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Aquiles Julián

Selección y presentación 1

EL
INGENIO
DEL MULÁ
NASRUDÍN

Libros de Regalo
13
2
El ingenio del
Mulá Nasrudín

Aquiles Julián
Selección y presentación

Edición digital a cargo de


Colección
Libros de Regalo
13

Escríbenos a:
aquiles.julian@gmail.com
ideaccion.dr@gmail.com

Primera edición: Mayo 2008


Santo Domingo, República Dominicana

Este libro es cortesía de:

IDEACCION
IDE
Desarrollo del Capital
Humano

Cul de Sac Vista del Cerro No. 2, Edif. Robert Collier, Suite 3-B, Altos de Arroyo Hondo III,
Santo Domingo, D.N., República Dominicana. Tels. 809-227-6099 y 809-565-3164
Email: ideaccion.dr@gmail.com

Se autoriza la libre reproducción y distribución del presente libro, siempre y cuando se haga
gratuitamente y sin modificación de su contenido y autor.

Si se solicita, se enviarán copias en formato PDF vía email. Para solicitarlo, enviar e-mail a
ideaccion.dr@gmail.com, aquiles.julian@gmail.com o librosderegalo@gmail.com
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Contenido
4 Otra Cita con el Mulá
6 Cincuenta por ciento
7 Saber qué día es
7 El préstamo
7 Ajíes picantes
8 La sopa de pato
9 La miel en el fuego
9 El contrabandista
10 El oso
10 ¿Vivo o muerto?
11 El reloj de Nasrudín
11 La tumba del Mulá
11 El manto
12 Presentación ante el Gran Mogul
18 Romper la norma de la muerte por una vez
19 El huerto de Nasrudín y la regla de oro
19 Perfume
19 Monogamia
20 Lecciones de laud
21 La estaca
22 Escoger a su conveniencia
22 Todos somos responsables
23 El oro, la túnica y el caballo
24 Importancia de la luna
24 Una capa pesada
24 Sacarse el ojo adolorido
24 Las apariencias
25 En qué lugar ir
25 Gratitud
25 El pueblo al que se le daban bien los números

28 Credenciales del compilador


29 Libros digitales publicados a la fecha
4
De nuevo nos reencontramos con el Mulá. El
Libro de Regalo No. 5 lo dedicamos a 30
Historias de Narudín Hodja.
Hodja Ahora traemos,
Otra cita con el Mulá. en este Libro de Regalo No. 13 otro puñado
de historias, entre ellas el viaje de Nasrudín
como embajador a la corte del Gran Mogul, en Delhi.

El místico hindú Osho aseguraba que Nasrudín fue un personaje


real, un sufí (místico árabe), pero aunque su existencia real está
en entredicho, su existencia en la cultura es sólida. Sus
ocurrencias y sutilezas envuelven, como una cebolla, tras una
primera capa de humor o paradoja que puede provocar
desconcierto y asombro, elevadas enseñanzas.

Nasrudín, en ese aspecto, es un personaje creado por la cultura, por una


reflexión de muchos para edificación y prevención de otros. Las distintas
historias, los escenarios, la amplia variedad de temas en que Nasrudín
aparece como personaje nos habla de una gran autoría social: Nasrudín es
el nombre de miles de autores que por su vía se propusieron educar
entreteniendo, enseñar deleitando, desafiar la inteligencia mientras
atrapaban con el humor o la paradoja.

Hay a quienes les preocupa saber si un personaje existió o no: a mí,


particularmente, eso me tiene sin cuidado. De hecho, para muchos, hay
personajes de ficción que tienen más realidad y más influencia en sus vidas
que muchos otros personajes históricos. Y no digamos de la influencia
poderosa que personajes y obras de ficción pueden ejercer sobre personas
orientando su acción.

De hecho, todo existe como entrenamiento o aprendizaje.


aprendizaje La vida es una
gran escuela y el principal alumno es uno.

Cada libro, película, situación, idea, conversación, experiencia existe para


impactar en mí y llevarme a un nivel de comprensión y desarrollo superior.

Jesús educaba con parábolas. La Biblia puede ser asumida como una gran
colección de parábolas, independientemente de su valor histórico. De
hecho, es en tanto narración moral en que muchas de sus páginas cobran
sentido. Las historias de José, de Moisés, de Josué, de Gedeón, de Ruth, de
Esther, de Job, de Lot, de Abraham, de Salomón, de Jonás, de David tienen
sentido por lo que nos enseñan hoy, por lo que pueden aclararnos como
modelo de conducta, como ejemplo, como muestra de las consecuencias de
las decisiones que tomamos.
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Así que una pregunta clave al leer la Biblia, al leer estas historias, al leer
cualquier libro es: “¿Qué puedo aprender aquí que mejore mi vida?”.

Durante muchos años, creí que nos empujaban a vivir una vida sin poseer
un Manual de Vida que nos enseñara a cómo vivirla de la mejor manera
posible, y de alguna forma explicaba así los tantos errores y extravíos
cometidos.

Al abrevar en las páginas de la Biblia tuve que tragarme mis palabras: el


Manual existía. Allí estaban dadas en directrices claras como vivir de
manera sana, honesta y próspera. El Manual existía, pero yo menosprecié
tomar de sus aguas y, en cambio, me quejaba de mi sed.

La Biblia es lectura meditativa, lectura para reflexionar. Uno toma un sorbo


y luego lo deja hidratar cada célula, cada tejido, cada órgano, hasta que su
savia nos renueve.

Y es lectura siempre nueva, siempre oportuna y nunca la misma, porque


nunca somos los mismos.

También estas historias de Nasrudín, como muchas de las parábolas que


hemos ido compartiendo en estos envíos de Libros de Regalo van más allá
del humor, la paradoja o la ocurrencia feliz para invitarnos a detener el
mundo y meditar sobre ellas, superando la capa dulce de la entretención
para penetrar en las nutritivas enseñanzas de fondo.

Usalas para crecer, para elevar tu nivel de entendimiento y claridad


mentales, para iluminar tu corazón.

La sabiduría de Nasrudín, las enseñanzas sabias de Confucio,


Confucio de Buda,
Buda de
Lao Tse…
Tse las ideas positivas, sanas, amorosas y compasivas de muchas
personalidades y personajes, superan las diferencias culturales, sociales,
epocales, para mandar un mensaje de tolerancia, de respeto, de amor, de
compasión, de solidaridad… Y todas se engloban en el mensaje de amor que
Jesús nos quiso enseñar: Amar a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo
como a ti mismo. Amar a Dios, amarte a ti y amar a tu prójimo en la misma
medida que a ti. Para eso es que sirven estas historias. Disfrútalas.

Aquiles Julián
Mayo 2008 ©
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Cincuenta por ciento
Nasrudin fue arrestado y conducido al tribunal bajo la
acusación de haber metido carne de caballo en las
albóndigas de pollo que servía en su restaurante.
Antes de pronunciar sentencia, el Juez quiso saber en
qué proporción mezclaba la carne de caballo con la de
pollo. Y Nasrudin, bajo juramento, respondió:
“- Al cincuenta por ciento, Señoría”.
Después del juicio, un amigo le preguntó a Nasrudin
qué significaba exactamente lo del “cincuenta por
ciento”.
Y Nasrudin le dijo:
“- Un caballo por cada pollo”.

La Bandeja de Hojaldre
"Un sabio forastero llegó a Aksehir. Deseaba desafiar al hombre más docto
de la ciudad y le presentaron a Nasrudin.

El sabio trazó un círculo en el suelo con un palo. Nasrudín cogió el mismo


palo y dividió el círculo en dos partes iguales.

El sabio trazó otra línea vertical para dividirlo en cuatro partes iguales.
Nasrudín hizo un gesto como si tomara las tres partes para sí y dejara la
cuarta para el otro. El sabio sacudió la mano hacia el suelo. Nasrudín hizo
lo contrario.

Se acabó la competencia y el sabio explicó:

- ¡Este señor es increíble!, le dije que el mundo es redondo, me contestó que


pasa el ecuador terrestre por el medio. Lo dividí en cuatro partes, me dijo
"las tres partes son de agua, la cuarta es de tierra". Le pregunté "¿por qué
llueve?", me contestó "el agua se evapora, sube al cielo y se convierte en
nubes".

Los ciudadanos deseaban conocer la versión de Nasrudín:

- ¡Qué tipo más glotón!, me dijo: "si tuviéramos una bandeja de dulce de
hojaldre", yo le dije "la mitad es para mí".
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Me preguntó "¿si lo dividiéramos en cuatro partes?", yo le contesté "me
comeré las tres partes". Me propuso "¿si le echáramos pistachos molidos?",
yo le dije "buena idea, pero se necesita un fuego alto. Quedó vencido y se
fue...."

Saber qué día es


Un hombre detuvo a Nasrudín y le preguntó -qué día de la semana era.

"-No sé decirle, contestó el Mulá. Soy forastero y no sé qué días de la


semana tienen aquí".

El préstamo
Un hombre pidió a Nasrudín dinero en préstamo. El Mulá pensó que no lo
recobraría jamás, pero de todas maneras le dio dinero.

Para su sorpresa, el hombre no tardó en devolverle el préstamo. Nasrudín


se quedó pensativo.

Algún tiempo después el mismo hombre le pidió nuevamente dinero


prestado diciéndole: "Tú sabes que yo cumplo, pues te he devuelto tu
préstamo la vez anterior".

-Esta vez no, bribón -rugió Nasrudín-; me engañaste la vez pasada cuando
creí que no me lo devolverías. No te saldrás con la tuya por segunda vez".

Ajíes picantes
Amigo, ¿no sabe que los chiles sólo se comen en pequeñas cantidades?

Casi sin poder hablar, Nasrudín comentó:

-Buen hombre, créeme, yo pensaba que estaba comprando dulces.

Pero Nasrudín seguía comiendo chiles. El paseante dijo:


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-Bueno, está bien, pero ahora ya sabes que no son dulces. ¿Por qué sigues
comiéndolos?

Entre toses y sollozos, Nasrudín dijo:

-Ya que he invertido en ellos mi dinero, no los voy a tirar.

La sopa de pato
Cierto día, un campesino fue a visitar a Nasrudín, atraído por la gran fama
de este y deseoso de ver de cerca al hombre más ilustre del país. Le llevó
como regalo un magnífico pato.

El Mulña, muy honrado, invito al hombre a cenar y pernoctar en su casa.


Comieron una exquisita sopa preparada con el pato. A la mañana siguiente,
el campesino regreso a su campiña, feliz de haber pasado algunas horas con
un personaje tan importante.

Algunos días más tarde, los hijos de este campesino fueron a la ciudad y a
su regreso pasaron por la casa de Nasrudín.

- Somos los hijos del hombre que le regaló un pato - se presentaron.

Fueron recibidos y agasajados con sopa de pato.

Una semana después, dos jóvenes llamaron a la puerta del Mulá.

- ¿Quiénes son ustedes?

- Somos los vecinos del hombre que le regaló un pato.

El Mulá empezó a lamentar haber aceptado aquel pato. Sin embargo, puso
al mal tiempo buena cara e invitó a sus huéspedes a comer.

A los ocho días, una familia completa pidió hospitalidad al Mulá.

- Y ustedes ¿quiénes son?

- Somos los vecinos de los vecinos del hombre que le regaló un pato.

Entonces el Mulá hizo como si se alegrara y los invitó al comedor. Al cabo


de un rato, apareció con una enorme sopera llena de agua caliente y llenó
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cuidadosamente los tazones de sus invitados. Luego de probar el líquido,
uno de ellos exclamó:

- Pero .... ¿qué es esto, noble señor? ¡Por Alá que nunca habíamos visto una
sopa tan desabrida!

Mulá Nasrudin se limitó a responder:

- Esta es la sopa de la sopa de la sopa de pato que con gusto les ofrezco a
ustedes, los vecinos de los vecinos de los vecinos del hombre que me regaló
el pato.

La miel en el fuego
El Mulá calentaba miel en el fuego, cuando un amigo llegó de improviso.

La miel comenzó a hervir y Nasrudín le convidó a


su visitante. Estaba tan caliente, que el otro se
quemó.

- ¡Haz algo! - exclamó el amigo.

Entonces el Mulá tomó un abanico y lo agitó por


encima de la olla .... con el propósito de enfriar la
miel.

El contrabandista
Nasrudín solía cruzar la frontera todos los días,
con las cestas de su asno cargadas de paja. Como
admitía ser un contrabandista cuando volvía a casa por las noches, los
guardas de la frontera le registraban una y otra vez. Registraban su
persona, cernían la paja, la sumergían en agua, e incluso la quemaban de
vez en cuando.

Mientras tanto, la prosperidad de Nasrudín aumentaba visiblemente.

Un día se retiró y fue a vivir a otro país, donde, unos años más tarde, le
encontró uno de los aduaneros.
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- Ahora me lo puedes decir, Nasrudín, ¿Quá pasabas de contrabando, que
nunca pudimos descubrirlo?

- Asnos - contestó Nasrudín.

El oso
Un rey que gustaba de la compañía de Nasrudín, y también de la caza, le
ordenó que le acompañara en la caza del oso. Nasrudín estaba aterrado.

Cuando Nasrudín volvió a su aldea, alguien le preguntó: - ¿Cómo fue la


caza?

- Maravillosamente.

- ¿Cuántos osos viste?

- Ninguno.

- Entonces, ¿por qué dices que fue maravillosamente?

- Cuando estás cazando osos, y tú eres yo, no ver ningún oso es una
experiencia maravillosa.

¿Vivo o muerto?
El Mulá estaba pensando en voz alta.

- ¿Cómo sé si estoy vivo o muerto?

- No seas necio - dijo su esposa - si estuvieras muerto, tus miembros


estarían fríos.

Poco tiempo después, Nasrudín se encontraba en el bosque cortando leña.


Era pleno invierno. De repente, se dio cuenta de que tenía fríos las manos y
los pies.

Indudablemente estoy muerto - pensó - de modo que debo interrumpir mi


trabajo. Los cadáveres no van por ahí caminando. Entonces, se tendió
sobre la hierba.
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Pronto llegó una manada de lobos y empezó a atacar al asno de Nasrudín,
que estaba atado a un árbol.

- Vamos, continúen, aprovéchense de un hombre muerto - dijo Nasrudín,


sin moverse - pero si estuviera vivo, ustedes hubiesen visto, no les
permitiría estos atrevimientos con mi asno !

TRES CUENTOS DEL MULÁ NASRUDIN

El reloj de Nasrudín
El reloj de Nasrudín nunca marcaba la hora correcta.

— ¿No puedes hacer algo con respecto a ese reloj, Mulá? —alguien le
preguntó—.
— ¿Qué?
— Bueno, nunca está bien. Cualquier cosa que hicieras sería una mejora al
respecto.

Nasrudín lo golpeó con un martillo. Y el reloj se detuvo.

— Tienes razón, ¿sabes? —dijo—. Esto realmente constituye una mejora.


— Yo no quise decir literalmente cualquier cosa. ¿Cómo puede estar mejor
ahora que antes?
— Bueno, verás, antes de que yo lo detuviera nunca estaba correcto. Ahora
está correcto dos veces al día, ¿no es verdad?

La tumba del mulá


La tumba de Nasrudín tenía al frente una inmensa puerta
de madera, cerrada con pasadores y candados. Nadie
podía entrar en ella, al menos por la puerta. Como broma postrera ,el Mulá
había dispuesto que la tumba no tuviera paredes a su alrededor.

El manto
Un día, Nasrudín fue visitado por su viejo amigo, Jalal.
El Mulá dijo: - Estoy encantado de verte después de tanto tiempo. Pero
estoy a punto de efectuar una serie de visitas. Ven, acompáñame y
podremos charlar.
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- Préstame un manto decente -dijo Jalal-, porque, como puedes ver, no
estoy vestido como para efectuar visita alguna.
Nasrudín le prestó un magnífico manto.
En la primera casa, el Mulá presentó a su amigo.
- ¡Este es mi viejo compañero Jalal, pero ese manto que lleva puesto es mío!
En camino al próximo pueblo, Jalal dijo:
- ¡Qué cosa tan estúpida fue que dijeras "El manto es mío"! No vuelvas a
hacerlo.
Nasrudín lo prometió.

Cuando estaban sentados cómodamente en la siguiente casa, Nasrudín


dijo:- Este es Jalal, un viejo amigo que vino a visitarme. En cuanto al manto,
el manto es de él.
Al salir, Jalal estaba tan molesto como antes.
- ¿Por qué dijiste eso? ¿Estás loco?
- Solo quise arreglar las cosas, ahora estamos a mano.
- Si no te importa- dijo Jalal lenta y cuidadosamente-, no hablaremos más
del manto.
Nasrudín así lo prometió.
En el tercer y último lugar que visitaron. Nasrudín dijo:- Permítanme
presentarles a Jalal mi amigo. Y el manto,el manto que lleva puesto... Pero
no debemos decir nada sobre el manto, ¿no es así?

Presentación ante el Gran Mogul


Debido a una serie de malos entendidos y coincidencias, Nasrudín se
encontró un día en el Salón de Audiencias del Emperador de Persia.

El Shah se encontraba rodeado de nobles egocéntricos, de gobernadores de


provincias, de cortesanos e intrigantes de todo tipo. Cada uno de ellos
estaba presionando para lograr su pretensión de ser nombrado Jefe de la
Embajada que pronto saldría para la India. La misión era muy importante,
pues se recelaba de las intenciones del Gran Mogul sobre una posible
invasión del imperio Persa.

La paciencia del emperador ya se agotaba y levantó la cabeza sobre el


incómodo grupo invocando, mentalmente, la ayuda de los Cielos para su
problema y poder ver a quién elegía. Sus ojos se iluminaron sobre Mulá
Nasrudín.

- Este ha de ser el Embajador - anunció -, por lo tanto ahora, déjenme en


paz.
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La intriga

Se cedieron a Nasrudín lujosas ropas y se le confió un enorme cofre con


rubíes, diamantes, esmeraldas y valiosas obras de arte. El regalo del Shah al
Gran Mogul.

Los cortesanos, no obstante, no se dieron por vencidos. Unidos esta vez por
la afrenta hecha a sus pretensiones, decidieron preparar la caída del Mulá.
Primero se filtraron en sus habitaciones robándole las joyas, que
repartieron entre ellos, poniendo tierra dentro del cofre para reemplazar su
peso. Después fueron a ver a Nasrudín, con la determinación de arruinar su
cometido, ponerlo en dificultades y, en el proceso, desacreditar también a
su amo.

- Felicitaciones, gran Nasrudín - le dijeron -, lo que la Fuente de la


Sabiduría, Pavo Real del Mundo, ha ordenado, debe ser la esencia de todo el
saber; por eso nosotros te aclamamos. Pero hay un par de puntos sobre los
cuales podemos estar capacitados para aconsejarte, pues, para nosotros, el
comportamiento de emisario diplomático es lugar común.

- Me sentiría agradecido si ustedes me lo dijeran - dijo Nasrudín.

- Muy bien - dijo el jefe de los intrigantes - Lo primero es que debes ser
humilde. Para demostrar tu modestia, no debes hacer ostentación de
ninguna señal de importancia. Cuando llegues a la India entrarás en todas
las mezquitas que puedas y harás colectas para ti. Lo segundo es que debes
guardar la etiqueta de la corte en el país ante el cual estás acreditado. Esto
significa que llamarás al Gran Mogul ¡La Luna Llena!.

- ¿Pero, no es ese el título del Emperador Persa? - dijo Nasrudín.

- No en la India - le contestaron.

Días después, en el momento de la despedida, el Emperador Persa le dijo:

- Tenga cuidado Nasrudín. Observe la etiqueta, pues el Mogul es un


poderoso emperador y debemos impresionarle sin ofenderlo de manera
alguna.

- Estoy bien preparado, Majestad - contestó.

Así, Nasrudín partió.


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Las mezquitas

En cuanto pisó territorio hindú, entró en una mezquita, subió al púlpito y


dijo:

- ¡Señores! ¡Vean en mí al representante de la sombra de Dios sobre la


Tierra! ¡El Eje del Mundo! Saquen dinero, pues estoy haciendo una colecta.

Y esto lo repitió en toda mezquita que encontró en el camino que va desde


el Beluchistán hasta la Delhi imperial. Recogió dinero en cantidad.

Le habían dicho los consejeros que hiciera con él lo que quisiera, pues era el
producto del crecimiento intuitivo y la gracia. Y como tal, su uso crearía su
propia demanda. Lo que querían que sucediera era que el Mulá se expusiera
al ridículo por conseguirlo en esa forma vergonzosa.

- El santo debe vivir de su santidad - gritaba Nasrudín de mezquita en


mezquita -. No doy cuenta alguna, ni la espero. Para ustedes, el dinero es
algo para atesorar después de haberlo obtenido y lo pueden cambiar por
cosas materiales. Para mí, es solamente parte de un mecanismo. Yo soy el
representante de una fuerza natural de crecimiento intuitivo, dádivas y
desembolso.

Ahora bien, como todos sabemos, lo bueno a menudo procede del mal
aparente y a la inversa. Aquellos que pensaron que Nasrudín estaba
llenándose sus bolsillos, no contribuyeron. Por alguna razón, sus asuntos
no progresaron. Mas aquellos a quienes se les consideró crédulos y dieron
su dinero, se enriquecieron misteriosamente. Pero volvamos a nuestra
historia.

Antes de la llegada

Sentado en el trono del Pavo Real, el Emperador de Delhi estudiaba los


informes que los correos le traían diariamente informando el progreso del
embajador persa. No pudo encontrarles sentido y reunió a su Consejo:

- Caballeros, este Nasrudín verdaderamente debe ser un santo o un guiado


por la divinidad. Nunca se ha oído que alguien haya violado el principio de
que no se debe pedir dinero sin razón válida, por temor a que se le
interprete mal.
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Le respondieron: - Que jamás se achique su sombra, oh Extensión Infinita
de toda Sabiduría: estamos de acuerdo. Si existen en Persia hombres como
éste, debemos cuidarnos pues su ascendencia moral sobre nuestro aspecto
materialista es claro

Después llegó un correo de Persia trayendo una carta secreta en la cual los
espías del Mogul en la corte imperial informaban que Mulá Nasrudín no
era un hombre importante en Persia, que fue elegido sin otra ley que la del
azar, para ser Embajador y que no podían comprender la razón por la que el
Shah no había sido más cuidadoso.

El Mogul reunió nuevamente a su Consejo y les dijo:

- Incomparables Aves del Paraíso, se me ha manifestado un pensamiento:


que el Emperador Persa ha elegido al azar un hombre para representar a
toda una nación. Esto podría significar que está tan confiado en la sólida
calidad de su gente, que para él, ¡cualquiera está en condiciones para
emprender la delicada tarea de embajador ante la sublime Corte de Delhi!
Así, también, indicaría el grado de perfección logrado y los asombrosos e
infalibles poderes intuitivos cultivados entre ellos. Creo que debemos
reconsiderar nuestro deseo de invadir Persia.

- Tienes razón Guerrero Insuperable en las Fronteras - exclamaron los


nobles hindúes.

Nasrudín en la corte

Al fin Nasrudín llegó a Delhi. Iba montado en su viejo burro. Lo


seguía su escolta, sobrecargada por lo sacos de dinero que había
reunido el Mulá en las mezquitas. El cofre que contenía el tesoro
lo llevaba un elefante, tal era el tamaño y peso.

Nasrudín fue recibido por el Maestro de Ceremonias en la


puerta de entrada a Delhi y de allí fue llevado directamente a la
presencia del Emperador.

Éste estaba sentado, rodeado de sus nobles, en un gran patio, el Salón de


Recepción de los Embajadores. El Salón había sido hecho de forma tal que
la entrada era baja y, en consecuencia, los embajadores se veían obligados
siempre a desmontar de sus caballos y llegar a pie a la Suprema Presencia,
dando así la impresión de suplicantes. Sólo un igual podía cabalgar hasta la
presencia del Emperador.
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Nunca antes un Embajador había llegado montando un burro y así fue que
nada impidió a Nasrudín para llegar trotando recto hasta el Dosel Imperial,
pasando la puerta sin desmontar.

El monarca hindú y sus cortesanos intercambiaron significativas miradas


ante este hecho. Alegremente Nasrudín desmontó. Se dirigió al Soberano
como la Luna Llena y pidió que le fuera traído el cofre de los tesoros. Lo
abrió y... ¡apareció la tierra!. Hubo un momento de consternación.

"Mejor es que no diga nada, pues no hay nada que decir para disimular esto"
pensó Nasrudín y permaneció callado.

El Mogul le murmuró a su Visir:

- ¿Qué significa esto? ¿Es un insulto a la Suprema Eminencia?.

Incapaz de admitir tal cosa, el Visir se concentró intensamente y


proporcionó la siguiente interpretación:

- Esto es un acto simbólico, Alteza - murmuró - El Embajador quiere


significar que lo reconoce como el Amo de la Tierra ¿Acaso no le llamó Luna
Llena?.

El Mogul se relajó y dijo:

- Estamos contentos con la ofrenda del Shah Persa pues, nosotros, no


tenemos necesidad de riquezas y apreciamos la sutileza metafísica del
mensaje.

- Se me ha encargado que le diga - dijo Nasrudín, recordando la frase que le


dieron los intrigantes en Persia, sobre el ofrecimiento del regalo - que esto
es todo cuanto tenemos para Su Majestad.

- Esto significa que Persia no nos cederá una onza más de su territorio -
murmuró el intérprete de los pronósticos al rey.

- Dígale a su amo que entendemos - dijo sonriendo el Mogul -. Pero hay


otro punto que aclarar: si yo soy Luna Llena, ¿qué es entonces el Emperador
Persa?.

- El es Luna Nueva - contestó Mulá automáticamente.

- La Luna Llena es más madura y da más luz que la Luna Nueva, que es más
joven - murmuró el Astrólogo de la Corte al Mogul.
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- Estamos contentos - dijo el hindú deleitado -. Puede usted regresar a su
país y decirle a la Luna Nueva que la Luna Llena lo saluda.

Los espías en la Corte de Delhi, rápidamente enviaron el relato completo


del intercambio al Shah, añadiendo que se sabía que el Emperador Mogul
había quedado impresionado y que desestimaba planear la guerra contra
los persas debido a las actividades de Nasrudín.

De vuelta a casa

Cuando el Mulá regresó a su tierra, el Shah lo recibió en audiencia plenaria.

- Estoy más que satisfecho amigo Nasrudín - le dijo -, por los resultados de
los métodos no ortodoxos. Nuestro país se ha salvado y esto significa que
no intentará contabilizar las joyas o lo recogido en las mezquitas. De hoy en
adelante se te reconocerá con el título de Safir Emisario.

- Pero su Majestad - murmuró su Visir - ¡este hombre es culpable de alta


traición, si no más! ¡Tenemos completa evidencia que aplicó uno de sus
títulos al Emperador de la India, faltando así a su lealtad y llevando a
descrédito uno de sus magníficos atributos!.

- Es verdad - tronó el Shah -, los sabios han dicho que para cada perfección
hay una imperfección. ¡Nasrudín! ¿Por qué me llamó usted a mí Luna
Nueva?.

- No sé de protocolo - dijo Nasrudín -. Pero sí sé que la luna llena está


desvaneciéndose, mientras que la luna nueva está creciendo, con sus más
grandes glorias al frente.

La actitud del Emperador cambió.

- ¡Prendan a Anwar, el gran Visir! - rugió -. ¡Mulá, yo te ofrezco el cargo de


Gran Visir!.

- Gracias - dijo Nasrudín - ¿Pero cómo podría aceptar yo después de ver con
mis propios ojos lo que le ha sucedido a mi predecesor?.

Epílogo

¿Y qué pasó con las joyas y los tesoros que los malos cortesanos habían
robado del cofre?.
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Esa es otra historia y como el incomparable Nasrudín dijo:

- Solamente los niños o los estúpidos buscan la causa y el efecto en el


mismo cuento.

Romper la norma de la muerte por una vez


Se hallaba en cierta ocasión Nasrudín - que tenía su día filosófico-
reflexionando en alta voz: "Vida y muerte... ¿quién puede decir lo que son?".
Su mujer, que estaba trabajando en la cocina le oyó y dijo:
"Los hombres sois todos iguales, absolutamente estúpidos. Todo el mundo
sabe que cuando las extremidades de un hombre están rígidas y frías, ese
hombre está muerto".

Nasrudín quedó impresionado por la sabiduría práctica de su mujer.


Cuando, en otra ocasión, se vió sorprendido por la nieve, sintió cómo sus
manos y sus pies se congelaban y se entumecían. "Sin duda estoy muerto",
pensó. Pero otro pensamiento le asaltó de pronto: "¿Y qué hago yo
paseando, si estoy muerto? Debería estar tendido, como cualquier muerto
respetable". Y esto fue lo que hizo.

Una hora después, unas personas que iban de viaje pasaron por allí y, al
verle tendido junto al camino, se pusieron a discutir si aquel hombre estaba
vivo o muerto. Nasrudín deseaba con toda su alma gritar y decirles: "Están
locos. ¿No ven que estoy muerto? ¿No ven que mis extremidades están
rígidas y frías?". Pero se dio cuenta de que los muertos no deben hablar. De
modo que refrenó su lengua.

Por fin, los viajeros decidieron que el hombre estaba muerto y cargaron
sobre sus hombros el cadáver para llevarlo al cementerio y enterrarlo. No
habían recorrido aún mucha distancia cuando llegaron a una bifurcación.
Una nueva disputa surgió entre ellos acerca de cuál sería el camino del
cementerio. Nasrudín aguantó cuanto pudo, pero al fin no fue capaz de
contenerse y dijo: "Perdón, caballeros, pero el camino que lleva al
cementerio es el de la izquierda. Ya sé que se supone que los muertos no
deben hablar, pero he roto la norma sólo por esta vez y les aseguro que no
volveré a decir una palabra".
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El huerto de Nasrudín y la regla de oro
Cuentan que el Mulá Nasrudín se encontraba un día en el huerto,
contemplando. Descansaba recostado a la sombra del nogal que crece junto
a su pozo, embelesado por el olor del nardo y la hierbabuena.
-Es curioso -se dijo meditabundo- aquellas enormes calabazas salen de un
tallo endeble y delgado y sin embargo las nueces, siendo tan pequeñas y
livianas, han de crecer sobre un tronco grueso y robusto.
En aquel momento, una nuez madura vino a estrellarse desde la cima del
árbol con estrépito sobre la calva del Mulá. Dolorido, éste se levantó de un
brinco y con grandes aspavientos gritaba hacia el cielo:
- Perdón, perdóname Dios mío. ¡No volveré a entrometerme en tus
asuntos!

Perfume
La mujer de Nasrudin deseaba fervientemente tener un animal doméstico
que le hiciera compañía, de modo que se compró un mono.

A Nasrudín no le gustó demasiado.

- "¿Qué vas a darle de comer?" , preguntó.

- "Exactamente lo mismo que comemos nosotros”, respondió la mujer.

- "Y dónde va a dormir? "

- "Con nosotros, en nuestra misma cama" .

- “¿Con nosotros? ¿Y qué pasa con el olor?”, inquirió sinceramente el Mulá.

- “Si yo puedo soportarlo, supongo que el mono también podrá.”

Monogamia
El hijo de Mulá Nasrudín le pregunta, "¿Por qué la ley no permite a un
hombre casarse con más de una mujer?"

Y el Mulá le dice, "Si un hombre no puede protejerse por si mismo, ¡la ley lo
proteje!"
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Lecciones de laud
Nasrudín decide que le podría ser útil aprender algo nuevo.

Va a ver a un músico y le dice "¿Cuánto cobra por enseñar a tocar el laud?"

"Treinta piezas de plata por el primer mes; luego, una pieza por cada mes
subsiguiente", dice el músico.

"¡Excelente!" dice Nasrudín. "Comencemos por el segundo mes, pues."

La estaca
Avanzaba la caravana en lucha con el amanecer que se adivinaba en el
horizonte. Más de doscientos dromedarios y camellos forzaron el paso
animados por los gritos de sus cuidadores, ansiosos también del merecido
descanso.

Cabalgaban durante toda la noche para evitar el calor y aliviar a las bestias
de sus pesadas cargas. Bajaban hacia Tombuctú y el camino se hacía cada
vez más duro y ardiente.

Con las primeras luces del alba montaban el campamento al socaire de una
duna o de unas palmeras, si tenían la suerte de encontrarlas. Colocaban en
círculo los animales para descargarlos. Con las monturas e impedimenta
formaban un muro de protección dentro del que se acomodaban por grupos
los camelleros, después de haber maniatado a las bestias para que no se
extraviaran durante la fuerza del calor y del viento chergui del mediodía.

Estaba el jefe de la caravana, Omar ben Yussef, refrescándose con sus


ayudantes cuando llegó corriendo Nasrudín, el camellero responsable de
una de las bestias más intratables.

- ¡Omar, Omar! – gritaba -. ¡Ay qué desgracia! ¡Ay qué desgracia!

- ¿Qué sucede, Nasrudín, para que grites de ese modo?

- Durante el camino hemos perdido la estaca a la que ataba mi camello.

- ¿Y, entonces?
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- Que no puedo amarrarlo, ¡Padre de todos nosotros! Y cuando apriete el sol
y sople el chergui, se escapará con toda la carga encima ya que no puedo
descargarla. ¡Ay, qué desgracia!

- Tranquilo, Nasrudín. Lleva en alto ese martillo que tienes en la mano


derecha. Aprieta con fuerza el puño de la izquierda como si tuvieras una
estaca y dirígete con el ceño fruncido ante tu camello.

- ¿Cómo dices?

- Sí. Haz lo que te digo. Cuando llegues ante él, agáchate y comienza a
cavar con fuerza y a hundir con brío el martillo en el suelo, ¡de espaldas al
camello, claro! Verás cómo se arrodilla y podrás descargarlo y maniatarlo

- Pero...

- Haz lo que te digo, Nasrudín.

Asombrado e incapaz de responder a su amo, Nasrudín hizo lo que le había


mandado. Su sorpresa fue mayúscula cuando todo sucedió como si hubiera
clavado la estaca. Pasó el día sin dormir acercándose a vigilar a la bestia que
rumiaba tranquila. No se lo podía creer. ¡Su amo era sabio!

Al atardecer del día siguiente, cuando todos se aprestaban para ponerse en


camino, llegó Nasrudín gritando y gesticulando como el día anterior.

- ¿Qué sucede ahora, Nasrudín?

- ¡Que el camello no quiere levantarse!, ¡Padre de todos nosotros! Le he


puesto la carga encima, lo he azuzado, y nada, allá sigue tumbado. ¡Qué
desgracia! porque todos los demás ya se ponen en reatas.

- ¿Pero, tú lo has desatado?, - preguntó el jefe de la caravana.

- ¿Cómo lo voy a desatar si no hay estaca?

- ¿Y el camello qué sabe? Nasrudín, ¡El camello qué sabe!

Y volviéndose a sus amigos, les dijo Omar ben Yussef, hijo del sabio Tarik
ben Baraka.
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- Así hay muchos en el mundo que creen estar amarrados a estacas que no
existen.-

Escoger a su conveniencia
Todos los días Nasrudín iba a pedir limosna a la feria, y a la gente le
encantaba hacerlo tonto con el siguiente truco: le mostraban dos monedas,
una valiendo diez veces más que la otra. Nasrudín siempre escogía la de
menor valor.

La historia se hizo conocida por todo el condado. Día tras día, grupos de
hombres y mujeres le mostraban las dos monedas, y Nasrudín siempre se
quedaba con la de menor valor.

Hasta que apareció un señor generoso, cansado de ver a Nasrudín siendo


ridiculizado de aquella manera. Lo llamó a un rincón de la plaza y le dijo:

—Siempre que te ofrezcan dos monedas, escoge la de mayor valor. Así


tendrás más dinero y no serás considerado un idiota por los demás.

—Usted parece tener razón —respondió Nasrudín—. Pero si yo elijo la


moneda mayor, la gente va a dejar de ofrecerme dinero para probar que soy
más idiota que ellos. Usted no se imagina la cantidad de dinero que ya gané
usando este truco. No hay nada malo en hacerse pasar por tonto si en
realidad se está siendo inteligente.

Todos somos responsables


La comitiva pasó por la calle; soldados fuertemente armados llevaban a
un condenado a la horca.
"Este hombre no tenía arreglo" comentó un discípulo a Nasrudín. "Una
vez le di una moneda de plata para ayudarlo a levantarse de nuevo en la
vida y no hizo nada importante".
"Quizás él no sirva para nada, pero puede estar ahora caminando hacia
la horca por tu causa" respondió Nasrudín. "Es posible que haya utilizado la
limosna para comprar un puñal, que terminó usando en el crimen
cometido; y entonces tus manos estarán también ensangrentadas, porque
en vez de ayudarlo con amor y cariño a que aprenda cómo ganarse la vida,
preferiste darle una limosna y librarte de tu obligación".
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El oro, la túnica y el caballo
La mujer de Nasrudín vivía peleándole porque no trabajaba y estaban en
una situación de gran pobreza.

"No puedo conseguir trabajo -dijo el Mulá- porque ya estoy al servicio del
Altísimo."
"En ese caso -respondió su esposa- exíjele tu salario porque todo empleador
debe pagar."
"Tiene razón", pensó Nasrudín ; y luego en voz alta agregó:
"No me han pagado simplemente porque nunca lo solicité."
"Entonces, será mejor que vaya a pedirlo."
El Mulá fue al jardín, se arrodilló y gritó: "Oh, Alá, envíame cien piezas de
oro, pues la paga atrasada de todos mis servicios alcanzan por lo menos a
eso".
Su vecino, que era un prestamista, pensó en hacerle una broma.
Tomando una bolsa, que contenía cien piezas de oro, se la arrojó desde una
ventana.
Nasrudín se puso de pié con dignidad y llevó el dinero a su esposa. "Soy uno
entre los santos -le dijo-; eh aquí lo que se me debía".
Esto impresionó vivamente a su mujer.
Poco tiempo después, al ver la incesante remesa de alimentos, ropas y
muebles que llegaban a la casa del Mulá, el vecino entró en sospechas y fue
a recuperar su dinero,
"usted me oyó pedirlo y ahora pretende que es suyo", dijo Nasrudín. "Nunca
lo tendrá."
El vecino aseveró que llevaría a Nasrudín a la corte de juicios sumarios.
"No puedo ir así -protestó Nasrudín-, no tengo ropa adecuada ni tampoco
caballo. Si nos presentamos juntos ante el juez, éste se inclinará a su favor
por causa de mi pobre apariencia."
El vecino se quitó su túnica y se la dió al Mulá; luego lo montó en su propio
caballo y fueron ante el cadí.
El demandante fue oido en primer lugar.
"¿Cuál es su defensa?", le preguntó el magistrado a Nasrudín.
"Que mi vecino está loco."
"¿Qué evidencia tiene, Mulá?"
"¿Cuál mejor que la que surge de sus propios labios? Piensa que todo le
pertenece. Si Usted le pregunta por el caballo que monto o por la túnica
que uso -sin mencionar el oro-, seguro que los reclamará."
"ìPero sí, son míos!", rugió el vecino.
Caso cerrado.
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Importancia de la luna

Nasrudín entró a una casa de té y declamó: "La luna es más útil que el sol".
"¿Por qué?”, le preguntaron.

"Porque por la noche todos nosotros necesitamos más luz."

Una capa pesada


Una noche la gente oyó un ruido espantoso que provenía de la casa de
Nasrudín. A la mañana siguiente y apenas se levantaron lo fueron a visitar y
le preguntaron: "¿Qué fue todo ese ruido?". "Mi capa cayó al suelo".
Respondió Nasrudín.

“Pero: ¿Una capa puede hacer tal ruido?" Le cuestionaron.

"Por supuesto, si usted está dentro de ella, como yo lo estaba"

Sacarse el ojo dolorido


Basándose en los informes que le habían dado a él, el Califa nombró a
Nasrudín Consejero Mayor de la Corte y puesto que su autoridad no le
provenía de su propia competencia sino del patronazgo del Califa,
Nasrudín se convirtió en un peligro para todos cuantos acudían a
consultarle, como se evidenció en le siguiente caso:

“Nasrudín, tú que eres un hombre de experiencia”, le dijo un cortesano,


"¿conoces algún remedio para el dolor de ojos? Te lo pregunto porque a mí
me duelen tremendamente”

“Permíteme que comparta contigo mi experiencia”, le dijo Nasrudín. “En


cierta ocasión tuve un dolor de muelas, y no encontré alivio hasta que me
las hice sacar.”

Las Apariencias
Cuenta el Mulá Nasrudín que cierta vez asistió a una casa de baños
pobremente vestido, y lo trataron de regular a mal y ya para salir dejó una
moneda de oro de propina.
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A la semana siguiente fue ricamente vestido y se desvivieron para
atenderlo...y dejó una moneda de cobre, diciendo:

-Esta es la propina por el trato de la semana pasada y la de la semana


pasada, por el trato de hoy.

En qué lugar ir
- La gente preguntó al Mulá Nasrudín "¿Dónde debemos ir en una
procesión fúnebre, al frente, en la parte trasera, o al lado?"

Nasrudín contestó:
"¡No importa donde vayas, mientras no vayas dentro del ataúd!"

Gratitud
Cierto día, mientras Nasrudín trabajaba en su
granja, una espina se clavó en su pie.
Increíblemente él dijo: "¡Gracias, Dios mío,
gracias!" y prosiguió:

“¡Es una bendición que el día de hoy no


estuviese con mis zapatos nuevos!"

El pueblo al que se le daban bien


los números
De entre todos los pueblos que el Mulá Nasruddin
visi Entre todos los pueblos que el Mulá
Nasrudín visitó en sus viajes, había uno que era
especialmente famoso porque a sus habitantes se les daban muy bien los
números. Nasrudín encontró alojamiento en la casa de un granjero. A la
mañana siguiente se dio cuenta de que el pueblo no tenía pozo. Cada
mañana, alguien de cada familia del pueblo cargaba uno o dos burros con
garrafas de agua vacías y se iban a un riachuelo que estaba a una hora de
camino, llenaban las garrafas y las llevaban de vuelta al pueblo, lo que les
llevaba otra hora más.
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"¿No sería mejor si tuvieran agua en el pueblo?", preguntó Nasrudín al
granjero de la casa en la que se alojaba. "¡Por supuesto que sería mucho
mejor!", dijo el granjero. "El agua me cuesta cada día dos horas de trabajo
para un burro y un chico que lleva el burro. Eso hace al año mil
cuatrocientas sesenta horas, si cuentas las horas del burro como las horas
del chico. Pero si el burro y el chico estuvieran trabajando en el campo todo
ese tiempo, yo podría, por ejemplo, plantar todo un campo de calabazas y
cosechar cuatrocientas cincuenta y siete calabazas más cada año."

"Veo que lo tienes todo bien calculado", dijo Nasrudín admirado. "¿Por qué,
entonces, no construyes un canal para traer el agua al río?" "¡Eso no es tan
simple!", dijo el granjero. "En el camino hay una colina que deberíamos
atravesar. Si pusiera a mi burro y a mi chico a construir un canal en vez de
enviarlos por el agua, les llevaría quinientos años si trabajasen dos horas al
día. Al menos me quedan otros treinta años más de vida, así que me es más
barato enviarles por el agua."

"Sí, ¿pero es que serías tú el único responsable de construir un canal? Son


muchas familias en el pueblo."

"Claro que sí", dijo el granjero. "Hay cien familias en el pueblo. Si cada
familia enviase cada día dos horas un burro y un chico, el canal estaría
hecho en cinco años. Y si trabajasen diez horas al día, estaría acabado un
año."

"Entonces, ¿por qué no se lo comentas a tus vecinos y les sugieres que todos
juntos construyáis el canal?

"Mira, si yo tengo que hablar de cosas importantes con un vecino, tengo


que invitarle a mi casa, ofrecerle té y halva, hablar con él del tiempo y de la
nueva cosecha, luego de su familia, sus hijos, sus hijas, sus nietos. Después
le tengo que dar de comer y después de comer otro té y él tiene que
preguntarme entonces sobre mi granja y sobre mi familia para finalmente
llegar con tranquilidad al tema y tratarlo con cautela. Eso lleva un día
entero. Como somos cien familias en el pueblo, tendría que hablar con
noventa y nueve cabezas de familia. Estarás de acuerdo conmigo que yo no
puedo estar noventa y nueve días seguidos discutiendo con los vecinos. Mi
granja se vendría abajo. Lo máximo que podría hacer sería invitar a un
vecino a mi casa por semana. Como un año tiene sólo cincuenta y dos
semanas, eso significa que me llevaría casi dos años hablar con mis vecinos.
Conociendo a mis vecinos como les conozco, te aseguro que todos estarían
de acuerdo con hacer llegar el agua al pueblo, porque todos ellos son
buenos con los números. Y como les conozco, te digo, que cada uno
prometería participar si los otros participasen también. Entonces, después
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de dos años, tendría que volver a empezar otra vez desde el principio,
invitándoles de nuevo a mi casa y diciéndoles que todos están dispuestos a
participar."

"Vale", dijo Nasrudín, "pero entonces en cuatro años estarías preparados


para comenzar el trabajo. ¡Y al año siguiente, el canal estaría construido!"

"Hay otro problema", dijo el granjero. "Estarás de acuerdo conmigo que una
vez que el canal esté construido, cualquiera podrá ir por agua, tanto como
si ha o no contribuido con su parte de trabajo correspondiente."

"Lo entiendo", dijo Nasrudín . "Incluso si quisieran, no podrían vigilar todo


el canal."

"Pues no", dijo el granjero. "Cualquier caradura que se hubiera librado de


trabajar, se beneficiaría de la misma manera que los demás y sin coste
alguno."

"Tengo que admitir que tienes razón", dijo Nasrudín.

"Así que como a cada uno de nosotros se nos dan bien los números,
intentaremos escabullirnos. Un día el burro no tendrá fuerzas, el otro el
chico de alguien tendrá tos, otro la mujer de alguien estará enferma, y el
niño, el burro tendrán que ir a buscar al médico.

Como a nosotros se nos dan bien los números, intentaremos escurrirnos el


bulto. Y como cada uno de nosotros sabe que los demás no harán lo que
deben, ninguno mandará a su burro o a su chico a trabajar. Así, la
construcción del canal ni siquiera se empezará."

"Tengo que reconocer que tus razones suenan muy convincentes", dijo
Nasrudín. Se quedó pensativo por un momento, pero de repente exclamó:
"Conozco un pueblo al otro lado de la montaña que tiene el mismo
problema que ustedes tienen. Pero ellos tienen un canal desde hace ya
veinte años."

"Efectivamente", dijo el granjero, "pero a ellos no se les dan bien los


números."
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Credenciales

Aquiles Julián
Formador empresarial, especialista en mercadotecnia
integrada y gerencia, programación neurolingüística,
PNL, coaching, recuperación de impagados y
desarrollo de equipos de alto desempeño.

Formación
Formación profesional en psicología, mercadotecnia y
gerencia.

Ha sido gerente en importantes empresas nacionales, entre ellas McCann-


Erickson Dominicana, Retho Publicidad, Banco del Comercio Dominicano,
Laboratorios Rysell, Refrigeración Antillana, Publicitaria del Caribe,
Sistema Creativo, Latina Publicidad y otras. Se ha desempeñado
igualmente como consultor de mercadeo para Muebles de Oficina OMAR,
Fábrica de Colchones Rex, Herrera Pérez & Co., Tecnoimport y otras
empresas.

Fue catedrático de las universidades APEC, INTEC, UCSD, Universidad


del Caribe y de los monográficos de mercadeo de la UNPHU.

En 1993 fundó Maxiventas, S.A., la primera empresa dominicana


especializada en mercadotecnia integrada. En el 2001 se fusionó con
Optimus, Colombia, para crear la empresa de formación de capital humano
dominico-colombiana, IDEACCION, S.A., de la cual es facilitador.

Es instructor empresarial también de Worldwide Training, Motivation


Team, Motiva-Te, Alliance Business Solutions y The Marketing Workshop.

Ha recibido entrenamientos y certificaciones en Gestión por Competencias


con Martha Alles Capital Humano, en Terapia Cognitiva con The Beck
Institute, en Persuasión con The Persuasion Institute, en Coaching
Cognitivo, con The Freeman Institute, entre otros.
Libros de Regalo
Colección gratuita enviada por email,
obsequio de IDEACCION, S.A. 29

Títulos publicados
1. Llevar a Gladys de Vuelta a Casa y otros cuentos Aquiles Julián
2. Letras sin Dueños (Selección de parábolas) Aquiles Julián
3. Música, Maestro Aquiles Julián
4. Una Carta a García Elbert Hubbard
5. 30 Historias de Nasrudín Hodja Aquiles Julián
6. Historias para Crecer por Dentro Aquiles Julián
7. Acres de Diamantes Russell Conwell
8. 3 Historias con un país de fondo Armando Almánzar R.
9. Pequeños prodigios Aquiles Julián
10. El Go-getter Peter Kyne
11. Mujer que llamo Laura Aquiles Julián
12. Historias para cambiar tu vida Aquiles Julián
13. El ingenio del Mulá Nasrudín Aquiles Julián

CIENSALUD
1. Inteligencia de Salud y Bienestar: 7 pasos Cristina Gutiérrez
2. Cómo prevenir la osteoporosis Cristina Gutiérrez

Nuevos Empresarios
1. La esencia del coaching Varios autores
2. El Circuito Activo de Ventas, CVA Aquiles Julián
3. El origen del mal servicio al cliente Aquiles Julián
4. El activo más desperdiciado en las empresas Aquiles Julián
5. El software del cerebro: Introducción a la PNL Varios autores
30

Colección
Libros de Regalo
©2008