesinas de un solo uso?
¿Tienen las llaves del cielo en sus manos? ¿Es la santidad del martirologio lo que van a
buscar los nuevos asesinos etarras? No creo que, las informaciones difundidas sobre la
disposición a morir matando de los nuevos terroristas vascos, estén más cerca de la
verdad que otros mitos. Que también se difunden sobre todas las organizaciones, cuyo
funcionamiento interno desconocemos.
Por supuesto, la fanatización recae sobre quienes los adoctrinan. Por encima de los
discípulos siempre hay maestros. Tengamos en cuenta que, la inmensa mayoría de los
etarras, ha crecido en familias de acendradas creencias cristianas. Y respirado en un
ambiente de irreales mitos nacionalistas.
Ya que el Yahvé del Éxodo es un Dios guerrero y vengativo, quizá quieran volver al
cristianismo primitivo, donde se celebraba con alegría la muerte de los creyentes. La
sangre de los mártires es semilla de cristianos. Pues ellos pasaban directamente a gozar
de la presencia de Dios. Las religiones no alientan, regularmente, la violencia, pero la
justifican, si les beneficia. No se perjudica a un mártir, por enviarlo al reino de los
cielos. Allí encontrará el complemento ansiado. Quien muera luchando en defensa de
sus creencias, conquista la posición de mártir. Y una entrada directa en el Cielo.
Si esta novedosa orientación del terrorismo etarra fuese cierta, sería que están llegando
a una nueva fase de ceguera mística. Equivaldría a tanto como afirmar que llevan a cabo
una especial guerra santa, contra los estados español y francés. En eso, sí pueden haber
aprendido algo, los líderes terroristas vascos, de sus colegas musulmanes, en las
prisiones. Reconvertir el terror en llave del cielo, debe ser todo un arte. Veremos si
encuentran jóvenes ingenuos, crédulos y creyentes, en número suficiente, para nutrir sus
filas de mártires. Aunque, en nuestra civilización, los idealistas son los más propensos a
caer en errores. Cuando se mezclan convicciones políticas con creencias religiosas, el
resultado acaba siempre siendo el mejor fertilizante para obtener buenas cosechas en el
macabro cultivo ideológico de los productivos campos de mártires. ¿Irán estos al Cielo,
al Paraíso, al Nirvana, al Valhalla o al Limbo? Han de saber que no todos los mártires
tienen el mismo destino.
Emilio del Barco,, emiliodelbarco@gmail.com
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Gran Canaria,,

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