Anda di halaman 1dari 3

Hinata fijó sus ojos opalinos en la habitación hecha completamente de madera, madera clara

que se encontraba en el suelo en el resto del edificio. Solo en aquella oficina había sido
colocada en los muros, algunos cuadros colgaban en las paredes con marcos hechos de
plata, quizá era original, quizá era una copia. La ventana causaba que todo el salón se
iluminara, dejándola casi ciega. Normalmente sus ojos eran muy sensibles a la luz del sol.

Las voces se escuchaban muy lejos de sus intentos desesperados por no prestar atención a
la mirada llena de furia que le profería su jefe a uno de los comerciantes. Dejó un café que le
había pedido el compañero del Uchiha.

— Muchas gracias Hinatita-chan —

Maldijo interiormente.

— No hay de qué, señor Sai.

Miró por el rabillo de su ojo a su jefe, quién reposaba tan sensual como siempre, necesito
mucho control para no desmayarse ahí mismo. El dejaba que su cuerpo tan delirante que
despedía un aroma que la hacía enloquecer, se deslizara sin cuidado sobre su silla, su codo
derecho se apoyaba en la mesa sosteniendo su masculino rostro. Mientras que su mano
izquierda se aferraba con fuerza a la silla, estaba furioso.

Hinata se situó al lado de este mientras él colocaba su dedo índice sobre sus labios. Miró
fijamente al portador de aquellas orbes negras que no dejaba de devorarse con la mirada a
la Hyuuga.

— Bueno, señor Uchiha — Replicó el pelirrojo — ¿Es un trato?


— Si, me gustaría estar al tanto de los pasos que se lleven en este proyecto, y estoy
pensando en quedarme un tiempo acá.

Hinata tembló.

— No será necesario, se le pasará un informe continuamente — Replicó con voz ronca.


— Claro, señor Sabaku, sin embargo preferiría cerciorarme por mi mismo.
— Hmph… Bueno, como usted desee.

Sonrió cínicamente, Sai solo siguió sonriendo. Y dijo.

— Bueno, ¿Ya podemos dar por terminada esta reunión? Estoy cansado.
— Por supuesto, la recepcionista les entregará todo lo necesario para que sepan donde están
sus habitaciones y confió con que Hinata les tenga unos escoltas listos.
— Si, así es — Sonrió — Les esperan abajo junto a una limosina.
— Pensé que tú nos guiarías Hinata — Dijo Sasuke con tono seductor.
— Uhm… Bueno, si así… — Gaara la interrumpió
— Lo lamento Uchiha-san, necesito a mi secretaria por unos momentos.
— Entiendo, no hay problema — Se alzó de la silla.

Sai por igual se levantó y tomó unos papeles que se encontraban frente a él. Gaara se
levantó y caminó junto a Hinata para despedirse, estrechó su mano con el pálido Sai, quién
fue el primero en salir, se despidió con un gesto de su mano de Hinata y continuó su camino
sin esperar al Uchiha, quién no se conformó con una estrechada de manos con la Hyuuga. La
abrazó con fuerza pegando sus cuerpos lo más que pudo, Hinata se sintió incomoda y al
separarse obtuvo el aire que se le había sido arrebatado.

Gaara estrechó su mano con fuerza, dándole una disimulada amenaza a lo que Sasuke solo
sonrió. Salió de la oficina.

Tenía que huir de ahí lo más rápido posible, se escabullo y propiamente corrió hacia la puerta
pero la pálida mano de Gaara la cerró justo a tiempo, se poso frente a esta y deslizó su
mano hasta cerrar la puerta con seguro.

Hinata tragó saliva con algo de dificultad.


— ¿P-Pasa algo jefe?

Gaara ladeó su rostro hacia un lado esbozando una sonrisa seductora mientras miraba el
suelo, dio un paso hacia delante a lo que Hinata solo retrocedió.

— Estuve a punto de matar a ese bastardo — La miró.


— ¿A-ah, sí?
— No me gusta que te miren de esa forma — Dio un par de pasos.

Hinata retrocedió y chilló al tropezarse con una de las sillas, se aferró a lo primero que
encontró, que para su maldición fue la camisa negra del pelirrojo, quién la tomó de la cintura
y la alzó a la mesa. Hinata tembló aún más e intentó retroceder lo más que pudo.

— J-Jefe, d-deténgase.
— No me gusta que me digas jefe

Gaara la atrajo hacia si tomándola de las piernas y le profirió una suave caricia que hizo que
la Hyuuga suspirara.

— Prefiero que me digas como gritabas anoche Mon amour.

La tomó de los glúteos y la atrajo aún más hacia él, juntando sus cinturas. Hinata mordió su
labio inferior al sentir la potente erección de su jefe.

— P-Por favor, jefe, b-basta…


— Dilo… — Gruñó
— ¡Este no es el lugar! —
Gritó sintiendo el delicioso roce que él le entregaba en su entrepierna, rozando su miembro
erecto
— No me importa dónde estemos — Sonrió. Hinata sintió que moriría. — ¡Que todos se
enteren que me enloqueces!

Gritó mientras se abalanzaba sobre el cuello pálido de la Hyuuga.

— G-Gaara… — Susurró.

Sintió como el aire que escapó de los labios del aludido al sonreír chocaba con su cuello
causándole un escalofrío. Continuó besando el cuello de esta, se sentía hambriento.

— P-Podrían escucharnos… Le dirán a tu esposa…


— No me interesa… — Respondió con tono ronco.

Bajó sus labios por la camisa de ella mientras la tomaba con firmeza por la cintura, su mano
libre se deslizó hábilmente por la camisa de la peliazul, soltando los botones de esta, alzó sus
caderas en busca del roce de sus sexos. Gaara gruñó al sentirla y juntó más sus cuerpos,
sacó con desespero la camisa de ella y la lanzó lejos mientras se dedicaba a besar el
abdomen de su amante.

Maldecía en su interior el haberse casado. Su esposa. Era su peor pesadilla, jamás había
visto ese lado compulsivo que la obligaba a comprar ropa con desesperación, dejó al lado sus
deberes como mujer aprovechando el dinero de su esposo para salir todos los días y pasar
desde el amanecer hasta el atardecer metida en un centro comercial.

Dos meses después de esa delirante tortura Gaara estaba hastiado, sentía que terminaría
lanzándose por la ventana hasta que Hinata llegó a su vida, su delicada y sensual secretaria
siempre lo consolaba, lo acompañaba en cada noche hablando con él tonterías, intentando
hacerlo olvidar de su esposa, poco a poco se enamoraron, sin embargo el pelirrojo no se
atrevía a decirle sus sentimientos, hasta que una noche, él, pasado de tragos, le hizo el
amor, al día siguiente se sentía lleno de paz aferrándose al cuerpo femenino de su secretaria.
Había sido un maldito descarado al pedirle que fueran amantes, pero ese era su deseo,
sentía que desfallecería si ella no permanecía a su lado, si no la hacía suya, si no probaba
esos labios de miel que lo llevaban hasta el cielo con solo un roce.
Siempre solía decir que se iría un mes a viajar junto a su secretaria por cuestiones de
trabajo. Y que trabajos, vivir con ella en una habitación de un hotel era la experiencia más
hermosa que había experimentado. Despertar al lado de ella, compartir los desayunos,
caminatas y hacerle el amor como un salvaje en las noches.

Hinata se removió inquieta al sentir como el le retiraba el brasier.

— G-Gaara, nos podrían ver, por la v-ventana…

El pelirrojo frunció el ceño ante la simple idea de que alguien la viera desnuda, retorciéndose
de placer. Se deslizó caminando hacia la ventana mientras se deshacía de su camisa y
soltaba sus pantalones, cubrió la gran ventana con sus cortinas. Hinata palpitó al sentir el
ambiente cargado de deseo. Todo se oscureció en un segundo dejándola nerviosa, deseosa
de sentirlo dentro de ella. No se cansaba de hacer el amor con el.

Miró con deseo el fuerte torso de este, y lo recibió a brazos abiertos enredando sus piernas
en la cintura de este, Gaara se bajó los pantalones desesperado. Y pasó a succionar y besar
los pechos de su Hyuuga. La apretó fuertemente contra su cuerpo, deseando que ella sintiera
su masculinidad, su pecho, su ser por entero, quería que su cuerpo quedara marcado en el
de ella y no el del Uchiha. Alcanzó sus labios buscando morderlos, comerlos con
desesperación mientras ella clavaba sus uñas en la espalda de él, se ruborizaba ante el
delicioso deseo de marcarlo como suyo.

Y Gaara definitivamente no se quedaba atrás, su cuello estaba lleno de pequeños moretones


y mordidas que dejaban claro que ella ya tenía un dueño.

Hinata comenzó a rozar con sus pies los boxers, de líneas, de él buscando deshacerse de
ellos. El pelirrojo la ayudó con sus manos y una vez abajo toda su ropa tomó el pie descalzo
de Hinata y comenzó a besarlo, lamiendo y mordiendo toda su extensión, continuó por sus
muslos mientras los acariciaba y se deslizó por dentro de sus piernas.

La tomó de la cintura con posesión y comenzó a morder su clítoris. Hinata se aferró a la


cabeza de él, hundiéndolo en el más delicioso centro que jamás hubiera probado. La amaba,
con locura y pasión.

— ¡Gaara! ¡Ah-ah! ¡Dios! ¡mmmh!

Sonrió. Le encantaba escucharla gemir. Sus besos subieron una vez más hasta besar su
abdomen y continuar por sus pechos. Tomó posesión de sus labios y los besó con deseo y
placer mientras comenzaba a entrar en ella. Hinata se contrajo cerrando sus paredes
vaginales y Gaara se estremeció al sentir como ella lo apretaba y succionaba.

Término de entrar deseoso comenzando a mover sus caderas, estaba tan húmeda,
completamente lubricada, era placentero. Infinitamente placentero sentirse unido a ella,
sentir que ella le pertenecía. Maldición como amaba a esa mujer.

Comenzó a envestirla sin pudor, movía sus caderas deseoso mientras callaba los fuertes
gemidos de ella con su boca, cada vez más adentro, más rápido. Su cuerpo se contrajo
ardiendo en deseo, sintiendo como su miembro se endurecía aún más, a punto de explotar.
La Hyuuga se aferró con fuerza a el experimentando el orgasmo. Seguido de ella él termino
dejándole su semilla. Continuó penetrándola lentamente, hasta que su cuerpo cedió ante el
esfuerzo y se dejó caer sobre el pecho desnudo de ella, mientras lo abrazaba con suavidad
acariciando sus cabellos rojizos.

— Eres un celoso… — Susurró jadeante.


— Solo cuido lo que es mío.