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REQUISITOS

PARA UNA
BUENA
COMUNICACIÓ
N
LA COMUNICACIÓN
• Comunicarnos es una necesidad innata del ser humano.  Al nacer,
ya venimos predispuestos para la comunicación y dedicamos
ingentes esfuerzos para ir afinando esta capacidad que nos
permite interactuar con los otros y  encontrar nuestro lugar en el
mundo.
• La forma en la que aprendemos a comunicarnos está muy
relacionada con nuestras experiencias tempranas.   En el proceso
de comunicación están involucradas una serie de capacidades
psicológicas que se desarrollan desde la primera infancia como
son:
• *la percepción (que estímulos captamos de nuestro entorno, a
qué estímulos dejamos de prestar atención),
• *la cognición (cómo comprendemos esta información y cómo la
organizamos) y
• *la emoción que va a estar modulando todo el proceso.
• Todos nos comunicamos, de hecho, es
imposible no comunicar, ni siquiera cuando
estamos en silencio.  Sin embargo no todos lo
hacemos de forma eficiente, ni con todas las
personas con el mismo grado de satisfacción.
• La satisfacción que produce una buena
comunicación puede verse truncada por
aspectos que la distorsionan cuando las
personas no tienen suficiente capacidad para
atender y escuchar al otro o cuando las
emociones que ese intercambio despiertan no
pueden ser gestionadas de madera adecuada.
• Por esta razón presentamos los siguientes
requisitos para una buena comunicación:
• Escuchar: la mayoría de las personas hablan demasiado. Nuestro
objetivo ha de ser que los demás hablen cuando nos convenga y
entonces escucharles.
Preguntar: con la finalidad de comprobar que nos han entendido bien
y hacer hablar a los demás usando preguntas abiertas.
No tratar de dominar con nuestra conversación: esto puede llegar
a crear barreras insalvables para una buena comunicación. Demasiada
jerga o demasiadas opiniones personales provocan reacciones
emocionales que, generalmente, son desfavorables.
Buscar señales: debemos estar alerta para captar las respuestas y
reacciones de los demás. Lo que dicen, la forma en que lo dicen, el
lenguaje corporal, pueden dar indicios vitales de su comprensión e
interés por nuestros mensaje.
Promover la comunicación bidireccional: escuchar, preguntar,
hablar con los demás y buscar señales ayudan a establecer una buena
comunicación bidireccional.
Tiempo de habla: no se debe monopolizar la conversación, así como
tampoco no intervenir en ella.
Retroalimentación: cuando hablemos o cuando nos hablen, debemos
tener en cuenta que se necesita saber si estamos entendiendo lo que
nos dicen o si están comprendiendo lo que nosotros decimos.
Utilización de preguntas: nos permitirán ir guiando la conversación
y a la vez conocer lo que la otra persona piensa y siente sobre lo que
decimos.
Sencillez del discurso: se debe tener en cuenta quien es nuestro
receptor y hacer que le sea fácil entender el mensaje que deseamos
transmitir.
Empleo mínimo de palabras: es necesario emplear en número
exacto de palabras, para lograr transmitir nuestro mensaje con claridad
sin aburrir al receptor.
Hablar de forma concisa y lógica. 
• Poco a poco parece levantarse un muro entre las personas que no
consiguen una comunicación eficiente y se establece una distancia
que cada vez se hace más difícil de superar.  Las comunicaciones
ineficaces provocan altos niveles de malestar.  Afectan el sistema
relacional  porque desencadenan conductas que van a oscilar
desde la pasividad (evitar la interacción, aceptar todo lo que el otro
dice, no defender los propios puntos de vista, etc) a
la agresividad (imponer el propio punto de vista sin respetar al que
se tiene delante).  Conductas todas ellas insatisfactorias y que tienen
como principal consecuencia el deterioro de la relación.
• Las palabras tienen el poder de activar los centros de miedo  y rabia,
especialmente si estamos tensos, lo que puede tener efectos
devastadores.  Si tenemos en cuenta que en momentos en los que se
despiertan fuertes emociones nuestro sistema cognitivo pierde su
capacidad para modular el mensaje, podemos entender el porqué, en
ocasiones, podemos llegar a proyectar palabras de gran virulencia que
provocan en nuestro interlocutor un impacto que difícilmente olvidará.