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Los Globos Aerostáticos

La historia de los globos aerostáticos, el


primer artefacto volador utilizado por el
hombre, ya tiene más de dos siglos. A
principios de la década de 1780, dos
hermanos de apellido Montgolfier,
dueños de una fábrica de papel, fijaron
su atención en el humo de un fuego de
hogar. Sin dudas, el humo siempre
sube, notaron. Se preguntaron, "¿Qué
pasaría si lo atrapáramos en una gran
bolsa de papel?".
Con esa curiosidad se pusieron a
diseñar y construir enormes bolsas,
recubiertas con barniz para hacerlas
más impermeables. La primera gran
prueba fue con un pobre pato, un ganso
y una cabra. Los ataron a una
estructura que rodeaba una "mesa de
fuego", donde quemaban paja y lana.
Llenaron con el calor de la combustión
la enorme bolsa que habían construido.
Esta se fue hinchando hasta llenarse
M(más tarde se darían cuenta que era el
aire caliente, y no el humo, lo que daba el
poder de ascender. Atado con riendas a la
estructura que atrapaba a los aterrorizados
animales, el coloso se hizo cada vez más
liviano hasta que, soltando todas las
amarras, el enorme globo de papel se elevó
y flotó suavemente en el aire, alejándose
de los numerosos espectadores que se
juntaron a ver a la primer aeronave
construida por el hombre. Aterrizó sin
contratiempos y con sus tripulantes a salvo.
El siguiente paso fue lógico. En un
globo construido por los mismos
hermanos Montgolfier, Pilatre de
Rozier y el marqués de Arlandes
François Laurent -dos audaces
miembros de la alta nobleza de
Francia- despegaron del castillo
Muette, en París, ante los ojos de la
misma reina María Antonieta. Corría
el 21 de noviembre de 1783.
Volaron durante más de veinte
minutos sobre la capital francesa.
Según cuenta la leyenda, cuando
sobrevolaban el río Sena, el
marqués se detuvo en su tarea de
fogonero y le comentó a su
compañero lo bonito que se veía el
río desde el aire. Rozier le
respondió: "Si continúas mirando el
río lo más probable es que termines
bañándote en él, así que ¡fuego, mi
querido amigo, dame más fuego!".
Globos para la ciencia y el progreso

Con el desarrollo de la aerostación llegó también


una nueva forma de exploración. En vuelos para la
ciencia, los globos fueron la gran plataforma para
los primeros estudios de la atmósfera y el clima en
altura, así como para el estudio de los efectos de
la altura en el ser humano. Por otra parte,
aventureros de todo el mundo lo utilizaron y lo
siguen utilizando para extender los límites de lo
posible para el hombre, dentro de la atmósfera
terrestre.
El 7 de enero de 1785 Jeanne Pierre Blanchard
inauguró el correo aéreo. Junto al estadounidense
Jeffries, atravesaron el Canal de la Mancha en dos
horas, para llevar una carta desde Dover
(Inglaterra) hasta Calais (Francia).
Veinte años más tarde, un físico, Joseph Gay Lussac,
llegó hasta los 7000 metros con algunos animales para
estudiar el efecto de la altura sobre el organismo. A
partir de su experiencia, subrayó los peligros de la falta
de oxígeno.
Hacia finales del siglo XIX, el célebre aeronauta francés
Gastón Tissandier llegó a los 8500 metros, en un vuelo
que ocasionó la muerte de sus dos compañeros.
Tissandier fue el célebre instructor de Aarón Martín
Félix de Anchorena, el primer argentino que se dedicó
al arte del vuelo.
En 1907, Anchorena y Jorge Newbery
cruzaron a Uruguay a bordo del
globo "Pampero", que el primero
había adquirido de Santos Dumont
en Francia. La hazaña fue repetida
noventa años más tarde, en 1997,
con dos globos que despegaron en la
costa bonaerense de San Isidro y
aterrizaron en Conchillas, Uruguay.
Tuve el orgullo de participar de esa
travesía junto a mi compañero Omar
González, uno de los mejores pilotos
del Uruguay.
Globos modernos

Los modernos globos de aire caliente


que se utilizan en la actualidad vuelan
con el mismo principio que el primer
globo, a fines del siglo XVIII. El aire
caliente es menos denso que el aire
frío, por lo tanto es más liviano. Al
atrapar una gran cantidad de aire con
poca densidad dentro de una gran
bolsa, ésta se eleva y se convierte en
una aeronave "más liviana que el
aire". Con la utilización de gas
propano licuado, almacenado en
tanques de vuelo, el hombre
posibilitó, a través de modernos
quemadores, un control muy preciso
de la temperatura interior de un
globo. Así, el vuelo en globo se
convirtió en el deporte aéreo más
seguro del mundo.
El deporte en el mundo

Eventos importantes a nivel mundial se


desarrollan año tras año en una gran
cantidad de países. Se destacan las
competencias de Bristol (Inglaterra),
Chateau D´Öex (Suiza), Saga (Japón) y
Albuquerque (E.E.U.U.), donde se ven
volar a globos de los más variados
tamaños, colores y de las más increíbles
formas. Gracias al desarrollo comercial
de este deporte y al gran avance técnico
en esta antigua forma de vuelo, los
globos modernos no sólo tienen la
clásica forma de una gota de agua
invertida, sino también de enormes e
imponentes figuras como latas de
bebidas, castillos, automóviles, la
locomotora del "Expreso del Oriente",
dinosaurios y cientos de formas que
flotan en el viento y dominan la atención
de todos dentro de su alcance visual.
La última gran proeza

El 20 de marzo de 1999, el
suizo Bertrand Piccard y el
inglés Brian Jones
culminaron la última gran
hazaña posible para el
hombre dentro de la
atmósfera terrestre. Con el
globo "Brietling Orbiter 3",
construido por el inglés Don
Cameron, aterrizaron en
Egipto después de completar
una vuelta completa al
planeta. Habían despegado
en Suiza, y durante veinte
días volaron 46.759
kilómetros sin escalas. Para
realizar la travesía,
combinaron el gas helio y el
aire caliente.