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Por Stella Murías, Instructora de Tao

Muchas veces me han preguntado qué significa la palabra “Tao”. La traducción del chino a cualquier idioma es un poco complicada y podemos encontrar distintas
traducciones, la mía es “el camino de dejar de ignorar”. La gran verdad de todo ser que sufre es la ignorancia de por qué lo hace. Conocemos, sabemos de tantas cosas:
historia, política, religión, economía, literatura, etc. pero lo realmente importante, cómo funcionamos nosotros, lo desconocemos. Ignoramos por qué enfermamos, por qué
envejecemos, por qué sufrimos, por qué morimos; ignoramos qué hacemos cuando estamos sanos y qué hacemos para estar enfermos.
Somos fundamentalmente energía, gracias a Einstein no me colgarán por escribir esto. Pero ¿sabemos como funciona esta energía en nosotros?, en la mayoría de los
casos, no. El ser humano sólo es consciente de la energía cuando la pierde, no cuando la tiene. ¡Cómo casi todo en la vida¡

La energía fluye en nuestro cuerpo a través de caminos


(que llevan el combustible energético al corazón, riñones, estómago, etc.) llamados meridianos o canales. Estos canales, como el lunar de mi mejilla, están en el mismo lugar
desde que se nace (la diferencia es que el lunar lo veo y los meridianos no). Pero a lo largo de mi vida algo ha variado: mi cuerpo. Las vértebras han cambiado de posición, el
hombro antes no estaba allí, las caderas, rodillas no son las mismas que cuando era niña; y, como resultado, surgen los dolores, que no son otra cosa que energía bloqueada,
energía que en su ascenso o descenso encuentra un obstáculo y no llega a su objetivo (hígado, pulmones, etc.)

La máquina humana es perfecta y puede “adaptarse” a ese desequilibrio durante años. Las patologías no se forman de un día para otro, son el resultado de muchos días, de
meses y años sin escuchar nuestro cuerpo, sin escuchar nuestro Ser.

Para el Tao la enfermedad es un desequilibrio entre el Yin y el Yang, dos calidades energéticas que son como la corriente continua y corriente alterna para la
electricidad. Si existe un exceso de corriente continua o de corriente alterna, o bien saltaran los plomos, o tendremos una luz muy tenue. En nuestro cuerpo sucede lo mismo; si
la corriente continua Yin y la corriente alterna Yang están en equilibrio, el resultado será luz o energía plena.

¿Qué es el Tao Yin?


Tao Yin significa “canalizar energía”. Es la herramienta ancestral que los taoístas utilizaban para desbloquear sus cuerpos y canalizar su esencia vital. El secreto
celosamente guardado durante siglos. El emperador en la antigua China era como un Dios al cual nadie osaba molestar. Si estaba enfermo, al médico de entonces no se le
ocurría ponerle ni siquiera una aguja, porque le colgaban, lo que utilizaba con el emperador era enseñarle a redireccionar esa energía a través de ejercicios. Así era el Tao Yin,
sólo para unos pocos, el emperador y su séquito.

La diferencia entre el Tao Yin y cualquier otro ejercicio (exceptuando las artes marciales) es que se ejerciten los tendones, la fibra olvidada por la mayoría. El tendón es la
fibra más poderosa y fuerte de mi cuerpo. Pero vivimos como si no tuviésemos tendones y ya se sabe que “todo aquello que no se utiliza, se atrofia”. Los tendones
comienzan a acortarse tirando del tejido conjuntivo que recubre nuestros órganos, tirando de la musculatura interna y, como está unida al hueso, tirando de los huesos.
Porque también hemos olvidado que el tendón une el hueso al músculo y si se acortan los tendones mi estructura mecánica (esqueleto) variará cambiando de lugar: se
acentuarán lordosis, cifosis, escoliosis, artrosis, contracturas y un sin fin de desequilibrios a los que, por desgracia, parece nos hemos acostumbrado.

El Tao Yin es el arte del movimiento sin tensión. Enseña a coger las riendas (=tendones) de nuestro caballo (=estructura) y llevarlo donde debería estar.

Aprenderemos a movernos desde el tendón, gastando el mínimo de energía, como hacen los gatos. Ellos no tienen ni siete ni nueve vidas, ellos tienen una estructura
tendinomuscular increíblemente desarrollada. Un gato al caer desde una gran altura lo hace en completa relajación, en el último instante se da la vuelta y recoge el impacto con
los tendones, sin tensar músculos, por lo cual no hay rotura de huesos. Muchas personas me comentan que esta teoría es muy bonita, pero que en realidad nosotros no somos
gatos, pero deberíamos recordar lo similar que es nuestra estructura con la de un mono, de hecho muchos ejercicios de Tao Yin extraen su nombre de movimientos que
realizan estos simios (Por ejemplo: “El mono reza con los codos").

El Tao Yin trabaja con un grupo muscular que se llama psoas. Este músculo tiene comportamiento de tendón y une la parte superior del cuerpo con la inferior. El ser
humano vive a medio gas, utilizando en ocasiones menos de la mitad de su potencial. Vivimos, trabajamos y construimos el mundo que conocemos con sólo la mitad del
cuerpo, a efectos reales, vivimos de cintura para arriba. El centro de gravedad de nuestro cuerpo, abdomen y zona lumbar, debería ser la zona más fuerte, cuando en realidad es
la más débil.

Prácticamente todo el mundo se echa la mano a la zona lumbar más de lo que quisiera y cuando hay una caída o cogemos peso de mala manera es allí donde surgirán las
lesiones más rápidas. Volviendo al psoas, como los tendones, también se acorta, el resultado de ese acortamiento puede traducirse en diferentes patologías: escoliosis, lordosis,
cifosis, acortamiento de una o ambas piernas, problemas genitourinarios, renales, de corazón, prolapsos, etc.. El psoas también es importante porque está unido al diafragma,
el músculo responsable de nuestra respiración. Para el Tao el diafragma es “el asiento del espíritu”, este nombre resume su gran importancia y como ya intuiréis, el
diafragma está muy castigado y tenso, tanto o más que nosotros mismos. Al acortarse el psoas, tira del diafragma y hace que también malrespiremos. AI inspirar cogemos
oxígeno y dióxido de carbono (CO2) y en la exhalación expulsamos CO2.

La exhalación suele ser muy corta, por lo cual no expulsamos todo el dióxido de carbono que inspiramos. El CO2 será metabolizado como toxinas, las mismas se quedarán
acumuladas en las articulaciones, tobillos, rodillas, caderas, cervicales, etc.; allí las almacena el cuerpo para protegernos.

El Tao Yin nos enseña ejercitando, fortaleciendo y elongando los tendones, a utilizar la suspensión de la máquina humana, es decir, movernos más y mejor, economizando el
combustible que nos da la vida.

El Tao Yin nos enseña a movernos, a respirar, a vivir sin tensión. Nos ayuda a reestructurar huesos y músculos poniéndolo de nuevo todo en su sitio. Así la energía no
encontrará bloqueos y nos encontraremos cada día con un caudal de chi más libre y fluido.
Pegado a los tendones están los meridianos tendinomusculares, su acceso con las agujas es bastante doloroso. A través del Tao Yin aprenderemos a mover los tendones,
utilizando a su vez la energía que fluye por estos meridianos, es decir pulsaremos el interruptor de la energía interna.

El Tao Yin es la estructura interna del Chi Kung y Tai Chi, la base de estas dos disciplinas. Con el Tao Yin aprendemos a canalizar nuestra propia energía, con el Chi
Kung aprenderemos a captar energía del Cosmos y de la Tierra y mezclarla con la nuestra propia, pero si no sé canalizar mi propia energía, por mucho que yo genere,
continuarán existiendo bloqueos y puede que éstos se acrecienten.

El fin del Tao es el equilibrio y para ello hace 5.000 años se estipuló un orden:

1. Tao Yin = Aprender a desbloquear nuestro cuerpo físico y energético y canalizar mi energía.

2. Chi Kung = El arte de la respiración o trabajo de la energía, aprender a captar aún más energía del cielo y de la tierra.

3. Tai Chi = El fin último, el arte de ser un receptor y emisor de esta Energía Cósmica e ilimitada de la cual estamos hechos.

Es por eso que muchos practicantes de Chi Kung y Tai Chi necesitan hacer Tao Yin para equilibrar su estructura y mejorar su práctica.

Estas técnicas se han mantenido en secreto hasta ahora y por fin ha llegado el momento de divulgarlas.